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Política

La relación entre marxismo y peronismo, una vía de dos sentidos

Presentamos el prólogo de Roberto Pittaluga al libro de Mora González Canosa Los futuros del pasado. Marxismo, peronismo y revolución: una historia de las FAR (Colección Pasados Presentes, Prometeo, 2021).

En 1956, Jacques Lacan sostuvo que no era de hechos acumulados de donde podía surgir una luz, sino “de un hecho bien relatado con todas sus correlaciones, es decir con las que, a falta de comprender el hecho, justamente se olvidan”. Podría decirse que la tarea de construir y establecer todas esas correlaciones, que son muchas y complejas además de cambiantes, es a la que obliga la aproximación comprensiva a la historia de ese “hecho” denominado “nueva izquierda” de los años sesenta y setenta. Es que aquello que en esas décadas puede ser así nombrado refiere a una constelación compuesta por una muy heterogénea variedad de experiencias y tradiciones políticas e ideológicas, de prácticas y modos de acción, de saberes y expectativas, de formas de subjetivación o agencialidad de distintos protagonismos que, como dijera María Cristina Tortti, se percibían y eran percibidos como partes de un mismo campo del pueblo y de la revolución. O como lo señala en estas páginas su autora, Mora González Canosa, la nueva izquierda como “una suerte de magma resultante de las convergencias entre distintas tradiciones político-culturales”.

A orientarnos en ese magma contribuye decisivamente el libro Los futuros del pasado. Marxismo, peronismo y revolución: una historia de las FAR, resultado de una paciente labor de pesquisa y consulta de archivos, de búsqueda y reunión de documentación, de producción testimonial y lectura de indicios, sostenida en una aguda mirada interpretativa e histórica. El cuidadoso tratamiento de itinerarios y debates, de influencias y relecturas de las tradiciones, de las argumentaciones empleadas y de sus significados explícitos e implícitos, se combinan en un relato que repone permanentemente las correlaciones tanto con otros grupos, trayectorias y discursos de la nueva izquierda como con el contexto político y social argentino y latinoamericano. Así, el devenir peronista de esos marxistas desprendidos del comunismo vernáculo o provenidos del MIR-Praxis —el cual fundamentan en una valoración de la dimensión política de la experiencia peronista de los trabajadores— es situado por la autora en correlación a una pregnancia de las ideas y orientaciones izquierdistas en no pocos grupos peronistas, dando cuenta que la relación marxismo-peronismo era una vía de dos sentidos. Del mismo modo, la relectura del “peronismo del pueblo” —como lo denomina las FAR— pero también la experiencia tupamara, serán parte de las razones del desplazamiento de las acciones del ámbito rural al urbano, y de una estrategia continental de cuño guevarista a otra nacionalizada. La investigación sigue con detenimiento cada instancia de debate y elaboración, las confluencias y disidencias, los encuentros y rupturas, permitiendo observar los modos en que estuvieron tramadas esas experiencias de la nueva izquierda, en particular las de las organizaciones que optan por la lucha armada.

Esa constelación que era la nueva izquierda también puede ser pensada como encrucijada.

Pero también incita a mirar más allá, estimulando la reflexión sobre aspectos centrales e insoslayables de las experiencias de radicalización política de los años sesenta y setenta. Pues esa constelación que era la nueva izquierda también puede ser pensada como encrucijada, una encrucijada epocal porque se trataba de un tiempo de insurrección, o mejor, de insurrecciones, que iban desde pequeños gestos de resistencia a grandes movilizaciones callejeras y que en su amalgama producían una incisión, una potencial bifurcación, un desvío de la historia. Pues, como toda insurrección, retomaban la acción de erguirse de los explotados y oprimidos, acto que desde el interior mismo de los subalternos surge, se levanta, se alza, y pretende regir; no otra cosa se guarda en el término insurrección. Plurales insurrecciones en esos sesenta y setenta, que en ocasiones se potenciaban entre sí, pero en otras, confrontaban, chocaban, porque tenían sentidos divergentes; encrucijada de muchos caminos, de los muchos modos de tener (y crear) lugar la politización.

