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Columnistas

El fin de Aerosmith

Aerosmith tiene una particularidad: dos generaciones distintas pueden decir “es una banda de mi época”. No porque sean los únicos longevos: está claro que ya hay bisabuelos fans de los Rolling Stones, por ejemplo. Lo que distingue al grupo de Steven Tyler, Joe Perry et al. es que tuvieron dos auges bien marcados, dos momentos diferentes en la historia en la que estaban de moda y eran una banda “del presente”. Uno: en los 70, cuando surgieron, con discazos como Toys in the Attic (1975) o Rocks (1976), para regocijo de los baby boomers tardíos.

Y otro a fines de los 80 y primera mitad de los 90, cuando la Generación X se los encontró revigorizados (resucitados, podría decirse) y la MTV los convirtió en íconos para un montón de gente que en muchos casos ni sabía de aquellos otros temas tan buenos que alguna vez habían sacado. Incluso cada uno de estos fandoms tenía su propio grandes éxitos: el Greatest Hits de tapa roja del 80 (que traía “Walk This Way”, “Draw the Line” y “Dream On”) y el fantástico Big Ones del 94 (“Rag Doll”, “Dude [Looks Like a Lady]", "Cryin'").

Aerosmith es así: una de las pocas bandas que triunfó, murió y volvió en sus términos, y luego procedió a mantenerse en un limbo nostálgico que los trajo medio por default hasta nuestros días. Hoy, al fin, su historia termina: Peace Out: The Farewell Tour (“tranquilizate: la gira del adiós”) está en marcha… con un asterisco del que ya hablaremos. Será la última vez que los sesentones y los cuarentones del mundo anglo (por ahora no anunciaron nada en el sur) podrán ver a una de las bandas de sus respectivas juventudes sobre un escenario. Cabe analizar, entonces, cómo llegan a esta despedida y qué se pierden (si es que se pierden algo) los rockeros del futuro.

Llegan, en criollo, bastante baqueteados. Para empezar, la relación entre los dos principales motores creativos del grupo viene algo alterada desde que Tyler decidió ser juez del reality American Idol y Perry -dijo- se enteró por Internet. El guitarrista no quería saber nada con que el vocalista participe del circo televisivo, a punto tal que llegó a anunciar que el grupo tenía una vacante: “Es oficial: Aerosmith está buscando un nuevo cantante", dijo en una entrevista, y fue todavía más allá en otra: "Tenemos unas cuantas personas con las que hemos hablado, y ya veremos cómo va”.

Por suerte la sangre no llegó al río y los Gemelos Tóxicos (sobrenombre con el que se los conocía en los 70 por su afección al consumo de agua con bajo sodio y brócoli hervido) se reconciliaron. Cosa en la que a esta altura son especialistas: en 1979 la esposa de Perry le tiró un vaso de leche en la cara a la del bajista Tom Hamilton, Tyler se metió en el medio y todo terminó con Joe dejando la banda… a la que volvió en el 84, tras amigarse al fin con su compadre.

Ahí empezó su segunda etapa de auge, en parte gracias al éxito de la versión de “Walk This Way” que hicieron junto a Run-DMC en el 87, y más que nada por esa trifecta alucinante de discos que empezó con Permanent Vacation (1987), siguió con Pump (1989) y terminó con Get a Grip (1993). Este último metió en la fórmula otro de los secretos de su renovado éxito: los videos de “Cryin’”, “Crazy” y “Amazing”, protagonizados por Alicia Silverstone y la hija del jefe, Liv Tyler.

Pero volviendo a su situación actual: ninguna amistad es del todo duradera en Aerosmith, porque cuando todo andaba en patines se pudrió gracias a American Idol, y poco después Tyler le metió un microfonazo a Perry en pleno show, y en otro show el guitarrista chocó “sin querer” al cantante y lo tiró del escenario, y pasó un tiempo y el baterista Joey Kramer le hizo juicio a sus compañeros por -supuestamente- no dejarlo tocar con ellos en la fiesta de los Grammy pero después la retiró y volvió, y ahora no se subió al tour despedida porque quiere concentrarse “en su salud y su familia” y fue reemplazado por John Douglas.

De nuevo: no son ni el primer ni el último grupo disfuncional, pero su ir y venir de peleas y reconciliaciones todos contra todos no es un episodio ocasional, sino una dinámica constante que llegó a estallar un par de veces pero siempre late por lo bajo y sólo se extinguirá, se supone, después de esta gira final.

Gira final que, como suele pasar en el rock, tampoco es la primera: en 2017 hicieron el Aero-Vederci Baby! Tour, una serie de conciertos que se anunció como la última, hasta que Perry salió a decir un año más tarde que no, que era una jodita. Como Pedro con el lobo (y como con los Chalchaleros, y como con Scorpions, y como con Judas Priest, y como con Kiss…), cabe desconfiar de este segundo adiós que los va a llevar por todo Norteamérica hasta febrero. Y acá es donde despejamos el asterisco, porque la gira efectivamente empezó pero está stand by porque Steven Tyler se lastimó las cuerdas vocales. Seis shows tuvieron que ser reprogramados para febrero de 2024, y se supone que estarían retomando el tour el 11 de octubre en el Amalie Arena de Tampa.

Con todo el cariño que les tenemos: esos dos momentos de auge de Aerosmith quedan todavía más subrayados por la irrelevancia en la que caen en las etapas que los enmarcan. Entre un pico y otro: los olvidables Night in the Ruts (1979) y Rock in a Hard Place (1982), y el reencuentro digno de Done With Mirrors (1985) que se siente como una preparación para todo lo bueno que vendría. Y después del éxito de Get a Grip, otros dos pasos en falso (Nine Lives del 97 y Just Push Play de 2001), un par de discos en vivo y de covers y uno más de material original (Music from Another Dimension!, de 2012, el último hasta ahora y probablemente el último en general) del que no trascendió un solo tema. 

Así las cosas, el setlist de la gira actual los muestra privilegiando su primera etapa clásica con cinco canciones de Toys in the Attic, dos del debut autotitulado, dos de Rocks, una de Draw the Line y una de Get Your Wings, contra otras cinco en total de aquella trilogía que marca su segundo apogeo (eso, más algunas versiones ajenas y el single ultramantecoso “I Don’t Want To Miss a Thing”). Está “Walk This Way”, está “Dream On” y está “Cryin’” pero no están “Amazing” ni “Dude [Looks Like a Lady]” ni “Pink”. De su álbum más reciente tocan un total de 0 (cero) canciones. 

Eso es el Aerosmith que se nos va: un grupo (como tantos) decididamente inclinado a celebrar su pasado, que abandonó toda pretensión de vigencia hace rato y que decide colgar los botines acosado por los problemas de salud y las tiranteces personales. Se los ve en buena forma sobre el escenario, dicen las reseñas de los conciertos que dieron hasta ahora, pero no hay mucho que justifique una continuidad. Inteligentes, saben que es mejor dejar el rock antes de que el rock lo deje a uno. Eso, o de repente renacen mágicamente por tercera vez y empieza una insospechada nueva era de Aerosmith.

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