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Columnistas

La delicada conexión entre las piñas de los Sergios

sergio berni sergio massa

Las piñas sobre la cara de Sergio Berni después del asesinato de un chofer en el Conurbano tienen un punto de conexión con la piña económica que intenta evitar Sergio Massa

Los golpes literales que se comió el ministro de Seguridad bonaerense -repudiables pero comprensibles como una reacción bajo emoción violenta a la política del marketing del ‘mirá cómo me la banco’- son una muestra de la situación social sobre la que desfila el ministro de Economía para esquivar un flor de palo -digamos- esta vez en sentido figurado.

La línea de colectivos 620, donde se produjo el crimen de Daniel Barrientos esta semana y donde en 2018 ya habían matado a Leandro Alcaraz, recorre La Matanza, desde Lomas del Mirador hasta Virrey del Pino.

Berni agresión
Foto de Maxi Falla

Cuando no hay crímenes, la normalidad es que haya servicio entre las 5:30 hasta el último, que sale a las 21:30. La frecuencia suele ser de 40 minutos. En muchas áreas del Gran Buenos Aires, la espera en la parada es una tómbola. Los pasajeros habituales se terminan conociendo, se acompañan, se ponen de acuerdo para enfrentar los posibles atracos. Más de una vez, además, la pica puede ser con los propios colectiveros que ponen la cara por la demora que las empresas justifican por la falta de tarifa o por el atraso en el giro de subsidios.

Un mínimo diálogo con los que viajan vuelve de carne y hueso el fenómeno de la época: el empleo formal y pobre. Basta con recoger testimonios con los que se mueven desde bien temprano en la madrugada para llegar a enganchar otro bondi o ir a una estación de tren, por salarios que no pasan la canasta básica. 

Todos, además, tienen el riesgo-choreo asumido como una contingencia muy posible. Saben que el celular está a tiro de una amenaza del que quiere guita urgente para cambiarla por falopa no muy lejos de ahí. Toda una realidad tan cotidiana que delata la nube de pedos de la política que para salir del paso o por mala leche tira que un hecho así es “muy raro”. Además, hay un punto de la realidad donde las teorías conspirativas hablan más de vos que otra cosa: pareciera que los malos están detrás de los que cortan la luz, suben los precios, te ganan un juicio en Nueva York y también matan un chofer para cagarte. No sé.

Hace una década las notas sobre el dato de pobreza del 39,2% de hace una semana se hubieran ilustrado en los portales con una foto de un asentamiento o incluso algo más extremo, de niños revolviendo un basural. Ahora, cuando en septiembre próximo el Indec informe otro empeoramiento de los indicadores sociales en este primer semestre de más inflación y menos actividad, bien podría ponerse una imagen de un interno de la 620.

Como la salud o la educación, en el Conurbano el transporte público va perdiendo calidad hasta niveles que además se terminan aceptando porque como la tarifa es “casi gratis” nadie exige nada, como si no se mereciera.

A la pobreza por ingresos se le agrega hace tiempo ya la pérdida de un activo que siempre tuvo la población más vulnerable: la prestación de servicios públicos. Como la salud o la educación, en el Conurbano el transporte público va perdiendo calidad hasta niveles que además se terminan aceptando porque como la tarifa es “casi gratis” nadie exige nada, como si no se mereciera.

El día que mataron a Barrientos el boleto mínimo subía en el área metropolitana de $37 a $39, contra pasajes que superan los $110 en Mar del Plata o Santa Fe. Con ese panorama, las compañías que prestan el servicio se dividen entre las grandes firmas que concentran cada vez más mercado y absorben subsidios estatales a lo loco, y las que “hacen lo que pueden” mientras recortan frecuencias y no te renuevan una unidad ni a gancho, lo que se siente más -como se vio- en las zonas más pobres. Desigualdad en forma de bondis: la Nueva Metropol con la 65 en la Ciudad de Buenos Aires; Nuevo Ideal S. A. con la 620 en La Matanza.

Ahora que está toda lupa en el sector, se supone que no va a pasar a mayores, pero mientras había show este fin de semana con los gendarmes cacheando gente en los colectivos, en las compañías advertían que está en peligro el pago de los sueldos de marzo, que se efectúa en estos días. Con el clima que se vivió en el corte de General Paz y Ruta 3 y sobre todo con la reacción que generó el operativo demencial de la policía bonaerense en la casa de los choferes señalados por pegarle a Berni, imaginate cómo puede caer que no les garpen en tiempo y forma. 

