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Columnistas

¿Contra las morbosas fantasías apocalípticas?

milei
Por AAIHMEG |Catalina Trebisacce Marchand IIEGE-UBA/CONICET/AAIHMEG

Han pasado solo seis meses de las PASO que visibilizaron a Javier Milei como candidato con posibilidades presidenciales, tres de su triunfo en el balotaje ayudado por la tercera fuerza política (JxC), y dos de su asunción como presidente anticasta junto con la casta. Es difícil escribir sobre el presente y el futuro próximo del gobierno. ¿A dónde va este gobierno de coalición de derechas es una incógnita para propixs, próximxs y ajenxs?.

Entre una parte de lxs (más de) 44 que votamos en contra de las derechas, además de incertidumbre, hay desazón. Estamos en shock profundo frente a las medidas que pretende implementar el gobierno (aunque, por ahora, las que se consiguen son más de lo que ya conocemos) y, al mismo tiempo, experimentamos una suerte de aturdimiento, señala Alejandra Kohan, tras la deglución incesante e indiferenciada de información digital que testimonia la invasión de la crueldad y de notas que nos explican el fenómeno mileista.

A contrapelo de lo que se siente en las calles con la desilusión de las primeras actuaciones del gobierno, con el correr de las historias de Instagram, de las notas de análisis y de nuestro goce neurótico que no empuja a volver sobre aquello que nos dispara ansiedad, el “pueblo” mileista toma para nosotrxs una consistencia que sería bueno que no dejáramos de poner en duda. Sin negar la trascendencia de este nuevo sujeto que reclama otras coordenadas para lo político y lo “común” (si un común cabe en un liberal libertario), muchxs de quienes no veníamos mirando el fenómeno de las nuevas derechas quedamos paradójicamente fascinadxs con el truco revelación que fue advertir de su existencia. Pues aunque desde el feminismo habíamos explorado críticamente nuestras versiones punitivas, y el impacto negativo sobre sectores de la población que se sentían amenazados, la idiosincrasia de las derechas libertarias es una realidad otra. De modo, que algunes de lxs sorprendidxs con lxs resultados electorales comenzamos a pendular entre un rechazo irracional, un sentimiento paranoide -de no saber dónde estuvimos ni quiénes son nuestrxs vecinxs- y una impotente aspiración de control marcada por un hiper comprensivismo.

El efecto del triunfo de las elecciones presidenciales no sólo contribuyó a la aglutinación (al menos por un tiempito) de los dispersos y heterogéneos votantes de Milei, sino que a sus opositorxs nos arrastró a un terreno igualmente imaginario, desde el que proyectamos imágenes potentes y armonizadas del proyecto libertario y de su electorado. No le alcanzará el tiempo de gobierno a Milei para agradecernos por tanta involuntaria contribución. 

Es cierto que el gobierno de Milei promete una agenda “terminator”, que sacudiría los pilares transversales de la sociedad que somos. Pilares que distintas generaciones han construido a través del tiempo, a pesar de los cambios de gobierno y signos políticos. La agenda que Milei “trae del (no) futuro” hace de los derechos humanos, de la cultura, del conocimiento y de la ciencia, de la agenda de género y diversidades, de las demandas ambientales y de todo común no mercantilizable un mal que extirpar. Pero como señalan Pablo Seman y Nicolás Welschinger en el libro “Están entre nosotros” no hay posibilidad de afirmar que sus votantes “asuman como propia una agenda excluyente y autoritaria”. Es decir, no estamos en una película de terror rodeadxs por zombies que hasta ayer eran madres del colegio de lxs niñxs. Hay que restituirles la humanidad a sus votantes. Y si bien otra vez acordamos con los autores en la necesidad de terminar con la superioridad cognitiva y moral que nos arroja a subestimar a lxs mileistas, es igual de imperioso disuadirnos de la morbosa pulsión de adjudicarles una racionalidad instrumental, una coherencia y una potencia que no tienen. Tenemos que detener la fantasía apocalíptica que nos lleva a una sobrerrepresentación del mileismo. Milei obtuvo el 56 por ciento de los votos, de ese número sólo el 30 representan a sus seguidores. Y entre esos 30 hay votos por identificación coyuntural de gran fragilidad y sólo una porción menor podríamos decir adscriben con relativa coherencia la doctrina libertaria.

