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Sociedad

¿Por qué los estudiantes de la universidad pública le dicen no al voucher y al arancel?

Estudiantes en la Facultad de Derecho de la UBA sostienen un cartel con la leyenda "No al voucher, no al arancel".

En tiempos de campaña electoral abundan los eslóganes y las chicanas, el “no a esto” y el “sí a lo otro”, las consignas acotadas de forma tal que entren prolijamente en un hashtag o un cartel. En las semanas previas al triunfo electoral de Javier Milei la Federación Universitaria Argentina se sacó una foto en la Facultad de Derecho de la UBA que produjo gran impacto y cuyo mensaje se replicó después en miles de carteles: No al voucher, no al arancel.

La de “¿Por qué no?” puede parecer una pregunta demasiado inocente, y a veces las respuestas se dan por sentadas. Pero las hay. Aunque puedan perderse en la avalancha saturadora de los eslóganes y las frases cortas de las redes, existen argumentos, explicaciones y experiencias. Existe, en definitiva, el conocimiento de miles de estudiantes y docentes a lo largo y ancho del país que defienden el derecho a la educación de absolutamente todos los ciudadanos, y que para ello plantean la necesidad de un sistema público y gratuito.

“No es una cuestión partidaria, no es una cuestión de cuidar ningún tipo de privilegio. Es una cuestión de defender nuestro derecho a la educación, y defenderlo para todos los ciudadanos de la Argentina, a una educación que tiene que ser de la más alta calidad”, explica Piera Fernández De Piccoli, presidenta de la Federación Universitaria Argentina (FUA).

La tarea de la comunidad universitaria tras el triunfo de Milei

La posición de la FUA es de “escucha activa” y de apertura al diálogo con toda la población. Con sus 105 años de historia a cuestas, hoy pretende hablarles tanto a quienes votaron al presidente electo como a quienes no lo hicieron. En este sentido, y tras reconocer que sus sentimientos predominantes son la angustia y la incertidumbre ante medidas de entrada como la eliminación del Ministerio de Educación, Piera resalta la importancia decisiva de salirse de las simples divisiones y dar las discusiones desde una postura argumentativa.

Tenemos un rol importante quienes estamos dentro del sistema educativo, el rol de ser explicativos y pedagógicos hacia la sociedad de qué es lo que implica cada decisión que se toma, ¿no? Por qué justamente nos oponemos, desde un lugar que puede interpelar a toda la sociedad, y no desde discursos que solamente interpelen a un sector que es el que no lo votó y que profundicen una grieta que no nos va a llevar a ningún lado”, sostiene la dirigente.

Piera Fernández De Piccoli, presidenta de la FUA, la cual encabeza la campaña contra el voucher en la universidad pública.
Piera Fernández De Piccoli.

La Federación vino ejerciendo ese rol no sin las esperables tensiones internas entre las diversas afiliaciones político-partidarias de quienes la integran. Había, en esa foto en la Facultad de Derecho, quienes llamaron a votar a Massa, quienes llamaron a votar en blanco y quienes optaron por no posicionarse a favor de ningún candidato sin más.

El contexto nos pedía que nosotros estemos a la altura de las circunstancias", enfatiza la presidenta y agrega que "uno tiene que necesariamente dejar algunas diferencias, algunas chicanas, algunas pequeñeces de lado y concentrarse en lo que sí es importante”.

No hay en la Argentina ninguna agrupación estudiantil que pueda creer que tenemos que retroceder del sistema gratuito, no arancelado, de la universidad, a un sistema de vouchers. Y eso nos tiene que encontrar a todos juntos sin mezquindad. Y con la responsabilidad, insisto, de no hablarnos entre nosotros mismos, sino de hablarle a la sociedad. A la sociedad que eligió y a la sociedad que no eligió Javier Milei”, completa la estudiante de Ciencias Políticas y Jurídicas.

- Ustedes vienen haciendo campaña contra una educación arancelada hace bastante tiempo. ¿Cómo se gestó ese consenso? ¿Cómo vivieron la campaña electoral en general?

La verdad que fácil no ha sido. Nosotros tenemos una postura marcada, que creo que ha estado presente a lo largo de los 105 años que tiene de historia la Federación, pero sobre todo en los últimos 40 años de la democracia, que es que el rol de una federación que representa a los estudiantes siempre debe ser de oposición.

Sin lugar a dudas que una oposición siempre constructiva, proactiva, y reconociendo los avances que se generan en materia educativa. Pero tiene que ser independiente del partido político y del gobierno que está al frente de la presidencia en el contexto que nos toca presidir la federación. Entonces tuvimos todo un año electoral donde sin importar de qué candidato se trataba nosotros nos manifestamos cuando hubo declaraciones que nos parecieron peyorativas y deslegitimadoras sobre la educación pública y sobre la universidad.

