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Columnistas

LOBO.CEBALLOS.ARASA

Ceballos

En la era de la Inteligencia Artificial, yo seguiré abogando, como toda la vida, por la "Inteligencia Arti-facial". Creo desde siempre que la humanidad, antes que desplegar la necesidad de una inteligencia que nos ayude a asustarnos aún más por lo que viene, debería poder contar desde hace demasiados años con algo que nos permita saber qué cara poner ante determinadas situaciones, que a su vez están impregnadas todo el tiempo en nuestra cultura y cotidianeidad.

La incomodidad que genera no saber qué hacer con nuestro rostro y nuestra gestualidad en ocasiones, la descubrimos muy poco tiempo después de nacer.

Para muestra sólo haría falta detenernos en un niño de entre uno y tres años, que cuando desea "esconderse" ante una situación puntual, opta por taparse los ojos, y así se siente a resguardo, ya que cree que si él no ve, entonces deja de ser divisable.

Tiempo más tarde, aún en la infancia, nos damos cuenta de que no nos quedará otra a futuro que hacer peripecias con nuestros rasgos para sortear distintos momentos que desafían nuestro sentido del pudor. Sin dudas, ya no alcanzará con taparnos algo, habrá que "dar la cara".

Doy por seguro que el primer cachetazo que recibimos para confirmar lo escrito en el párrafo anterior, son los segundos eternos de las primeras veces que, ya con uso de razón, nos cantan el 'Cumpleaños feliz'. Que sensación horrible e inequívoca, pues sos el protagonista, no podés escapar, ni taparte los ojos, ni ponerte a llorar, o suspender el evento ahí mismo.

Hasta los 13 años, más o menos, preferimos mirar fijamente la torta, sonrojados, esperando que el muñequito que hace las veces de Pato Fillol o Pato Donald, de acuerdo a la elección previa que hayamos hecho, nos rescate como diciendo "Vos mírame a mí, que yo te banco". El tema es en la adultez, dónde paradójicamente todo empeora, y las elecciones de hacer tiempo ante el mal trago siempre son tirando a horrorosas o inaceptables. Algunos eligen aferrarse a la copa o el vaso y se bambolean como siguiendo el ritmo del cántico, otros usan las manos como portando una batuta virtual, y se apoyan en una gracia sin gracia que pretende mostrarlos como directores de orquesta.

cumpleaños

Están quienes levantan un brazo saludando como celebridad, o los que si tienen hijos pequeños los agarran a upa, para usarlos como airbags de pudor o escudos humanos.

¿Qué suelo hacer yo? Me deseo fervientemente la muerte en los primeros cinco segundos para no pasar por el resto del calvario, pero evidente y desafortunadamente, si estoy escribiendo esto, como podrán sospechar, es porque fracasé en cada intento y estoy vivo. Pero ojalá todo se jugara en unos segundos por año. Ojalá fuera tan fácil.

Entonces tenemos que viajar a solas con alguien que no conocemos en ascensor y miramos el llavero como cuando nos presentan un bebé recién nacido, o debemos hacerle saber a una persona que no nos interesa espiarle su clave bancaria y sobreactuamos el movimiento de cabeza como si por el lado opuesto llegara Taylor Swift.

Ni hablar cuando en un casamiento nos toca en sillas contiguas una pareja random que decide discutir 'gritando en voz baja' todas sus discrepancias, y no nos queda otra que clavarle la vista al centro de mesa como si fuera un dólar de cara grande que cayó al piso, debiendo además fingir sordera total.

La vida es una porquería, porque la vida no nos dice que cara poner. Por eso admiro tanto a esas personas, seres de luz, que tienen "la habilidad". Esos que no importa qué, dónde o cómo, siempre saben "qué cara poner". En este planeta se los conoce como 'Árbitros de Fútbol', y son los vertebrados más envidiables que se conozcan.

Es verdad que en el acierto nadie les palmea la espalda, mientras que en el error el hincha encuentra en ellos el mal de todos los males, pero más allá de eso, manejan su gestualidad de maravillas.

Entonces te dispones a ver fútbol como presintiendo un manjar, pero terminas comiendo "Aros de Ceballos", y sin exagerar, es para llorar. Y te querés ir de la B, pero te atiende el señor de las mil "aes", Arasa, y te deja vocalizando en el aire.

Puede que estas líneas estén matizadas con cierto sentir chacaritense, pero es difícil aceptar que, por ejemplo, Luis Lobo Medina no vea lo que sucede en el área porque lo encandila la luna llena, y no hay aullido de dolor que lo rectifique.

Diego Ceballos

Desde ya que desde aquí no se discute sobre honorabilidad, pues no hay discusión posible, pero nos encantaría que en el futuro pudieran distinguir un cura en la nieve, una vaca dentro de un ascensor, un delfín entre dos galletitas de agua, o un penal dentro del área

Y no les pasa como a nosotros en el cumpleaños feliz, son humanos superiores, nada los incómoda, ni sé si necesitan mirar fijamente a un muñequito que los observa como diciendo "Vos mírame a mí que yo te banco", no creo.

Sería digno aclarar que es cierto que quienes queremos a un club, o a dos, no fantaseamos con justicia, sino con injusticia a nuestro favor. Pero de vez en cuando nos gustaría que los jueces miraran el llavero, incómodos, como el resto de los mortales. Jamás sucederá, ya que ellos tienen la habilidad.

La misma que tuvo mi tía Olga, aquél día, ingresando a mi casa como si tal cosa, luego de un estruendoso retoque facial, guiñándome un ojo ante mi sorpresa. "Shhhh Dieguito, que el Botox es secreto". Olga, ya en la urna, y justo este fin de semana. A su memoria.

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