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Política

De Rosario a Lobos, el avance subterráneo de los movimientos sociales

Movimiento Evita

El momento parece poco propicio. Con un marcado giro a la derecha del discurso público, una oposición que habla de represión en sus spots, y el surgimiento del mileísmo como canalizador de la insatisfacción generalizada, estas elecciones no tienen pinta de traer buenas noticias para los movimientos sociales, piqueteros o populares argentinos. Sin embargo, algo se cocina desde abajo. Y se vio clarito, por primera vez, en Rosario. 

Si bien el caso de Ciudad Futura, la organización liderada por Juan Monteverde que ganó la interna peronista en la ciudad santafesina, tiene sus particularidades, hay fenómenos similares que se repiten en todo el país. Para empezar, al lado de Rosario, en Granadero Baigorria, pasó lo mismo. Allí ganó por amplia diferencia Antonella García, una joven del Movimiento Evita que rompió con el PJ local para armar un partido propio y le sacó 2.000 votos al actual intendente. 

En verdad, es la primera vez que los movimientos sociales disputan en serio electoralmente. Hubo alguna experiencia en los años 90’, cuando muchos fueron detrás del padre Farinello, pero el grado de desarrollo del fenómeno era mucho menor. Hay dos estrategias claramente diferenciadas: mientras la gente de Juan Grabois decidió ir por la presidencial, el Movimiento Evita, la CCC, y Barrios de Pie apostaron a los municipios. Esto ya dio algunos resultados, sobre todo en las provincias del norte y, ahora, en Santa Fe. 

Pero la cosa no se queda ahí. Aún faltan las grandes batallas del conurbano y toda la Provincia de Buenos Aires. Con la táctica de vencer en las primarias del peronismo para luego alcanzar el gobierno municipal, buscando repetir los resultados obtenidos en Rosario, están Patricia Cubria en La Matanza, Natalia Peluso en Ituzaingó, Federico Ugo en Tigre, Leonardo Grosso en San Martín y Milagros Moya en Lobos, entre otros. 

Esta última dirigente, que pelea por conducir esta ciudad de 40.000 habitantes, ubicada a 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, pareciera tener la ventaja en su primaria distrital. Moya comentó: “La campaña viene muy bien, venimos trabajando mucho. Armamos un espacio que se llama Amor por Lobos, y se empezaron a sumar muchas personas con otras trayectorias o sin vinculación histórica con la militancia”. Agregó: “Hay una crisis política que hace que los más jóvenes no busquen identificarse partidariamente, y Amor por Lobos pudo consolidar que todas las personas con vocación de hacer cosas por la comunidad se sumaran”. 

La historia militante de Moya es muy parecida tanto a la de Monteverde como a la de Mariel Fernández, las dos figuras municipales más relevantes de los movimientos sociales. La dirigente lobense cuenta: “Mi primera participación fue siempre vinculada a lo social, las primeras acciones militantes de mi vida fueron en la Iglesia, con el centro en la solidaridad, acompañar situaciones injustas”. A los 23, recién recibida de abogada, comenzó a militar de manera orgánica en el Movimiento Evita, donde veía una organización que “bancaba con el cuero lo que decía con el pico”. 

Su estrategia para llegar al poder también está muy relacionada a la que utilizó la actual intendenta de Moreno: formar acuerdos con las partes descontentas del peronismo local, juntar a las “instituciones intermedias” (iglesias, cooperativas, clubes de barrio), y apostar a reunir, con esos actores, la mayoría necesaria para tener la hegemonía en el peronismo. 

Para encarar esta estrategia municipal, con sus éxitos dispares, la mayoría de las organizaciones sociales resignaron puestos en las listas nacionales. A cambio, recibieron la posibilidad de disputar las internas en todos los distritos que quisieran, aunque no sin conflictos. En Lobos, según informó el portal La Palabra de Lobos, a Moya la intentaron bajar poco antes del cierre de listas, como ocurrió en Ituzaingó y otros distritos bonaerenses. Ahora, el peronista Martín Carriquiry, contendiente en la interna de Unión por la Patria, afirma: “Nosotros somos el PJ, el proyecto colectivo, el Movimiento Evita es quien no quiso la unidad”. Moya, por su parte, plantea que tomaron la decisión de ir a las PASO para “ampliar el espacio y recuperar la municipalidad”. Aseguró: “No es una interna en contra de alguien, es una interna a favor de la amplitud. Buscamos abrir los brazos y que todos los que quieran venir se sumen, que podemos estar mejor”.

Ahora, la candidata de los movimientos sociales tiene no uno ni dos, sino tres desafíos por delante: ganar las PASO, luchar por la intendencia y, si lo lograse, apuntar a resolver los principales del distrito (“la falta de trabajo, la extensión de la red de agua corriente y el asfalto”, en sus palabras). 

En ese mismo camino, volando debajo del radar, cocinando desde abajo, están los movimientos sociales en casi todo el país, en su primera aventura electoral. En Rosario les fue bien. Resta ver la Provincia de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, que no es donde atiende Dios, pero queda al lado.