La lectura del libro de González Canosa permite advertir frente a cuántas encrucijadas se hallaron quienes se politizaron siguiendo un camino específico y formaron las FAR.

La lectura del libro de Mora González Canosa permite advertir frente a cuántas encrucijadas se hallaron quienes se politizaron siguiendo un camino específico y formaron las FAR. Y cómo cada decisión, basada en valoraciones de coyuntura pero también en horizontes de expectativa y en persistencias experienciales previas —“huellas de origen” las nombra la autora— implicaba una orientación y una significación específica para eso que denominamos política. Encrucijadas: las dubitaciones respecto de la propia estrategia frente a la que presenta el alternativismo y la construcción desde abajo que plantea el Peronismo de Base, así como la inmersión en las aguas del populismo que recordara Pilar Calveiro para esa coyuntura de vinculación a los movimientos sociales cuando la campaña electoral de 1972, colisionan y se pierden frente a la certeza en el rol primordial de la lucha armada, considerada la forma más elevada de lucha y “foco irradiador de conciencia entre las masas”. Y así como esta última expresión expone la permanencia de una concepción sustituista de las subjetividades del cambio y una noción ontologizada de la vanguardia, toda la revalorización de la dimensión igualitarista del peronismo se esfuma cuando se lo asume identitariamente —y se agrega además, en ese mismo movimiento, que no se trata más que del descubrimiento de la propia y “verdadera naturaleza”. Incluso, ¿en qué régimen de visibilidad política, en qué territorios de poder y bajo qué criterios de eficacia, se despliega una política que confía en las acciones armadas “de gran envergadura” con el propósito de demostrar la vulnerabilidad de las fuerzas de represión estatales? Una apuesta que en gran medida se convirtió en un velo que impedía advertir las muy variadas formas de politización que, más que repetir especularmente los modos del poder estatal, de clase, de género o generacional, se dispersaban, se desviaban de las normas, y desde novedosos modos político-organizativos constituían entonces otras tramas de lo común. Ciertamente, la constelación de la “nueva izquierda” —y en ella los grupos que forman las FAR y esta misma organización, como nos muestra este trabajo— aparecía tensada entre prácticas de la emancipación que demandaban formas que potenciaran esa articulación novedosa y aquellos modos de la acción que ensamblaban constitutivamente con los regímenes hegemónicos de la práctica y el entendimiento de la política. De modo que persiste en las FAR —tanto como esas “huellas de origen” de la formación en el marxismo— una sensibilidad que no resigna su atención a la experiencia política y el protagonismo de los trabajadores, manifiesta en la señalada reconsideración del pueblo bajo identidad peronista, y en la búsqueda por “complementar” (en lo conceptual pero también en la práctica) la lucha armada “con la tarea de extensión” (aunque esta denominación de la inscripción de su política en los movimientos de masas exponía el desbalance que anidaba en la tensión entre políticas divergentes en la organización).

¿En qué régimen de visibilidad política se despliega una política [...] que confía en las acciones armadas “de gran envergadura” con el propósito de demostrar la vulnerabilidad de las fuerzas de represión estatales?

A partir del seguimiento de una experiencia específica, la obra de Mora González Canosa permite acercarse, también, a cuestiones medulares en torno a la comprensión de aquella escena prolífica en manifestaciones de rebeldía y contestación política y cultural, expresiones y acciones que, aún percibiéndose como parte del mismo campo, promovían en muchos casos rumbos divergentes. Quien lo lea se encontrará no sólo con la historia de “ese hecho” llamado FAR, sino con una mirilla que aporta inteligibilidad a parte importante de la historia de los años sesenta y setenta en Argentina. Un relato que nos deja ver que la historia de la izquierda no es sólo, o no es tanto, una historia de las identidades políticas de la izquierda, de sus formalizaciones reunidas bajo una misma denominación, sino la historia de sus diferenciaciones, de los desvíos, de sus contingencias, de la proliferación de nombres —e incluso en este caso, de su disolución, en otro nombre. Esta historia de las FAR que nos ofrece Mora González Canosa constituye “un hecho bien relatado”.

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