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Sociedad

"No me llamés mantero, decime Campeón de África"

Senegal

Por Carlos Fuentealba V. 

Cissé Thiendou es famoso por las calles de Morón. “Tú pregunta por Cissé, se lleva bien con todos”, dice, así, en tercera persona, mientras gesticula ampulosamente con ambos brazos. Sus palabras parecen encontrar rápida confirmación en un hombre que pasa cargando una carretilla y le grita desde lejos “¿Qué pasa Cissé?”.

Junto a la estación de trenes, vende camisetas en un puesto que le facilitó la municipalidad. Es fanático del fútbol internacional, de Boca y, por supuesto, del equipo de Senegal, que la semana pasada se coronó por primera vez campeón en la Copa Africana de Naciones.

“Viví una alegría que nunca tuvo mi papá ni mi abuelo. Antes no podíamos decir nada porque nuestro equipo casi no existía, pero ahora me paseó por acá así, pecho inflado y cabeza alta, diciendo ´cuidado que somos campeones, guarda´. Por algo vos viniste acá a vernos, porque somos los campeones”.

Viví una alegría que nunca tuvo mi papá ni mi abuelo. Antes no podíamos decir nada porque nuestro equipo casi no existía, pero ahora me paseó por acá así, pecho inflado y cabeza alta, diciendo ´cuidado que somos campeones, guarda´.

Y es que el título senegalés había sido esperado con ansias por esta nación atlántica de 15 millones de habitantes, cuyo equipo había llegado a dos finales consecutivas sin poder conseguir la copa. De la mano de una promisoria generación, que tiene a sus dos pilares en el arquero del Chelsea, Edouard Mendy, y el delantero del Liverpool, Sadio Mané, los senegaleses mantuvieron siempre en alto la ilusión. Así, al menos, lo relata Bamba Dione, quien preparó un banquete en su casa para esperar la final. “Vinieron amigos de Senegal y también argentinos, porque acá tenemos la Liga Argentina de Senegal donde jugamos fútbol. Mi esposa preparó Mafé (guiso de carne, maní y tomate) y sufrimos todo el partido”, relata.

Bamba Dione y su esposa Mame Diarra Dione

El premio llegó tras el último penal convertido por Mané. “Estábamos tan felices que nos vinimos a la estación de Morón y luego partimos hacia Liniers, donde nos juntamos los senegaleses a celebrar”. No hubo alcohol ni drogas, por supuesto, porque todos son musulmanes.

Estábamos tan felices que nos vinimos a la estación de Morón y luego partimos hacia Liniers, donde nos juntamos los senegaleses a celebrar.

Al mismo tiempo, cientos de miles hacían lo mismo en la lejana Dakar y se agolpaban a los pies del Monumento al Renacimiento Africano, un inmenso coloso de bronce de 49 metros de altura (la escultura más grande de África), inaugurada en 2010 para celebrar los cincuenta años de independencia de ese país y construida por una empresa norcoreana. Las celebraciones siguieron hasta que la selección regresó al país y el presidente, Macky Sall, los recibió el martes en el Palacio de Gobierno. “Han alcanzado el techo de África por su espíritu de lucha, por su talento, por su compromiso, y por eso nos hacen sentirnos orgullosos", dijo el mandatario, antes de entregar a cada miembro del plantel la Orden del León y un importante premio en dinero y terrenos.

Dakar
Miles se congregaron en Dakar a los pies del Monumento al Renacimiento Africano.

En el Once la alegría de los senegaleses no fue menor. Aunque ninguno quiere ser grabado ni fotografiado- seguramente por la tensión que existe con la policía en el sector-, a todos se les dibuja una amplia sonrisa para hablar del tema. “Es la mayor alegría que hemos tenido como país y lo hemos celebrado mucho”, comenta Pinto, un vendedor de artículos deportivos que se emociona al ver las fotos de Dakar y las celebraciones. “Mi familia estuvo allí y tuve muchas ganas de estar con ellos. Pero para mí es un deber quedarme acá y seguir ayudándoles”.

Mi familia estuvo allí y tuve muchas ganas de estar con ellos. Pero para mí es un deber quedarme acá y seguir ayudándoles.

Es un sentimiento compartido por la mayoría de los senegaleses que migran a Argentina, que son en su mayoría varones de entre 20 y 40 años, para enviar remesas a sus familias.

Tenemos una mentalidad diferente de la de acá. Nosotros no dependemos de nosotros mismos, yo me debo a mi familia. Mis padres hicieron todo hasta que cumplí los 18, entonces tengo que salir a trabajar y dejarlos descansar. Ahora ayudarlos para que estén bien nuestros hermanos es un deber”, explica Abdu Ndiaye, que también es vendedor callejero.

Los senegaleses en el barrio de Once prefieren no ser fotografiados.

Pese a la violencia institucional que cada tanto explota contra esta colectividad, Ndiaye está muy agradecido de este país. “En Argentina estamos muy tranquilos porque la gente nos quiere. Yo no voy a juzgar por alguno que pueda decirte algo que no te gusta, porque en Senegal es igual, te vas a encontrar a uno que otro con mala onda. Eso no es la mayoría”, comenta.

Para Ndiaye, una historia ejemplar es la del defensor Kalidou Koulibaly, que juega en el Napoli y recibió cantos racistas de la tribuna cuando su equipo visitó al Inter de Milán. "Koulibaly no se dejó rebajar y ¿Sabes quién lo defendió? Diego Maradona. Y él resistió y ahora es campeón de África. Por eso siempre tienes que ser positivo".

Y por eso, también, es que piensa quedarse, aunque ya no sea tan conveniente el cambio monetario. “La vida es así, no siempre estás arriba y hay que bancar”, dice.

Distinta opinión han tenido muchos senegaleses del Barrio Once que han dejado esas calles, tras la pandemia, para emprender camino a Nueva York. Según sus compatriotas, el viaje es largo, caro y arriesgado: cruzando por tierra Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. “Ellos consideran que valía la pena”, dice Pinto, “ojalá que este título les de fuerzas para enfrentar todo lo que se van a cruzar”.

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