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Columnistas

El terraplanismo de un Milei cada vez más terrenal

Milei Carlson

Estados Unidos, el país pionero en la legislación antimonopólica con la división de la petrolera Standard Oil a fines del siglo XIX, está volviendo a poner el control sobre los gigantes corporativos en el centro de la escena.

Esta semana comenzó el juicio del gobierno estadounidense contra Google por considerar que tiene el 90% del mercado de las búsquedas on line gracias a acuerdos ilegales con las compañías de celulares que limitan la competencia, frenan la innovación y perjudican a los consumidores.

“Está en juego el futuro del Internet”, aseguró el fiscal a cargo de la acusación, Kenneth Dintzer. La Comisión Federal de Comercio, que brega por el buen funcionamiento de los mercados, está a cargo de Lina Khan, una británica de 33 años hija de pakistaníes que llegó cuando era una niña a norteamérica.

Kahn saltó a la fama académica en 2017 cuando publicó el documento “La paradoja antimonopólica de Amazon”, un documento que advertía sobre los abusos de posición dominante de las “big tech” que copan todo de la mano de los algoritmos. Joe Biden la convocó para su administración y en un acto subrayó que “el capitalismo sin competencia es explotación”.

El arranque de lo que se considera el mayor caso antitrust en las últimas dos décadas se dio en simultáneo con el desfile de las principales figuras de las tecnológicas por el congreso estadounidense, que trabaja en mecanismos de control sobre la inteligencia artificial, el avance más impactante de los últimos años por el que básicamente las máquinas pareciera que pueden llegar a pensar y actuar como los seres humanos, como se vio popularmente con el conocido ChatGPT.

Control de la IA. Elo Musk, el dueño de X que elogia a Milei pero pide regulación para la inteligencia artificial.

Los magnates Elon Musk (Tesla y X), Mark Zuckerberg (Meta), Sundar Pichai (Alphabeth, la dueña de Google) y Bill Gates (Microsoft) comparecieron ante la convocatoria del senador demócrata Charles Schumer para pensar formas de limitar y contener el desarrollo de una tecnología que según algunos intelectuales podría llevar al “fin de la civilización”“Es bueno tener un árbitro”, expresó Musk a la salida del encuentro.

Todo esto ocurre además en el momento de mayor tensión del gobierno americano con los grandes laboratorios. Está en marcha una renegociación de las compras estatales de medicamentos según lo estableció la llamada Ley de Reducción de la Inflación de 2022, un compendio de intervenciones estatales para frenar precios abusivos en diversos sectores. 

Recientemente el Gobierno enlistó las diez drogas que deberán reducir sus precios para 2026, entre las que figuran populares medicamentos contra el cáncer, la diabetes y enfermedades cardíacas. Según la norma aprobada con impulso demócrata pero también apoyo republicano, la administración central podría cobrar un impuesto especial a las farmacéuticas que rechacen los controles de precios

El gravamen arranca en el 65% de las ventas de un producto en los Estados Unidos y aumentará un 10% cada trimestre hasta un máximo del 95%. Además, los fabricantes que se nieguen a ofrecer un precio acordado pagarán una sanción equivalente a 10 veces la diferencia entre el precio cobrado y el precio que debieron haber fijado. El gigante Merck Sharpe y Dohme fue a la Justicia contra lo que considera "una extorsión" de parte de la administración de Biden.

La “agenda posmarxista”

Al mismo tiempo que se da todo esto, la Argentina asiste al auge de Javier Milei, un excéntrico político que considera todas esas regulaciones así como cualquier reclamo vinculado con minorías o la lucha contra el cambio climático como expresiones del “socialismo”, según lo transmitió en la entrevista con el periodista estadounidense Tucker Carlson, que por estas horas se convertía en la más vista en la historia de la red social Twitter, hoy llamada X.

El diálogo de 32 minutos refleja como pocas veces la cosmovisión de quien ganó las elecciones primarias y asoma con chances de ser el próximo presidente de la Nación. Habló de que hay una “agenda posmarxista” que “trasladó la lucha de clases” tras la caída del muro de Berlín y que incluye también una “agenda asesina” que sería la promoción del derecho al aborto legal, seguro y gratuito, todo avalado por un Papa “afín a los dictadores comunistas sangrientos”.

El problema de que “hace 100 años la Argentina abrazó las ideas del socialismo”, como suele decir, se ve -también según él- hasta en la arquitectura de Buenos Aires. Hay edificios lindos, “de la época liberal” y hay edificios feos, “de características soviéticas”, como los ministerios que construyó el peronismo. 

El tema es que Milei pareciera estar en un estado de gracia tal que no importa la barbaridad que diga, ni las contradicciones que aparezcan en sus propuestas que va moderando o directamente desmintiendo, que sigue adelante cada vez con más énfasis y, si es por lo que marca el interés periodístico, con cada vez más llegada. El jueves, por caso, había casi tres entrevistas que se estaban dando en simultáneo: una a las 20 en La Nación Más, otra a las 21 en América 24, mientras además se posteaba la mencionada charla con Carlson.

Todo lo reafirma. Los editoriales de los medios, las cartas de los intelectuales, las notas de economistas o hasta los comunicados de organizaciones de personas con sindrome de Down que llaman la atención sobre sus dichos son parte de los que no quieren cambiar el statu quo, del que de alguna forma se vuelven cómplices al cuestionarlo.

Por eso lo rechazan, explica Milei como en su momento lo hacía Donald Trump ante críticas similares en Estados Unidos. Cuando Carlson le pidió un consejo para el republicano que busca volver a la Casa Blanca, declaró: “Que no abandone su lucha contra el socialismo”.

