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Columnistas

Educando al candidato

Fernando Iglesias

Por Diego Rojas

A pocas semanas de que la campaña electoral hacia las PASO culmine, el autor de esta nota quisiera compartir con los lectores algunas consideraciones sobre las formas que no deberían ser parte del acervo de candidatos, candidatas y militantes políticos para ganar el voto del electorado de la nación a su favor. A saber.

1. Del no distraerse con el tocamiento de las partes pudendas mientras otro candidato o candidata hace uso de la palabra

En el medioevo se estilaba hacer públicas las manifestaciones orgánicas, cualesquiera fueran sus consecuencias para con el prójimo. Dan cuenta de esto Bocaccio o Chaucer -y lo retoma Pasolini en su “Trilogía de la vida” o más recientemente la profesora de inglés medieval en la serie de Netflix The Chair-. Flatulencias, mocos, eructos, el acto de comer con las manos cualquier alimento e insultos dichos a toda hora y lugar, formaban parte del paisaje humano cotidiano en aquella época tremebunda.

Tal vez con ese espíritu actúen los candidatos de Juntos por el Cambio quienes, en un acto en el que hablaba la ex gobernadora bonaerense Mariú Vidal, abrazaron con sus cuerpos aquella antigua idea. Fernando Iglesias, primero, no dudó en introducir su mano por debajo del pantalón, aunque todavía sea desconocido si el objetivo era acomodar sus partes para comodidad del cuerpo o rascarse los testículos, si es que lo hubiera aquejado una picazón. Mayor alarma debería causar la posibilidad de que Iglesias sufra alguna enfermedad venérea, pero también alivio, ya que esa razón explicaría los desvaríos, insultos, manifestaciones misóginas, gorilismo, extravagancia galàctico-planetaria y otros síntomas que son harto evidentes para cualquiera que siga el pulso del troll Iglesias convertido en legislador de la república. 

La posibilidad de que Iglesias sufra alguna enfermedad venérea explicaría sus desvaríos, insultos, manifestaciones misóginas, gorilismo y extravagancia.

Lo llamativo es que al mismo tiempo que Iglesias se “toqueteaba” -digo, es un decir-, la candidata Paula Olivetto aprovechaba para bajarse el barbijo y luego introducir su dedo meñique en una de sus fosas nasales para sacarse un moco. La postal es un festival de exaltación de la libertad del cuerpo cual si los macristas fueran jipis que, quiera dios en nombre de la elegancia social, sea una capa poblacional en paulatina disminución. Por eso es conveniente, durante el periodo electoral, evitar posar las manos sobre el pene o los dedos sobre la mucosa nasal.

2. De la conveniencia de mentir del modo más elegante, sin dejar a cielo abierto la embustería

Si bien es sabido que los partidos que responden a la burguesía basan su existencia en la mentira ya que postulan que los ciudadanos somos iguales sin tener en cuenta las condiciones de clase, género y demás, debería ser dable que el engaño sea disimulado y que, de ese modo, las formas se conserven. Por ejemplo, el presidente Alberto Fernández incurrió en un delito penado por un decreto que había firmado él mismo al realizar, en la residencia presidencial, una fiesta clandes con motivo del cumpleaños de su pareja, la piba llamada Fabiola que, al parecer embarazada, no debería ser llamada “piba”, sino “señora” (sepa el lector disculpar). Doce personas había en la clandes, una de las cuales entregó las pruebas fotográficas como escarnio para que sepa del cumple toda la población. ¡Setenta! personas hubo en el cumple de Lilita, ergo Elisa Lila Carrió, y con mariachis que no se sabe si fueron contados como asistentes o quizás como parte de la mampostería de la quinta de Exaltación de la Cruz donde todo sucedió. Todo, claro, en pleno Covid, y con las restricciones a las reuniones determinadas por el decreto del Poder Ejecutivo de la Nación.

Recomiendo que a la entrada de sus casas contraten a un señor con una bandeja y unos papelitos con numeritos para que cada asistente al hogar del político en cuestión deje su celular.

Esta columna quisiera recomendar a los políticos de la patria, todos mentirosos, embusteros, mercachifles, súbditos del FMI antes que del pueblo argentino, que sean rigurosos con los métodos con los que se construye una campaña electoral. Desde lo más profundo de mi corazón, recomiendo que a la entrada de sus casas contraten a un señor con una bandeja y unos papelitos con numeritos para que cada asistente al hogar del político en cuestión deje su celular afuera de la reunión, de modo tal que se eviten los malos momentos atravesados por Alberto o Lilita, que por suerte no incurrieron en escenas más explícitas, posibles pero no existentes, todavía. El señor contratado devolvería el celular al terminar la fiesta o reunión y así nos evitaríamos todos este suplicio de ver a los personeros del capital frente al filo histórico de la guillotina pero por boludeces, no por lo que realmente merecen.

