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Política

Alejandro Vilca, el recolector de basura trotskista que puede vencer al peronismo en Jujuy: "Que un obrero de apellido coya dispute una banca irrita a los políticos"

Por Juan Tenembaum

Alejandro Vilca nació en un barrio obrero de Jujuy. Su mamá, mucama, crió sola a 6 hermanos. Durante su adolescencia, a fines de los 90', comenzó a acompañar las movilizaciones de los trabajadores desocupados de Jujuy, camino que lo llevaría a sumarse al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y hoy, a disputar una de las bancas jujeñas en la Cámara de Diputados. El suyo fue el distrito en que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo su mejor resultado. 

—Consiguieron un impresionante resultado en las últimas PASO, el mejor de tu historia... 

—Sí, y uno de los mejores resultados de la historia de la izquierda en cualquier distrito, con un 24%. Es un orgullo y una gran responsabilidad, porque hay gente que se siente muy representada por nosotros. Es un gran desafío también. 

—¿Cómo se logró esa elección?

—Explicar el resultado de la izquierda en Jujuy no se puede hacer sin mirar la situación nacional. El FIT cobró fuerza en muchas provincias, como Chubut, Santa Cruz y Neuquén, también gracias al trabajo de compañeros como Nicolás del Caño o Myriam Bregman. 

En todo caso, la situación nacional es muy especial. El gobierno de Alberto Fernández generó expectativas en muchos sectores que creían que les iba a devolver lo que Mauricio Macri les quitó. Llenar la heladera, poder comer asado. Pero no sucedió, por lo que hay mucha decepción y bronca, que se expresó tanto por izquierda como por derecha en las últimas elecciones. 

Algunos medios fogonearon a los sectores de ultraderecha, como Javier Milei o José Luis Espert.

—¿Por qué se expresó así esa bronca de la que hablás, para los dos extremos? 

—En algún sentido, algunos medios fogonearon a los sectores de ultraderecha, como Javier Milei o José Luis Espert. En cambio, no visualizaron los resultados de la izquierda y, en ese marco, lo de Jujuy. Además, nuestra provincia tiene un condimento especial. Gerardo Morales, el gobernador, fue uno de los mejores aliados de Mauricio Macri, y hoy es uno de los gobernadores opositores más afines al gobierno.

El PJ, por su lado, fue el principal aliado para cogobernar la provincia, lo que fue muy chocante para mucha gente. En el medio, las necesidades de la gente siguieron existiendo. el hambre, los salarios bajos. Todo el mundo ve que el PJ no es una oposición, entonces muchos se volcaron al Frente de Izquierda. Eso nos valió el gran resultado, además del reconocimiento a nuestra larga militancia en la provincia. 

—¿Pueden lograr superar al peronismo y entrar al Congreso? 

—Está abierto el panorama. La crisis interna del gobierno, las renuncias y las peleas no cayeron muy bien entre las personas. Además, no se ve todavía un cambio de rumbo económico. A pesar de que se habla de parar el ajuste, eso no llegó a los bolsillos de la gente. Solo se ve la pelea, y eso puede generar que el FDT no crezca mucho más en la cantidad de votos. En la calle la gente te dice que repudia esas cosas, y eso podría generar que, sumado a nuestro envión, alcancemos al FdT y al PJ para ser segunda fuerza en Jujuy, algo inédito

—¿Cuál es la composición social de los votantes del FIT en Jujuy? ¿Es una clase media universitaria o más de clases bajas? 

—Nuestros votos vienen de muchos de los sectores de trabajadores más explotados y precarizados. Trabajadores rurales, del tabaco, de la agroindustria, del azúcar, los sectores precarizados de la ciudad, los más explotados. Hay una barriada muy importante en los bordes de la ciudad, donde le ganamos en muchas mesas al FdT y a Cambiemos. Por eso fuimos segunda fuerza en la localidad de Belgrano, donde queda San Salvador de Jujuy, y Palpalá. Nosotros identificamos a nuestro potencial votante en los barrios más explotados y las barriadas populares

—Los partidos del FIT tienen como costumbre bancar diversas medidas de fuerza, desde huelgas a piquetes. Para vos, ¿esa política suma votos?

—En Jujuy nosotros acompañamos y dimos varias luchas. Nos ganamos un respeto, y es parte de nuestra tradición acompañar cada lucha de los trabajadores. En el Ingenio La Esperanza, por ejemplo, contribuimos con nuestros sueldos de legisladores para bancar a los trabajadores, que no cobraron por tres meses. Pero también estuvimos con los colectiveros de San Salvador de Jujuy, los mineros del Aguilar y otros sectores.

El secreto está en nuestra militancia estructurada, con agrupaciones, dirigentes obreros reconocidos y candidatos que vengan de la clase trabajadora".

