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Política

Cecilia Barros, la principal candidata de los movimientos sociales: "Militar es la mejor expresión del amor"

Por Juan Tenembaum

"Nunca me voy a olvidar de dónde vengo –dice Cecilia Barros apenas nos recibe en la casa de sus padres, en el centro del barrio porteño de Villa Soldati–. Es lo más importante cuando empezás a tener la oportunidad de estar en otros ámbitos".

Barros, de 29 años, es la sexta en la lista de precandidatos a diputados del Frente de Todos y la única mujer nacida en un barrio popular con alguna chance de entrar al Congreso por la ciudad.

Tuvo su primer trabajo a los 14 años: "Siempre me gustó estudiar. Fui mejor promedio entre 4º y 7º grado. Me busqué un trabajo para comprarme los materiales y terminé cuidando a un niñito llamado Alan". A los 16 consiguió un laburo en McDonald´s y a los 17, en Burger King. "Seguí estudiando y trabajando hasta que quedé embarazada, cuando me tomé seis meses para ordenar mi maternidad soltera", cuenta. Mientras criaba a su hija, fue rindiendo las materias que le quedaban para terminar la secundaria. "Andaba siempre con la piba -relata Cecilia-, me la llevaba a la escuela. Después venía, me juntaba con los pibes y las pibas a organizar las actividades de la semana, y a la noche trabajaba". Empezaba a militar en el Movimiento Evita y entró a Coto, su último laburo en un comercio: "Después me recibí de docente, y de ahí en más trabajé de eso".

La candidata nos llevó a pasear por el barrio: parece conocer a todo el mundo, incluso al montón de perros que nos cruzamos, para quienes ya tiene pensado un proyecto de ley. Según una vecina, su candidatura "es un reconocimiento a un trabajo enorme, tanto colectivo como individual de Cecilia, que se viene realizando en el barrio".

¿Cuándo empezaste a hacer política?

–Arranqué a militar a los 20 en el Movimiento Evita, pero mi familia milita desde antes de que naciera, por los derechos y condiciones del barrio. Ellos vinieron de Santiago y Tucumán a los 13 años, y sobrevivieron tirando el carro o trabajando en casas de familia. Mi vieja es empleada doméstica y mi papá, obrero textil, sigue laburando 12 horas por día. Mi mamá coordina un grupo de Cuidadoras Comunitarias, que se encargan del cuidado a adultos mayores. Ellos siempre lucharon por la mejoría del barrio. Por eso,  mis hermanes y yo nos criamos al calor de los cortes de calle, exigiendo luz, gas, o asfalto.

Mis hermanes y yo nos criamos al calor de los cortes de calle, exigiendo luz, gas, o asfalto".

En el Evita, lo primero que hice fue participar en la organización de los días de las infancias y el armado de unos talleres de arte para niños y niñas. Siempre me resultó muy fácil pensar propuestas que les gustasen a los chicos. Fui tomando más responsabilidades, primero de la Juventud Peronista de Soldati, después del barrio, después de la Comuna 8. Hoy soy la responsable de Mujeres Evita. En el medio, construimos la Casa Pueblo, un dispositivo para acompañar a pibas y compañeres de la comunidad LGBTIQ+ con consumos problemáticos. Y armamos los dispositivos Micaela García (la militante del Movimiento Evita víctima de un femicidio en Entre Ríos), de prevención a la violencia de género.

A esos chicos a los que les diste clases hace casi diez años, ¿te los seguís cruzando por el barrio?

–Sí. Muchos terminaron militando con nosotros y los veo en las actividades.

¿Qué es Casa Pueblo?

–Cuando yo me fui de la casa de mis viejos, pasamos a usar ese espacio para organizar a los vecinos. Armamos un merendero y nos pusimos a hacer los talleres acá. La idea esencial de los talleres, desde el de ciencias a el de fútbol femenino, es que los pibes estén un rato menos en la calle. Porque en el barrio circula mucha droga.

Como los padres laburan todo el día, capaz a los 11, 12 años el más grande se tiene que hacer cargo de los hermanitos. Los nenes se creen que son grandes, terminan haciendo cosas de grandes y eso lastima mucho el tejido social del barrio. Por eso invitamos a vecinos y vecinas jóvenes, que están estudiando alguna carrera, a formar parte del espacio. Así los chicos y las chicas pueden imaginar una vida distinta.

Después armamos un centro de atención al consumo problemático. Presentamos un proyecto en la Sedronar y pudimos contratar profesionales para atender la problemática de forma global.

