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Columnistas

"Portate bien"

portate bien

Una de las frases que más repiten en automático los adultos cuando se dirigen a los niños es “portate bien”. Nadie se detiene a pensar lo que produce esta sentencia en quien lo recibe. Primero habría que preguntarse qué quiere decir uno con “portate bien”. Probablemente tendrá que ver con no quebrar las normas que podrían llegar a alterarnos. Y esto encierra un sinfín de situaciones.

Solo se quiere que el niño esté tranquilo y que no nos moleste. Todo de acuerdo a nuestros parámetros de lo que sería portarse bien. No romper nada, no llorar porque sí, no manipular objetos peligrosos, no pegar, no gritar, no mentir, no, no, no, no y miles de otros no. Porque si el niño de “porta mal”, entonces sucede eso que no queremos: tener que interrumpir nuestras actividades para prestarle atención.

Cada vez que decimos un “no” estamos limitando. Por supuesto que hay “no” que son necesarios, sobre todo cuando el niño está en riesgo. ¿Pero analizamos todos los “no” que emitimos? Si lo hiciéramos seguramente nos encontraríamos con que trasladamos nuestros propios miedos a nuestros hijos. Si por ejemplo decimos: “no bajes esa escalera tan rápido porque te vas a caer” en vez de “confío en tu equilibrio, pero tené en cuenta que estás en una escalera”, el mensaje es de temor. Y así sucede con las infinitas situaciones que nos propone la vida. “Cuidado con esto”, “cuidado con aquello”, “cuidado con lo otro”; todo es un potencial peligro y terminamos creando niños y niñas miedosos y miedosas. Y si encima les decimos “portate bien”, les quitamos libertad para experimentar la vida.

También sería interesante sincerarnos y preguntarnos a nosotros mismos si nos “portamos bien”. Porque un adulto no le dice a otro adulto “portate bien”. Y lo cierto es que los adultos supuestamente conscientes no suelen portarse tan bien. Mienten, se mienten, manipulan, engañan, roban, traicionan, etc, etc, ect. La “portada mal” de un niño no es nada al lado de la “portada mal” de un adulto.

¿Y si en vez de “portate bien” les decimos: “pasala lindo”, “divertite”, “jugá”, “confiá”, “reíte mucho”? Encarar negativamente un enunciado es todo un síntoma de cómo estamos y de cómo nos relacionamos con el mundo.

Si el niño o la niña se “portan mal”, seguramente será porque hay algo para observar y para hablar. Si rompió algo, si gritó, si le pegó a un compañero, será porque necesita de nuestra atención y de nuestro apoyo como padres y madres. Ahí tendremos que estar atentos y utilizar esas situaciones para charlar con nuestras criaturas y tratar de ver qué los tiene mal. El simplificar todo diciéndoles: “te portaste mal”, no resuelve nada. Es una acusación que no ayuda.

Así que en vez de tirar un “portate bien” de manera automática, sería un buen ejercicio preguntarnos qué es para nosotros “portarnos bien”. Probablemente ahí encontraremos nuestros miedos y las reglas autoimpuestas que compramos, que limitan y que le trasladamos a nuestros hijos. No hagamos con ellos lo que hicieron con nosotros.