Manifestación en la Facultad de Derecho en rechazo "al voucher y al arancel". Foto: Facebook FUA.
Manifestación en la Facultad de Derecho en rechazo "al voucher y al arancel". Foto: Facebook FUA.

Desde el primer día en que salieron las declaraciones de Javier Milei, cuando prácticamente en el escenario electoral no se lo imaginaba como una opción viable, con la propuesta de vouchers, nosotros salimos a reclamar. Hemos salido también a manifestarnos en contra del actual gobierno nacional con lo que es el retraso en el envío de las partidas presupuestarias. Hay universidades que no reciben fondos desde agosto, con un 140% de inflación interanual.

También, por supuesto, salimos en contra de las declaraciones de Patricia Bullrich cuando habló sobre la presencia de estudiantes extranjeros en las universidades nacionales. Cada vez que ha habido una manifestación o un hecho que ha tenido que ver con atacar la educación, nosotros nos hemos posicionado, independientemente del partido político.

El ascenso de Milei nos hace retrotraernos a ponernos a la defensiva con conquistas que nosotros, como movimiento estudiantil, ya dábamos por hechas.

El ascenso electoral de Milei no lo terminábamos de esperar y nos modificó un poco, porque nos hace retrotraernos a ponernos a la defensiva con conquistas que nosotros, como movimiento estudiantil, ya dábamos por hechas. Uno en vez de avanzar y de ir por más tiene que volver a levantar las guardias y a defender lo que se ha conquistado.

Y en ese marco fue que hicimos nuestra campaña de decir ‘bueno, la educación pública está en alerta porque no creemos en la propuesta del voucher’. No creemos en la propuesta del arancel universitario o el arancel educativo como una salida o como una respuesta a los problemas que reconocemos que tiene la educación pública hoy en la Argentina. Porque si nosotros negamos que tenemos problemas y cosas para mejorar también perdemos la discusión de arranque.

Me dificulta mucho imaginar cómo vamos a resolver los problemas educativos que tiene la Argentina si para arrancar no tenemos Ministerio de Educación.

Entonces creo que este contexto educativo requiere de un diagnóstico mucho más serio y de políticas públicas que realmente sean construidas transversalmente, que sean implementadas teniendo en cuenta todos los actores y que sean evaluadas también. Y me dificulta mucho imaginar cómo vamos a hacer esto, cómo vamos a resolver los problemas educativos que tiene la Argentina si para arrancar no tenemos Ministerio de Educación.

¿Por qué el movimiento estudiantil rechaza el modelo del voucher?

“Nosotros creemos que este sistema no hay que romperlo y decimos que los vouchers es romperlo porque estudiamos lo que pasa con los vouchers en el resto de países del mundo. Sabemos que hoy no hay países que estén imitando prácticamente el sistema de vouchers, los contamos con los dedos de una mano. Y sabemos que donde se aplican están dando marcha atrás con las medidas porque no han dado los resultados esperados”, sintetiza Piera.

“Lo dijeron las propias evaluaciones PISA”, continúa la presidenta de la FUA. “Hoy ni siquiera el Banco Mundial recomienda ir a esos sistemas de vouchers. Y si vemos lo que pasa en Chile, cuando es un sistema que implementó la dictadura de Pinochet, si uno estudia un poquitito, se da cuenta de que es una medida terrible para implementar en la Argentina, que va a empeorar las cosas”.

- ¿Saben qué consecuencias concretas trajo ese sistema en los países en los que fracasó tan abiertamente?

Lo que sucede en términos concretos es que justamente las instituciones educativas de mayor nivel que demuestran mejores resultados en las evaluaciones académicas, que son las que tienen capacidad de incorporar mayor innovación tecnológica, son las instituciones que se transforman en las más demandadas.

Como es un sistema que funciona no en base a garantizar un derecho humano a la educación, sino en base a la educación como mercancía, y por tanto bajo la ley de oferta y demanda, lo que pasa es que las instituciones educativas que son las más demandadas eligen a qué estudiantes reciben en su institución. Y además de cobrar el voucher, cobran más dinero extra para poder acceder a la institución. Entonces, ¿Quiénes pueden estudiar con la mayor calidad? Los que la pueden pagar, o los que esa institución educativa selecciona.