Eso nos valió un reconocimiento. No somos solo una fuerza electoral: tenemos militancia en el movimiento obrero. A diferencia de otros distritos, donde la izquierda tiene un pico y baja, nosotros venimos manteniendo una seguidilla de muy buenas elecciones. El secreto está en nuestra militancia estructurada, con agrupaciones, dirigentes obreros reconocidos y candidatos que vengan de la clase trabajadora. 

—Como vos. 

—Sí, claro. Yo soy recolector de residuos. Pero otro compañero, que ganó las elecciones en Palpalá, es delegado de la fábrica de acero SAPRA. Otros dirigentes vienen de los ingenios o son trabajadores rurales. Eso nos mostró como una corriente política genuina, de la clase trabajadora, y nos diferenció mucho de los otros partidos

—¿En qué sentido? 

—En algunas provincias, como Jujuy, el poder político es bastante feudal, con castas políticas arraigadas en el poder económico. La gran mayoría de quienes nos gobiernan son los grandes terratenientes, dueños de empresas, voceros de las grandes mineras y de los grandes ingenios azucareros.

Que un obrero con un apellido tradicional, coya, esté disputando una banca, los irrita mucho.

Es muy loco: los representantes de Jujuy en el congreso son esos tipos, todos con apellidos “ilustres”. Entonces, que un obrero con un apellido tradicional, coya, esté disputando una banca, los irrita mucho. Deja de ser una cosa de radicales, peronistas y la izquierda y se convierte en una cuestión de una clase contra la otra. Eso genera una gran empatía. Apuntamos a que los trabajadores vean que, también a través del voto, se puede enfrentar a los poderosos. La gente ve la campaña como suya, y les da fuerza para encarar otras luchas, como el pase a planta permanente, salud y educación.

Vilca con sus compañeros recolectores de residuos.

—El pase a planta permanente fue una de las luchas que diste como dirigente sindical. 

—Sí, yo era dirigente del SEOM en ese momento, el histórico sindicato del Perro Santillán. Era dirigente de la recolección de residuos, precarizado. Ahí luchamos por el pase a planta permanente, armamos una coordinadora provincial de trabajadores en negro, con trabajadores de la salud, la educación, viales, de la administración pública. Así le arrancamos la planta transitoria y la planta permanente al estado. Ahí me transformé en un dirigente más reconocido. Siempre fui delegado sindical hasta ser diputado provincial. Previo a esto, el Perro Santillán me expulsó del sindicato.

—¿Por qué? 

—Porque defendía el pase a planta permanente, mientras ellos querían que nos quedemos con contrato. Es un trabajo muy duro la recolección de residuos, que merecía el pase a planta permanente. En ese momento Santillán quería entrar al FIT, en la interna entre Nico del Caño contra Altamira, y nosotros les ganamos 90 a 10. Y después me expulsaron.

—¿Cómo es el barrio donde naciste? 

—Mi barrio original es San Isidro. Para algunos es un barrio denso, pesado. Es un barrio proletario, humilde. Yo nací ahí, pero mi familia vivía en Mariano Moreno, en un asentamiento. Mi vieja se separa de mi viejo y se queda sola, se va a vivir a mi barrio. Ahí nos criamos, en medio de la pobreza. Mi vieja estaba sola con cinco chicos más. Ella trabajaba de mucama de gente rica, de poder. Después entró a trabajar a un hospital

No tener nada en la panza genera preguntas. ¿Por qué no alcanza para comer? ¿Por qué yo soy pobre y otros chicos no? Eso de chiquito me generó un chispazo, de decir ´hay que hacer algo´.

En ese ámbito de pobreza empecé a percibir esa necesidad de que algo tenía que hacer por la sociedad. Cuando vos no tenés nada en la panza, y te duele, sentís que algo falta. Y eso genera preguntas. ¿Por qué no alcanza para comer? ¿Por qué yo soy pobre y otros chicos no? Eso de chiquito me generó un chispazo, de decir hay que hacer algo. Era demasiado chico para comprenderlo

—¿Y cuándo arrancaste a militar? 

—Fue en dos etapas. Empecé en mi adolescencia. Durante la época de Menem, las provincias del interior entraron en una crisis muy importante. Se pagaba con bonos, se pagaban tarde los salarios, y empezaron a haber luchas, movilizaciones. Me impactó muchísimo ver a los trabajadores en la calle enfrentándose a la policía, la caída de los gobernadores. Con mis compañeros de la secundaria nos sumábamos a las marchas, porque muchos éramos hijos de los obreros. Así entendí que la lucha social no solo podía cambiar nombres, sino políticas. Esa fue mi puerta de entrada.