Lo loco es que el estrellato del líder de La Libertad Avanza y sus tesis casi terraplanistas convive con sus movimientos políticos más terrenales. Mantiene reuniones con históricas figuras de la casta gremial, como Gerardo Martínez y Luis Barrionuevo, que reflejan ese imán hacia el poder que es el peronismo siempre. 

A su vez, coincide así de golpe con la idea de postergar el debate del Presupuesto 2024 en el Congreso hasta después de las elecciones generales con el ministro de Economía y candidato Sergio Massa. Le mandó una nota con la idea y parece que el tigrense dijo “oia, tiene razón”. Los que veían un acuerdo tácito del massismo y los libertarios para perjudicar a Juntos por el Cambio dicen “viste”.

Deseos e incentivos

En Unión por la Patria creen que tienen chances reales de meterse en una segunda vuelta aún cuando la inflación de agosto dio 12,4% y los pronósticos dan miedo. Se basan en la ambición workaholic del postulante. “Ahora tenemos candidato”, dicen en La Cámpora

Esperan también un comportamiento distinto de los gobernadores en las provincias respecto de lo que pasó en las PASO. Consideran que se fueron de mambo con levantar a los libertarios para sacarle votos al macrismo. Dicen que entonces ahora los números podrían ser distintos. Además, calculan que hubo muchos afiliados propios que no fueron a votar, y también entienden que eso hará una diferencia.

Sergio Massa en el acto por la inauguración de un paso bajo nivel en el partido bonaerense de Malvinas Argentinas.

Mientras fuma 3 o 4 cigarrillos Café Creme por hora, Massa ha decidido poner a jugar la política económica en busca del milagro electoral, aún cuando tome medidas regresivas que, además,puedan ser un tiro en el pie en el corto plazo. 

Cuando anunció que 800 mil trabajadores de la elite asalariada dejarán de pagar Ganancias, no sólo incurrió en una injusticia al elegir destinar recursos públicos a los que están relativamente mejor. También cometió un error que puede salirle caro.

Cuando ese 0,6% del PBI esté en la calle, muy posiblemente termine presionando sobre las cotizaciones paralelas del dólar, empujando otro aumento de la brecha respecto del tipo de cambio oficial con un eventual impacto en los precios que paga toda la población, incluidos los pobres. 

Se vendió sólo en el mismo momento que anunció la medida: “Les pido que no compren dólares”, soltó, en un típico caso en el que un político cree que puede enderezar con un deseo lo que generó con un incentivo. Encima, a las 48 horas cuando se conoció el dato de inflación el Banco Central no ajustó las tasas de interés, que hacen que ahorrar en pesos sea menos atractivo que lo habitual.

Separata show

Con sus días de 25 horas y a bordo de su camioneta-oficina negra, Massa tratará de adueñarse de la agenda también esta semana con temas que son muy de sus competidores. Si chicaneó con “ahora yo propongo bajar impuestos y ustedes no lo quieren aprobar”, luego del rechazo de JxC a la eliminación de Ganancias para la cuarta categoría, el proyecto de presupuesto para el año que viene -algo que en la Argentina es un papel que nunca se cumple- buscará replicar la estrategia. 

Todo girará en torno a la palabra “separata”, un apartado del texto donde otra vez se detallará el “gasto tributario”, la plata que resigna el Estado por regímenes de perdón impositivo para empresas de diversos sectores. Es 4,7% del PBI

La jugada es plantear “díganme qué recorto y tendremos superávit fiscal”. En esta elección, el peronismo al igual que las opciones más a la derecha, también concluye que hay que tener equilibrio en las cuentas públicas y quiere hacer la diferencia con un regreso al superávit con “mecanismos disruptivos”. 

Massa intenta disputar incluso que él puede garantizar previsibilidad macro, aún siendo responsable de la mayor inflación desde febrero de 1991. Una utopía no se le niega a nadie. No sería extraño que adelante que si gana su presidente del Banco Central sería su mano derecha financiera, Leonardo Madcur.

Así serán estos días en los que tratará de sacar la cabeza afuera del agua, si es que es posible con un costo de vida que será alto otra vez en septiembre. El equipo económico asegura que luego empezará a bajar, según se ve en mediciones semanales de la propia Secretaría de Política Económica y también de, por ejemplo, la consultora que fundó Martín Lousteau

Ésa será la búsqueda hasta el 27 de este mes, cuando el indec difunda el dato de la pobreza y la indigencia del primer semestre, que se descuenta será malo, porque tendrá el impacto de la aceleración de los precios por la sequía y la disparada del dólar de abril. Lo dramático es que será una cifra vieja. Los indicadores sociales están empeorando más en estos momentos, tras la devaluación sin plan de Massa. Según el econometrista Martín Rozada, ya pasa el 43%.

Patricia Bullrich, por último, busca hacer pie con su nuevo discurso económico respaldado en Carlos Melconian con tres ejes que ya suelta sin pruritos para diferenciarse de Mauricio Macrino bajará las retenciones de entrada, ni tampoco levantará el cepo desde el primer minuto, y cualquier apertura comercial será “cuidada”. Lo llevará esta semana ante los ejecutivos del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (Cicyp), a un almuerzo en el hotel Sheraton. 

Puede que la escuchen ejecutivos con agendas disímiles. Alguien de Corporación América, de Eduardo Eurnekian, algo así como el tutor encargado de Milei. Enviados de José Luis Manzano, que no para de crecer en el Gobierno de Cristina y Massa y acaba de quedarse con la mayor mina de potasio, en Mendoza. Y tal vez gente de Mercado Libre, cuyo fundador Marcos Galperin sólo tiene un tema capaz de empatar la pasión que está sintiendo por el rugby: el combate de “la piba” Bullrich contra los Moyano.

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