Jueves, 23 de Mayo de 2024 Nubes 10.7 °C nubes
 
Lunes, 11 de Octubre de 2021 Nubes 10.7 °C nubes
 
Dólar BNA: $931
Dólar Blue: $1280
Columnistas

El día de la secretaria

secretaria
Por AAIHMEG |Graciela Queirolo Conicet/Universidad Nacional de La Plata/ AAIHMEG

Internet y las redes sociales nos cuentan que el 4 de septiembre se celebra el día de la secretaria en la Argentina. La efeméride habría nacido a partir de un concurso para la elección de la Reina de las Secretarias que Remington Rand Sudamericana, fabricante y comercializador de máquinas de escribir, habría organizado en 1957. Se trataría de una réplica de certámenes similares realizados en otros países como Chile, Brasil y Estados Unidos. La competencia habría girado en torno a una disertación escrita sobre las tareas y condiciones laborales de una secretaria. La ganadora fue la señorita Zulema G. Sullivan quien recibió su premio -un viaje de entrenamiento a Estados Unidos- el 4 de septiembre de ese año, en el teatro Presidente Alvear de la calle Corrientes (Buenos Aires). Asimismo, su estadía la habría inspirado para crear la Asociación Argentina de Secretarias, uno de cuyos propósitos fue la formación profesional de las secretarias ejecutivas.

Sin embargo, internet y las redes sociales también nos dicen que el Día de la Secretaria tiene un origen incierto. Otros relatos lo vinculan con la creación de la Asociación Nacional de Secretarias de Estados Unidos, en el año 1952, bajo los auspicios de María Barret cuya finalidad era custodiar los derechos laborales de las empleadas administrativas. Finalmente, algunas interpretaciones lo remontan a principios de la década de 1870, cuando la primera dactilógrafa, Lilian Sholes, hija de uno de los creadores de la máquina de escribir, habría hecho las primeras demostraciones publicitando las virtudes del invento adquirido por la compañía Remington.

Todas las versiones tienen su cuota de verosimilitud y sus ingredientes nos conducen a un oficio bastante desestimado por las historias del trabajo. El secretariado fue una ocupación feminizada durante buena parte del siglo XX dentro de las sociedades americanas y europeas. En primer lugar, porque fueron mujeres quienes la desempeñaron predominantemente y luego porque se le atribuyeron sentidos considerados propios de la condición femenina como la delicadeza, la discreción, la asistencia a otros. Semejante proceso de feminización adquirió diferentes temporalidades nacionales, según los ciclos de la modernización capitalista. En la Argentina, se inició en la década de 1920 y se consolidó en las décadas siguientes. Se trató de un proceso inserto dentro del crecimiento del sector administrativo que expandió la contratación de mujeres. Las oficinas privadas, novedosos espacios de trabajo, ofrecieron a las jóvenes la posibilidad de ganar un salario en términos relativamente mejores que los que ofrecían otras ocupaciones, así como también de realizar una carrera laboral a partir de su ingreso al mercado como dactilógrafas y su posible promoción a secretarias. Cierto fue que a pesar de la jerarquización salarial y el consiguiente prestigio que recibieron estas ocupaciones, las deficientes condiciones laborales no estuvieron ausentes: largas jornadas, malos tratos de los superiores y una brecha salarial en detrimento de las mujeres ya sea por los menores salarios que recibían sus ocupaciones respecto de las protagonizadas por los varones o por la finalización de sus carreras en puestos intermedios alejados de las cúpulas directivas.

Los requisitos que toda secretaria debía cumplir se concentraron en tres dimensiones. Una técnica, otra actitudinal y otra de apariencia. Toda secretaría tenía que dominar la mecanografía, la estenografía y la redacción comercial, tres destrezas adquiridas a partir de la alfabetización y gracias a una capacitación específica impartida por instituciones educativas como academias o institutos particulares. La imagen predominante de una secretaria fue la de una mujer sentada frente a una máquina de escribir o bien sosteniendo un block de notas junto a su jefe. Asimismo, toda secretaria debía ser discreta con la información que escuchaba y transmitía, amable con el personal y la clientela y con tacto para resolver diferentes situaciones que no interfirieran en las tareas de su jefe, sino que apuntara a resolverlas. Más de una publicidad de diferentes épocas la definieron como “la mano derecha” del superior. Finalmente, toda secretaria era elegante, aunque prudente en su acicalamiento.

Revista Para Ti, 31 de agosto de 1937
J.M. Jan y R. Ollúa, El corresponsal moderno, Buenos Aires, Academias Pitman, 1965.
Folleto Academias Pitman, c/1975

Los perfiles profesionales del secretariado se modificaron con las transformaciones de los procesos burocráticos. La “secretaria comercial” de las décadas de 1940 y 1950 dio paso a la “secretaria ejecutiva bilingüe” de las décadas de 1960 y 1970. Sin embargo, todas ellas mantuvieron su definición como una tarea de asistencia o colaboración que se tradujo en una importante carga de desvalorización con la consiguiente invisibilización de sus tareas.

Hace unos meses una colega explicaba en una reunión de equipo cómo hacer una redición de gastos. Sorprendentemente usó la expresión “yo no voy a hacer de secretaria del proyecto y cada integrante debe aprender a rendir los gastos”. Esta expresión llena de sarcasmo despertó una vez más, mis reflexiones sobre los procesos productivos. Acostumbradas a ver los resultados finales desconocemos el tiempo y las tareas necesarias para llegar al producto final.

Hace varios años ya, gracias a las movilizaciones feministas, se ha instalado como tema la importancia del trabajo reproductivo como condición de posibilidad para las tareas productivas. Pues bien, es hora de sumar a la reflexión a las tareas burocráticas y de gestión que tendemos a desconocer. Las experiencias laborales de las secretarias del siglo pasado nos enseñan lo destacado de sus tareas para el éxito del capitalismo, con todo lo que se pueda criticar de esas realidades. Sus trayectorias son una invitación a pensar los procesos productivos para poner en valor todos sus eslabones y volver a insistir no ya en que las mujeres siempre trabajamos sino en que trabajadoras somos todas.

Está pasando