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Columnistas

Los “pain points” del plan Milei, que asume con la inflación descontrolada

Milei discurso

“Será cuestión de ir viendo cuáles son los ‘paint points’ para tratar de que exista la mayor contención posible”.

La frase la suelta uno de los hombres que convocó el ministro del Interior, Guillermo Francos, para que trabaje en el vínculo entre el nuevo gobierno, que se concentrará en el ajuste macroeconómico, y el mundo de la producción y el empleo, que posiblemente sienta el impacto de ese orden de prioridades.

De ahí que en el equipo que reporta en los hechos a Nicolás Posse, futuro jefe de Gabinete, se extienda la idea de hablar de “los puntos de dolor” que generará el intento de estabilización de la flamante administración de Javier Milei.

En igual sentido, el presidente que asume hoy ya naturalizó la idea de que habrá “caídos” y por eso ha dicho que el área de Desarrollo Social tendrá “billetera abierta” para dar asistencia.

Una pregunta habitual en estas horas es, entonces, donde habrá que esperar el mayor sufrimiento social, la usina de los que toquen la lona.

Dependerá del tipo de paquete de medidas que llegue al Congreso, pero si el foco es el equilibrio rápido de las cuentas públicas y la búsqueda de una menor intervención del Estado en el comercio internacional para que el costo de vida ceda de acá a un año y medio, por ejemplo, en un primer relevamiento de bajas habrá que anotar:

  • los empleados públicos;
  • los trabajadores y las empresas de la construcción asociados a la obra pública;
  • las pymes expuestas a la competencia importadora;
  • la clase media, en especial en la zona metropolitana, que verá encarecerse sus servicios de luz, gas y medicina privada, entre otros.

En el nuevo oficialismo consideran sin embargo que la reducción del empleo público será un trauma pasajero, hasta que la demanda del sector privado compense “los puntos de desempleo” que pudieran generarse.

También aseguran que la infraestructura que pagaba el Estado será reemplazada a su tiempo por financiamiento privado pero no creen en principio en reflotar las famosas PPP, los mecanismos público-privados de la era Macri. Dicen que hay 25 concesiones que finalizaron o están por finalizar de caminos, rutas o hasta puertos que les permitirá habilitar la entrada de capitales privados.

A su vez explican que no comen vidrio y que no habrá apertura indiscriminada de importaciones, que de hecho seguirán siendo “caras” si es que finalmente se mantendrá y aumentará el Impuesto País, como círculo por estas horas. 

Además, se romperá “lo menos posible” matizan, y distinguen: el régimen de Tierra del Fuego se mantendrá sin cambios, pero ciertas ventajas que obtuvo el sector textil en la isla serán revisadas inmediatamente. 

Todo esto mientras harán el intento de que se entienda que pagar más por los servicios regulados redundará en una mejor oferta en el mediano plazo. La nafta, con el salto de 30% el fin de semana, anticipa lo que viene. En las prepagas esperaban el fin de semana el pistoletazo para mandar un aumento similar a los afiliados.

“Habrá que poder comunicar muy bien el sentido de todo lo que estamos haciendo”, ha dicho el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo en su intimidad. Trascendió que usó la metáfora bélica de “ponerse el casco”.

Luis Toto Caputo saliendo por la puerta del Hotel Libertador.

En la última semana Caputo se tomó el tiempo de llamar personalmente a algunos periodistas para preguntarles si quisieran hacerse cargo de su vocería para los duros tiempos que se vienen. Aún no tuvo respuesta y el puesto está vacante.

La incógnita de fondo, se repite en los editoriales de radio y TV, es si el apoyo a una fuerza política que avisó que habría un ajuste nivel motosierra se mantendrá cuando lleguen las consecuencias de tal decisión. 

En definitiva, habrá que ver si el respaldo se mantiene cuando se sienta en el bolsillo lo que se decidió con el voto. La explicación oficial, que encabezará Milei y repetirán los encargados de la comunicación que se consigan, será que tomar medidas drásticas es inevitable, porque de lo contrario vamos a la hiperinflación

Consumo vs. stockeo

La incredulidad que genera ver un tipo que hace seis años era un invitado exótico de la TV asumiendo la Presidencia, embanderado en ideas liberales extremas que le valen el elogio de Elon Musk o la visita de Jaír Bolsonaro convive por estas horas con la mayor remarcación semanal de precios desde 1991

Toda una generación, de hecho, que es más o menos la mitad del padrón menor de 45 años que en buena medida acompañó a Milei, nunca vio tanta inflación como en estos quince días donde hubo productos que saltaron 50% o más, por las razones que fueran.