—Después llegaste al trotskismo. 

—Sí, en la universidad. Mi vieja me pudo enviar a San Juan, a estudiar arquitectura. Ahí sí me ligué a las filas socialistas, anticapitalistas de la izquierda, al PTS, mi partido. Yo trabajaba y estudiaba, como muchos chicos sin recursos. Y llegó un momento donde no podía más, tuve un hijo, y no me alcanzaba la plata. Tuve que volver, y empecé a trabajar de todo: heladero, albañil, en una fábrica de plásticos, hice planos también. Entonces entré a la municipalidad. Yo fundé el PTS en Jujuy, fui el primero. 

—¿Seguís trabajando de recolector hoy que sos diputado provincial? 

—No me dejaron. La municipalidad y el sindicato me lo impidieron. Yo vivo en Alto Comedero, cerca de mi trabajo, y mis compañeros me pasaban a buscar para trabajar, pero los directores no querían. Iba de vez en cuando, o a escondidas cuando me pasaban a buscar. Pero los sigo viendo, siempre pasan para tomar unos mates o comer una picada. Tenemos una relación muy íntima, que también se construyó en la lucha, y en la dignificación del trabajo. 

—¿Cómo funciona saltar de la recolección de basura a la política? ¿Enfrentaste prejuicios por parte de otros dirigentes?

—Cuando me empezaron a invitar a los canales, los otros me miraban de reojo. Los peronistas, los radicales, me miraban como preguntándose "¿este qué sabe?", que es un laburante. Y eso uno lo toma con bronca, pero también como un desafío, diciendo yo también puedo. A pesar de que soy trabajador, de abajo, me preparo y puedo defender mis ideas y convicciones. Eso habla de lo que es el FIT, y buscamos que más trabajadores den ese paso y no se sientan menos. Rompimos el esquema de la casta, demostramos que los trabajadores podemos hacer política, no para hacernos ricos, sino para defender nuestros derechos y pelear por un gobierno de las mayorías, del pueblo trabajador. 

Me dicen mucho que les hago acordar a Evo Morales.

—Vos hacés algo que en general el trotskismo no hace: agregar la identidad cultural a la lucha de clase. Reivindicás tu identidad coya como parte de tu política.  

—Sí. Acá, el 80% somos descendientes de pueblos originarios, somos morochos, festejamos la Pachamama, el carnaval, el Día de los Muertos. Pero en el poder político la mayoría son todos blancos, con apellidos extranjeros. No reflejan el peso de la población trabajadora y originaria del norte. Vos venís a Jujuy y somos todos morochos, pero vas al Congreso y son todos gringos, rubios. Parece que son todos daneses o de los Países Bajos

El candidato de Morales es Gustavo Bohuid, la del FDT es Leila Chaher. No tienen nunca un Vilca, un Choqimamami,  un Quispe, no hay nombres de los tradicionales acá. Eso también es un problema de clase. Y es un desafío, porque van a hacer lo imposible para que no lleguemos al Congreso. Es un insulto para ellos que alguien como nosotros llegue ahí. Por eso nos preocupa que nos hagan fraude.

—¿Milagro Sala es una presa política? 

Sala ha sido utilizada como un chivo expiatorio. Los Movimientos de Trabajadores Desocupados fueron muy fuertes acá, sobre todo después del ´97. Se dieron Cutral Có, Tartagal, y hubo un estallido también en Libertador General San Martín que involucró a toda la provincia. El grito era "trabajo genuino". Gobernaba el PJ, que dio planes y creó organizaciones para contener a esa gente. En ese marco surgió Milagro Sala, junto con otras organizaciones, que produjeron viviendas, barrios, y acumularon poder político y económico. Cuando asumió Morales, tomó políticas represivas para eliminar a su oposición. Utilizó un Código Contravencional que hizo el PJ y lo aplicó contra las organizaciones sociales y todos los trabajadores.

Gerardo Morales

Morales copó toda la justicia con jueces propios y persigue a los que protestamos.

Después de Milagro Sala, llegó la represión y la judicialización de los trabajadores del Ingenio Ledesma, docentes y trabajadores de la municipalidad. Lo peor es que Morales copó toda la justicia con jueces propios. No hay independencia del poder judicial y se produce esto. Nosotros hemos tenido causas abiertas, despidos por ser opositor, y tenemos un compañero que no lo dejan asumir su banca porque somos de izquierda y opositores. Tiene un régimen de persecución a los que protestamos, que usa para flexibilizar y quitarnos derechos. 

—¿Qué relación tienen ustedes con esas organizaciones sociales?

