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Columnistas

One hit wonders: la maldición de agosto

Si empezás agosto de un año que termina en 2 con éxito, disfrutalo mucho: casi seguro que es la última vez. La maldición se comprueba en el ranking Billboard desde 1972. Cuál es la única excepción.

El sábado pasado Lizzo recibió en su casa un ramo enorme. Lo mostró en TikTok, dónde más. “Gracias por las flores, Harry”, dijo en el video. Harry es Styles, desde ya, su amigote desde hace un par de años, y el motivo del regalo es que ese día “About Damn Time” (de Lizzo) desplazó a “As It Was” (de Styles) del número uno del ranking de Billboard.

Cuando tu canción llega a esa posición en ese chart, significa que sos el músico más popular del planeta en ese preciso instante. Se sabe que no es un ranking mundial sino estadounidense, pero el mercado del país del norte representa prácticamente la suma de todos los demás: pegarla en Estados Unidos es pegarla a secas, no importa tanto si quedaste quinto en Noruega. Por eso, cuando uno -como Lizzo ahora- tiene un single en el primer puesto en Billboard, se puede considerar con propiedad un artista de éxito.

Ahora bien: si al fin lográs tener la canción con más ventas/reproducciones de todo Norteamérica, es probable que la psiquis te haga creer que eso que llegó, no se va a ir más. Un hit significa -para el ego de muchos- la entrada a un Olimpo que no tiene salida: de ahora en más sólo quedaría esperar que cada tema que lancemos escale posiciones sin freno, no siempre hasta el número uno, pero nunca muy por debajo del diez. Y sin embargo hay un extraño patrón con el que Lizzo, de enterarse, se podría espantar: quien ostentaba el lugar de privilegio en Billboard hace exactamente una década tuvo ese hit y ninguno más. Y quien lo ostentaba hace dos décadas, también. Y lo mismo hace tres décadas. Y hace cuatro. ¡Y hace cinco! El ranking de singles en el comienzo de agosto de los años terminados en 2 parece una fábrica de one hit wonders; en criollo, “maravillas de un sólo éxito”, artistas que la rompieron una vez y nunca más. Algunos tuvieron algún otro tímido coqueteo con la popularidad, pero ninguno sigue vigente de verdad. ¿Mentira? ¿Exageración? Revisemos.

Si lográs tener la canción con más ventas de todo Norteamérica, es probable que la psiquis te haga creer que eso que llegó no se va a ir más.

En 2012, la feliz poseedora del título que hoy tiene Lizzo era Carly Rae Jepsen con su single “Call Me Maybe”. Hasta los más chicos la van a recordar (a la canción: a Carly quizás no tanto): el primer comentario del video en YouTube (donde tiene casi 1500 millones de reproducciones) dice “dato divertido: todo el mundo estaba cantando esto hace diez años”. Remixes, covers, parodias y todo el combo llegó con esta canción que, sin duda, fue un éxito descomunal. El futuro era tan brillante que Carly iba a tener que usar anteojos de sol, pero parece que de repente se nubló porque “I Really Like You”, el single de difusión de su siguiente disco Emotion (2015), se benefició de la manija de “Call Me Maybe” pero apenas arañó el puesto número 39 en Billboard. El siguiente, “Run Away With Me”, alcanzó la trigésima posición pero no en Estados Unidos sino en República Checa, Eslovaquia y Escocia. Y desde ese momento: nada. En 2019 sacó otro disco, Dedicated, y sólo los muy fans se enteraron.

Retrocedemos diez años más y caemos en la primera semana de agosto de 2002, momento de la historia en la que el puto amo era Nelly con su tema “Hot in Herre”. Para ser justos, el rapero nacido en Austin, Texas tuvo algún hit más: “Dilemma”, por ejemplo, que fue el single inmediatamente posterior (ambos de su disco Nellyville, de ese mismo año) y que también llegó a la cima del ranking.

