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Columnistas

De Davos a La Matanza, urge bajar a tierra a un presidente como Milei

Toma González Catán

Javo, los domaste. Like. Hecho histórico, Peluca. Like. Elon Musk le pone que lo que dijo es “true”. Like. El magnate comparte el discurso en Davos doblado al inglés por inteligencia artificial. Like. “Thank you, Elon”. Musk difunde un meme con un tipo teniendo sexo pero tan al palo con el mensaje en el Foro Económico Mundial que no lo puede dejar de mirar en una notebook sobre los genitales. Like. 

El frenético uso que le da el presidente Javier Milei a lo que antes conocíamos como Twitter -hoy X- no sólo es una muestra de cómo desarrolla la comunicación un político outsider en el siglo XXI, también es una ventana a la construcción de un relato y, en el fondo, a la particular forma de pensar y de ver el mundo del flamante jefe de Estado.

En su cuenta @JMilei, que en el Gobierno confirman maneja el propio mandatario en persona, lo siguen 2,4 millones de personas y el rebote es infinito. VIVA LA LIBERTAD CARAJO, suele escribir así, en mayúsculas, cuando se jacta de los millones de reproducciones de un video suyo.

Leer todo lo que comparte parece imposible, pero hay un patrón. Todo lo que no es la reproducción de un halago o la difusión de un supuesto reflejo de cómo se estarían imponiendo las ideas de la libertad a escala planetaria, seguramente sea una respuesta agresiva a una opinión diferente o a una información que no le gusta. 

Todo se exacerba por la cantidad de intervenciones que protagoniza. Hay días en que hace más de 100 posteos. A Donald Trump una vez The New York Times le contó en 2020 un promedio de 34 tuits y retuits por día. Milei muchas veces lo supera. Desde la madrugada hasta la medianoche. 

Esta semana por ejemplo Milei hasta llegó a responderle con un texto elaborado y muy largo a una cuenta falsa que parodiaba a Axel Kicillof. Cuando se dio cuenta, arrobó al verdadero gobernador de la provincia de Buenos Aires y más tarde agregó que había valido la pena el intercambio con un nadie porque seguramente el Kicillof real hubiera dicho lo mismo.

Con apenas un par de días de diferencia, además, Milei usó la red para agredir a tres periodistas mujeres: Silvia Mercado, Luisa Corradini y Maria O’donnell, por datos erróneos o por enfoques que no compartía. Las llamó “mentirosas” y desató la ira de sus seguidores que empiezan a soltar barbaridades que no sólo nunca objeta: las amplifica con reposteos o likes convirtiendo algo que un presidente podría dejar pasar en un tema de Estado. Lo celebra como triunfos contra la “progresía empobrecedora argenta”.

A veces incluso parece un gobierno por Twitter. El martes pasado el Presidente compartió el video de un colectivero atropellando a un perro, con la patente del vehículo incluida, convocando a dar con el culpable. A los pocos días, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, expuso en su cuenta que habían dado con el hombre en cuestión. Él la felicitó por la misma vía. “Sos enorme”, le puso.

Tal vez sea cierto que no estamos midiendo con la vara actualizada un fenómeno muy disruptivo. Si el sistema creía -creíamos- hace un año que ahora estaría gobernando Horacio Rodrguez Larreta, tranquilamente podríamos estar errando de nuevo y que este economista que contradice a la ciencia, la academia y el mainstream de los gobiernos del mundo sea un genio.

Quizás entonces Milei, con una ley ómnibus de 600 artículos y un mega decreto de casi 400, tenga la posta para cambiar todo el país en un chasquido de dedos y corregir desequilibrios estructurales que se acumulan como capas de quilombos todo el tiempo

Pero tal vez no. ¿Que pasaría si estuviera equivocado en un enfoque, en una medida, en una norma que quiera derogar? ¿Podría admitirlo y girar estando en esa galaxia en la que todo el que no piense como él es un “socialista”?

