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Columnistas

El León de Wembley

Argentina nunca había ganado en Wembley, sede de la Finalissima. El debut fue en 1951 y atajó una leyenda: Miguel Rugilo, el León.

Miguel Rugilo

A menos de seis meses del debut contra Arabia Saudita en Qatar, el seleccionado masculino jugará contra Italia el partido de mayor voltaje antes de la Copa del Mundo. Para Lionel Scaloni el desafío es múltiple: consolidar su estilo, definir los nombres para los puestos vacantes, extender el invicto, ganar un nuevo título y hacerlo en Wembley, donde Argentina nunca lo hizo. La primera vez fue en 1951, a pedido de Juan Domingo Perón, terminó en derrota, pero dejó un nombre para la historia, Miguel Rugilo.

El estadio Empire, su nombre original, fue inaugurado en 1923 por el Rey Jorge V, abuelo de Isabel II, la actual monarca británica, que en 1966 entregó ahí la copa de campeones mundiales al seleccionado de Bobby Moore. Ubicado en el barrio londinense de Wembley es conocido popularmente así y sigue siendo una referencia tras su reconstrucción y reapertura en 2007.

En 1948 dos huelgas simultáneas habían paralizado los torneos de Uruguay y Argentina. Una vez que acordaron, los charrúas solidificaron su campeonato y construyeron el equipo que dio el golpe cuando ganaron el Mundial de Brasil gracias al Maracanazo. Los mejores futbolistas argentinos migraron a Colombia, el seleccionado no viajó al Sudamericano de 1949 y eso resintió la relación con Brasil que lo organizó. Como crecieron las hostilidades, Valentín Suarez, presidente de AFA, decidió que no jugaran las Eliminatorias. La versión complementaria a esta es que Suarez, que era colaborador de Eva Duarte, no le podía garantizar un buen rendimiento a Juan Domingo Perón y optaron por no presentarse. Pero un año después la situación cambió.

Si bien no hay precisiones sobre la gestación del partido contra los ingleses, El Gráfico transcribió una posible explicación en voz de Mario Boyé, jugador de Racing y autor del gol argentino. “Juan Domingo Perón se enteró de que Inglaterra estaba invicta en Wembley, entonces lo agarró a Ramón Cereijo, que era su ministro de Hacienda, y le ordenó que preparara un amistoso en Londres. ‘Vamos a ir a jugar allá y les vamos a ganar a esos piel de gallina’, dijo. Y así fuimos nosotros”. Cereijo era hincha de la Academia y fue uno de los motores desde la política para que el gobierno ayudara a la construcción del Cilindro que lleva el nombre de Perón.

Desde su inauguración, Wembley es utilizado para final de la FA, salvo el tramo de la reconstrucción donde se utilizó el Millenium de Cardiff. Bolton 2-0 West Ham fue la primera definición en 1923 y recién al año siguiente el seleccionado empezó a hacer de local allí en un partido contra Escocia, rival habitual junto a Gales. En 1948 recibió la definición del torneo olímpico que Suecia le ganó a Yugoslavia.

Argentina no viajaba a Europa desde 1934 cuando perdió en primera ronda de la Copa del Mundo en Italia contra los suecos y, al ausentarse del Mundial de 1950, necesitaba también reivindicar su fútbol. Todavía resonaban los éxitos de Boca y San Lorenzo por sus giras de 1925 y 1946, pero no la selección. Además, el rival era el inventor del deporte y en el estadio donde hacía de local.

El entrenador era Guillermo Stabile, subcampeón mundial en 1930 y goleador del torneo con ocho tantos. Además de Boyé, se destacaban Ángel Labruna, sobreviviente de La Máquina de River, Natalio Pescia, símbolo de entrega en el medio de Boca o Norberto “Tucho” Mendez, tricampeón sudamericano entre 1945 y 1947, además de símbolo de Huracán y Racing.

Miguel Rugilo

El arquero titular iba a ser Gabriel Ogando, pero Estudiantes no lo cedió. Ante eso el puesto quedó para Rugilo, dueño del arco de Vélez, y que había debutado un año antes con el seleccionado en los dos partidos contra Paraguay por la Copa Chevallier Boutell, que ganó Argentina.

El 9 de mayo de 1951 en un estadio lleno con 60 mil personas y entradas agotadas, Argentina formó con Rugilo; Colman, Filgueiras; Iácono, Faina, Pescia; Boyé, Méndez, Bravo, Labruna, Loustau. Un equipo de baja estatura, salvo por el arquero. Los británicos tenían a un defensor llamado Alfred Ramsey, que en 1966 fue el entrenador con el que Inglaterra fue campeón del mundo en esa cancha contra Alemania. En cuartos de final, también en Wembley, los ingleses eliminaron a Argentina, segunda vez que se enfrentaban ahí, el día de la expulsión de Antonio Rattin que se sentó en la alfombra de la reina y arrugó la bandera británica. Pero esa es otra historia.

Inglaterra comenzó el partido con un mayor rigor y mejor despliegue físico. “Apenas empezó el partido realicé una buena atajada. Eso me dio confianza, me agrandé. Ellos sacaron, avanzaron, nunca me olvido, le cortaron la pelota al insider derecho y el tipo me pateó como venía. Fue un tiro fuerte, arriba, en un ángulo. Por suerte pude descolgarla”, recordó en una nota en 1972. De un despeje suyo, Labruna la frenó con el pecho, habilitó a Felix Loustau, que tiró un centro rápido para el ingreso de Boyé que anotó el 1-0. A partir de ahí se replegaron y aplicaron la teoría Caballeros de la Quema, todos atrás y Dios de 9, aunque en este caso la deidad estaba en el arco.

Los ingleses percutían, corrían, pateaban, hacían valer su mejor estado físico, pero la respuesta siempre era la misma: Rugilo. El arquero de Velez era el responsable directo de que la victoria siguiera en pie. El enviado para relatar el partido desde el estadio fue Luis Elías Sojit, hombre muy cercano al peronismo y autor de frases como que “los días soleados son peronistas”. “Otra vez Rugilo, otra vez Rugilo. Heroico el arquero. Argentina mantiene la diferencia y el caballero Rugilo es un león en Wembley”. Sin saberlo había creado el apodo de su vida: Miguel Rugilo, el León de Wembley.

En el minuto setenta y nueve llegó el empate de Stan Mortesen y a falta de cuatro para el final llegó el 2-1 de Jackie Milburn, que dos semanas atrás había hecho un doblete en Wembley para ganar la FA Cup con el Newcastle contra el Blackpool. En el empate Faina lo tapó y no llegó a la pelota, pero en el segundo hubo un claro offside no cobrado, que hasta los ingleses reconocieron.

Cuando terminó el juego, Rugilo se fue muy amargado y el público aplaudía a rabiar. “Ya nos íbamos de la cancha y la gente gritaba a lo loco. Como no sé inglés no entendía nada. El que me avivó fue Chichilo Sola, masajista de Vélez y de la Selección que me paró diciéndome: ‘Saludá, saludá, que esa ovación es para vos’. Creí que se venía abajo Wembley. Después cuando llegué al vestuario me puse a llorar”.

Después de ese día, Argentina jugó cinco veces más, la del Mundial de 1966 y cuatro amistosos más, pero nunca pudo ganar. La última vez fue un empate 0-0 en el año 2000 donde jugó Roberto Ayala, asistente de Scaloni. Hoy Lionel Messi tiene la chance de sumar un nuevo título y romper el maleficio para, por fin, salir victorioso de Wembley.