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Cultura & Espectáculos

30 años de El amor después del amor, de Fito Páez: la historia detrás del disco más vendido del rock argentino

Publicado el 1 de junio de 1992, el disco vendió más de un millón de copias y catapultó a Paéz al mundo. El manager, productores y sonidistas reviven la creación de un álbum luminoso, con Fito feliz en una nueva relación y todo el presupuesto del mundo a su disposición. El día que grabaron una batería en la recepción de un edificio. Y la reacción de Fito al tocar un piano de los Beatles en Abbey Road.

“Voy a volver a grabar El amor después del amor”, anunció hace algunos días Fito Páez. No es casual: el disco más vendido de la historia del rock argentino cumple hoy 30 años, casi la misma cantidad de tiempo que había vivido el rosarino al momento de crearlo. El 1º de junio de 1992 se lanzó un disco que cambió el paradigma de la música nacional, tanto a nivel artístico como comercial.

Tras algunos años tormentosos, la vida de Fito empezaba a encauzarse por un camino un poco más luminoso. Se había ido a vivir a España porque en Argentina no le estaba yendo muy bien económicamente, a pesar de ya ser alguien reconocido en el ambiente. En 1990 sacó Tercer Mundo, disco que terminó siendo un éxito, con 30 mil unidades vendidas en dos meses. Eso le dio lugar para volver y, entre otras cosas, empezar a planear su siguiente golpe.

Fernando Moya, su manager por esos años, había financiado ese disco y, tras los resultados, logró una importante inversión de unos 150 mil dólares, cifra que no era común, para el siguiente álbum. “Habíamos firmado un contrato con Warner Music por tres discos, y El amor después del amor era el segundo de ese paquete. Hicimos un trabajo importante para que fuera un proyecto grande, que hubiera involucrados varios países”, contó Moya a Diario Con Vos.

Momento de inspiración y composición

Al mismo tiempo, el músico estaba empezando una relación que no iba a pasar desapercibida, ni en los medios, ni en su propia obra. Cecilia Roth llegó a su vida en el momento justo para cerrar algunas viejas heridas. Fito describió su aparición como la de "una figura insólita y hermosa" en ese momento de su vida. Así, la actriz se convirtió en el amor después del amor, del primero, que era -y es- Fabiana Cantilo.

Cecilia Roth se convirtió en el amor después del amor, del primero, que era -y es- Fabiana Cantilo.

Moya afirma que en esa época Fito “estaba super inspirado y feliz a nivel humano”, algo que repiten todos los que lo tenían cerca. En ese contexto, y pensando en su siguiente disco, Fito viajó a Punta del Este en enero de 1992 junto a su flamante novia, el productor y músico Tweety González y Alejandro Avalis, su manager personal. Algunos temas fueron concebidos en su totalidad en la ciudad uruguaya, otros ya venían con algunas pistas y fueron completadas, y el resto fue tomando forma en el regreso a Buenos Aires.

“Fue un reencuentro después de un tiempo, porque hacía varios años que no trabajábamos juntos. Ahí nacieron bocha de canciones –aseguró González, quien trabajó principalmente en el aspecto sonoro junto al rosarino–. No había un método, era cuando surgía la inspiración en el momento. Estuvimos once días, y en promedio unas diez horas al día siempre al mango. Cuando terminamos, sabíamos que era un discazo”.

Lo que más destaca el músico-productor es el uso del sampler, instrumento digital con el que se podía grabar un sonido para utilizarlo después en las composiciones, y la utilización de loops, algo que en ese momento era bastante original: "Había un contenido que tenía coleccionado, algunos de discos que no puedo decir cuáles son, y empezamos a sacar temas. Tiraba algo y nacía un tema tipo ´Sasha, Sissí y el círculo de baba´”. Eso, más la improvisación de Fito, fue un combo explosivo para que algunas composiciones fueran casi instantáneas.

Estuvimos once días, unas diez horas al día siempre al mango. Cuando terminamos, sabíamos que era un discazo.

