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Columnistas

Marina Granovskaia, la dama de hierro del Chelsea que puede ganar su segunda Champions

Por Federico Yañez

Estamos a finales de febrero de 2019 y Chelsea derrota al Malmo de Suecia 3-0 en su estadio para redondear un global de 5-1 y clasificar a los octavos de final de la Europa League, que terminará ganando contra el Arsenal el 29 de mayo, misma fecha que la final de la Champions League de este año contra el Manchester City, otro equipo inglés. 

Sin embargo, el triunfo contra el equipo sueco es agridulce porque la UEFA le informa después que será sancionado con la imposibilidad de incorporar jugadores por dos mercados de pases por haber contratado en los últimos años 29 futbolistas menores de 18 años, algo que es ilegal, salvo excepciones, que estos casos no aplicaron. 

Marina maneja un perfil subterráneo y solo se conocen imágenes suyas de los días de firma de contrato o en Stamford Bridge cuando el equipo juega de local.

Durante un año y medio el club, debió conformarse con el plantel estable y los juveniles de su academia. En ese tiempo hubo una persona que comenzó a pensar la ingeniería financiera que le permitió gastar 247 millones de euros hace un año y que los depositó en la definición contra el Manchester City, el equipo de Pep Guardiola. Esa persona se llama Marina Granovskaia

En la firma del contrato de Gonzalo Higuaín.

Formada en Letras la Universidad Estatal de Moscú, apenas egresó en 1997 comenzó a trabajar en Sibneft, la petrolera de Roman Abramovich, el oligarca ruso que compró Chelsea en 2003, año en que ella se mudó a Londrés para asistir a su jefe. Abramovich fue uno de los tantos empresarios que con la caída del régimen soviético y gracias a sus contactos con el poder logró amasar una fortuna que años después le permitió inyectar petrodólares en el fútbol. En 2005 la estatal Gazprom, sponsor principal del Mundial de Rusia 2018, le compró Sibneft por 10.100 millones de euros y según el ranking de la revista Forbes, el bueno de Roman suma 15.000 millones de dólares, lo que lo ubica entre las diez fortunas más grandes de su país.

Marina maneja un perfil subterráneo y solo se conocen imágenes suyas de los días de firma de contrato o en Stamford Bridge cuando el equipo juega de local. Desde 2010 es el nexo necesario para poder llegar al dueño del club, a quien además le maneja sus bienes e intereses, de acuerdo a su perfil publicado en la página web del club. En 2013 asumió como directora ejecutiva y es una de las cinco personas –la única mujer– que integra la junta de directores del club. También tiene sus personas de confianza que, curiosamente, son dos ex jugadores: Peter Cech y Scott McLachlan.

La final de la Champions será el choque de dos modelos bastante parecidos en cuanto la financiación, uno con el petróleo ruso y otro con el crudo emiratí.

En diciembre del año pasado, el club tomó la decisión de echar como entrenador a Frank Lampard, uno de las glorias del equipo que ganó la Champions League en 2012. Su reemplazante fue el alemán Thomas Tuchel, que el año pasado fue subcampeón del torneo con el PSG francés y logró enderezar el rumbo para llegar a la final en Portugal con un plantel que se reforzó como nunca en su historia. 

Esta temporada Chelsea gastó 247 millones de euros tras la suspensión para contratar con el objetivo de recuperar su sitial no solo en Inglaterra, donde fue cuarto a 19 puntos del Manchester City, el segundo equipo que más gastó. La diferencia con el equipo celeste fue de casi 80 millones de euros más, que es lo que le costó a Granovskaia la contratación del alemán Kai Havertz desde el Bayer Leverkusen, que pedía 100 millones. Según el diario español El País, la prensa teutona la acusó de espionaje y que estaba reuniendo información privada sobre los posibles puntos débiles de los directivos Rudi Voller y Fernando Carro, directores del Leverkusen. 

Havertz fue importante en la semifinal contra Real Madrid, lo mismo que Timo Werner, que sacaron de Leipzig por 60 millones, y Mason Mount, uno de los juveniles promovidos tras la suspensión para comprar o el estadounidense Christian Pulisic, la última gran adquisición antes de la prohibición en 2019, cuando pagaron 64 millones de euros. Su estrategia es ir por jóvenes talentosos con mucha proyección, pero sin caer en aquellos que quieren los equipos más poderosos como el francés Kyllian Mbappé o el noruego Erling Haaland. 

La prensa alemana la acusó de espionaje y que estaba reuniendo información privada sobre los posibles puntos débiles de los directivos del Bayer Leverkusen.

Sin embargo, la gran pregunta fue cómo hicieron para poner tanto dinero sin romper el fair play financiero que impone la UEFA para evitar la creación de super equipos que licúe la competencia. Para eso también estuvo el ojo clínico de Granovskaia, no solo para negociar dinero, sino también para coordinar que los pagos se hagan de manera escalonada, como el caso de Werner que lo terminarán de abonar en cinco años. A mediados de 2019, el club tuvo pérdidas que terminó absorbiendo Abramovich, cosa que le hace perder puesto en el ranking de billonarios, pero un año después, con las salidas de Alvaro Morata y Eden Hazard, le permitió nivelar. Con la venta del volante belga, Marina fue muy ponderada porque lo hizo por 115 millones de euros y con un jugador de 28 años que estaba a un año de quedar libre.  

El punto de quiebre en su carrera dirigencial se produjo en 2009 tras la semifinal de la Champions que perdieron contra el Barcelona de Pep Guardiola. Andrés Iniesta empató en el tercer minuto de descuento y con ese gol pasaron a la final. Cuando terminó el partido, el marfileño Didier Drogba se abalanzó sobre el árbitro Tom Henning Øvrebø y lo insultó a rabiar. La UEFA lo sancionó por seis partidos y Granovskaia apostó a retenerlo cuando muchos pedían su salida. Tres años después, Chelsea llegó a la final contra Bayern Munich y fue Drogba quien empató sobre la hora para llevar el partido al alargue. Finalmente se definió por penales y quien pateó el que les valió el título fue el delantero. Pleno para Marina

Desde su llegada a la dirección general, el equipo masculino ganó dos veces la Liga y otros tres títulos, mientras que los juveniles se quedaron dos veces con la Champions League sub 20 y fueron finalistas otras dos. El equipo femenino ganó 10 torneos y este año también fue finalista de la Liga de Campeones, donde perdieron 4-0 con Barcelona. Los hombres buscarán también vengar esa derrota. 

La final de hoy en el Estadio Do Dragao en Porto será el choque de dos modelos bastante parecidos en cuanto la financiación, uno con el petróleo ruso y otro con el crudo emiratí, de dos equipos históricamente de la clase media futbolera de Inglaterra que se subieron a la cima a golpe de chequeras gordas: invirtieron 2.000 millones de euros en este siglo. Pero uno, Chelsea, lo ha hecho de la mano de una mujer cerebral, de perfil bajo, dura en las negociaciones y hábil para hacer rendir el dinero, que tal vez vea su obra llegar a la cima. De eso dependerá que la pelota entre, como siempre pasa en el fútbol. 

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