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Columnistas

¿Sabrá tu novia que compramos NFT?

Por Santiago Gallo Bluguermann *

Una nueva tecnología creada a la sombra de las criptomonedas intenta ganarse el corazón, las mentes y las billeteras de los consumidores digitales.

La noche de año nuevo de 2021 Victor L. tenía motivos para celebrar. Con su alter ego artístico, FEWOiCIOUS, acababa de vender una obra en 90 mil dólares. Pero no fue en una galería tradicional, ni gracias a las mañas de un habilidoso marchant. Todo ocurrió de manera digital.  

Mientras el planeta parece detenido y a la expectativa de ver hacia dónde deriva la pandemia, en el universo digital hay una Revolución. No, no se trata de Bitcoin ni de Ehtereum, las criptomonedas de moda, pero el responsable es alguien de la familia. Se llama NFT o Non Fungible Token y está empezando a cambiar el mundo del arte digital y, promete, el de la música. 

¿Pero qué es un NFT? La clave está en el vocablo Non Fungible, es decir no intercambiables. A diferencia de, por ejemplo, un billete de cien pesos que puede cambiarse por otro igual, los NFT son activos digitales de edición limitada que vienen unidos a una pieza de arte que puede ser una imagen, un video o música.

Si un consumidor compra un NFT directamente a un artista, lo que está obteniendo es un “original” digital. En algunos casos una pieza única creada por ese artista, en otros algo que está al alcance de todos. ¿Y por qué comprarla entonces? Es un concepto que puede sonar confuso. Sobretodo porque no todo lo que uno compra puede ser único o exclusivo. De hecho, la mayoría de lo que está en venta se puede obtener de internet de manera legal porque ya ha sido compartido por el artista en cuestión.

Lo que sí le otorga un NFT al eventual comprador es un certificado de propiedad, que en lugar de estar escrito en un papel queda registrado en un blockchain, un registro único y consensuado distribuido a lo largo de la red que en el caso de los NFT certifica quién es dueño de ese bien. 

Esta revolución silenciosa ha empezado a salir de los márgenes digitales en 2021, un poco empujada por la pandemia y otro por el hype inflado a partir de la entrada en el juego de nombres pesados que le dieron aval a esta nueva tecnología y ventas en cifras varias veces millonarias.

En Marzo de este año la famosa casa de subastas Christie´s con sus 254 años de historia remató la obra de un artista llamado Beeple –un collage digital de 5 mil imágenes creado durante 14 años–   en 69,3 millones de dólares. La operación sacudió los cimientos del mercado de arte digital y los precios se dispararon en sitios especializados como Open Sea, Nifty Gateway, Super Rare y Makers Place, empujados por la suba extraordinaria de cryptos como Bitcoin y similares. 


Sin embargo, algunas miradas caen de reojo sobre esta nueva fiebre. Sylvain Levy, dueño de una importante colección de arte contemporáneo no está muy convencido con la irrupción de los NFT. “Creo que aún no tengo el software en mi cabeza para entender que está pasando” dijo en una entrevista con el New York Times. “Lo que sí creo es que esto ya no se trata más de la relación con el objeto sino que se trata de hacer plata. Y eso es malo para el arte”, sentenció.

Pero no sólo se trata de arte digital. Prácticamente todo es vendible a través de un NFT. Jack Dorsey, CEO de Twitter vendió su primer Tweet en 2.5 millones en un remate para juntar fondos de beneficencia. Artistas como el célebre Banksy, el omnipresente Elon Musk o la leyenda de la NBA Lebron James han estado creando obra para venderla a través de NFT. La propia NBA comercializa sus Top Shots, especie de cartas digitales coleccionables, con las mejores jugadas de la liga. Con un crecimiento de casi 300 por ciento en 2020 y más de 250 millones de dólares intercambiados según el sitio NonFungible.com, se espera que las cifras sigan subiendo en 2021. 

Hasta aquí la historia se asemeja más a un berretín de nuevo rico o a una timba de grupos especulativos que a una realidad capaz de modificar comportamientos de manera masiva. Pero conviene pensarlo con mente de coleccionista… y de inversor. ¿Qué llevaba a un amante de la pintura a tener el original de un pintor de renombre? Seguramente su admiración y amor por el arte del sujeto en cuestión y también el uso de ese arte como elemento de refugio de capital en momentos de volatilidad o de inversión a futuro. 

Con los NFT está sucediendo algo similar. Apoyada, por ahora, más en el coleccionismo que en la especulación la industria musical (una de las más afectadas por la pandemia a nivel mundial) posó sus ojos en los tokens.

El grueso de los ingresos de un artista consagrado proviene de dos fuentes: los conciertos en vivo y la limosna que las plataformas digitales suelten por cada clic en una canción.  Literalmente hacen falta muchos millones de reproducciones para hacer dinero en serio: Spotify por ejemplo, paga un promedio de 0,004 centavos de dólar por stream, mientras que Youtube entrega 0,00069 centavos por video visto, según un estudio realizado por la distribuidora digital Ditto. Muertos los shows globales y masivos hasta quién sabe cuando y con las ventas de discos físicos en caída libre desde hace años, son varios los artistas que se han volcado a ofrecer sus propias piezas de arte a través de los NFT.

 

Nombres como Kings of Leon, Megadeth, Aphex Twin, Shawn Mendes, Post Malone o los DJ´s Deadmau5 y Steve Aoki han facturado una montaña de dólares por subirse a la fiebre NFT. Quizás el caso más llamativo sea el de la banda de los tres hermanos Followill, Kings Of Leon, que con varios años dentro de la industria decidieron poner a la venta su último álbum When You See Yourself no sólo a través de medios tradicionales sino con varios paquetes diferentes a través de los NFT. Partiendo desde los 50 dólares (un CD vale hoy 13 dólares en Estados Unidos) ofrecían distintos combos. El más jugoso le otorgaba al comprador no sólo la música y contenido exclusivo sino 4 lugares de por vida para ver cualquier show de la banda en cualquier lugar del mundo. Recaudaron 2 millones de dólares en cuestión de horas.

¿Se abre una nueva tendencia para el golpeado mercado de la industria musical o se trata de una nueva y volátil burbuja digital? Es probable que la respuesta sea afirmativa en ambos casos. Es una tecnología nueva y en desarrollo que deberá ganarse no sólo las billeteras de los consumidores sino convencerlos de por qué deberíamos pagar por algo que está al alcance de todos por poco dinero o, incluso, a veces gratis.

* Periodista, conductor de HaganCorrerLaVoz en undinamo.com 

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