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Cultura & Espectáculos

"La vis cómica" de Mauricio Kartun y el poder de la risa

Ser actor no es tarea fácil y mucho menos si se trata de una compañía teatral española que llega a Buenos Aires en la época del Virreinato, sin dinero para sostenerse y encima, con un perro que habla. A sala llena en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC), llega La vis cómica, una obra del gran Mauricio Kartun a la que no le falta nada.

A lo largo de cinco escenas, la historia sigue a Angulo, el malo (Horacio Roca), un astuto comediante que llega a Buenos Aires acompañado por su sufrida mujer Toña (Stella Galazzi), el dramaturgo Isidoro (Luis Campos) y su mascota Berganza (Cutuli), un perro narrador inspirado en la novela cervantina El coloquio de los perros. El verdadero conflicto aparece cuando los personajes (que aunque sean españoles, no utilizan el acento) chocan con la realidad: el único espacio para desarrollar su arte está cooptado por el oficialismo, y los “artistas” habilitados son prácticamente voceros del Virrey de turno. No hay lugar para nada más.

Más allá de las desgracias que atraviesan los personajes situados en otro contexto político y social, La vis cómica está cargada de un humor que encaja perfectamente en nuestra actualidad. Además, se trata de una obra que reflexiona sobre su propia naturaleza y es en este sentido que el juego metateatral es el pretexto perfecto para poner en evidencia un tema que persiste: la relación entre los artistas y el poder.

Antes de llegar al CCC, la obra tuvo otras dos temporadas en el Teatro Caras y Caretas y previamente se estrenó en el Teatro San Martín. Durante ese período, recibió cinco Premios ACE, cuatro nominaciones a los Premios María Guerrero 2022, y representó a Argentina en el Festival Internacional de Teatro de Caracas, en el Festival Internacional de la Cultura de Boyacá en Colombia, y en la Temporada Internacional del Teatro Solís en Montevideo.

En diálogo con Diario con Vos, Mauricio Kartun contó cómo fue el desarrollo de la obra y compartió su visión sobre el estado actual del campo cultural en una Argentina bastante distópica.

-¿Cómo empezaste con La vis cómica?

En el 2013 el Centro Cultural de España me invitó a escribir una pieza inspirada en alguna de las Comedias Ejemplares de Cervantes, que cumplía entonces sus cuatro siglos. Me embalé con un fragmento del Coloquio de los perros donde uno de ellos, un pichicho atorrante, cuenta unas experiencias deplorables como mascota de una compañía de teatro. Me divertía mucho la idea de esa mirada crítica y jodona desde los ojos del animal. Y se me juntaba bien con un viejísimo proyecto que había imaginado alguna vez, de una compañía de teatro española y sus desventuras en América. Me demoré en presentar el proyecto y ya otro autor estaba trabajando sobre esa novela así que no participé de aquel ciclo. Pero el imaginario es impiadoso. Cuando le hacés lugar en la cabeza a un mundito, no te abandona fácil, empieza a caderear y corre a los demás. Me volvían cada tanto imágenes e ideas de aquello y en el 2018 finalmente me senté y escribí la primera versión. Se estrenó en el 2019 en el San Martín, y desde entonces, ya en cooperativa como nos gusta, no ha parado.

"El imaginario es impiadoso. Cuando le hacés lugar en la cabeza a un mundito, no te abandona fácil, empieza a caderear y corre a los demás".

-¿Cómo lo llevaste a la escritura?

Me desalentaba la idea de tener que sostener el acento español de esos personajes. Me lo ponía medio vetusto. Respiré cuando pude instalar una convención que lo evitaba. Como siempre en la escritura, se trata de arrancar y dejar luego que sea el propio universo creado el que vaya resolviendo. Si tenés claro el sendero vas avanzando, los paisajes llegan solos y no te perdés en la maraña.

-En tus obras siempre hay un registro histórico. En este caso, ¿de qué fuentes te valiste para llegar a la representación colonial?

De todo un poco, como siempre. Mucho Cervantes. Y un librito precioso, con imágenes muy vivas de lo que fueron los elencos de aquella época: El viaje entretenido, un texto de 1603 de Agustín de Rojas Villandrando.  Y por supuesto mucha bibliografía sobre la colonia.

-En La vis cómica, lo peor con lo que se encuentran los personajes es que ya hay una compañía de teatro manejada por “el oficialismo” virreinal, por eso les cuesta muchísimo instalarse. Ya no en el virreinato, ¿qué vínculo hay entre el artista y el poder?

Siempre controvertido. El arte es un órgano más del cuerpo cívico. Aporta su función ventilante a ese organismo, y crece con él. Pero por su condición contrera puede (y suele) no estar de acuerdo con la cabeza de ese cuerpo. Y allí se instala la paradoja: ser parte pero estar contra. Así ha sido desde siempre. El poder ha tenido siempre tres posibilidades: soportarlo, acallarlo o cooptarlo. Aceptar al arlequín que ironizaba en la plaza, echarlo de ahí, o contratarlo de bufón en la corte. Y el artista las de mantener su autonomía o venderse.

