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Sociedad

Ansiedad y depresión: una pesadilla de los jóvenes ignorada por el Estado

La salud mental es un tema que hasta no hace mucho tiempo era vinculado únicamente a patologías psiquiátricas graves, estigmatizadas como “locura”. En los últimos años, y especialmente con la llegada de la pandemia, crecieron las consultas sobre otro tipo de trastornos menos dramáticos, pero igual de atendibles. La ansiedad y la depresión son moneda corriente en una sociedad muy machacada, y sin embargo, todavía no son tratadas con la importancia que merecen.

Hace pocas semanas se conoció un estudio realizado por la socióloga e investigadora del Conicet, Gabriela Irrazábal, en el que detalla cómo afectó la pandemia y el encierro en materia de salud. “Le preguntamos a las personas cómo se sentían y qué problemas de salud habían tenido en el último año, y ahí salió solo el tema de la salud mental”, explicó la investigadora a Diario Con Vos.

Según sus resultados, de 4.537 encuestados, la mitad sufrió trastornos de ansiedad en el último año y casi cuatro de cada diez, depresión. Llevado a números, esto muestra un 47,2% y 36,8%, respectivamente; además de un 14% que declaró padecer afecciones psiquiátricas.

La mitad de los encuestados sufrió trastornos de ansiedad en el último año y casi cuatro de cada diez, depresión. Además, la mayoría son mujeres jóvenes.

Otro estudio de la misma Irrazábal, que se desprende del anterior, se centra en cómo la pandemia afectó a las mujeres. En el mismo se puede ver que este grupo declaró padecer más ansiedad, depresión y demás cuestiones psiquiátricas que los varones, y sobre todo las más jóvenes.

En esta línea, de 2.453 mujeres encuestadas, un 52% dijo haber sufrido algún trastorno de ansiedad, el 37,3% depresión, y el 16,4% padeció cuestiones consideradas psiquiátricas. En hombres, estos números son del 40,7%, 35,4% y 10,5%, respectivamente.

Las mujeres manifiestan más sentimientos que los varones, que han sido educados para negarlos. Estos estudios se suelen hacen por consulta, es probable que los varones tengan ansiedad y ni la registren". (Alicia Stolkiner)

En este sentido, Alicia Stolkiner, profesora titular de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la UBA, aseguró a Diario Con Vos que "las mujeres manifiestan en general más sentimientos que los varones, que han sido educados para negarlos". Por lo tanto, como los estudios "se suelen hacen por consulta o por cuestionarios, es bastante probable que los varones tengan ansiedad y ni la registren".

Si se comparan todos los datos recopilados con el estudio dirigido por el Dr. Juan Carlos Stagnaro en 2018, se puede ver que hubo importantes aumentos en los trastornos de ansiedad -que pasaron de representar un 16,4% a un 47,2%- y los trastornos del estado de ánimo -que pasaron del 12,3% al 36,8%-.

¿A qué se debe este incremento?

Para responder a esta pregunta, Stolkiner indicó que existe “una sumatoria de problemáticas globales de la sociedad que hacen a la perspectiva de la construcción de futuro y de la propia identidad con respecto a lo que uno es”. De esta manera, advirtió que “la presencia de la muerte y la pandemia son factores que hacen a la construcción de sufrimiento psíquico”, y que particularmente en la población joven nota “mucha dificultad para organizar sus propias vidas”.

Alicia Stolkiner, profesora de Salud Pública y Salud Mental de la Facultad de Psicología de la UBA.

“Tenemos una sociedad con niveles muy altos de estrés desde antes de la pandemia, venimos con tres, cuatro años de crisis económica importante. Hay estudios que muestran la relación entre las problemáticas de salud mental, recesión, desempleo y crisis económica. Si a esto vos le sumas la alteración de la vida cotidiana y las formas de vincularse por la pandemia, estamos en presencia de un sufrimiento colectivo importante”, aseveró la psicóloga.

Según datos del Ministerio de Salud, las consultas a través de la línea de comunicación de ayuda psicológica y apoyo psicosocial entre mediados del 2020 y fines del 2021 en menores de 18 años estuvo relacionado en un 17% a crisis de ansiedad y un 44% por angustia, mientras que en poblaciones mayores estos números se reducen.