Y el resto de las instituciones educativas, que también están luchando por permanecer, aquellas que quedan al margen, que no llegan a rendir en las evaluaciones académicas con los rankings necesarios, que no tienen demasiada demanda de alumnos, y entonces por tanto no reciben tanto voucher, tienden a cerrar. Y si uno se imagina cómo se traslada eso a un territorio federal como el de la Argentina, imaginémonos qué va a pasar con las escuelas rurales.

Afiche de la FUA diciendo "No al voucher".
El afiche de la FUA en rechazo al sistema de vouchers.

¿Qué va a pasar con estas escuelitas rurales que tienen una demanda pequeña por estar literalmente en el medio del campo o en el medio del monte garantizándole el derecho a la educación a un niño que nació en una zona rural, por ejemplo? Bueno, esas instituciones, como el mercado no las demanda, tienden a morir. Y ahí muere el derecho a la educación de un niño, de un joven, de un adolescente.

Las escuelas rurales son las que suelen demostrar mejores resultados en términos de calidad educativa, al igual que las escuelas públicas dependientes de las universidades nacionales.

Pero además de esto el mensaje de un sistema que funciona así es mucho más perverso. Porque significa que unos, en virtud del lugar donde nacieron y la clase social a la que pertenecen, pueden y tienen las oportunidades y el que no, no puede. Ahí es cuando decimos que muere la posibilidad de la movilidad social ascendente, porque sin educación no hay posibilidad de un futuro mejor. No hay posibilidad de un trabajo mejor, no hay posibilidad de una mejora en la calidad de vida de la persona. Entonces estás condenado de nacimiento. Eso es que no haya movilidad social ascendente.

También lo digo porque fue una de las declaraciones de Javier Milei, que él no creía en la movilidad social en un país como Argentina. Si hay algo que nos caracteriza como país han sido décadas y décadas, con errores y desaciertos, sin lugar a dudas, pero de movilidad social ascendente, sobre todo por la educación pública argentina, desde la ley 1420 en adelante.

- ¿Qué responderías a quienes defienden el modelo del voucher porque ‘no tienen por qué pagar la educación ajena con sus impuestos’?

Yo creo que quienes estamos en la universidad tenemos que entender la responsabilidad que eso implica. Porque todos, inclusive pibes que hoy no tienen la posibilidad de acceder a la universidad, cuando se compran una Coca en el kiosco, están pagando nuestros estudios. Y eso es una decisión que uno toma como sociedad.

Yo lo que les quiero decir es que hoy probablemente la mejor inversión de sus impuestos para toda la sociedad argentina es la universidad pública. ¿Por qué digo esto? Porque hoy es uno de los derechos que garantiza el Estado que mejor funciona en el país. Sabemos que uno paga sus impuestos para tener salud pública, educación pública, obra pública de la mayor calidad.

 Sabemos que hoy el Estado está fallando en garantizar derechos. Hoy eso es real. Ahora, si hay uno que está garantizando con excelencia, donde debemos discutir la inclusión sin duda y el acceso, lo que hoy brinda educación de la más alta calidad es la universidad pública. Entonces hoy probablemente sea su impuesto mejor invertido.

Hoy probablemente la mejor inversión de sus impuestos, para toda la sociedad argentina, es la universidad pública.

Y esto es un círculo que se va retroalimentando: alguien ni siquiera que se recibe, alguien que pasa por la universidad y que cursa algunas materias sin necesidad de recibirse, cuando sale de la universidad, y va hacia el mercado laboral, está demostrado que tiene mayor capacidad impositiva, de pagar impuestos, que otro ciudadano que no pasa por la universidad. Entonces, el que pasa por la universidad después retroalimenta el sistema para que más puedan acceder a la universidad. Eso en primer lugar.

En segundo lugar, de la universidad salen los profesionales que van a las empresas que generan innovación tecnológica. Hoy nosotros vivimos en lo que se llama la economía del conocimiento. Los países crecen, generan desarrollo, generan valor agregado a partir de la producción de innovación científica y tecnológica. Acá, en la Argentina, la mayor generación de innovación científica y tecnológica son las universidades públicas. Son las universidades públicas las que tienen que estar en contacto con el medio socioproductivo para volcar toda esa generación de innovación.

Si la Argentina tiene alguna chance de posicionarse como un país potente en el mundo, que es como esta idea que está ahora sobre la mesa, es a partir de la generación de conocimiento, y eso va a pasar en la universidad pública. Se forman los líderes del mañana, quienes van a tomar las decisiones públicas del mañana se forman en las universidades. Los que generan empresas, los emprendedores, los que generan puestos de trabajo. Y además, sobre todo en 40 años de democracia, la principal responsabilidad que tiene la universidad pública hoy es la de formar ciudadanos de democracia.

