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Columnistas

Mujeres 5.0: ¿Somos resilientes o necesitamos reconstruirnos?

Últimamente escuchamos mucho la palabra "resiliente" pero, en línea general, se la utiliza de forma incorrecta.

El tema, aquí, es analizar si las Mujeres 5.0 somos resilientes o no. Y quisiera dejar algo en claro desde el principio: la resiliencia no tiene edad, es un tema de valor frente a la vida, de una fuerza impresionante ante los conflictos que se nos presentan, saliendo renovados o reconstruidos de ellos.

Pero para esclarecer el tema desde su base, primero busquemos la definición de resiliencia.

“La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos. La resiliencia es la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos.​ También se define como un proceso de competitividad donde la persona debe adaptarse positivamente a las situaciones adversas.”

La resiliencia o entereza es la capacidad para adaptarse a las situaciones adversas con resultados positivos.

Resiliencia viene del término latín resilio, «volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar».​ Dicho término se adaptó al uso en psicología y otras ciencias sociales para referirse a las personas que, a pesar de sufrir situaciones estresantes, son afectadas en forma positiva, o terminan más fuertes aún”. “La palabra proviene del latín salio, que se traduce como “saltar", antecedido por el prefijo re-, que indica repetición o reanudación”.

Y ya que hablamos de renovación, por qué no hablar en las Mujeres 5.0, de la necesidad de reconstruirnos, como un aspecto fundamental para una vida más plena. Repito, resilientes podemos ser todos en distintas etapas de la vida, pero en la nuestra, especialmente, la reconstrucción es fundamental.

Estamos en una etapa de transformación constante, a todas nos ayuda re-aprender, evolucionar hacia nuestra mejor versión. En definitiva, a reconstruirnos como forma de evolución.

Cuando hablamos de reconstruirnos seguramente pensamos en la idea de un cambio sustancial en nuestras vidas. De soltar viejas estructuras, antiguos paradigmas, sin ir más lejos, soltar rutinas, afectos, proyectos claves que parecían inamovibles.

Esto seguramente se nos presenta a las Mujeres 5.0 cuando nos enfrentamos a situaciones nuevas que debemos resolver, favorable o adversa, que nos impone movimiento en otra dirección. Una especie de concientización de que debemos transformarnos generando nuevas conductas, ya sea creando una personalidad nueva, descubriendo nuevos intereses, deseos, oportunidades, etc.

Soltar, redescubrirnos y reconstruirnos para darle lugar a deseos escondidos y olvidados.

¿Por qué reconstruirnos?

Al margen de que vivimos en un mundo y una sociedad en permanente dinamismo y transformaciones, nuestra etapa en especial. Si queremos vivirla a pleno, nos abre una catarata de oportunidades para el cambio.

Ya sentimos los cambios físicos, ahora vamos por los cambios internos que abrirán la puerta de un futuro creativo y acorde a la nueva mujer que queremos ser. Y otra vez: “la mejor versión de mi”.

El reto de la reconstrucción se nos aparece como un camino difícil y complejo, donde los primeros pasos requieren de una movilización importante de energía, valor, seguridad frente a la propia inseguridad. Implica SOLTAR lo hasta ahora conocido, lo cómodo; implica cambios radicales tras replantearnos las ideas, formas de vida, afectos y todo lo que nos acompañó hasta este momento.

Obviamente los cambios dan miedo y producen resistencia y muy poca seguridad. El confort de la seguridad es peligrosísima si queremos felicidad legítima en esta nueva etapa. El crecimiento personal es siempre beneficioso pero llenos de baches, piedras en el camino, obstáculos, pero son los que te hacen crear verdaderamente ese nuevo mundo que necesitamos las Mujeres 5.0.

En Japón existe una técnica ancestral llamada: “Kintsugi“ por la cual se reparan objetos rotos de cerámica. Se realiza utilizando un adhesivo fuerte, sobre el que después se aplica polvo de oro. Pero atención con esto: el Kintsukuroi es un arte delicado y excepcional donde NO se busca que la pieza rota y fragmentada recobre su forma original, sino más bien que se reconstruya, quedando en evidencia (¿esas arrugas?) las roturas como señales de lo pasado, vivido y/o sufrido con sumo orgullo.

Kintsugi: cómo reparar las heridas del corazón y el alma

Para la cultura nipona, unir esos pedazos mediante el oro o la plata le confiere una vitalidad y una historia única a dicho objeto. Además, un hecho notable a tener en cuenta es que estas piezas de cerámica antes tan frágiles, ahora, además de bellas, son increíblemente resistentes. El sellado de sus heridas con oro las hace irrompibles. En síntesis: su reconstrucción la ha hecho más fuerte, grandiosa. En ese proceso, soltó la tan limitante “perfección” de quien no ha vivido nada por otra orgullosa de sus grietas, crisis, cambios, arrugas, en definitiva de la imperfección del ser libre y sabio al fin.

Es muy importante ver a la vida como un viaje que necesitamos y debemos disfrutar.

Como dijo Ernest Hemingway, “la vida nos rompe a todos en algún momento, pero solo unos pocos logran hacer más fuertes sus partes rotas”. Por lo cual: cuando algo valioso se quiebra, se rompe o se pierde, una forma de superarlo es no esconder nunca nuestra fragilidad, nuestra debilidad.

Y así es como volvemos al principio: todo vínculo lastimado pueden repararse gracias a la resiliencia, a esa aptitud para sobreponernos de toda dificultad para sellar con oro cada herida, cada hueco, cada sueño roto, y alzarnos así como criaturas aún más fuertes.

Pero en las Mujeres 5.0 lo importante es la reconstrucción de una nueva mujer, como forma de alquimia de todas sus vivencias frente a un panorama que hasta ahora era tan negativo como la menopausia o frente a nuestra etapa con un marketing tan negativo: a los 50 años engordamos, ya nadie nos desea, el nido vacío, temas hormonales, y podríamos seguir miles y miles de renglones.

La cuestión, al final, era más esperanzadora. La mirada cambió y hoy ya sabemos que aprendiendo a soltar lo negativo y valorando lo que somos, así como somos, reconstruimos una mujer más fuerte, orgullosa de sí misma, más sabia y mucho más deseable que en toda su vida.

Es muy importante ver a la vida como un viaje que necesitamos y debemos disfrutar. No importa qué nos suceda ni a cuántos desafíos nos veamos enfrentados. Vinimos a aprender, crecer y evolucionar hacia una versión mucho más mejorada de nosotras mismas, que es lo que finalmente merecemos. Solo tenemos esta vida, y esta etapa nos da la oportunidad de hacerla más sólida y con sentido.

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