Hay estudios que muestran la relación entre las problemáticas de salud mental, recesión, desempleo y crisis económica. Sumado a la pandemia, estamos en presencia de un sufrimiento colectivo importante”. (Alicia Stolkiner)

De esta manera se puede ver que los jóvenes son, efectivamente, quienes más sufren psíquicamente estos padecimientos. Las expectativas de un futuro agradable son cada vez más reducidas: crisis económica, pandemia, cambio climático y las consecuencias que esto conlleva, sumado al uso desmedido de redes sociales, son un combo explosivo en la psiquis de muchos jóvenes.

Según Stolkiner, las redes “tienen un funcionamiento que más que provocar una cosa dialogal y de reflexión, promueve mucho enfrentamiento”. En este sentido, afirmó que estos espacios pueden producir depresión y pérdida de autoestima debido a la confrontación que se da entre usuarios. También se generan comparaciones con respecto a lo que vemos en otros usuarios y nuestras propias vidas, lo que puede profundizar inseguridades con uno mismo.

¿Qué se hace al respecto?

La psicóloga afirmó que “la respuesta para este tipo de problemáticas traumáticas que son colectivas, se procesan también colectivamente” y que, si bien existen tipos de “asistencia individual, también se necesita una respuesta social”. Sin embargo, esta respuesta social y colectiva -que está claramente en manos del Estado- no es abordada con la potencia que se esperaría.

Según la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 -sancionada en 2010 y reglamentada en 2012- el Estado debe destinar el 10% del gasto total de salud a salud mental, y a su vez, las provincias tienen que adoptar el mismo criterio. Sin embargo, según datos recopilados por la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) con respecto al presupuesto 2021, se destinó solo el 1,47% a salud mental.

Según la Ley de Salud Mental, el Estado debe destinar el 10% del gasto total de salud a salud mental, pero hasta el momento nunca se superó el 2,05%.

Si bien uno podría atribuir esta merma al contexto epidemiológico y las importantes inversiones que se debieron realizar para reducir el impacto del coronavirus, esto es algo que se repite año a año, con más o menos las mismas cifras. La ley 26.657 proponía alcanzar ese 10% en un plazo progresivo de no más de tres años, pero los datos muestran que eso no ocurrió: desde 2015, el gasto más alto que hubo destinado a la salud mental fue del 2,05%, en ese mismo año. A partir de ahí se puede ver una tendencia a la baja preocupante.

Fuente: Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia

A su vez, la gran parte de ese reducido porcentaje es destinado al financiamiento de instituciones psiquiátricas, por lo que quedan librados al azar miles de personas que no reciben información ni tratamiento adecuado para sus trastornos. Esta falta de atención solo logra que muchos ignoren su condición y decidan buscar tratamientos alternativos para encontrar una solución, o que ni siquiera se traten.

En este sentido, el estudio de Irrazábal muestra que, de los encuestados que declararon haber sufrido depresión, más de la mitad no acudió a un profesional de la salud mental, y los que sí lo hicieron representan solo el 34,9%. De esta manera, se refleja un 35,1% que no recurrió a nadie, un 15,7% que acudió a un amigo o familiar, y un 4,1% que hizo lo propio con un líder religioso. Estos números son muy similares en aquellos que tuvieron ansiedad, que se resume en un 42,4% que se acercó a un profesional de la salud mental.

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Stolkiner dijo al respecto que "dentro de todo, la sociedad argentina es bastante afín con el tratamiento psicológico en comparación con otros países", pero que "la gente se asusta cuando se nombra la psiquiatría", por lo que aún se debe hacer una "deconstrucción a nivel social" en relación a estos servicios. De todas maneras, alertó también que "en este momento hay un consumo bastante descontrolado de psicofármacos", como ansiolíticos.

Es justamente por esto que es necesaria una mayor atención del Estado en estos temas para que la población esté informada en relación a los males que pueden estar acarreando sin siquiera tenerlos identificados, pero también sobre las soluciones posibles, que se tome conocimiento real de los pros y contras de cada una y poder romper con los estigmas.