Entonces, cuando uno mira todas las externalidades positivas, para hablar en términos económicos, que genera la universidad pública, se da cuenta de que probablemente es el impuesto que hoy mayor valga la pena pagar.

Y esto es más profundo, más filosófico, si se quiere: creo que como sociedad también tenemos que hacer esa reflexión de pensar ‘che, ¿en qué sociedad queremos vivir?’. ¿Estamos dispuestos a vivir en una sociedad empática, solidaria, donde queramos que todos estemos mejor, que todos vayamos hacia adelante? ¿O queremos vivir en otra sociedad del sálvese quien pueda, donde nos gobierne el individualismo y donde lo único que interesa es mi bienestar personal y el resto de las generaciones que queden condenadas a su propio destino?

Jóvenes sin techo ni futuro viable: cómo construir esperanza desde la angustia

Antes del sobresalto que produjo en la comunidad educativa el ascenso de Milei y sus planes para la educación pública, la FUA había presentado un documento con “10 compromisos para la educación pública” a todos los candidatos, entre los cuales se abordaban “el cuidado y el aumento del presupuesto universitario”, la necesidad de “políticas de bienestar estudiantil, de la incorporación de las nuevas agendas como son el acceso a la salud integral, a la salud mental, a un ambiente sano” y “la transversalización de la perspectiva de género en las universidades”.

En ese mismo documento, la FUA señalaba como un problema urgente la debilidad del acceso a la vivienda de las juventudes. Es que la vasta mayoría de quienes hoy somos estudiantes universitarios crecimos haciéndonos a la idea de que aquello que para nuestros padres o abuelos fue una posibilidad real hoy es, en el mejor de los casos, un sueño.

La generalidad de los estudiantes de las universidades públicas, desde la clase media hacia abajo, sabe que jamás podrá comprarse una casa, y que incluso alquilar es un lujo. También sabe que cualquier proyecto de vida presente y futuro tendrá que construirlo en un planeta en ebullición, con crisis ecológicas, económicas y sociales cada vez más destructivas.

“Yo creo que expresa hartazgo, ¿no?”, dice Piera reflexionando sobre la cantidad de votos que convirtieron a Milei en ganador el domingo pasado. Recordando una conversación reciente con dos amigos de otras partes de Latinoamérica, relata: “Hablábamos sobre el contexto y yo les decía, miren, yo nací en el año 97. Prácticamente, en los años de mejora post-crisis del 2001 yo era demasiado chica como para acordarme. Pero desde que tengo más o menos noción, hasta hoy, ha sido más o menos todo lo mismo”.

“Y es justamente mi generación la que más interpelada está en este contexto. Yo he escuchado a mi padre ir a un colegio primario y a un colegio secundario público de la más alta calidad, y a mi mamá hasta recibirse del magisterio y dedicarse a la docencia. He escuchado a mis padres que han podido comprar su auto propio, comprar su casa propia con créditos, cuando era el Estado el que ayudaba a acceder a la casa propia. Nuestra generación es una generación que no tiene posibilidad de soñar ni siquiera con la vivienda propia”, continúa.

Nuestra generación es una generación que no tiene posibilidad de soñar ni siquiera con la vivienda propia.

Sabemos que no existe ninguna posibilidad, cobrando un salario real de la Argentina de hoy, de alguna vez poderme comprar una casa. Peor aún, estamos todos angustiados. Yo hablaba con mis amigos, y lo primero que pensamos es che, ¿y ahora qué va a pasar con el alquiler? Entonces, es angustiante. Es profundamente angustiante. Y es muy difícil construir esperanza desde la angustia. Es muy difícil invitar a construir un sueño colectivo en un país distinto, más empático, más humano, desde semejante nivel de angustia”, añade la presidenta de la FUA.

Militantes universitarias en la jornada contra el voucher y el arancel.

A este contexto se agrega un nivel “total” de “desconexión” entre la dirigencia política partidaria y la sociedad, ante lo cual la dirigente insiste en que “el principal desafío” de la comunidad educativa radica en ver cómo interpelar “a ese votante que está atravesado por esta situación, para que entienda que nosotros también queremos estar mejor ahora, y que creemos que para estar mejor ahora no hay que ir por este camino, sino que hay que ir por otro”.

Lo que sigue por delante son momentos de “mucha paciencia, de mucha escucha y de mucho trabajo pedagógico y militante”, pero sin la soberbia “de condenar qué es lo que votó el otro, o de decir que ahora van a ser culpables de lo que pase, porque no suma nada”, evalúa Piera antes de concluir: “Son momentos duros, entonces es importante ver cómo nos encontramos, cómo construimos esa templanza y cómo nos conectamos de nuevo con nuestra propia esperanza”.

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