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Columnistas

Nos vamos a morir entre eslóganes y consignas

Por Jairo Straccia

Algunos empresarios que venían reuniéndose con el todavía ministro de Transporte, Mario Meoni, luego fallecido en un lamentable accidente en la ruta, recuerdan que el año pasado les había dicho que Gabriel Romero, el dueño del Grupo Emepa y socio local del gigante belga Jan de Nul en la concesión de las obras de dragado del río Paraná a través de la firma Hidrovía S. A., estaría “políticamente vedado” para presentarse otra vez cuando se volviera a licitar ese contrato que se aprestaba a vencer, tras 25 años.

Romero había sido procesado por el entonces juez federal Claudio Bonadio como parte de la causa de los cuadernos de las coimas (“fo-to-co-pias”), tras reconocer que había pagado sobornos a los entonces funcionarios Roberto Baratta, Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi para conseguir en enero de 2010 no solo la prórroga de 8 años de la concesión, sino también una extensión de 1000 kilómetros de la zona de dragado hasta el puerto de Barranqueras en Chaco, además del cobro de 3,1 millones de dólares de subsidios durante los primeros tres años hasta que pudiera cobrar peaje en ese tramo.

La admisión de los pagos indebidos había coincidido -según consta en la página 47 del auto de procesamiento luego confirmado por la Cámara Federal y ahora elevado a juicio sin fecha- con las anotaciones del chofer de Baratta, Oscar Centeno, y también con múltiples llamados telefónicos entre Romero y su gerente comercial Rodolfo Poblete con el Ministerio de Planificación y Presidencia de la Nación justo días antes de la firma del decreto 113 que había firmado ese año la entonces presidenta Cristina Kirchner para concretar la extensión del vínculo.

Sin embargo, esta semana, en el Ministerio de Transporte que ahora conduce Alexis Guerrera, aclaraban en cambio que “nadie está vedado” para participar de la licitación que se haga en el futuro, y que ahora estará a cargo de la Administración General de Puertos. “Otra cosa es si Romero decide no presentarse, por cómo quedó su relación con el oficialismo”, dicen. Léase, con la ahora vicepresidenta. “Qué compañía querría asociarse con alguien que quedó así de expuesto con quien tiene el poder hoy en la toma de decisiones”, aseguran en el mundo de los negocios fluviales. Al frente de la AGN está Jose Beni, santacruceño que también preside la Comisión de Transporte del Instituto Patria. No más preguntas.

Todos vuelven

Pero tampoco hay tantos pruritos. Tras la estatización anunciada esta semana -que por ahora básicamente consiste en que la AGN cobre los peajes y luego le pague a quienes resulten concesionarios de las obras de acá a un tiempo- más de un protagonista del mundo de los negocios que parecía estar fuera de juego está merodeando. El objetivo: ser posibles fronting internos de alguna de las cinco grandes multinacionales del dragado y balizamiento que sin dudas se presentarán en cuanto estén los pliegos: las holandesas Van Oord y Boskalis, la china Shanghai Dredging y las belgas Dredging Internacional y, claro, la conocida Jan de Nul.

Todo pareciera estar volviendo a la normalidad de ayer, hoy y siempre.

Al ya filtrado interés del grupo Electroingeniería, de Gerardo Ferreyra y Osvaldo Acosta, con históricos contactos con el kirchnerismo, de aterrizar asociado a los chinos, ahora se asoman algunas figuras de la Cámara Argentina de la Construcción que podrían también anotarse como enclave local. A propósito del olor a nuevos viejos tiempos, la entidad ya reincoroporó a los “encuadernados” Techint y Panedile y todo pareciera estar volviendo a la normalidad de ayer, hoy y siempre.

En ese punto, pasó inadvertido que el nuevo nombre del poder en Cammesa, la empresa mixta clave del sector eléctrico es Santiago Yanotti, ex mano derecha de Baratta en los días del Ministerio de Planificación que era contraparte en aquellos años de Romero y tantos otros. Y si vamos a hablar de regresos y supervivencias de todos los tiempos, es magia lo de la estación de ómnibus de Retiro, que abrió esta semana después de años de servicio desastroso y ¡sorpresa! sigue TEBA, la firma de Néstor Otero que no dejó la concesión ni estando en prisión domiciliaria también por la causa de los cuadernos. Incluso resistió durante el macrismo: un par de veces quisieron volver a licitar el servicio y tenían que revisar los pliegos porque parecía que siempre ganaba el. Resiliencia, dirían en un foro de emprendedores.

