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Política

Del diario de Yrigoyen al algoritmo de Milei: el Presidente y una realidad a su medida

milei algoritmo

Corría el año 1928 cuando Hipólito Yrigoyen asumió a su segundo mandato como Presidente de la Nación. Ya con 76 años, el radical tomó el poder justo antes de que el mundo financiero estallara ante la caída de la bolsa de Wall Street en 1929, lo que repercutió en Argentina, como en todo el planeta. Así, frente a un contexto cada vez más complicado y con una oposición cada vez más crítica, nació la leyenda del diario de Yrigoyen.

Se dice que para 1930, con el Gobierno bastante debilitado y el golpe de estado de José Félix Uriburu a la vuelta de la esquina, la prensa se había convertido en un actor sumamante hostil para el Presidente. Es por eso que su círculo íntimo habría empezado a "cuidarlo", filtrando la información que le era adversa. La historia luego llegó al extremo de que incluso se le imprimían periódicos falsos con noticias más agradables, para que Yrigoyen no se amargara.

A pesar de que no está confirmado que esta historia sea 100% real, es una buena manera de resumir una situación que ocurre a menudo: un mandatario aislado y desconectado de la realidad. Pero ahora estamos en el siglo XXI, más precisamente en 2024, donde Javier Milei es Presidente y parece haber entrado en una lógica similar, aunque modernizada.

Es que cada vez que el libertario comparte datos sobre su gestión, o el impacto de sus medidas en la economía, parece no chequearla de manera exhaustiva. En realidad, parece no chequearla en absoluto. El ejemplo más concreto es el insólito momento que vivió durante la extensa entrevista que dio a Alejandro Fantino hace pocos días.

Milei argumentó una supuesta caída de precios por la información de Jumbo bot, una cuenta de Twitter que el mandatario creyó que daba información real sobre los precios de la cadena de supermercados. Sin embargo, la misma cuenta lo expuso al afirmar que se trataba de un "experimento social" y que nada de lo que publicaba era cierto. Hoy esa cuenta se encuentra suspendida.

Osea digamos, el Presidente demostró en vivo y en directo que no se preocupa en dar información verídica. O lo que es peor, que la cree. Sin embargo, al escucharlo hablar el hombre transmite confianza, parece estar genuinamente convencido del camino elegido y de que las cosas se van a acomodar. Esto tiene que ver con una condición muy particular de Milei: su obsesión con la red social de Elon Musk.

Twitter y las burbujas cognitivas

Milei pasa mucho tiempo en Twitter, y hasta defiende la idea de que puede remplazar a los medios de comunicación. En ese ágora virtual, el libertario tiene su cerco informativo a base de trolls, fanáticos y medios o periodistas afines a su gestión. No hay lugar para la crítica ni para errores. Lo que ve ahí es su realidad, y el espejo le devuelve siempre una imagen que le sube el ego. Así queda atrapado en su propio sesgo de confirmación.

El sesgo de confirmación es la tendencia a favorecer, interpretar y recordar la información que confirma las propias creencias, dando muchísima menos consideración a posibles alternativas. Es un tipo de sesgo cognitivo que atenta contra la posibilidad de alcanzar una "verdad" con respecto a cualquier tema, porque se decide ignorar toda información que no coincida con la postura propia. Es un gran "elijo creer", y si alguien ofrece pruebas que refuten mi posición, deben ser falsas.

Esto es algo que pasa hace tiempo, pero las redes sociales lo profundizaron mucho más porque permitieron generar deliberadamente las burbujas donde cada uno se siente cómodo consumiendo un tipo de información que no lo hace replantearse sus pensamientos. En Twitter, ámbito predilecto para este tipo de situaciones, la llegada de Musk parece haber favorecido este tipo de conductas.

Con el cambio en las políticas de la red social (ahora llamada X), cualquiera que pague una suscripción mensual puede tener la verificación, por lo que el tilde azul ya no comprueba si del otro lado de la pantalla hay una persona real o no. Además, el algoritmo favorece a las cuentas verificadas dándoles más visibilidad con respecto a otras, lo que permite mayor alcance, más interacciones, y por ende, más plata. Cabe aclarar que ahora se puede esconder el tilde, por más que pagues la suscripción.

Así, Twitter ahora es terreno fértil para hacer negocios. Es que uno de los cambios que introdujo Musk es que las cuentas verificadas pueden monetizar su contenido. Entonces, si cualquiera que paga puede recibir ingresos, se abren diversas posibildades y áreas en las que involucrarse. Una de ellas es la política, tema que genera un gran tráfico de visitas porque despierta pasiones, enojos e indignación.

Esto allanó el camino para que ingresen miles de trolls, usuarios que buscan molestar, provocar, generar conflictos con la finalidad primaria de divertirse. En general los trolls adoptan identidades falsas que les permite moverse con tranquilidad desde el anonimato, tirar piedras y esconder la mano. Pero ahora tienen varios incentivos.

Cómo funciona el algoritmo de Twitter

Un usuario verificado tiene varias formas de hacer que su contenido tenga mayor alcance. Para empezar, Musk creó una pestaña en Twitter llamada "Para tí" donde podes descubrir nuevos usuarios que no seguís. Funciona como una vidriera, donde todos los que pretenden tener más alcance compiten, de alguna manera, por alimentar al algoritmo.

