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Columnistas

Una lectura de las PASO desde los aportes de la teoría política feminista

feminista
Por AAIHMEG |Sacha Lione, de UNL y AAHIMEG

Milei fue el candidato más votado de las PASO. Para quienes luchamos por un mundo justo e igualitario, los resultados generaron preocupación, pero no fueron una sorpresa. La crisis social y económica se hace sentir, vivimos en un mundo injusto y los desafíos son múltiples. En este escenario, los aportes de la teoría política feminista contemporánea pueden habilitar lecturas necesarias. Es hora de defender lo conquistado y de pensar nuevas salidas, con mayor igualdad.

Hace tiempo que diversos trabajos de las ciencias sociales muestran la complejidad social y política que está atravesando Argentina. En un estudio llevado adelante por la EIDAES y el Programa PASCAL-UNSAM, Gabriel Kessler, Gabriel Vommaro y Gonzalo Assusa recuperaban las reflexiones de Pablo Stefanoni y demostraban el modo en que la rebeldía se estaba volviendo de derecha. Según este estudio, nos encontramos con jóvenes rebeldes pero punitivos. En los resultados de dicho trabajo de investigación se puede ver que los jóvenes no son conservadores, -apoyan el derecho al aborto, el matrimonio igualitario, la igualdad de género-, ni tienen miradas totalmente negativas sobre los programas sociales. Sin embargo, expresan su desconfianza hacia el Estado, ya que hace tiempo que no les da respuestas ni posibilidades de una buena vida.

Puede resultar fácil y tranquilizador construir el adversario político desde el ridículo, caricaturizándolo, subestimándolo. Sin embargo, hay un malestar muy arraigado contra los partidos mayoritarios y los discursos que encarnan. El “que se vayan todos” y el “se viene el estallido”, propios del pueblo en rebeldía y con ganas de transformarlo todo de 2001, formaron parte este último domingo del festejo de Milei. Veinte años después, ante un estado de malestar generalizado, pareciera que la derecha fue capaz de canalizarlo, aunque ello no vaya a concluir hoy -como bien sabemos- en mayor justicia, igualdad y bienestar. Ante semejante paradoja, se vuelve urgente analizar lo que ante nosotros se despliega.

Para ello, los aportes de la teoría política feminista pueden resultar potentes herramientas. Nancy Fraser, autora ineludible a la hora de estudiar las injusticias, hace tiempo se dedica a pensar los desafíos de los movimientos sociales en la etapa actual del capitalismo. En su último libro señala que nos enfrentamos a una crisis general de todo el orden social que requiere ampliar la caracterización que hacemos del capitalismo, incorporando al análisis “lo extraeconómico” (lo social, lo ecológico, lo político). Ello se debe a que se trata de una crisis multidimensional.

Un punto importante de su aporte es la denuncia de lo que llama neoliberalismo progresista, que ha combinado un programa económico expropiador con una política meritocrática del reconocimiento. En otros términos, se trata de políticas económicas que deprimen el nivel de vida de las clases trabajadoras y de las clases medias en favor de los grupos privilegiados. A la vez, las políticas progresistas de reconocimiento reducen la igualdad a la meritocracia. En lugar de abolir las jerarquías socioculturales, garantizan que determinados individuos “meritorios” de grupos subrepresentados (principalmente mujeres cis blancas) puedan alcanzar posiciones similares a las de los varones, cis, heterosexuales, blancos, no discapacitados, de su propia clase. Ese cóctel tiene como consecuencia que, en un mar de desigualdades, aquellas personas que reciben atención focalizada por parte del Estado son percibidas como privilegiadas, lo que sólo puede generar rechazo y reacción.

Milei

Todo ello hace posible a figuras y discursos como los de Milei. En su arenga del domingo, arremetió contra el Estado, los derechos adquiridos y la justicia social. Ahora se volvió posible enunciar todo aquello que no encontraba lugar en el espacio público bajo la sombra de la crisis del 2001. En este punto, otra teórica política feminista, Iris Marion Young, merece ser incorporada a la conversación.

La impugnación del Estado no sería posible si sus respuestas frente a las múltiples injusticias fueran deficientes o estériles. Y como señala Marion Young, cuando las injusticias son estructurales, hay grupos de personas que se encuentran contra la amenaza sistemática de privaciones mientras otras obtienen beneficios. Que una persona se quede sin vivienda y deba vivir en la calle (para usar un ejemplo que la propia autora menciona) no responde a una cuestión individual sino a la combinación de acciones e interacciones de un gran número de actores, públicos y privados, individuales e institucionales.

Al encontrarnos frente a situaciones de opresión y de dominación no podemos desconocer cómo operan las injusticias de carácter estructural. El desafío es pensarlas en el contexto actual, situadamente. Ya se ha hecho evidente que prestar sólo atención a la falta de reconocimiento cultural no fue suficiente, si perdemos de vista las desigualdades económicas y la necesidad de redistribución de la riqueza.

Ante una situación de crisis social y económica tan profunda, se levanta un actor político que, presentándose como lo nuevo, en realidad combina en su retórica lo hiperreaccionario tanto en relación a lo económico como a las políticas de reconocimiento. En relación a lo primero, no caben dudas que las políticas económicas que propone empobrecerán aún más la vida de los sectores menos favorecidos. El segundo punto, pareciera que sólo tiene lugar para implementar políticas aún más reaccionarias y despiadadas.

¿Somos capaces de pensar nuevas propuestas contrahegemónicas? Sólo combinando redistribución económica con reconocimiento cultural podemos pensar nuevos futuros, abrir nuevos caminos. Nos encontramos frente a una crisis que necesita respuestas en ambos sentidos. Como feministas, necesitamos también repensarnos y organizarnos para confluir junto a otros movimientos en lucha contra todas las injusticias.

Foto: Liliana Porter

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