Tweety González, productor

Tweety -quien el año pasado se lanzó como músico solista tras 40 años en el ambiente- afirmó que si no hubiera sido por ese viaje, seguramente el disco no habría sido igual. Moya coincide con la sensación de Tweety: aseguró que con los demos “ya se sentía que era una bomba” y que a medida que fue terminando las canciones, lo veían con mucho entusiasmo: “Varias veces pensamos que era un disco que iba a ser una vuelta de hoja en la vida y carrera de Fito”.

Un "dream team" jugando en las grandes ligas

A la vuelta de Punta del Este, se sumó al proyecto Carlos Narea, un productor musical chileno radicado en Madrid, al que buscaron porque era alguien reconocido en el ambiente, y necesitaban influencias en Europa. “Cuando Fernando (Moya) me dijo lo que buscaban, le pedí por favor que me dejara producir a Fito”, contó . Narea ya había querido trabajar con el rosarino algunos años antes para un festival al que finalmente no puso asistir en 1986, porque coincidió con el asesinato de las abuelas del músico.

El productor trasandino, entonces, esperaba con muchas ansias poder trabajar junto con Páez, y no se decepcionó. Cuando recibió los demos grabados en Uruguay, también tuvo una primera gran impresión: “Era prácticamente todo el disco... Tweety tuvo un papel importantísimo. El primer tema que venía era ´Tumbas de la gloria´. Me caí de la silla cuando lo escuché, no lo podía creer”.

Las grabaciones se hicieron en distintos estudios, principalmente los ION en Buenos Aires. En ese lugar, el productor recordó que un día en el que no había mucha gente en el edificio, decidieron sacar la batería a la recepción: “No sabes cómo tronaba, era una brutalidad. Mandamos de guardia a uno de los asistentes por si venía la policía, porque era un escándalo brutal. Grabamos dos o tres baterías, como la de ´Creo´. Sonaba espectacular”.

El primer tema que venía en los demos era ´Tumbas de la gloria´. Me caí de la silla cuando lo escuché.

Carlos Narea, productor

Después viajaron a Europa, donde se grabaron algunos instrumentos y voces en los estudios Cine Arte de Madrid, y más tarde a Londres, para sumar las cuerdas y los metales en el mítico Abbey Road, para finalmente mezclar todo el material en los Air Studios del legendario George Martin. En Abbey Road, un día Fito vio un piano, lo tocó, y comentó que sonaba de una manera que podía tocarse "Ob-La-Di, Ob-La-Da", de los Beatles. “Uno de los ingenieros lo miró y le dijo: ‘Es que en ese piano se grabó la canción’. Fito en ese momento sacó rápido las manos y se fue para atrás, como asustado”, recordó Narea entre risas.

Narea sumó al proyecto al ingeniero de sonido Nigel Walker, quien supo trabajar junto a artistas y bandas del calibre de Paul Mc Cartney, Elton John, Pink Floyd o los Rolling Stones. “Él, que es inglés, tenía sus dudas porque eran músicos de Argentina, pero cuando llegó a Buenos Aires le dije que se iba a sorprender. El día que entró y empezó a tocar la banda, no lo podía creer, decía ‘por favor, ¿esto qué es?’. Con la batería del Negro Colombres, por ejemplo, no tenía que hacer nada, ni ecualizar”, aseguró.

No era para menos: el disco tuvo la participación de, como lo llamó Narea, la “crème de la crème de la música argentina”. Charly García, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo, Mercedes Sosa, Celeste Carballo, Claudia Puyó, entre varios otros, pusieron su voz y algún instrumento en al menos una canción.

A su vez, la banda estaba conformada por Guillermo Vadalá en bajo, Daniel Colombres en batería, Ulises Butrón en guitarra y Tweety en los teclados. “Fue un dream team, pero no estaba debutando. Nos conocíamos todos mucho, eso facilitaba las cosas”, afirmó el tecladista, quien en otro momento se refirió a ese grupo como una “selección argentina de músicos”.

Con Tweety González.

