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Ciencia

Grace Murray Hopper, la mujer que revolucionó el mundo de la computación

Grace Murray Hopper fue una de las pioneras de la computación, que hizo grandes avances en el campo de los lenguajes de programación y desarrolló el primer compilador. Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la Armada de los Estados Unidos, en la que alcanzó el rango de Contraalmirante, algo inédito para una mujer.

Nació en Nueva York, el 9 de diciembre de 1906. Desde muy chica mostró condiciones sorprendentes para las matemáticas y la mecánica, a tal punto que a la edad de 7 años desarmó todos los despertadores que había en su casa para descifrar su funcionamiento. Sus principales ejemplos fueron John Van Horne ―su abuelo paterno que era ingeniero civil― y Alexander Russell ―su bisabuelo, que fue Almirante de la Armada de EEUU.

Una vez terminada la secundaria estudió Física y Matemática en el Vassar College de Nueva York, graduándose con honores y después hizo una maestría en Yale, en donde obtuvo su doctorado en 1934. En el medio, se casó con un profesor de literatura inglesa llamado Vincent Foster Hopper, del que se divorciaría en 1945 sin haber tenido hijos.


Fuerzas Armadas de los EEUU


En 1943 Grace aprovechó la oportunidad que significó la Segunda Guerra Mundial para cumplir uno de sus deseos más fervientes en la vida, unirse a las Fuerzas Armadas de los EEUU, siguiendo el mandato de su bisabuelo. Para esto tuvo que recibir un permiso especial y asistir luego a la escuela de cadetes navales de mujeres, en la que se graduó primera de su clase. Ingresó al ejército con el rango de Teniente.


Su primera participación como matemática de la Armada fue para un proyecto del físico Howard Aiken, quien estaba trabajando en Harvard para la programación de una de las primeras computadoras de la historia, la Mark I (Automatic Sequience Controlled Calculator). El ejército necesitaba que Grace calculara con este ordenador la trayectoria de proyectiles en determinadas condiciones. La máquina fabricada por IBM, medía quince metros de largo, tenía 800.000 km de cable y 760.000 ruedas.

Funcionaba siguiendo una lista de instrucciones en forma de orificios en un rollo de papel, que activaban o desactivaban una serie de interruptores y cables, que se traducían en el paso o no de corriente eléctrica por un transistor que realizaba la operación deseada (como por ejemplo sumar o restar una unidad). Los mismos principios que siguen los dispositivos electrónicos modernos, pero utilizando piezas diminutas.

La tarea del matemático en estas computadoras, al igual que hoy, era programar. La diferencia era que en ese momento se trataba de una acción manual, mecánica y muy engorrosa, que se realizaba sobre el Hardware ―un concepto que no existía aún― o lo que serían las partes de la máquina.

En 1946, cuando la guerra terminó, Grace tenía 40 años y superaba el límite de edad que permitía la Armada, de manera que quedó en la reserva. De todas maneras, siguió trabajando con Aiken en la Mark I, para la que desarrolló varias aplicaciones de contabilidad.


Lenguajes de programación

Grace dejó Harvard en 1949 y entró a trabajar en la compañía Eckert – Mauchly Corporation de Filadelfia, que se encontraba desarrollando el ordenador UNIVAC I ―el primero que fue comercializado en la historia― para un popular cliente, Remington Rand.

Su tarea consistió en registrar con un código las rutinas que ya habían comprobado en la UNIVAC I, para que la próxima vez que se quisiera usar en otra máquina ―como por ejemplo un cálculo de impuestos― se la pudiera identificar y no tuviera que ser escrita y verificada nuevamente. Para 1952 la matemática había inventado el primer compilador, al que llamó A-0.

Aunque sus colegas se burlaban de ella, Grace sostenía que las rutinas con que se guiaban los ordenadores deberían poder escribirse en inglés y con un lenguaje coloquial. Esto permitiría que cualquiera pueda programar una operación en una computadora y no solo los matemáticos que entendían el funcionamiento y los símbolos que estas aceptaban.

Para el año 1957 tenía desarrollado el primer compilador para procesamiento de datos que utilizaba ordenes en inglés, el B-0 o Flow Matic. A partir de ese momento, los desarrolladores empezaron a programar sus rutinas en inglés y alejarse del funcionamiento de la máquina propiamente dicha y sus mecanismos. Había inventado el concepto de Software.

Inspirada por su propio Flow Matic, Grace decidió ir un paso más allá y le propuso a la empresa desarrollar el primer lenguaje de programación orientado a la gestión de negocios que utilizara ordenes en inglés. Esta vez la matemática no tuvo un roll activo en la construcción del lenguaje, sino que encabezó el comité de diseño. Para 1959 la compañía lanzó al mercado el primer lenguaje de programación, llamado COBOL (COmmon Business-Oriented Language).

En la actualidad los programadores usan lenguajes como este y pueden hacerlo sin tener la menor idea de cómo funciona la parte mecánica de la máquina. Fue Grace Murray la que permitió que esta tarea pase de ser algo exclusivo de eruditos en matemáticas a algo muy popular.

Vuelta a la armada

Grace se mantuvo en la reserva de la armada hasta 1966, año en que tuvo que retirarse con el rango de Capitán de Fragata, porque volvió a superar la edad permitida. Pero no fue por mucho tiempo, un año más tarde, el ejército de EEUU le solicitó que volviese para estandarizar los lenguajes de alto nivel que utilizaban.
Luego de varios retiros y regresos, de ascensos y tareas especiales, Grace se retiró definitivamente de la Armada en 1986. A sus 80 años era la oficial más longeva de todo el ejército y había alcanzado el rango de Contraalmirante, convirtiéndose en la primera y única mujer en hacerlo.

Finalizada su labor en las Fuerzas armadas, fue contratada como asesora por Digital Euipment Corporation, desde la que participó en foros industriales, dictó conferencias y participó de distintos programas de capacitación.

Además de los avances tecnológicos que propició y de los puestos que alcanzó siendo mujer en ambientes muy machistas, recibió varias medallas y más de 40 doctorados honoris causa. Solo su muerte, a los 86 años, le impidió seguir trabajando.

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