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Columnistas

Científicas de acá: rescatar el rol de mujeres y disidencias en la ciencia

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Manuel Sadosky fue uno de los matemáticos más importantes de la historia argentina. Considerado como el padre de la computación en el país, el que trajo la computadora Clementina, hay aulas y pabellones que llevan su nombre en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos, y hasta una fundación en su memoria. Sin embargo, no hubiera sido nada sin una mujer. En pareja con Cora Ratto, también física y matemática destacada, pudo sostener sus investigaciones porque ella relegó su carrera: crió a la hija que tuvieron juntos, sostuvo económicamente el hogar y rechazó una beca de doctorado en París para que él pudiera formarse en Italia.

Patriarcado de por medio, y con viejas premisas que aseguraban que a los hombres les tocaba la vida pública y a las mujeres la privada, muchas científicas quedaron invisibilizadas en ese ámbito. Con la intención rescatar esas historias, Julieta Alcain, Carolina Hadad, Valeria Edelsztein y Julieta Elffman crearon “Científicas de acá”, un proyecto que pone en primer plano el trabajo de mujeres y disidencias que hicieron y hacen ciencia en Argentina.

Las cuatro provenientes de diferentes ramas de la ciencia, se conocieron cursando la especialización de Comunicación Pública. Empezaron a charlar y plantear sus inquietudes sobre la situación de las mujeres y disidencias en ese espacio y se encontraron con una gran barrera: ni siquiera ellas, que estaban dentro de ese mundo, tenían demasiada información. “Siempre científicas”, como dicen entre risas las creadoras del proyecto, plantearon una hipótesis que no se conocía a mujeres científicas e intentaron constatarla con un método: armaron una encuesta en donde preguntaban nombres de personas que hacen ciencia; nombres de personas argentinas que hacen ciencia y nombres de mujeres que hacen ciencia.

Efectivamente, casi nadie podía mencionar a mujeres. Y quienes lo hacían, sólo proponían un nombre: Marie Curie. Con ese panorama empezaron este proyecto, en el que encontraron una dificultad desde el inicio: no había datos en ningún lado. Tenían algunos nombres, pero nada de profundización. Fue un trabajo, como ellas dicen, de arqueología. Tuvieron que ir a buscar esas historias, entrevistar a quienes conocieron a esas mujeres protagonistas.

“Científicas de acá”, un proyecto que pone en primer plano el trabajo de mujeres y disidencias que hicieron y hacen ciencia en Argentina.

En diálogo con Diario Con Vos, Alcain señala: “No sé cómo se da en otras profesiones, pero sí veo que esta es una actividad profundamente jerárquica y donde se ven muchísimo todas esas cosas que nosotros decimos 'de la sociedad'. Así en abstracto: el racismo, la xenofobia, el machismo. Hay ejemplos muy concretos en la tarea científica, como cuando mandás un trabajo a publicar y los revisores no lo quieren aceptar solo por tener un apellido que suena hispano. No tiene que ver con ser mujer, pero sí con ser ‘de acá’”.

Los datos también sobran. Según un informe del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, a pesar de que seis de cada diez personas que hacen ciencia en Argentina son mujeres, solo el 22% de los cargos directivos en instituciones científicas está ocupado por ellas.

Así, emprendieron su proyecto con el objetivo de revertir una doble invisibilización: la de no estar y no haber estado por las dificultades de ocupar esos espacios y la de haber sido ocultada a pesar de haber sido parte. 

Romper estereotipos

Cuando lanzaron la edición para infancias de su libro, Alcain, Hadad, Edelsztein y Elffman participaron en algunas actividades con niñxs en las que vieron de manera gráfica cómo se juega la importancia de la representación en la construcción de la identidad. Mientras pintaban el dibujo de una mujer con un microscopio, lxs niñxs se preguntaban “¿Qué es eso? ¿Para qué sirve? ¿Qué está mirando? ¿Yo puedo hacer eso?”.

En contraposición a los prejuicios que impone la sociedad, pero que además las mujeres y disidencias internalizan, su iniciativa viene a desarmar esos estereotipos. Y no solo los de género: también los de etnia, los de edad, los que construyen una imagen de lo que debe ser o no una persona que se dedica a la ciencia. Sin ir más lejos, un estudio realizado por la Universidad de Nueva York publicado en la revista Science encontró que, a los 6 años, las niñas se consideran menos inteligentes que los niños para las matemáticas.

“Estamos también muy en contra del estereotipo de la ciencia que se piensa en el vacío, como una persona que se despertó un día y dijo 'yo voy a hacer ciencia, a mí no me importa el contexto político y social'. La ciencia se hace en una sociedad, que tiene sus cuestiones, y la ciencia es profundamente política. Entonces queríamos contar la historia de personas que fueron atravesadas por la política del país, que también es parte de contar la historia de la ciencia y del país”, agrega Alcain.

En ese sentido, la construcción del libro tuvo un criterio político. Aunque lograron armar un extenso listado de alrededor de 400 nombres, tuvieron que elegir a quiénes incluir. Y para hacer ese recorte, se posicionaron políticamente. Decidieron, por ejemplo, darle prioridad a personas trans y travestis que son aún más borradas que las mujeres hetero-cis. En su obra, así, se encuentra la vida de Fran Bubani (doctora en Ciencias de la Ingeniería y la primera investigadora trans del CONICET) y de Sasa Testa (activista trans no binarie y Doctorandx en Ciencias Sociales, UBA).

Solo el 22% de los cargos directivos en instituciones científicas está ocupado por mujeres.

“Nosotras somos cuatro mujeres cis, blancas, universitarias, profesionales, de la Capital Federal. Lo cual, si bien es cierto todo lo que sucede en torno a la invisibilización, nos pone en un lugar de privilegio. Lo que nos pasó es que dijimos: vamos a contar esta historia de invisibilización, pero si vamos a hacer un producto que se venda, ¿somos nosotras las personas que más necesitamos de las ganancias de ese libro?”, reflexionan las creadoras de Científicas de Acá.

Con esa pregunta sobre la mesa, decidieron donar el 10% de lo recaudado a asociaciones como el Mocha Celis, el Isauro Arancibia y La Garganta Poderosa

La articulación con estas organizaciones es solo una de las tantas ramas en las que se diversificaron. Además del libro (y su versión para infancias) que narra las historias de las personas que seleccionaron, la propuesta es mucho más abarcativa: brindan información a través de distintos medios, y continúan construyendo un listado colectivo de estas protagonistas, entre otras iniciativas.

Alcain concluye: “La idea era buscar, rescatar y contar la historia de esas referentes en las que es posible identificarse, con quienes fueron buscando su lugar. La razón por la que queríamos contar la historia de las científicas de acá era para dejar de importar modelos de otros países y, en cambio, hablar de mujeres en ciencia en Argentina. Porque rescatar la historia de las mujeres en la ciencia es rescatar la historia de la ciencia y, también, la historia del país”.

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