3. De la descortesía de citar autores que sólo conoce Mandanga

Es un estilo, harto repudiable, el de citar autores académicos de escuelas austrohúngaras, al decir de Perlongher (¡ay, incurrí en el mismo error!), pero que nadie conoce. Tal táctica brinda una pátina de superioridad intelectual y prestigio encumbrados en estudiosos que nadie conoce, pero que podrían decir, según Javier Milei, quien más sabe de este “quotation”: “Vos podrías poner un peaje en tu vereda. Si el peatón quiere ir por tu vereda, limpia y adornada con flores en macetas relucientes, debería pagar un peaje. Si no quiere, que vaya por la cuadra de otros vecinos”. Es un pensamiento propio de la barbarie -digo, es un decir- pero que Milei insiste en el señalamiento de que lo dijo Hayek, Mises et ali.

Javier Milei se olvidó de citar.

Si bien su personaje quisiera mostrarse como rebelde, renovador, su discurso es más viejo que el ñaupa -digresión: nadie sabe qué es “ñaupa” pero todo el mundo lo usa como una alusión figurativa, incluso vuestro servidor-. Es el discurso de los Chicago Boys que irrumpieron con Pinochet, de los seguidores de Margaret Tatcher, de los fans de Donald Trump, de Albamonte y Alsogaray -más cerca, como señalò Marcelo Ramal en un debate con el personaje en cuestión- de la Ucedé. Más allá de su peinado estrafalario, la inclinación al grito para defender sus postulados, su profundo evangelismo contra el derecho al aborto legal y gratuito y sus posturas que caen como al viento cae el papel, Milei debería dejar de citar autores abstrusos. Y digo: como decía Rosa Luxemburgo, socialismo o barbarie.

4. De lo poco delicado de ser antisemita durante el periodo electoral

Si bien es sabido que los hebreos no son argentinos, que son apátridas al servicio de la sinarquía internacional y digitados por el Estado de Israel, a la vez que son dueños de medio Hollywood y personeros de la banca internacional con el fin de instalar un país judío en la Patagonia argentina quitándonos la soberanía sobre tal espacio geográfico, no es conveniente andar midiendo el antisemitismo en sangre que poseen los miembros de la casta política local. Pongamos por ejemplo a Alejandro Fargosi, antiguo miembro del Consejo de la Magistratura y hoy apoderado del partido Valores para mi País, que postula a la evangélica Cynthia Hotton a un curul en la cámara de diputados. Hotton es la figura de ese partido, y se debe recordar que fue una tenaz opositora -de filiación evangélica- a la aprobación del aborto legal y grauito. Entonces, Fargosi no debería haber caracterizado a Myriam Bregman, candidata del Frente de Izquierda-Unidad, como “candidata judía del FITu”, por una declaración suya que indicaba que no le interesaba cantar el himno nacional, sino el socialista “La Internacional”. Bien, todo el mundo salió a repudiar el exabrupto fascista de Fargosi -menos algunos dirigentes de izquierda que quizás no sepan poner “repudio” y “solidaridad” en 280 caracteres de Twitter-. Cuando murió el longevo juez de la Corte Suprema Carlos Fayt, Fargosi tuiteó: “Ha muerto Carlos Fayt. Sigamos su camino”. Lamentablemente, Fargosi no fue consecuente con su postulado.

5. De lo inoportuno de putear alumnos en nombre de una causa

En las últimas horas se conoció el video, grabado por un alumno o alumna, que muestra a una docente -en términos populares- sacada como Milei. La señora en cuestión, Laura Radetich, de 59 años, recriminaba a un alumno alguna alusión positiva a Macri de modo que, con amabilidad, caracterizaremos como vehemente, cuando no insultante a los estudiantes a su cargo. A los gritos y con gesticulaciones ampulosas, recriminaba a un alumno su cuestionamiento sobre los gobiernos de los Kirchner y el actual. Debemos señalar, con congoja, que su intervención militante no responde a los métodos de la persuasión, sino al avasallamiento de la opinión, probablemente equivocada, de un alumno. No resulta idóneo ya que no se interpela al pensamiento crítico de los más jóvenes, sino a la imposición. A la señora docente le hacía falta un estudiante de izquierda que constatase que “la grieta” acabaría cuando los diputados de ambos bandos patronales votaran a favor del nuevo acuerdo colonial bajo la férula del FMI. Sin gritos, el alumno hubiera dejado callada a la exaltada docente K.

Lenin, en abril de 1917, decía: “No crean que existen recetas sofis­ticadas ni ardides que permitirán fortalecerlos repen­tinamente sin ganar la conciencia de las masas; dediquen todo su tiempo, toda su impaciencia revolu­cionaria, a ‘explicar pacientemente''. Es un consejo que sirve hoy, ante la debacle del capitalismo a nivel mundial y a las tareas de los militantes políticos, profesionalizados o no, para aportar al debate y la clarificación de ideas acerca de cómo salimos de esta crisis. 

Esperamos que con esta serie de humildes consejos transcurra del mejor modo la campaña electoral. Pero, bueno, se sabe que las elecciones no transforman la sociedad en el amperímetro de los hechos trascendentales. El trabajo paciente que recomendaba Lenin tenía como objetivo la revolución.

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