(Sobre el arte) "El poder ha tenido siempre tres posibilidades: soportarlo, acallarlo o cooptarlo. Aceptar al arlequín que ironizaba en la plaza, echarlo de ahí, o contratarlo de bufón en la corte. Y el artista las de mantener su autonomía o venderse".

-La obra es una tragedia cargada de humor. ¿Cómo te llevas con la risa del público? ¿fue cambiando con el tiempo?

La risa es la gran manifestación espectacular. La nota que nos afina como instrumento. Una vibración social que nos hace sentir público, en el sentido literal de la palabra: “aquello que se hace visible para el pueblo”. En el teatro nos da además un soporte importante para la atención del espectador, porque lo mantiene en contacto magnético con el escenario. Es medio y es fin. Y es difícil de conservar porque vive cambiando, atada a la cola de la moral de época. Por eso vemos en Volver una comedia de los ´70 y nos parece pavota.

-Hace veintisiete años se creó la Ley Nacional de Teatro y del Instituto Nacional de Teatro. ¿Qué significó para la escena de ese momento? 

El gran cambio. Argentina es hoy una especie de rara potencia teatral. Y Buenos Aires una de las capitales mundiales más importantes en ese quehacer. Lo hemos visto evolucionar año tras año, en la cantidad y sobre todo en la calidad de sus propuestas. Y nos ha ido enorgulleciendo ver cómo fue optimizando funcionamiento, con un Instituto del Teatro que requiere muy pocos fondos (que no salen del presupuesto nacional bruto) y que genera, en su objetivo de facilitar acceso a la cultura, un rédito muchísimo mayor.

"Argentina es hoy una especie de rara potencia teatral. Y Buenos Aires una de las capitales mundiales más importantes en ese quehacer".

-Si bien después hubo una modificación al texto que lo reducía a un programa de la Secretaría de Cultura, en un primer momento el proyecto de ley ómnibus quería hacer desaparecer el Instituto Nacional de Teatro. ¿Qué peligros atraviesa en la actualidad?

Perder el INT o tenerlo desfinanciado es una catástrofe. Sin ese mecanismo virtuoso la producción independiente, así como sus espacios, sufrirían muchísimo. Pero lo que es más grave: se detendría ese mecanismo del que hablaba antes, círculo virtuoso, que hoy funciona afinadísimo, y que vaya a saber alguna vez consigue volver a funcionar así.

-En esa línea, ¿hay experiencias del pasado que puedan servir como herramientas para entender lo que pasa hoy?

Hemos padecido otras políticas económicas liberales durante la dictadura y en el menemato. Conocemos sus efectos demoledores sobre la industria nacional, sobre las pequeñas empresas, las jubilaciones, y sobre ese sector medio, en general, que moviliza todo lo que sea crecimiento. La experiencia nos señala que una vez más van a romper todo y rajar. La tragedia es que cuando se van dejan campo arrasado. Por eso es tan importante ejercer la opción de resistencia a esas medidas. Si consiguen instalarlo desbaratan mecanismos preciosos que cuesta luego muchísimo reponer.

La experiencia nos señala que una vez más van a romper todo y rajar. La tragedia es que cuando se van dejan campo arrasado. Por eso es tan importante ejercer la opción de resistencia a esas medidas.

-Solés hablar de la cultura y particularmente del teatro como un mecanismo de “supervivencia” ante la realidad. ¿Qué potencial tiene el teatro en contextos como el actual, donde nos encontramos con una Argentina en la que se vuelven a discutir cosas que socialmente ya parecían saldadas?  

Sumarse a pensar. El arte piensa. El teatro, igual que otros ritos te pone en estado de entusiasmo, de “en tu theos”, en tu dios, y en ese estado receptivo invita a tu cabeza a concebir. El arte es una forma analógica de pensamiento. Su función está tanto en el fenómeno, el placer que produce el espectáculo, como en su epifenómeno: lo que produce en las cabezas. Por eso solemos joder con aquello de que las buenas obras son las que sobrevuelan la milanesa cuando fuiste a comer después a la salida.

-¿Ahora estás trabajando en nuevos proyectos?

Trabajo en estos meses en un texto híbrido: unos monólogos que montaré en sala alguna vez, pero escritos de tal manera que configuran a su vez una novela, que podría leerse como tal. Experimento por ahora. Veremos qué sale…

La vis cómica se puede ver los sábados a las 19.30 en la sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación. Las entradas se consiguen a través de https://publico.alternativateatral.com/. Duración de la obra: 90 minutos.

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