¿Cuánta gente del Evita hay en Soldati?

–Alrededor de 1.000 compañeros y compañeras. En la pandemia aumentó muchísimo la cantidad de vecinos que se acercaron, por una cuestión de asistencia alimentaria. Mucha gente se quedó sin trabajo además, entonces empezaron a tomar tareas en nuestros espacios. Y nosotros fuimos multiplicando lo que teníamos.

–¿Cómo?

–Agregándole un poquito más de agua al mate cocido con leche para que rinda un poco más, pensando cómo hacer para que la harina rinda más.

Fuimos multiplicando lo que teníamos agregándole un poquito más de agua al mate cocido con leche, pensando cómo hacer para que la harina rinda más".

¿Se siente tu candidatura en el barrio? 

–Muchos vecinos todavía no saben de mi candidatura. Los que no están organizados no suelen tener mucho interés por la política, porque acá la política siempre fue muy de usar a la gente del barrio. A nosotros nos costó mucho cambiar esa percepción, cuesta hasta hoy. Se acercan y preguntan: "¿Bueno, qué hay?". Y no hay nada más que ganas de organizarse, de luchar y transformar las cosas.

Frente a la ausencia del estado, la construcción de redes que sostienen y acompañan cuando no hay nada más que la organización vecinal".

De otros espacios les prometen a los vecinos y vecinas cosas que no cumplen, pero nosotros somos muy sinceros: somos una organización que lucha por conquistar derechos, y considera que eso se tiene que hacer desde la organización comunitaria. Y, frente a la ausencia del estado, la construcción de redes que sostienen y acompañan cuando no hay nada más que la organización vecinal.

El Movimiento Evita es una herramienta que enamora, porque no viene solo a representar. Es la posibilidad de que quienes formamos parte de los sectores populares seamos la expresión de ese sector. Si bien es importante la construcción desde los datos y la academia, no es lo mismo cuando una persona que no pertenece a nuestros sectores se para en representación nuestra. Por más datos que tengas, la urgencia no se siente igual cuando se vivió en carne propia, cuando viste el sufrimiento de tus vecinos y vecinas.

Por más datos que tengas, la urgencia no se siente igual cuando se vivió en carne propia, cuando viste el sufrimiento de tus vecinos y vecinas".

¿Por qué pensás que la "política tradicional" excluye a estos sectores? 

–Hay mucha subestimación de los sectores populares. Tenemos historias que no son las más lindas de contar, las que más garpan. Y, si las cuentan, están romantizadas. Nos exponemos a muchos tipos de violencia que no se borran de la historia. Por ejemplo, las trabajadoras sexuales que deciden continuar su vida de otra manera. Nosotras tenemos un espacio de diversidad en Ciudad Oculta donde participan muchas trabajadoras sexuales que empiezan a transitar la política. Yo me imagino que si en 10 años, esas compañeras ocupan algún espacio de representación política, probablemente no encuentren el espacio que encuentra otra persona. La sociedad sigue creyendo que hay alguna gente que merece ocupar espacios de representación más que otra.

La política tradicional cree que no tenemos las herramientas conceptuales para llegar a otros sectores. Yo soy, fundamentalmente, una dirigenta política. Tengo la misma capacidad de cualquier compañero o compañera de cualquier organización que haya transitado una vida con condiciones muchos más favorables que las mías.

–¿Es la famosa crisis de representación política?

–Sí. Hay un imaginario de cómo debe ser un político que ya no se aguanta más. La juventud no se siente representada, los trabajadores y las trabajadoras tampoco, ni el feminismo. Y agregale a eso la población autóctona y las expresiones del campo. Hay que ampliar la representación política para que sea realmente genuina.

¿Qué funciones cumple tu organización en el barrio?

–En primer lugar, fortalecemos los tejidos sociales. Nuestro principal objetivo es generar estrategias de participación de los vecinos y vecinas en la lucha por los reclamos del barrio. En concreto, hacemos asistencia alimentaria a través de nuestros seis comedores. Y nos ocupamos de la reconstrucción del trabajo a través de cooperativas, atención al consumo problemático de sustancias, prevención y atención a situaciones de violencia de género y cuidado de adultas y adultos mayores.

El cooperativismo y la economía popular representan una alternativa al sistema económico actual, que nos llevó a atravesar la enorme crisis en la que estamos, no solamente a nivel económico sino a nivel climático".

¿El cooperativismo es una herramienta para terminar con la pobreza? 

