Martes, 16 de Julio de 2024 Cielo claro 9.8 °C cielo claro
 
Lunes, 11 de Octubre de 2021 Cielo claro 9.8 °C cielo claro
 
Dólar BNA: $958
Dólar Blue: $1415
Columnistas

Las docentes: profesionales de lucha colectiva

docentes
Por AAIHMEG |Pulido, Aldana ISHIR-CONICET-UNR/AAHIMEG Mosso, Agustina ISHIR-CONICET-UNR/AAHIMEG

Pese a los avances en materia de políticas públicas nacionales y provinciales, es un ejercicio obligado recordar que la labor de enseñar, asistir, transmitir saberes y acompañar a las infancias en su ingreso a la cultura, sigue siendo un oficio ejercido por mujeres. Una acción que aporta a este gesto de hacerlas visibles, se vincula con el uso del lenguaje. Inclusivo, no sexista, no binario, éste debe nombrar a quienes históricamente fueron, y siguen siendo, borradas detrás de referencias que ocultan, niegan y silencian su trabajo y su condición personal en detrimento del género femenino y de las disidencias. Si nos destinamos a ingresar a una escuela primaria cualquiera con el fin de encontrarlas, con nombres y apellidos reales y no solo como “las seños de tal o cual curso”, las observamos llevando adelante experiencias respetuosas y prácticas educativas amorosas. En los últimos meses del año se recuperan balances que requieren de pensarlas en contexto, en el estado actual de la educación, en su condición docente, en los debates pedagógicos donde ellas ponen el cuerpo y llevan adelante a diario su tarea de enseñar muchas veces bajo condiciones adversas.

Reconocerlas al enumerar situaciones específicas de modos de educar que son ejemplo, volver a quienes, tristemente, dejaron su vida en la lucha por los derechos de los/as trabajadores/as de la educación, rescatar la labor áulica para replicarla porque da cuenta de resultados exitosos, encontrarlas, de forma implícita o explícita, aplicando la Educación Sexual Integral de manera transversal para pensar las identidades, los afectos, el respeto a la diversidad y los cuidados es una manera de reparar en ellas.

Noviembre y diciembre se tornan meses para discutir paritarias, mejores condiciones laborales, en momentos electorales donde la educación y las docentes se posicionan una vez más en el ojo de la tormenta: los medios de comunicación, las y los funcionarios electos, y también algunos de las y los candidatos, buscan generar capital político criticando la forma en que las y los docentes defienden sus derechos, centrándose en las cifras de los días de clase sin garantizar condiciones para dicha extensión o incluso, pretendiendo establecer propuestas que aunque se presumen novedosas no explican cómo podrían mejorar la calidad educativa del estudiantado y, mucho menos, las condiciones laborales de la comprometida docencia argentina.

Maestras y profesoras que asumen el deber de educar mientras sufren en primera persona las desigualdades y la brecha de género que afectan, también, a tantas otras trabajadoras, por ejemplo, al intentar conciliar los deberes de la maternidad y el trabajo de cuidados con las exigencias laborales cotidianas. Al tiempo que se concibe a la educación como la llave a gran parte de los problemas sociales, los recursos que se le destinan son más bien escasos y, por otra parte, se deslegitima la tarea docente con calificativos que lentamente van construyendo una imagen, lamentablemente cada vez más difundida, de las docentes como “vagas” y “fracasadas”. Y, frente a la firme resistencia, se suele amenazar con convocar a personas sin formación o a personas retiradas. En momentos donde defender la educación pública, gratuita y de calidad nos interpela e invita a otorgar relevancia desde pensar posibles respuestas a las contrariedades políticas, económicas y culturales, no es menor tener presente a quienes asumen todos los días el deber de educar. Y valorizar su tan transcendental tarea no sólo en momentos de campaña, a causa de efemérides relacionadas o a principios del ciclo lectivo, donde la docencia vuelve a hacerse visible porque irrumpe con sus reclamos. La educación sucede todos los días y el trabajo docente, también.

Un ejemplo puntual lo conforma la mencionada Educación Sexual Integral. Legislada en octubre del año 2006, deja en manos del equipo docente que habita escuelas públicas y privadas del país la garantía del derecho a la educación en sexualidades (presente en la convención sobre los derechos de niños, niñas y adolescentes). La todavía cuestionada Ley Nacional N°26150, se propone brindar información científicamente probada, oficiar de manera transversal a los niveles y modalidades, pero también al interior de los niveles educativos por lo que se implementa en una variedad de realidades que circunscriben a docentes formados en especializaciones, cursos y capacitaciones junto a otros/as que asumen lecturas de manera autodidacta, que aprenden de las experiencias diarias y que son conscientes de la ausencia de esta normativa cuando aconteció su escolarización. Esta ley llega para quedarse, para promover vínculos responsables y respetuosos. Queda, siempre, en manos de maestras y profesoras comprometidas con su aplicabilidad. Implica conversaciones y acuerdos que varían demasiado entre una institución educativa y otra. En fin, les exige la transmisión de saberes confiables y actualizados, bajo una perspectiva de género e interseccional que reflexione sobre la realidad pasada y presente de las mujeres, de las disidencias, en la desigualdad que generan acciones que promueven el racismo y el sexismo, las injusticias que se forjan en sistemas que promueven la discriminación porque no hacen visibles las realidades étnicas, de clase u orientación sexual.

Las docentes que en este artículo reconocemos saben que las clases de ESI posibilitan, en muchos casos, que los niños, las niñas y adolescentes puedan denunciar situaciones de abuso. Según el Ministerio Público Tutelar, en más del 70% de los casos, en grupos de entre 12 y 14 años, se identificó el abuso luego de haber trabajado ESI en la escuela. En este sentido, y teniendo en cuenta que cada 19 de noviembre se conmemora el Día Internacional contra el abuso sexual de las infancias, la labor de las profesionales de la educación es fundamental. La escuela, pero en especial las docentes, son quienes muchas veces permiten que las infancias hagan oír sus voces y denuncien las violencias que las atravesaron en el pasado y/o agobian en el presente. El mensaje es claro: “La seño siempre te va a creer”. Por ello, cuando hablamos de la docencia como una profesión de constante lucha colectiva pensamos en maestras y profesoras cuyo trabajo cotidiano reafirma el compromiso con la garantía por los derechos humanos y una formación ciudadana crítica, solidaria y sensible, que exige el efectivo cumplimiento de los derechos de las infancias, adolescencias y adulteces a la educación y a la cultura. Cuando referimos al trabajo en educación pensamos en nombres y apellidos de quienes nos educaron en las escuelas que transitamos. También remitimos a quienes los desafíos pedagógicos superan los diseños curriculares y atienden problemáticas relacionadas con los modos de ver el mundo según el contexto y allí habilitan preguntas y desandan mitos, para construir entornos donde la convivencia se vuelve definición clave para pensar la educación en igualdad de condiciones y oportunidades.  

Está pasando