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Columnistas

El payaso fascista

Por Diego Rojas

‘L’Etat c’est moi’, como decía Napoleón”, lanzó el “humorista” Alfredo Casero a su interlocutor, el periodista Nicolás Wiñazki, que asentía con una sonrisa en las pantallas de TN. Tal vez Casero no sepa de su falsa atribución de la famosa frase, que se sostiene fue dicha por Luis XIV de Francia, el rey Sol. Sin embargo, esta muestra de ignorancia es menor si se la compara con la proferida por el mismo Casero, ante la misma sonrisa de Wiñazki: “Voy a decir lo que pienso: hasta que la gente que recibe planes sociales, ayudas, etcétera, no vote; hasta que los presos dejen de votar que son 5 mil, 6 mil votos, no sé si estará bien o estará mal, pero ellos tienen una clientela asegurada y esa clientela asegurada va a ir por más". Sin intentar otra vez el francés ni su historia, Casero se refirió a la historia negra de la argentina en lengua rioplatense: sin sonrojarse (pero, ¿por qué se sonrojaría?) proponía el voto calificado, la exclusión de la institución democrática del voto a desocupados y pobres de toda pobreza, se supone, porque el otrora actor considera que los destinos de la sociedad le corresponden a los miembros de otras clases. No es una excepción.

El otrora actor considera que los destinos de la sociedad le corresponden a los miembros de otras clases. No es una excepción.

Marcelo Longobardi esgrimió su teoría durante el pase con Lanata en radio Mitre: “Ciertos niveles estrafalarios de pobreza estructural hacen cortocircuito con una vida democrática plena, la democracia no es para cualquier país, la democracia requiere estándares de bienestar económico, de igualdad económica (...) algún día lamentablemente tendremos una sorpresa, porque vamos a tener que formatear la Argentina de un modo más autoritario”. Más allá de lo fascistizante del comentario de Longobardi, provoca azoro la frase final, en la que se ubica él mismo entre quienes deberán estructurar aún más el autoritarismo en el país.

Marcelo longobardi y Jorge Lanata.

Cuánta miseria. Sumemos a Berni y sus comienzos infiltrándose en una huelga minera; a Milei y sus jóvenes libertarios, terraplanistas, que consideran que su rebeldía pasa por ser portavoces de la derecha; a Aníbal Fernández y su verborragia jauretcheana pero que cuando mataron a Mariano Ferreyra felicitó a la policía que había liberado la zona o que sostenía que los índices de pobreza argentinos eran menores a los alemanes. Agreguemos al provocador interplanetario Fernando Iglesias, la fascista (no hay otra definición) de Florencia Arietto, al hombre que una vez escribió llamado Andahazi y una camada de personalidades de un lado y de otro atravesadas por una falta de racionalidad social que se convierte en un canto de hinchada a cada cual más grueso.

El diputado Fernando Iglesias.

Pienso en los futuristas italianos de Filippo Tomasso Emilio Marinetti. Lanzaron su manifiesto en 1909, cuando el malestar social ya se hacía insoportable. Era un grupo de artistas vanguardistas que quería intervenir en la sociedad a través de sus obras. Fascinados con el nuevo siglo decían cosas como: “Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia”.

Pero también: “Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y contra toda vileza oportunista y utilitaria”.

Y aún más: “Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer”.

El futurista Filippo Marinetti.

La guerra. La mayoría de los futuristas italianos se enlistó en las tropas nacionales durante la Gran Guerra. La mayoría de ellos murió.

No murió Marinetti. Se hizo fascista y acompañó al Duce Benito Mussolini en su tremenda escalada hacia lo indecible del ser humano. Durante la II Guerra participó del asedio a Stalingrado. Luego murió.

Hay en el país artistas y payasos cercanos al fascismo. Que aprendan de la historia. Su grito de guerra terminó engulléndose a todos ellos.