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Columnistas

Cruzar la línea de cal

Viví muchos años creyendo que era un fracasado por no haber cruzado esa línea que pintan con cal para demarcar la cancha. ¿Qué hay de un lado y de otro de ella?

Éxito y fracaso. Ganadores y perdedores. Valientes y miedosos.

La vida era liderada desde mi observador por todos aquellos que habían cruzado la línea de cal. ¿Y el resto? Metidos adentro de la cama, tapados hasta la cabeza para que nadie los viera. Para no tener que responder que ellos no pudieron. Que pudo ser, pero no. Encerrarse para no enfrentar la línea de cal.

Las palabras que uno recuerda se organizan en frases o sentencias; a mí me gusta llamarlas tatuajes. Cuando lo pienso de esa manera y lo utilizo con consultantes a ellos también les genera algo poderoso: lo indeleble del tatuaje le da a la frase un alcance y una trascendencia muy movilizadores. Hay un tatuaje que siempre recuerdo cuando aparece la línea de cal: “El éxito es una sucesión de fracasos superados”

Cruzar la línea de cal, entonces, ¿no es en sí un éxito? Me gusta pensar esa línea como un límite visual, como un hecho físico que demarca un adentro y un afuera. Mi voluntad y mi deseo de estar adentro de esa cancha se había desdibujado cuando una lesión y una serie de malas decisiones me habían demostrado que mi carrera como futbolista entraba en una zona incierta y final.

Parte de las reflexiones que me sacaron de ese estado de impotencia derivaron en la necesidad de redefinir qué hacer adentro de la cancha. ¿cuántas formas hay de cruzar esa línea? ¿Cuántas cosas hay para hacer en esta cancha que es nuestra vida? Si nos emperramos en hacer una sola cosa, aquella para la que nos setearon, la frustración está a la vuelta de la esquina.

El túnel para salir de esa frustración es la creatividad: saber que se puede jugar en primera de infinitas maneras e imaginar una de ellas para uno. Y además de crearlas, experimentar. Hay otro tatuaje que me vuelve una y otra vez: Lo que crees, creas. Entrar y salir de distintos lugares hasta que uno siente que es por ahí. No importa nunca lo que opinen los demás: Nunca. La única manera es conectándote con aquello irrefrenable que sentís bien adentro y no podes parar.

Una vez, dejé a mis hijos en la escuela y me quedé conversando con la maestra. Cuando le conté lo que hacía me dijo: “Ah, escribiste dos libros y trabajas en un radio… ¡vos jugás en primera!”. Yo le sonreí asintiendo con la cabeza. Esa también fue otra forma de cruzar la línea de cal.

Para algunos, entrar a la cancha puede ser ponerse un bar, o estudiar una carrera que le recomendaron mil veces que no haga, o mudarse a la ciudad de sus sueños a vivir de un oficio que siempre añoró. O formar una familia.

Al respecto, hubo una vez más en que yo volví a cruzar la línea de cal de la cancha de Lanús, y esta vez no fue simbólico. Cuando había escrito los dos libros, el club me entregó una plaqueta y me hizo un sencillo y emotivo homenaje. Me invitaron a recibir ese premio en la cancha y esa vez, volví a cruzar la línea de cal, esta vez con mis hijos. Fueron varios goles en una sola jugada.

Contame, cómo cruzaste tu línea de cal? O, qué es para vos cruzar la línea de cal?

Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias y las crea si no las encuentra (George Bernard Shaw)

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