Las cosas con otro nombre

Por todo este panorama, la jugada de Massa del miércoles pasado fue como mínimo audaz. Mientras sube tarifas para bajar subsidios y mientras pone en revisión más planes sociales para cumplir con las metas fiscales comprometidas con el Fondo Monetario Internacional, por tercera vez en su corta gestión anunció una transferencia de ingresos al sector exportador para conseguir que les entregue los dólares que tenga, porque no va quedando nada en las arcas del Banco Central y el riesgo de una crisis mayor está latente. La piña del otro Sergio.

Informó que les pagará 300 pesos por cada dólar, un 40% más que lo que les correspondería según las generales de la ley, mientras les permitirá a esas mismas cerealeras y productores seguir accediendo a divisas al tipo de cambio oficial -211- para pagar los insumos. 

Esta versión del dólar agro, que incluye también un tratamiento similar para las economías regionales, podría aportar entre US$5 y US$10 mil millones.

La mejora en la rentabilidad, según la describió el propio secretario de Agricultura con nombre tuitero, Juan José Bahillo, incluirá otro detalle esta semana cuando se termine de anunciar el paquete de medidas cambiarias en el que estaba trabajando el equipo económico. 

La presentación de un nuevo “dólar importador” también más parecido a la cotización del “dólar agro” de $300 se aplicaría para costos como las licencias de software o los fletes, pero dejaría afuera el pago de fertilizantes, un insumo clave para el campo, que continuaría accediendo a las divisas a algo más de $200 para ese fin.

Lo loco es el razonamiento que tiene in pectore el equipo económico para darle tantas ventajas al sector. No es únicamente que esté muy golpeado por la sequía. La idea es que puedan sembrar todo lo máximo posible para que el año que viene, según les dijo el propio Massa, tengan una “súper cosecha”.

Para algunos, las lluvias de los últimos 15 días que mejoraron las perspectivas para 2024, y el avance del gasoducto Néstor Kirchner que permitiría aprovechar el gas de Vaca Muerta con todo desde el año que viene, se están volviendo datos “muy para los opositores”, si es que entran al Gobierno en diciembre. Es que anticipan un flujo de divisas a pedir del que llegue a la Casa Rosada sin que esta administración pueda aprovecharlo ni un poco.

Bueno, no se sabe si será tan así. Massa juega con la idea de buscar algún mecanismo para intentar que eventualmente las cerealeras puedan anticipar algo de aquella dicha futura. Los interlocutores del campo le quieren frenar el carro. Por eso también el tigrense se hace el duro y filtra lista de empresas que especularon sin liquidar divisas y en privado dijo que si no le venden los dólares hará de sus directores “muertos civiles”. En la nómina que dejó ver a los medios aparece un nombre que reavivará planteos intra Frente de Todos. Vicentin con casi US$ 90 millones sin liquidar.

En su esfuerzo final el Gobierno o lo que se entienda por eso le dio a Massa el mandato de no devaluar, y nunca dirá que darle un dólar más alto a cada vez más sectores es hacer eso.

Lo cierto es que esta versión del dólar agro, que incluye también un tratamiento similar para las economías regionales, podría aportar entre US$5 y US$10 mil millones, según quién haga la cuenta. Agua en el desierto, aún cuando sea pan para hoy y hambre para mañana, ya que se anticipan ventas que luego se retacearán. Las grandes agroexportadoras harán el trabajo más urgente. Se comprometieron a traer casi inmediatamente un volumen importante gracias a una prefinanciación del exterior. 

El Gobierno, en tanto, ya imagina en el corto plazo un nuevo dólar agro. El cuarto. Sería en agosto, para combatir la típica corrida cambiaria de tiempos electorales, que se podría repetir y más fuerte que otras veces dado lo escuálido de las reservas, sobre todo cuando deja de haber un tipo de cambio más alto para los que los pueden aportar. Entienden que el campo podría tener por esos días unos 13 millones de toneladas aún para vender. Veremos, a qué cotización los convencerán entonces. ¿$350?

Porque como está visto, en su esfuerzo final el Gobierno o lo que se entienda por eso le dio a Massa el mandato de no devaluar, y nunca dirá que darle un dólar más alto a cada vez más sectores es hacer eso. Y al mismo tiempo, quieren avanzar hacia un desdoblamiento del mercado cambiario pero sin hacerlo a través del Banco Central sino como lo harán esta semana con un esquema de unificación de alícuotas impositivas que se le añaden a diversos precios del dólar.

Así, con una inflación que pinta para el 7 y algo en marzo y arrancó abril a un ritmo del 6,1% de acuerdo con las mediciones del propio Central, el tic tac de la falta de dólares que empieza a golpear la actividad económica obliga a hacer lo que sea y en todo caso vestirlo con otro nombre. Si fuera posible, devaluar sin devaluar, y aplicar un desdoblamiento sin llamarlo desdoblamiento. Le damos la bienvenida a un nuevo término que adoptarán en las escuelas de economía del mundo: “el devaluamiento”.