La expectativa de que mañana habrá un nuevo dólar oficial mucho más caro que el actual se combinó con la certeza de que nadie deberá rendir cuentas por pasarse de largo con los incrementos para una eventual cobertura. 

El dale que va se instaló, como si hubiera una coincidencia tácita con el gobierno en ciernes: el único límite a la locura será una eventual retracción de la demanda popular, la recesión.

El que no vendió, en tanto, se guardó la mercadería sin pudor: en un depósito del Conurbano, Aceitera General Deheza pidió duplicar sus posiciones para stockear aceites de 900 mililitros y de 1,5 litros, además de mayonesa. 

En los grandes súpers, un detalle llamó la atención: hay más productos apilados arriba de las góndolas y de las heladeras que en los estantes a disposición de los clientes. Son postales de la carrera alocada de la aceleración de precios. Unos hacen de todo por anticipar compras, otros buscan mil formas de no entregar mercadería. 

Afuera del comercio minorista, de hecho, no hay presupuesto para nada. Conseguir materiales para la construcción, un imposible. 

Suele decir Ricardo “Coco” Dessy, economista jefe del Citibank y profesor universitario, que una forma de describir la hiperinflación es pensar en el momento en que a un comerciante le conviene quedarse con un paquete de yerba antes que cambiarlo por un billete que inmediatamente perderá tanto valor que no es negocio hacer la operación. Tic tac.

La gravedad de la situación, le asiste la razón a Milei en esto, obligaba a tomar medidas drásticas a cualquiera. La duda es si un programa económico solo centrado en la sobreactuación del ajuste fiscal como se anticipa hasta ahora, puede tener éxito.

Un plan de estabilización, muestran los casos de estudio en el mundo, incluye más medidas complementarias, como una política de ingresos que intente dar un sendero de precios y salarios que evite una espiralización descontrolada de las variables que desordene por un lado lo que se acomoda por el otro. ¿De que serviría devaluar mañana si en tres meses se fue todo a precios y se pierde cualquier ganancia de competitividad?

Pablo Lavigne, que será el próximo Secretario de Comercio (y posiblemente también de Industria) tiene como prioridad desmantelar los permisos de importación -las SIRA- y por ahora no otra cosa. Saluden a los acuerdos de precios que se fueron. Bienvenida la mano invisible del mercado. 

Con el nivel de inflación que se proyecta para estos meses sobre un poder adquisitivo de seis años de caída, ¿se dejará todo librado a que las señales de austeridad y orden fiscal frenen la escalada? ¿Hasta cuándo alcanzaría con señalar que se tratan de incrementos producto de los desbarajustes acumulados antes? 

La herencia que recibe Milei, muy complicada con la inflación y la brecha cambiaria entre o diversos dólares en el 150% cada una, será eje de la explicación de lo que va a venir, aunque tendrá un punto débil en la argumentación: la cantidad de funcionarios del actual gobierno de Alberto Fernández que siguen: desde Marco Lavagna en el Indec, hasta Leonardo Madcur, que pasaría a ser nuevo representante ante el FMI en Washington. 

Se trata de dos hombres clave de la gestión Massa, cuya continuidad puede leerse como carnet de pragmatismo del anarcocapitalista que entiende los límites de la realidad, o como un reconocimiento del equipo del ministro saliente de que deja tales quilombos que, aunque haya dicho otra cosa en la campaña, un poco comparte el tipo de medidas que están por anunciarse.

A propósito, para terminar, hay dos temas que habrá que ir a ver en detalle en al texto del proyecto de la “ley ómnibus” cuando entre al Congreso. Uno, cómo quedará la idea de “reforma laboral”. Otro, qué pasará con la movilidad jubilatoria en tiempos de licuación de haberes. Serán las claves para medir la conflictividad social del verano.