–El cooperativismo y la economía popular representan una alternativa al sistema económico actual, que nos llevó a atravesar la enorme crisis en la que estamos, no solamente a nivel económico sino a nivel climático. La organización desde el cooperativismo es una alternativa. Por eso es fundamental crear un Salario Básico Universal y entregar créditos no bancarios para el cooperativismo. Necesitamos mejorar los sistemas productivos para que sean trabajos eco y auto sustentables. Pero también es necesario que el sector privado se dinamice, encuentre un modelo sustentable y recupere la movilidad económica, para que aquellas personas que quieran trabajar en relación de dependencia puedan hacerlo.

El 7 de agosto el Evita participó en una marcha enorme de los movimientos sociales. Desde ese momento pareciera que se reactivó el conflicto social. ¿Hay tensiones con el gobierno del Frente de Todos?

–Cuando se presenta un proyecto de ley en el Congreso, nadie habla de que la Cámara de Diputados pone en tensión al gobierno: se dice que acompaña. Pero cuando las organizaciones sociales usamos nuestra herramienta, que es la calle, para acompañar una necesidad concreta, los medios dicen que el Movimiento Evita pone en tensión al gobierno. Y lo que hacemos es acompañar desde donde sabemos y nos queda más cómodo la obtención de más derechos.

Cuando las organizaciones sociales usamos nuestra herramienta, que es la calle, para acompañar una necesidad concreta, los medios dicen que el Movimiento Evita pone en tensión al gobierno".

¿Estás contenta con el lugar que le dieron al movimiento en las listas? 

Contenta, lo que se dice contenta, no. Los lugares que tenemos en las listas son espacios de expresión de lo que somos y de visibilización de lo que hacemos. Pero es necesario ser parte del Congreso para poder trasladar eso a leyes, y hoy nos quedamos en la puerta. Aunque es la  oportunidad para construir diálogo con otros sectores y confiamos en que así vamos a entrar al Congreso, en 2023.

¿Qué balance hacés de la gestión de la pandemia? 

–La crisis fue manejada de la mejor manera, dadas las condiciones que tenía el país, mientras el gobierno de la Ciudad no tuvo ninguna medida económica. Ayer hablábamos con compañeros gastronómicos: nos contaban que, si no hubiera sido por la ayuda del gobierno nacional, hubieran quebrado.

¿Qué opinás de la foto del cumpleaños de Fabiola en Olivos? 

Los medios tienen hoy un nivel de autonomía y una capacidad de poner en agenda lo que quieren, para manejar la opinión pública, que resulta alarmante. Ponen en agenda temas que no le modifican la vida a los argentinos, como sí lo es estar endeudados con el FMI o que hayan cerrado el Ministerio de Salud. Hay negocios de unos pocos que están bien ocultos y ante un pequeño error quieren desestabilizar a un gobierno que no paró de tomar medidas para cuidar a su pueblo.

¿Cuál es tu presidente favorito de la historia?

—Hay una mística muy fuerte, obviamente, alrededor de Perón. Soy peronista, por los derechos que adquirieron durante su gobierno los trabajadores y las trabajadoras, es el sector al que pertenezco. Al que pertenecemos todos y todas, como decía el General.

Y el otro emblema es Eva Perón. Por su identidad, su historia y su capacidad de ser referenta política. Ella era la hija “bastarda”, de una situación extramatrimonial, laburaba de actriz. En esa época no era aceptada una figura femenina con esas características. Sin embargo, demostró que estaba no solo a la altura de la historia sino por sobre la historia.

–¿Y si tuvieras que elegir una tercera figura histórica?

–Tengo una heroína viva, mi compañera Araceli Ferreyra, que fue diputada varios años. Es una gran referente de cómo se construye la política desde los barrios, metiéndose hasta el cuello en el barro. Además de Cristina, que tiene una cosa muy mística creada alrededor de ella, está bueno tener figuras de referencia con quienes te podés tomar un café o una chocolatada y charlar. Emilio Pérsico es otro.

¿Medida o ley favorita de la historia?

La Asignación Universal por Hijo, una de las medidas que nos marcó fundamentalmente a las mujeres y a las infancias, que siempre fueron los dos sectores que más sufrieron la pobreza. Cuando hablamos de los últimos de la fila, siempre hay alguien más atrás: las mujeres. Y más atrás aún están las identidades que se salen de la heteronorma. Junto con la AUH se crearon programas educativos, como el centro de actividades infantiles. En CABA han sufrido un enorme desfinanciamiento: yo laburé cuatro años en ese programa en condiciones muy precarias, con contrato precarizado. Esas son las condiciones económicas que pone la Ciudad para un programa que venía a garantizar un derecho básico: el acceso a la educación digna y de calidad.