De base, el nuevo algoritmo de Twitter prioriza a quienes pagan. Si ves un tuit, por ejemplo, de Milei, las primeras respuestas van a ser siempre de cuentas verificadas, y recién después de scrollear para abajo un poco vas a ver otros comentarios. Ya esto cambia el esquema comunicacional y permite entender cómo uno puede quedar encerrado en su burbuja.

Pero hay otros factores. El algoritmo también analiza la popularidad de los tuits en función de la actividad del usuario, su interacción con otros usuarios, y la popularidad de sus tuits; lo que se conoce como engagement. Es decir que cuanto más tuiteas, más te respondan y más reposteos y me gustas tengas, el algoritmo te identificará como un usuario "popular", y priorizará ese contenido por sobre otros.

La relevancia del contenido se establece a partir del análisis de palabras clave (tendencias) y el tipo de publicación (se premia el contenido multimedia y los hashtags). Para construir el timeline de los usuarios en Twitter la plataforma toma en cuenta también otros factores como el tiempo de las publicaciones: se premia la inmediatez. A mayores interacciones en menor cantidad de tiempo, más visible.

Una vez que un usuario empieza a interactuar con este tipo de cuentas, por más que no las siga, empezará a tenerlo cada vez más presente. Si además seguís a estas cuentas, ni hablar. Y si esas cuentas son trolls con objetivos concretos como instalar tendencias, desprestigiar a A o elevar la imagen de B, podes quedar inmerso en esa burbuja, totalmente aislado de otro tipo de información sin siquiera darte cuenta.

Milei, ¿víctima de su algoritmo o un troll más?

Si uno se toma el trabajo de analizar la cuenta de Twitter del Presidente, se va a encontrar con varias curiosidades. En primer lugar, Milei tiene la cuenta verificada paga, es decir, el tilde azul. Esto es llamativo porque, en general, los gobernantes cuentan con su propia verificación, que es gris. Tampoco indica que sea el Presidente, sino que solo dice ser "Economista".

Se trata de un usuario muy activo, con centenas de interacciones por día. Ahí es donde uno puede ver con qué tipo de usuarios interactúa, y muchos de ellos son los trolls que se dedican a vender buenas noticias del Gobierno o del propio jefe de Estado. Cabe destacar que hay incluso un área del Gobierno donde algunos de estos trolls tienen un cargo. Es decir, se les paga por hacer este trabajo. Con la tuya, obviamente.

El problema con todo esto es que a veces, en medio de sus reposteos compulsivos (que muchas veces se dan en plena madrugada) también comparte noticias falsas. El episodio con el Jumbo bot es paradigmático por lo expuesto que quedó fuera de "la calle online", en una entrevista en vivo; pero así como entró en esa, demuestra ser permeable a creer cualquier cosa que le sirva para su relato.

Un ejemplo muy reciente es la polémica alrededor del aumento de la dieta de los senadores que se votó el jueves pasado. Si bien quedó demostrado que todos los espacios estaban de acuerdo, desde La Libertad Avanza y el Pro acordaron decir que ellos no tenían nada que ver y que votaron en contra. En este escenario, el Presidente compartió cosas como esta.

Otro tipo de publicaciones que Milei suele compartir son estadísticas, tanto de la economía como de su propia imagen según encuestas, a veces con fuente citada, pero otras veces no. Así, llegó a decir que es el segundo presidente con mejor imagen del planeta. Acá, un ejemplo del tipo de encuestas fantasma que el Presidente comparte sin saber de donde salen esos números.

Los ejemplos son muchos, con temáticas más o menos relevantes, pero con un hilo que une a todas: la de la falta de interés por chequear la información que está frente a sus ojos. La duda es si realmente la cree, si sabe que está contribuyendo a difundir una mentira, o si simplemente no le importa.

El usuario de Milei existe desde el día de su cumpleaños número 45: el 22 de octubre de 2015. Desde ese día hasta hoy, lleva tuiteando 3.103 días. En ese tiempo, realizó 233.500 posteos, un promedio de poco más de 75 tuits cada 24 horas, incluyendo los retuits. Además, están los me gusta, que suele dar más de 200 por día, llegando a 400 o hasta 500. Es muchísimo, más para un Presidente en ejercicio.

Por todo esto, se podría decir que, en Twitter, Milei es un troll más. De hecho, en mayo de 2023, la red social determinó que su usuario tenía características de uno de ellos: durante un tiempo el usuario @JMilei estuvo bajo un shadowban, una política que hace que se "escondan" cuentas que son reportadas como tóxicas para el resto de la comunidad. Algo parecido a lo que ocurrió con Donald Trump antes de su polémica suspensión en la red social.

La duda que queda es si Milei es víctima de su propio algoritmo o si es un amplificador más (el más importante) de los discursos que propaga. Es decir, si consume de la que vende o si es totalmente consciente de que muchas veces transmite mentiras. A juzgar por algunos casos como el de Jumbo bot o cuando le respondió a una cuenta falsa de Axel Kicillof como si fuera realmente el Gobernador de Buenos Aires, parecería ser más la primera opción.

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