—Acá muchas de las organizaciones han sido copadas por el PJ, por el FdT. Colaboran con sus candidatos, no son un movimiento independiente como era en el ´97, donde se armaban asambleas populares y se votaba. Son organizaciones afines al gobierno, con un sistema semi clientelar, y juegan para tal o cual partido. Juegan, muchas veces, con las necesidades de la gente. Estamos a favor de la ayuda social, pero no del clientelismo. Muchas de las bases de esas organizaciones, en repudio a su dirigencia, votan al Frente de Izquierda. Nosotros no manejamos planes, no tenemos asistencia social, y por eso es aún más meritorio haber llegado a este resultado, sin aparato ni fondos

—Tu figura me hace acordar a la de Evo Morales. 

—Si, me lo dicen mucho. Racialmente, los jujeños somos muy similares a Bolivia, por la cultura, la tradición, nuestra puna se conecta con el altiplano, nuestras yungas van para el chapare de Bolivia. Son geografías que nos unen muchísimo, además de la cultura. Y son movimientos que surgen de abajo. Lo que sí, somos una corriente que se reivindica trotskista, pero las ideas no son siempre dogmáticas, eurocéntricas. Acá nosotros interpretamos el marxismo de una forma dialéctica, real, concreta, que une a las tradicionales luchas de nuestro pueblo, raciales y de clase, con las ideas de la revolución y el poder de la clase trabajadora y los explotados. Por eso tenemos un diálogo muy directo con sectores de la clase trabajadora, que se nota en los resultados. Nosotros mostramos a una izquierda que es de los trabajadores, con vida propia en la clase obrera. 

—¿Tienen preponderancia en el sindicalismo? 

—Ahí el peronismo tiene mucha fuerza. El PJ colabora permanentemente con Morales, también a través de los sindicatos que dirigen. Lograron frenar y dividir las luchas de los trabajadores. Ese fue su rol más importante en el gobierno de Morales. Los dirigentes son peronistas y dejan pasar ajustes y despidos. Ahí se generan luchas independientes, donde se terminan formando nuestras agrupaciones. 

—¿Hay algún departamento que apunten a ganar, a potencialmente conseguir el gobierno?

Apuntamos a ganar, en algún momento, Palpalá, San Salvador de Jujuy y Humahuaca. En Humahuaca estamos muy parejos en el segundo lugar, muy cerca del FdT y de Cambiemos. Son lugares donde nos está yendo bastante bien, pero hay que ver qué es lo que nos depara. Los escenarios electorales también son muy cambiantes. 

Estoy pensando que el 11 de diciembre vuelvo a la recolección: mis compañeros me están esperando"

—¿Cuando termines tu período como legislador, vas a volver a trabajar de recolector? 

—Sí, ese trabajo me encanta y lo extraño. Es como cuando te vas de viaje y empezás a extrañar tu casa. Mis compañeros me vienen a buscar, a verme, a charlar, mantenemos la relación. No tengo en mi cabeza que estamos ahí de entrar al congreso. Estoy pensando más que el 11 de diciembre vuelvo a la recolección: mis compañeros me están esperando. Si no pasa, será para brindar. No me quita el sueño. 

Lo que me apasiona es lograr ponerle un palo en la rueda a este régimen jujeño tan opresivo, corrupto y restrictivo. Eso sería algo histórico para los trabajadores. Sería la primera vez que un laburante así llega al Congreso desde Jujuy. 

—¿Te ves cantando la internacional en quechua? 

 –Sería un desafío muy lindo, pero se perdieron mucho los idiomas de los pueblos originarios. Prácticamente no se hablan, la migración interna desconectó a los abuelos de los más jóvenes y el idioma se fue perdiendo. 

—¿Qué proyectos presentarías en el congreso si llegases?

Por un lado, acompañar el trabajo que vienen realizando los compañeros que ya están ahí. Lo fundamental sería recuperar el poder del salario, crear puestos de trabajo en base a impuestos progresivos a las grandes fortunas, y el no pago de la deuda externa, una reivindicación nuestra histórica. Más en particular, queremos presentar un proyecto de ley interzafra o intercosecha, para defender a los trabajadores golondrina. Que tengan un ingreso que les permita sostener a su familia, mantengan la obra social y se compute el tiempo de cosecha o zafra como anual para poder jubilarse. Son el sector que sufre los mayores abusos.

Ellos trabajan la manzana, la oliva, la vid, en condiciones inhumanas. Hay plantaciones de tabaco, como La Virginia, que parece que están en el siglo XIX. Casillas de 2x3 donde viven familias completas, o muchas familias con un solo baño que es una letrina. Es triste y les pagan muy poco, mientras que los dueños de las tierras y las plantaciones son los políticos. Hay odio de clase. Esta gente que está en el poder se cree dueña no solo de la tierra, sino de la vida de la gente.

Está pasando