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Cultura & Espectáculos

La Memoria Infinita, una joya chilena nominada al Óscar que está en Netflix

Memoria Infinita

El poeta Fabián Casas tiene la sana costumbre de recomendar obras, que él considera esenciales, con un sentido imperativo muy gracioso. “¿Cómo? ¿No leíste Un amor como pocos de Lamborghini? Pues anda a leerlo esta noche”, lanza con una naturalidad pasmosa.

Pues bien, esta reseña podría resumirse en una orden de ese estilo en relación a la película La Memoria Infinita de la chilena Maite Alberdi, nominada a los Óscar en la categoría de Mejor Documental y disposición de casi todo el mundo, en Netflix. Si no la viste: vela hoy mismo.

Con un preciosista y cuidado registro que alterna entre la intimidad y el archivo, el documental nos cuenta la encomiable lucha de Augusto Góngora, junto a su esposa Paulina Urrutia, por recuperar una memoria que, progresivamente, va cediendo ante el alzheimer.

La película como registro de una enfermedad degenerativa es, por supuesto, un claroscuro en que las reminiscencias a “Amour”, la crudísima cinta de Haneke, son mucho más sugeridas que exploradas. El dolor está allí, pero nunca en primer plano. La ternura y el cuidado nunca le abren completamente el paso. El juego, la curiosidad y el asombro siempre acuden al rescate.

“¿Quién es Augusto Góngora?”, es la consigna que el propio protagonista intenta resolver a diario a través de diálogos y ejercicios que su esposa le va facilitando como un hilo para salir del laberinto. En esta búsqueda nos sumergimos en los archivos de una vida magnífica, digna de ser vivida y recordada. La vida de un periodista que luchó contra una dictadura sangrienta; que documentó el hambre y el horror de su pueblo y que supo ser uno más en la épica gesta por la recuperación de la democracia. Y luego, con su libertad recuperada, el archivo nos muestra a un Góngora sembrador de la cultura, la identidad y la memoria en la televisión pública chilena.

No menos magnífico, en tanto, aparece el amor de Paulina Urrutia, una destacada actriz que durante el gobierno de Michelle Bachelet asumió como ministra de Cultura, sin retirarse completamente de las tablas. Su historia es la de un matrimonio más quevedesco que gongoriano, con amor constante más allá de la muerte.

La película explora, al mismo tiempo que sus protagonistas, un archivo hacia un pasado relantivamente reciente que, ya sea por la tesitura de la imagen VHS o la estética de la época, parece arcaico. Y es, sin embargo, parte de nuestras vidas; de nuestra memoria adormecida por la automatización creciente de los procesos y el espeluznante adelgazamiento de la cultura.

La película tiene la potencia de otras exploraciones análogas hacia una intimidad recobrada, como las realizadas por Agustina Comedi o el propio Wim Wenders, y abre la ventana hacia un Chile desbordante, de corazones encendidos.

Repito, para cerrar: andá a verla ya.

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