Que el mundo esté amenazado por las nuevas derechas no las vuelve nuestro destino irremediable. Que el mundo del trabajo y de la tecnología estén experimentando revoluciones profundas que impactan en nuestros modos de existencia, no nos vuelven a nosotrxs -sujetos de las viejas instituciones- un cuento del pasado, ni siquiera con pandemia de por medio. El mundo vira pero no para un solo lado. En la conferencia de Davos, nuestro presidente “del futuro” fue el hazme reír de empresarios y políticos del mundo que él admira. En esa misma conferencia, las reflexiones de cierre de millonarios y ricachones apuntaban a la necesidad de que los Estados imprimieran más impuestos a las fortunas para compensar la, cada vez más, obscena desigualdad del capitalismo.

En un conversatorio, coordinado por Jorge Alemán para pensar el fenómeno Milei y las derivas de las nuevas derechas, Iñigo Errejón reflexionó lúcidamente sobre las dificultades de la organización y la imaginación política en un contexto de crisis neoliberal. El parlamentario español sostuvo que esta crisis se produce sobre subjetividades ya sumidas en el liberalismo, que no tienen historia, fantasías o esperanzas de mundo alternativo. Esta situación es aún más calamitosa, dice Errejón, debido a que lxs ciudadanxs no tienen tampoco experiencias vitales por fuera de las prácticas del individualismo de sus vidas cotidianas. Podría ser este el caso de algunxs de lxs que Seman llama lxs mejoralistas cuyas experiencias vitales son autopercibidascomo resultado de un esfuerzo individualísimo y autosuficiente y caprichosamente recortadas de una trama de institucionalidad que, aún a su pesar, lxs sostiene directa o indirectamente (desde la educación pública o los subsidios estatales a las escuelas privadas, desde los hospitales públicos o las normativas garantizar las coberturas obligatorias de las prepagas, por nombrar algunas nomas).

Ahora bien, y a pesar de lxs mejoralistas y sus experiencias vitales convenientemente parcializadas, la calamidad que aqueja a lxs europexs no puede espejarse en América Latina, en general, ni en Argentina, en particular. En nuestra región, lo que nuestro presidente “del mundo por venir” llama odiando “colectivismo” es un modo (que hace folklore) de nuestra existencia aquí en el sur. No sólo se encuentra en la organización de movimientos sociales, centros culturales, deportivos barriales o en el músculo de la asamblea permanente, la marea feminista y nuestra gimnasia de llenar de cuerpos las calles, sino también en los rituales cotidianos de contacto físico que incluyen besos, abrazos, una comunión de fluidos en los mates que circulan y un dispensar el tiempo en largos encuentros que caen fuera de la contabilidad de la rentabilidad económica

Con esto no quiero de ningún modo insuflar una mística o sugerir que seamos inmunes a las lógicas del individualismo liberal, tampoco que sea improbable que el gobierno Milei/Macri avance sobre derechos adquiridos, de hecho, podríamos apostar a lo contrario. Sin embargo, las memorias de lo común no tendrán que hundirse muy lejos, ni la avanzada de las derechas será irremediable. Éste es su tiempo, sin dudas, el tiempo de las derechas que son parte histórica de nuestro componente nacional como lo ha observado Sergio Morresi en sus diferentes trabajos. Pero nosotrxs, ese (más de) 44 que votamos contra las derechas, no desaparecimos, no dejamos de existir. Sí, estamos obligadxs a reparar en los errores anteriores pero que el hipercomprensivismo no diluya nuestra posición política y que ella no esconda nuestra diferencia.

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