Ministerio de la Hidrovía

La cosa es que la Argentina será muy paria y “standalone” en el mundo financiero pero el mantenimiento de las vías navegables implica un contrato de más de 400 millones de dólares por año por al menos 20 años, y nadie quiere quedarse afuera. Ni siquiera ahora que habrá que compartir una parte de la fiesta con el Estado nacional y -atención- con los gobernadores. El próximo decreto que alista el presidente Alberto Fernandez es el que crea el ente interprovincial que regentee el contrato, una especie de “ministerio de la Hidrovía”, según dijo Guerrera, que supondrá un ingreso extra para todos los distritos por los que pasa el Paraná. Para vos Heráclito: no te podrás bañar dos veces en el mismo río, pero le podés sacar muchas más plata al mismo tránsito fluvial.

Aunque todavía quedan algunos sectores que van más allá y piden una especie de estatización definitiva y no solo parcial del manejo de la ya ex Hidrovía, que incluya hasta la creación de una empresa nacional de dragado y balizamiento, con apoyo en el sindicato que lidera Carlos Schmid, da la impresión de que vamos lisa y llanamente hacia una nueva relación del Estado con concesionarios privados que se repartan una torta descomunal en tiempos de escasez.

Y ahi se abren dos caminos posibles. Uno virtuoso, aun con riesgos de cometas en capas inagotables siempre presentes, y es que el nuevo marco contribuya a un mejor control de las toneladas de producción que salen del país que muchas veces se subdeclaran y que a los controles de la Aduana en el mejor de los casos se les escapan, si es que no los dejan escapar. Mejor, no me la conteiner. Pero también está la posibilidad de que todo sea simplemente el reseteo de un gran negocio que apenas cambie de manos y termine con un peor servicio y que en 10 años los barcos se claven como un auto en los baches de Barracas.

Alerta consignas

El combo del pifie se completa cuando aparecen las consignas, enemigas íntimas de las cosas que funcionan. Ojo: mientras estamos descifrando por qué el Poder Ejecutivo tardó un año en ocuparse de la Hidrovía cuando sabía que la concesión vencía, por qué ahora prorrogó tres meses la concesión original hasta septiembre, para preparar una licitación corta por un año mientras se arma luego otra larga, el relato oficial ya postuló: “soberanía fluvial”.

La historia reciente muestra que el Gobierno se excita con ponerle soberanía a todo y a veces no es sinónimo de éxito. Caso testigo: cuando quiso expropiar la agroexportadora Vicentin hace un año, en la conferencia de prensa la bandera fue  la “soberanía alimentaria”. Hubo posteos emocionados de las organizaciones de base. Y al final no hubo nada. La empresa, a la que la Justicia cada vez le encuentra más truchadas, sigue rumbo al desguace. En cambio cuando no hay consignas, como en el caso de la estatización de la fabricante de turbinas y grúas IMPSA, los resultados parecen ser otros: hoy el Estado es accionista de una empresa de vanguardia que se iba a pique. Nadie tuvo que decir “soberanía metalúrgica”.

No hay chances de esperar que cualquiera de estas iniciativas se debatan en serio desde la oposición, donde también hacen un uso intensivo de consignas que no se sostienen. “No hay vacunas”, fue una muletilla sostenida cuando se podían criticar mil cosas pero era obvio que vacunas había. “Somos Venezuela”, otra consigna repetida que anula cualquier intercambio serio.

Cuando en 1952, la campaña electoral de Dwight “Ike” Eisenhower lanzó aquel jingle que rimaba el pegadizo “You like Ike, I like Ike”, se marcaba algo así como un hito de la aplicación de técnicas de la publicidad en la política, una ciencia que obviamente se ha ido perfeccionando y ampliando hasta nuestros días. Pero no está claro cómo fue que hoy directamente todo el escenario de medidas oficiales y sus respectivas críticas esté dominado por frases cerradas que no resisten ni un primer análisis.

Tal vez fue la necesidad de acortar los mensajes por el formato de las redes sociales. Quizás se empoderaron demasiado los profesionales del marketing que buscan fortalecer a los protagonistas de la política con frases breves que peguen, ideales para apariciones fugaces en la tevé. Como sea, la fascinación por los eslóganes y las consignas que domina en este momento tanto al oficialismo como a la oposición nos está liquidando. Imposible discutir nada en serio si de un lado tiran “si es Bayer es bueno” y del otro le contestan “si gusta tanto, es Casanto”.

Está pasando