Narea describió a Páez como “una máquina” que no paraba de tirar ideas para agregar cosas nuevas, más todavía con un presupuesto que jamás había tenido, por lo que su trabajo en gran medida fue bajarlo a tierra: “Cada artista tiene necesidades distintas. Algunos son cantantes, otros compositores, otros también músicos. Fito sabe de todo. Entonces yo tenía que frenarlo, le decía ‘¡para, ya no hay sitio para más cosas!’”.

Hubo una situación entre él, Fito y Spinetta, quien compuso una parte y canta en "Pétalo de sal": “Lo querían hacer a piano y guitarra eléctrica, y me parecía raro. La canción ya andaba, y les dije que por favor la trataran con cariño, que me encantaba. Finalmente, me pareció espectacular. Me costó imaginarlo pero funcionó brutal”. Fito recordó ese momento en una entrevista, y dijo que lo que buscaban era justamente una irrupción moderna, algo distinto.

Según todos los que formaron parte de este proceso, había una atmósfera de mucha buena onda, relajación y diversión. Un buen presupuesto, mucha inspiración y un gran equipo son una combinación casi perfecta, y cualquiera podía ver que lo que se hacía no era menor: “La sensación de todos los que iban al estudio era esa, era un trabajo serio. Pero el tamaño del pelotazo que fue, eso nos sorprendió a todos, partiendo por Fito. Sobrepasó todas las expectativas”, indicó el productor.

El legado de un disco perfecto

El resultado final fue un disco que rompió una barrera de masividad en el rock argentino. Si con el disco anterior había conseguido 30 mil ventas en dos meses, ahora solo tardó dos días en llegar a ese número. En una semana ya eran 50 mil, y a fin de año, 175 mil. Tweety dijo que al momento de terminar la grabación creía que iba a ganar el Disco de Platino, un premio a las 80 mil ventas. “Superó el millón. Fue mucho más de lo que esperamos, nadie había vendido eso en ese momento”.

Ese éxito le valió a cada uno de los entrevistados para esta nota un gran reconocimiento y abrió muchas puertas. Todos aseguran que El amor... está entre los tres más importantes de sus carreras. En el caso de Moya, incluso, pelea mano a mano con Clics Modernos de Charly García, en el que también participó. Esto tiene que ver tanto con el aspecto comercial como con el valor artístico de los mismos.

“Pienso que es un disco que marca trayectoria. Fue un antes y un después, como Thriller de Michael Jackson, Artaud de Spinetta o Clics Modernos. Son discos que por algún motivo se da toda la creatividad junta, quizás tenga que ver con la edad del compositor o el momento de desarrollo de su carrera, y todos terminaron siendo una bomba”, comparó el manager.

El amor... fue como Thriller de Michael Jackson, Artaud de Spinetta o Clics Modernos de Charly. Son discos en los que por algún motivo se da toda la creatividad junta.

Fernando Moya, manager

En esta línea, Tweety también se refirió a un antes y un después del disco, y agregó que “subió la vara de la música popular argentina un par de escalones largos”. “No tiene temas de relleno, y es largo, 14 temas de los cuales 10 fueron cortes. Resiste el paso del tiempo, envejeció muy bien. Era muy adelantado a la época”. Para Tweety, “cambió todo: no solo el apoyo de la compañía sino que también se armó una gira con una banda y un audio que nunca había existido”.

El disco se presentó en vivo en octubre de 1992, en un Gran Rex que se llenó once veces. Al año siguiente comenzó “La Rueda Mágica Tour”, gira que hizo Fito por varias ciudades del interior y también en Uruguay, Venezuela, España y México. La gira terminó con dos recordados shows en la cancha de Vélez, y en diciembre volvió a Liniers, pero para un recital a beneficio de UNICEF que dejó más de medio millón de dólares para el organismo.

En una entrevista que dio para los 20 años del álbum, Páez sintetizó en algunas líneas lo que significa El amor después del amor para él: “Aprendí muchísimo en ese disco. Sobre cómo refinar el audio y las interpretaciones, y hacer que adquieran una dimensión más cálida. Me gustó mucho hacerlo, y me fue muy difícil desprenderme. Se puede decir que gran parte de lo que hice está marcado a fuego ahí”.

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