Hay un extraño patrón: quien ostentaba el número uno en Billboard hace una década tuvo ese hit y ninguno más. Y quien lo ostentaba hace dos décadas, también.

Pero aquella promesa gigantesca que era jamás se cumplió: al googlear su nombre, hoy aparece mucho más en notas del tipo “¿qué fue de la vida?” que en publicaciones musicales relevantes. Para eso hay un par de razones, más allá de haber caído en desgracia en lo artístico: en 2017 fue acusado de violación y al año siguiente fue objeto de otra demanda por abuso. Los cargos se retiraron pero su carrera nunca se recuperó.

¿En 1992 también atacó la maldición? Mucho. El número uno del ranking de singles de Billboard el 1° de agosto de aquel año era “Baby Got Back” de Sir Mix-a-Lot, temón dedicado a las curvas características de la mujer afroamericana cuyo video MTV pasaba sólo en horario de protección al menor porque, según parece, la palabra “culo” pervertía a los jóvenes y los instaba a cometer todo tipo de atrocidades. Sir Mix-a-Lot es un one hit wonder de manual: después del éxito de “Baby Got Back” cortó seis singles más, y el único que llegó a rankear fue “Jump On It” del 96, que llegó al puesto número 97. En 2014 volvió a comer caliente gracias a que Nicki Minaj le sampleó su único hit en “Anaconda”, pero nunca más volvió a pegarla por las suyas.

Entre el 24 de julio y el 28 de agosto de 1982 la banda que dominaba el mundo era Survivor. “¿Quiénes?”, se preguntarán, y hacen bien: se trata de uno de esos casos en los que el hit supera por varios cuerpos al autor. La canción que ocupó el puesto de privilegio en el chart estadounidense en aquel período era “Eye of the Tiger”, más conocida como “el tema de Rocky III, himno boxístico por excelencia.

Hoy Nelly aparece mucho más en notas del tipo “¿qué fue de la vida?” que en publicaciones musicales relevantes.

A los Survivor no tardó en caerles la mufa: con su siguiente disco Caught in the Game no pasó nada, y para peor el cantante Dave Bickler tuvo que ser operado de nódulos en la garganta y fue despedido. Con otro vocalista -Jimi Jamison- tuvieron un Top Ten más en el 85 con “Burning Heart” (otra vez gracias a Stallone, que se las encargó para la banda de sonido de Rocky IV) y desde ese momento tuvieron mil cambios de formación, mucho show en el circuito de la nostalgia y exactamente cero hits.

Finalmente, en agosto de 1972 el que cortaba el bacalao en el pop anglosajón era Gilbert O’Sullivan, un cantautor irlandés que tuvo el dudoso honor de llegar al número uno del ranking de Billboard con una canción que hablaba de la muerte de su papá, después de la de su mamá y finalmente de su contemplación del suicidio. “Alone Again (Naturally)” se llamaba esa invitación al corchazo con la que rompió todo en el 72, y después de aquel éxito inesperado ya nada fue igual: aunque en el mismo disco (Back to Front) había otra canción popular (“Clair”, un confuso tema de amor a la hijita de su manager), lo último que logró meter en el chart estadounidense (no en el número uno: en cualquier posición) fue “Happiness is Me and You” en el 74. Y eso que siguió grabando y tocando casi sin parar.

El gualicho se corta en el 62 porque Bobby Vinton estaba en el primer puesto con "Roses Are Red (My Love)" y un año después tuvo otro hit todavía más grande, “Blue Velvet” (la de la película homónima de David Lynch).

Podría caber pensar que quizás Lizzo se salga con la suya porque “About Damn Time” es su segundo número uno (el primero fue “Truth Hurts” en 2019) y con 34 años tiene toda una carrera por delante, pero bueno: Carly Rae Jepsen también la tenía, y así le fue. Por lo pronto, queda claro: si empezás agosto de un año que termina en 2 con éxito, disfrutalo mucho porque casi seguro que es la última vez.

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