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Columnistas

Otras vacaciones de playa lejos del ruido

Por Santiago Gallo Bluguermann *

Imagínese una playa casi desierta, de aguas transparentes y temperaturas mucho más amenas a las que nos tiene acostumbrados el mar que baña la provincia de Buenos Aires. Súmele acantilados, fauna silvestre y atardeceres sobre el mar inolvidables, de esos que hacen estallar cualquier cuenta de Instagram, y desconexión casi absoluta. Alguno estará pensando en un remoto paraje de Brasil pero no. Se trata de una serie de playas de la Patagonia argentina que se comentan sotto voce como para mantener el secreto entre locales, connoisseurs, y turistas que buscan el agua salada pero quieren romper con la monotonía del todos los años lo mismo. Lejos del caos. Incluso fuera del influjo de Las Grutas, el gran radar costero de la zona.

Pasando Viedma, a menos de mil kilómetros de Buenos Aires, empieza la diversión. Allí donde el Río Negro desemboca en el mar argentino comienzan una serie de pequeños balnearios (y kilómetros de playa virgen) que vale la pena investigar. Olvídese de las grandes infraestructuras, decenas de opciones para hospedarse, restaurantes de lujo o conexión de alta velocidad. La idea es justamente otra: conectar con una playa natural, casi virgen y, según el caso, solitaria.

Atardecer en Bahía Creek. El espectáculo que todos esperan cada tarde, ver hundirse el sol en el mar.

La ruta 1, saliendo de Viedma, bordea la costa y al llegar a La Lobería se hace de ripio. Como su nombre lo indica, hay presencia en el lugar de lobos marinos y fauna autóctona en la Reserva de Punta Bermeja, que cuenta con pasarelas de observación y un centro interpretativo. En Lobería termina el asfalto y la civilización por un buen rato.

Olvídese de las grandes infraestructuras, decenas de opciones para hospedarse, restaurantes de lujo o conexión de alta velocidad. La idea es justamente otra: conectar con una playa natural, casi virgen y, según el caso, solitaria.

Vale animarse al ripio. Con respeto y no queriendo correr un rally se llega bien y se ahorra el cambio de amortiguadores a la vuelta si vas en auto propio.

La luna baña las inmensas playas de Bahía Creek en una noche despejada. Lugar ideal para ver todas las estrellas posibles.

Más adelante aparece Bahía Rosas con la ruta pegada a la playa. No más que un puñado de motorhomes que han detenido la marcha donde empieza la arena. Playas enormes, deshabitadas con arena de color rojizo. Accesibles en 4x4 o caminando. Sin servicio de ningún tipo y sin señal de celular. Paisaje de estepa árida para un lado, el mar de un azul profundo del otro.

Continuando por la misma ruta, que comienza a tomar altura sobre los acantilados, vale la pena detenerse en los miradores hasta llegar a Bahía Creek. Son 130 km desde Viedma por la ruta panorámica (existe un camino 40 km más corto que cruza por la estepa) hasta llegar a este pequeño caserío que cuenta con algunos servicios (un hostel, dormies, un camping y un par de proveedurías) y un puñado de casas que miran al mar infinito. Hay algo de señal de celular mediante un wi fi que anda cuando quiere y que baja desde el sistema ARSAT. Sólo sirve para comunicarse via Whatsapp/ Telegram y llamar por cualquiera de las dos plataformas.

Cientos de aves persiguen a un pesquero que retorna al puerto de San Antonio Este al atardecer.

Olvídese de las redes sociales por un rato. Construida entre los acantilados y los médanos, las vistas son impresionantes durante el atardecer y las noches despejadas (con algo de suerte se puede observar el tren de satélites Starlink pasar sobre el mar). Las playas (con y sin acantilados) tienen cientos de metros hasta la orilla cuando la marea está baja. Las cálidas y transparentes aguas del Golfo San Matías quitarán cualquier dejo de duda a la hora de meterse al mar. Un detalle a tener en cuenta: la marea sube muy rápido hasta llegar a la plea. Conviene averiguar los horarios, más si se va a andar por las playas con acantilados, donde se puede llevar algún susto. El viento, después de todo estamos en la Patagonia, no tiene quien lo detenga cuando decide soplar sea desde el mar o desde la estepa. Los acantilados brindan algo de protección cuando no sopla del mar.

La vida anda a otra velocidad en esta zona y el celular empieza a quedar en el bolso, salvo para sacar fotos.

Desde aquí, cómo continúa el viaje va a depender de con qué vehículo contemos. El médano bloqueó parte de la ruta y se puede continuar por la playa, unos 7 kms., en camioneta o vehículo doble tracción. Los autos comunes, a pegar la vuelta por el ripio y retomar desde Viedma hasta la próxima parada: San Antonio Este (167 kms. desde Viedma por la ruta 3). Desde el nombre (y el puerto) eclipsada por su par del Oeste, esta pequeña población esconde algunas de las mejores playas de la Argentina. Al salir de la ruta 3, y tras unos 20 kms., se llega a Playa Conchillas, de enorme extensión y aguas azules.

Volando por Punta Perdices. Cuando sube la marea toda la playa queda cubierta por el mar verde.

A diferencia de Bahía Creek, San Antonio Este tiene más servicios. Alojamientos que van desde un hotel a cabañas y casas de alquiler, restaurantes, proveedurías y supermercados; y sí, la bendita señal de celular para compartir las fotos de lo que estamos viendo. Seis kilómetros más adelante llegamos a la otra parte del pueblo, la original, pegada al puerto. Cerquita está Punta Villarino con su colonia de lobos marinos (con mucha suerte puede ver alguna orca pasar) y aves que siguen a los barcos pesqueros. Otra vez, el agua es una invitación a meterse por transparencia y temperatura, pero no hay arena en la orilla. Todo está tapizado de caracoles de los más diversos tipos y tamaños. Hasta donde alcanzan los ojos. Tan inusual como lindo… y doloroso para andar descalzo.

Unos diez kilómetros hacia el otro lado del pueblo está la joya de la zona: Punta Perdices. Conviene dedicarle un día entero de playa (o más) para aprovechar los diferentes paisajes que se crean a partir de la altura de mareas. El terreno es de arena, conchilla y caracoles que dependiendo de la hora queda al descubierto o se tapa casi en su totalidad. El reflejo de la luz solar en el fondo le da un color verde profundo al agua y ahí uno entiende por qué le dicen el Caribe patagónico. La temperatura del agua es tibia como en cualquier país de Centroamérica. Lujo. Acá sí hay más gente y cuando la marea está alta es la primera vez en el recorrido que uno puede sentirse algo rodeado, pero a años luz de lo que se ve en los balnearios más poblados de la costa bonaerense. La playa cuenta con algunos carritos que ofrecen bebidas y comidas rápidas.

El Caribe Patagónico. Imagen aérea de Punta Perdices, LA playa de San Antonio Este.

Existen varias opciones para continuar el viaje si la idea es recorrer y no quedarse fijo en un lugar. Desde zonas más concurridas como Las Grutas hasta seguir a la increíble Península de Valdés. Pero si busca salir del ruido y la aglomeración, este sector de la costa patagónica merece una visita. La vida anda a otra velocidad en esta zona y el celular empieza a quedar en el bolso, salvo para sacar fotos. Son días de playa que duran hasta las 21, atardeceres de película y la libertad que sólo da el aire de la Patagonia, el lugar que, no importa cuántas veces hayas ido, siempre te va a sorprender.

* Periodista y fotógrafo, conductor de Hagan Correr La Voz por undinamo.com.

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