¿Tenés un intelectual favorito?

–No. La persona que más admiré en lo que estudié es Paulo Freire, que cree en la educación popular. Hay un conocimiento que se construye desde los sectores populares, una cultura que se crea desde ahí, que está sumamente desvalorizada. Un ejemplo es César Gonzalez, o Camilo Blajakis, director y escritor. Es un pibe de un barrio popular, que tuvo que atravesar una situación de vida muy difícil, estuvo privado de su libertad, hoy es escritor y productor y es ejemplo para todos los pibes y pibas de los barrios populares.

¿Qué te pareció cuándo Alberto Fernández dijo que le puso "fin al patriarcado"?

–Fue una frase equivocada. Aunque desde el gobierno nacional se concretaron avances muy importantes con respecto al feminismo. Hay un montón de medidas del gobierno que fueron profundamente feministas, pero falta mucho para ponerle fin al patriarcado.

¿Qué tres medidas propondrías en el Congreso?

–La primera: créditos no bancarios para fortalecer los procesos de la economía popular, el cooperativismo y las fábricas recuperadas. Después, una segunda Ley Micaela García, que contemple el reconocimiento económico para las compañeras que abordan y acompañan las situaciones de violencia de género en los barrios. Si no tenemos números de femicidios más grandes, es porque están ellas.

La tercera tiene que ver con la cuestión habitacional. La pandemia cambió el trabajo para siempre, y la incorporación del teletrabajo significa que van a quedar un montón de oficinas vacías. Queremos aprovechar esos espacios para viviendas y los garajes que se van a dejar de usar para generar espacios verdes. Serviría para reconstruir los lazos sociales, que hoy se nos pierden por la forma rarísima en que está organizada la ciudad.

Por el teletrabajo van a quedar un montón de oficinas vacías. Queremos aprovechar esos espacios para viviendas y los garajes, para generar espacios verdes".

¿Qué opinás sobre La Popular, la organización barrial que hace poco armó el PRO?

—Es irónico: la misma gente que genera la desigualdad pretende organizarte desde el discurso de la solidaridad. Se aprovechan de la situación de necesidad de los vecinos y las vecinas del barrio para sumar votos, sin ser claros con el proyecto político que representan. Mandan a militantes del macrismo copados, cancheros, que tienen prácticas muy similares a las nuestras, pero después llegan a las oficinas y militan y ejecutan los ajustes. Juegan con la esperanza de la gente, pero la gente no es boluda. Por eso las comunas del sur son fundamentalmente peronistas, y eso siempre se expresa en las urnas.

Cambiemos manda a los barrios a militantes copados, cancheros, que después llegan a las oficinas y ejecutan los ajustes".

¿Qué le dirías a los jóvenes que están copados con Javier Milei o José Luis Espert?

–Que no se coman el verso. Esas personas no expresan ninguna revolución. Quieren sacar a las personas que hoy ocupan los espacios de representación para poder aplicar sus políticas de ajuste. Incluso, si mirás el lenguaje que usan… como si los jóvenes no pudiéramos interpretar otro tipo de lenguaje. Y si hablamos de revolución, no hay revolución posible sin mis amigos y mis amigas, sin nuestros afectos.

Mirá el video de la entrevista en Villa Soldati:

¿Querés decir algo que no te haya preguntado?

—Sí. Nosotras, mis compañeras y yo, nunca nos imaginamos organizando una campaña de estas características. Suceda lo que suceda, es fundamental seguir creyendo que podemos transformar la realidad. Es nuestro motor de vida. La vida que nos tocó vivir no es la mejor, ni la que hubiésemos elegido. Por las condiciones a las que te empuja este sistema. Y porque todo lo que nosotras atravesamos se siente en el cuerpo, y es muy violento. Creer en la política como herramienta transformadora es nuestro horizonte, nuestra esperanza. Lo que nos empuja a transitar la vida con alegría. Creer que las cosas pueden cambiar es uno de los mejores motivos para vivir que tenemos. Y la mejor expresión del amor es militar para cambiar el mundo. Nadie se salva solo. Y cuando termine la campaña vamos a seguir haciendo lo que sabemos hacer: militar de sol a sol para dejarle a las generaciones que vienen un mundo más justo.