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Columnistas

‘Nudes’ sin consentimiento: no es hot, es violento

nudes

“¿Qué pretenden lograr con esta técnica de mierda?”, fue la pregunta que se hizo Lucía, de 27 años, las dos veces que recibió fotos explícitas de varones sin haberlas pedido. No le causó asco, pero sintió rechazó y se indignó: sentía que no tenía por qué ver algo que no quería y sabía que, si bien ella había podido tomárselo (dentro de todo) bien, había muchas otras mujeres que posiblemente se sentirían muy mal o las afectaría de otra manera. 

No se equivocaba. En una gran mayoría, y de acuerdo a un estudio publicado en el Journal of Sex Research, las identidades feminizadas reaccionan de manera negativa al recibir una “nude” sin consentimiento: un 48,8% se sintieron asqueadas y un 45,6%, no respetadas.

Sin embargo, pareciera que a varios hombres no les llegaron estos datos, porque sigue siendo una práctica muy común y naturalizada para ellos. Sin ir más lejos, según una  Encuesta de Consentimiento y Violencia Digital llevada a cabo por la Fundación Avon, 8 de cada 10 mujeres recibieron imágenes, mensajes, emojis/memes de tenor sexual sin su consentimiento.

“Los varones cis han sido socializados en una expresión de la sexualidad que fomenta búsqueda de imágenes explícitas, prácticas genitales obligatorias y coitocentrismo. Así como el acoso callejero, mal llamado ‘piropo’, el ejercicio del poder a través de una imagen o cualquier conducta que no ha sido consensuada, o por lo menos consentida, no busca atraer sexualmente o gustar a quien está siendo violentade. Quien realiza estas prácticas es absolutamente consciente de que no va a generar una respuesta agradable en la otra persona, sino que la va a obligar a someterse al efecto de las mismas. El goce radica justamente en el ejercicio del poder y el sometimiento de le otre”, señala Carolina Meloni, sexóloga con perspectiva de derechos.

Valeria, de 25 años, se vio algunas veces con un hombre al que le excitaba la virtualidad. Insistía con generar ese clima pero a Valeria no le interesaba. No le importó: en dos ocasiones le mandó fotos de su pene sin pregunta ni aviso. El informe realizado por el Journal of Sex Research confirma esta tendencia, que indicaría que, en general, a los varones les gustan estas prácticas. El 44% se sintió interesado al recibir fotos explícitas sin solicitarlo y el 34,2%, excitado. 

Para Cristel Analy Fabris, psicóloga y diplomada en violencia de género y ESI, para tratar de entender estas conductas hay que pensar sobre algunas cuestiones que se instalaron desde hace tiempo: el deseo de los varones siempre estuvo por encima de todo y avalado por todos. El deseo de las feminidades, sometido a esto.

“Los varones han aprendido e internalizado que el acoso sexual es parte de su “naturaleza”, es decir, del accionar común que comparten. Al igual que como pasa con el acoso callejero, que empezó a cuestionarse hace poco tiempo, ocurre lo mismo con el hecho de enviar fotos íntimas sin consentimiento: consideran que es una forma de hacernos saber que están interesados en poder tener algún tipo de práctica sexual con nosotres, virtual o presencial, y para eso, creen que no hace falta saber qué pensamos o qué sentimos al respecto, porque aprendieron que eso poco importa”, afirma en diálogo con Diario Con Vos.

Creer que indefectiblemente todxs, y en todo momento, sienten atracción sexual (y de un único tipo), asumir que las mujeres están a merced para seducir y complacer, y no tener en claro los límites entre lo público y lo privado son algunos puntos que explican por qué, a pesar de las reacciones positivas, muchos hombres siguen mandando imágenes explícitas sin que la otra persona lo haya pedido o sepa.

La técnica, está a la vista, no funciona. Ni Lucía ni Valeria quisieron seguir la conversación luego de recibir ese contenido y las estadísticas confirman que eso es lo más común. Lo que estimularía el vínculo, en realidad, sería que ellos puedan repensar sus masculinidades e incorporen otras formas de relacionarse, donde sus intereses y deseos no estén por encima de los demás y, por lo tanto, se puedan generar conversaciones y acuerdos para que ambas partes disfruten.

“Yo siento que no causa nada más que cosas negativas. Siento que cuando uno está con alguien que conoce, o tiene una conversación que está en ese tono, y van y vuelven mensajes para jugar, tentarse o provocarse a nivel sexual está buenísimo porque estás en el contexto y estás como acompañado de un cierto conocer a la otra persona o de mínimo haber tenido una charla. Pero cuando no es acordado a mi lo que me provoca es rechazo, indignación y hasta enojo; no entiendo qué quieren lograr”, aporta Lucía.

Para las especialistas consultadas, esta práctica no sólo se trata de un acoso sexual sino que, además, se puede analogar con mostrar los genitales en público en la calle.

Consecuencias 

Aunque para muchas mujeres recibir este tipo de fotos puede quedar solo en una mala experiencia, a otras las puede afectar particularmente. Meloni explica: “Como toda situación de violencia sexual, puede tener consecuencias en la persona sobre la que se ejerce. En el caso de las imágenes de genitales no consentidas, puede generar cierre de redes sociales, evitación de contacto con otras personas, pesadillas, rechazo de contacto [sexual] con otras personas. Hay que tener en cuenta que no todas las personas tenemos los mismos umbrales de tolerancia y resiliencia ante sucesos violentos, y así como algunas podemos pensarlos como traumáticos, otras podemos vivirlos como una situación a eliminar del registro y aprender de la misma”. 

En ese sentido, Fabris hace una advertencia sobre una de las reacciones más comunes: la de tomar medidas preventivas respecto a la seguridad y privacidad, incluso modificando el contenido que una sube: “Esto es ‘riesgoso’ porque abona la teoría de que la responsabilidad está en las mujeres y no en quienes envían estas fotos. Toda medida que se considere apropiada para reducir las probabilidades de recibir estas fotos o videos son bienvenidas, pero lo que es fundamental a trabajar es que NADA provoca esta acción: ni lo que vos publiques, ni lo que muestres amerita que te llegue una foto así sin tu autorización”.

Consensuado, el sexting puede ser una práctica estimulante en un vínculo. Pero si no, es violencia, porque toda práctica que se ejerce sobre la voluntad de otra persona sin consulta y sin consentimiento, es violenta. Y para concluir, Meloni agrega: “Cuando además se involucra el ejercicio del poder sobre áreas tan sensibles en nuestra sociedad como lo es el cuerpo y la sexualidad, esa violencia se potencia”.

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