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Columnistas

Cambios que enseñan

cambios niñez

En un muy corto lapso de tiempo mi hija ha experimentado profundos cambios que le trajo la vida. Una nueva escuela, la separación de sus mapadres y una mudanza de hogar. Todo en menos de un año. Ahora que ya han pasado estos sucesos, veo su increíble capacidad de adaptación. Y noto también que los miedos a que estas abruptas modificaciones de rutina la afectaran tenían que ver más conmigo que con ella.

En la gran mayoría de los casos, los adultos evitamos los cambios porque nos sacan de nuestra zona de confort. Caemos en rutinas que nos dan una falsa seguridad. Lo conocido nos tranquiliza. Y cuando la vida nos sacude indicándonos que el cambio constante es una de las leyes que opera siempre, sentimos miedo. Lo desconocido nos pone en un lugar atemorizante porque no nos abrimos a la incertidumbre.

En cambio, los niños y las niñas están viviendo y sintiendo esta ley que actúa sin solución de continuidad con mucha intensidad. De un día para el otro son más altos, tienen que cambiar el número de zapatillas, los dientes se le caen y crecen otros, absorben una gran información porque todo es nuevo y fascinante…

Por todo esto pienso que, si están bien acompañados, se encuentran más preparados que los adultos a los cambios drásticos. Al estar cerca de esta esencia de transmutación que impera queramos o no, tienen menos barreras mentales. Diferente es el caso de los adultos, en donde nuestras mentes ya están estructuradas por el sistema. Tenemos mucho para desaprender. Tarea nada sencilla.

Pero contamos con la posibilidad de aprender de ellos y ellas. Si los observamos en vez de bajar tanta línea, podemos reconectar con esa capacidad de mutar que tenemos todos. Ellos lo hacen naturalmente. Se trata de entregarse a lo nuevo confiando. Dejar que lo viejo se vaya para que se cree un espacio necesario que traerá algo más virtuoso a pesar de que nuestra mente diga lo contrario.

Muerte y Renacimiento. Sucede todo el tiempo, a cada segundo. Desde las células de nuestro cuerpo hasta un fallecimiento y un nacimiento. La vida nos indica que si nos apegamos a algo quedamos en un estado de rigidez, que tarde o temprano hará mella en nuestra psiquis y en nuestro cuerpo. Trabajar esta cuestión clave en nosotros mismos nos dará la posibilidad de acompañar de una manera amorosa a nuestros hijos e hijas cuando aparezcan los cambios. Primero arreglemos nuestra cabeza para luego bajar una información sana y libre de miedos. Esa es nuestra tarea.

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