En definitiva: ¿es posible advertirle a Javier Milei que puede estar mandándose una cagada muy importante en días donde se lo ve convencido de estar dando batallas imaginarias a escala global?

El error 211

La pregunta le surge a algunos colaboradores del gobierno de La Libertad Avanza que repararon que el artículo 211 de la ley de Bases elimina la financiación que surgía del Impuesto País para el ordenamiento de barrios populares y que permite dar soluciones a la tenencia precaria de tierras que crece de la mano de la falta de vivienda.

La llamada Ley de Barrios Populares se aprobó por unanimidad en 2018 por impulso del gobierno de Mauricio Macri y luego se nutrió de fondos durante la gestión de Alberto Fernández. En la Argentina de la grieta falopa, en el mundo de la polarización que alimentan las redes sociales, se tejió una milagrosa política de Estado ante la evidencia de un drama social como es la gente que no tiene acceso a la tierra, a un techo o a condiciones habitacionales dignas. 

De la mano de la Secretaria de Integración Socio Urbana (Sisu) del Ministerio de Desarrollo Social, se han invertido desde la creación del programa el 100% de los fondos en 1300 barrios populares.

En concreto, se crearon más de 24.000 lotes con servicios y se llevaron a cabo 250.000 mejoramientos de viviendas y 250.000 conexiones intradomiciliarias de servicios básicos. 

En total se volcaron hasta ahora USS 1444 millones de dólares, una inversión estatal que lejos de ser un despilfarro o el show del clientelismo como en otros casos, se llevó el reconocimiento internacional por su eficacia del Banco Interamericano de Desarrollo, además de certificaciones de la Universidad Católica y el Cippec.

De acuerdo con el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBaP), también creado por la ley de 2018,  hoy hay 6.467 barrios populares, también llamadas villas de emergencia, donde viven unos 5 millones de personas. Gracias a este censo, los vecinos registrados pueden acceder a su Certificado de Vivienda Familiar para el reconocimiento de su casa y pueden acceder a las obras que costeaba hasta ahora la Sisu.

La ley ómnibus establece que estos programas pasarán sólo a recibir los fondos que surjan de las multas que se les cobren a las organizaciones sociales por las manifestaciones que violen el artículo 338 de la misma norma.

En la ultimas horas desde la Secretaría de Vivienda que conduce Héctor Lostri en el Ministerio de Infraestructura se están dando cuenta del error que implica sacarle los fondos a este programa que el año pasado insumió 108 mil millones de pesos, unos 135 millones de dólares al tipo de cambio oficial. Comparación; al no aumentar la alícuota de impuesto a los combustibles desde 2021, a la petroleras les perdonan USS 2000 millones por año. 

El contexto tal vez ayude a sacar a Milei de la cruzada antisocialista que propuso en Davos y del exceso de redes, y acercarlo a la realidad, por ejemplo, del Conurbano profundo. 

Milei en el Foro Económico Mundial de Davos; lejos del conurbano profundo.

Las condiciones de vida en esos lugares no son responsabilidad de sus 40 días de gobierno, obvio, pero sí podría en muy poco tiempo voltear la única herramienta que la política toda encontró para hacer algo, aunque más no sea, para evitar que cada vez más familias duerman en casillas a la buena de Dios.

Sería una locura porque justo la eliminación del fondeo del único programa de integración urbana se daría cuando todavía impacta el asesinato de cinco habitantes de tierras usurpadas y vendidas ilegalmente por una organización delictiva en el corazón de La Matanza. 

No se sabe si tenían vínculos con el narcotrafico y policías de la zona, pero eran la única autoridad del lugar, daban la luz y hasta querían cobrar como una tasa paralela municipal ilegal, que los vecinos quisieron resistir y pagaron con su vida. Fue la sangrienta confirmación de algo así como un Estado de facto donde el Estado real no llega, y que quizás en poco tiempo pueda llegar menos.