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Opinión

Nos tapó el agua

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Por Federico Fagioli |Senador provincial. Referente del Frente Patria Grande Provincia de Buenos Aires

No es fácil. Días de tormentas incesantes en AMBA que hacen que la vida de las personas en los barrios populares corra riesgo, que pierdan todo, que salgan en medio de la madrugada a proteger lo poco que tienen. El presidente tuitea, da notas y dice que es por los años de populismo. No es por el cambio climático ni porque se desfinancian las obras para evitar que esto pase, no: es por los años de populismo. Mientras se pide financiamiento internacional porque con los fondos de nación destinados a la provincia de Buenos Aires no alcanza, mientras la solidaridad del pueblo emerge juntando donaciones y organizando centros de evacuados como se hizo desde Argentina Humana, el Rey León sigue sin brindar su ayuda ni ofrecer asistencia.

El nivel de deshumanización al que nos expone este gobierno no tiene límites. Y no es sólo eso, el Senado rechaza el DNU y el gobierno nacional plantea amenazas: “acuerdo o confrontación”.  Se justifican “en la casta” cuando los perjudicados con este DNU -que nada tiene de Necesario ni Urgente- son los jubilados, los inquilinos, los trabajadores, las trabajadoras de casas particulares, los docentes, los vecinos de los barrios populares y más. Es un DNU hecho a la medida de las grandes corporaciones: de los supermercados, de los bancos, las patronales, el mundo Fintech, de los capitales extranjeros, de los productores de azúcar, de los propietarios e inmobiliarias, de las prepagas, los laboratorios, las cadenas farmacéuticas, los proveedores de servicios satelitales, la comunicación audiovisual, los capitales del fútbol, las empresas mineras y de energía. ¡Corporaciones! Dentro de Fintech, Mercado Libre, con Galperín a la cabeza que recibe más de 100 millones de dólares al año en materia de subsidios, el planero vip que la levanta en pala y que explota empleados es una de las grandes necesidades y urgencias del país. ¿Y la gente? ¡Afuera!

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Inundaciones por las fuertes tormentas

Y quiero volver al tema con el que empecé: los cientos de barrios populares bajo el agua. Una crisis climática, una tragedia en los distintos territorios. No puedo dejar de pensar en cuánto peor hubiese sido en varios lugares si no hubieran tenido la conexión eléctrica segura realizada por la anterior Secretaría de Integración Socio Urbana, a cargo de Fernanda Miño, y tan golpeada en los últimos meses por los medios hegemónicos de comunicación. Cuántas muertes habríamos tenido que lamentar por desidia o abandono. Pero esto los medios a sueldo del presidente no lo dicen. Inventan causas, denuncias, vinculaciones. ¿Contra quién? Contra Juan Grabois que nunca fue funcionario ni estuvo a cargo en la ejecución de ninguna política pero sí fue un gran impulsor de la Ley Nacional de Barrios Populares, del Relevamiento y del Registro Nacional. Una persona que, aunque intenten desacreditarlo, conoce mucho de lo que pasa en nuestros barrios y con quien laburamos de conjunto en cada una de las normativas, porque una política alejada de la realidad es pantalla, es fondo vacío, es herramienta para enriquecerse los bolsillos; y acá hubo política para transformar la realidad. La certeza y conclusión que podemos sacar de todo esto es que, evidentemente, les da miedo que Juan crezca tanto y, como diría Pablito Lescano, quieren bajarlo y no saben cómo hacer.

Entonces, el agua tapa los barrios pero también a toda la vida política con este gobierno. Nos tapó el agua como símbolo de que la vida ya no importa, de que alguien puede estar muriéndose de hambre y el cinismo de un presidente dice que la inflación de febrero es “un numerazo”, meses después de que una ministra dijera que iba a atender a uno a quienes tuvieran hambre; alguien puede estar perdiendo todas sus cosas por las inundaciones y la crueldad de un presidente dicta que “es por los años de populismo”; un jubilado puede estar obligado a tener que elegir entre comer o comprar los medicamentos y el sadismo de una canciller grita que “si sos un jubilado arriba de no sé cuántos años, es casi seguro que te vas a morir”; un laburante va al supermercado y no puede comprar nada y un ministro con la bandera de Estados Unidos en el corazón le hace el festejo a los supermercados.

Entonces, que “nos haya tapado el agua” representa la deshumanización absoluta. Pero siempre hay redes y siempre hay salida: desde los esfuerzos de los gobiernos locales totalmente desfinanciados por el nacional, desde la comunidad que se organiza para dar respuesta a los lugares donde el Estado no llega y desde la fuerza que emerge de abajo para hacerle frente a los buitres que quieren sacarle los ojos al pueblo argentino. De cara a un nuevo 24 de marzo, no quedan dudas de que la historia de nuestro país nos enseñó a luchar y los dirigentes, junto a la comunidad y la sociedad toda, tenemos que estar a la altura: remar y nadar como siempre supimos. Hasta salir a la superficie y construir lo nuevo: un proyecto humano con Tierra, Techo y Trabajo, que no se cague en el de al lado.

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