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Columnistas

Diana Taurasi, la mejor basquetbolista de la historia, admira a Evita y es canalla fanática

Por Federico Yañez

El 19 de octubre comienza una nueva temporada de la NBA que está celebrando sus 75 años y que tendrá a tres argentinos: Facundo Campazzo, Gabriel Deck y Leandro Bolmaro. Ese mismo día, siempre que haya quinto juego, se definirá la final de la WNBA, la rama femenina, que tiene como máxima figura a Diana Taurasi, la Michael Jordan de las mujeres, cuasi argentina e hincha de Rosario Central.

Taurasi juega desde 2004 en Phoenix Mercury, equipo con el que ganó tres veces la liga, y busca el cuarto anillo contra Chicago Sky, todavía sin campeonatos. Para llegar a la final, derrotaron a Las Vegas Aces en el quinto juego de la serie, que le trajo una segunda noticia grata. Mientras estaba en Nevada, su esposa Penny Taylor le avisó que estaba por nacer su segunda hija. Taylor también empezó en Phoenix, pero se conocían de enfrentarse con los seleccionados de Estados Unidos y Australia, donde nació Penny. De hecho, jugaron en contra en las finales de los Juegos Olímpicos de 2004 y 2008, donde Diana se quedó con las dos primeras medallas de oro de las cinco que tiene. Hasta 2005, Taylor estuvo casada con el jugador de voley brasilero Rodrigo Rodriguez, pero en 2017 formalizó con Taurasi, con quien en 2018 tuvieron a Leo, su primer hijo.

Uno de sus apodos es White Mamba, la versión blanca de Black Mamba con el que se llamaba a Kobe Bryant.

Al tiempo que la liga masculina está cumpliendo 75 años, la femenina celebra sus primeros 25 y Diana fue elegida por el voto popular de los hinchas como la mejor jugadora de la historia. En la votación superó a leyendas como Cynthia Cooper, Candance Parker, Maya Moore y su amiga Sue Bird, compañera en la Universidad de Connecticut, donde ganaron dos títulos de la NCAA, además de los cinco oros olímpicos que lograron entre 2004 y 2021. Bird está casada con Megan Rapinoe, capitana del seleccionado femenino de fútbol de Estados Unidos, y es una de las voces más potentes del deporte –junto a LeBron James– que se levantó contra Donald Trump.

Con la camiseta de Argentina en sus manos.

Sin personalizar en el ex presidente, pero sí con un alto grado de sutileza, en 2019 Diana dejó su marca cuando en el primer partido de la temporada salió a jugar con un par de zapatillas con las caras de Ruth Bader Ginsberg, la primera mujer en la Corte Suprema, y la de Eva Perón. En el lateral de su zapatilla se leía la frase "sé que, como toda mujer del pueblo, tengo más fuerza de la que parezco tener", que había sido usada por la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez para responderle a Trump, quien la había comparado en tono despectivo con Evita.

“Quería homenajear a dos mujeres que tuvieron un impacto grande en la sociedad. Que no tenían miedo de decir cosas que en esa época no se podían decir, que mucha gente quería decir pero no tenía el apoyo. Eva luchó por la mujer, por los que menos tienen. Dejó su huella en muchas formas”, dijo diana , y contó que fueron sus padres quienes se la inculcaron.

Con su esposa Penny Taylor, también basquetbolista, tienen dos hijos.

Diana es hija de Mario, italiano, y Liliana, rosarina. Su padre llegó a los cinco años a la Argentina, donde jugó profesionalmente como arquero y conoció a su madre. Años después, migraron a Estados Unidos donde nacieron sus hijos. De los dos heredó la pasión por el fútbol y de ella, especialmente, el fanatismo por Rosario Central. Entre 1994 y 1995 vivió en Rosario. Uno de sus recuerdos es haber estado en el Gigante de Arroyito el día del 4-0 y los penales contra Atlético Mineiro que le valieron la Copa Conmebol. “Yo, si hay un partido de la Selección y otro de los Lakers, miro el de Argentina. Y si hay un partido de Central y otro de los Suns, miro el de Central. No tengo dudas.”

Si hay un partido de la Selección y otro de los Lakers, miro el de Argentina. Y si hay un partido de Central y otro de los Suns, miro el de Central.

La elección como la mejor de la historia de la liga se sustenta en sus números: tres anillos de la WNBA, dos premios a la mejor jugadora de las finales, diez selecciones para el All Star Game, máxima goleadora del campeonato con más de 9000 puntos, además de las medallas olímpicas y los tres mundiales que ganó con el seleccionado. Con el equipo nacional obtuvo su primer título con el Sub 18 en el FibaAmericas de 2000 que se hizo en Mar del Plata.

En 2019, ya con el equipo mayor, estuvo en Bahía Blanca para el preolímpico que se hizo en la ciudad de Pepe Sánchez y Manu Ginobili, con quien se ha cruzado más de una vez en Estados Unidos. Lo mismo con Luis Scola, con quien compartió organización cuando el ex capitán del seleccionado jugaba en los Suns, el equipo masculino de Phoenix. Conoció a Diego Maradona en los Juegos Olímpicos de Beijing, pero le falta encontrarse con Lionel Messi. En ese torneo Estados Unidos barrió con Argentina con un lapidario 91-34. Aunque Diana no anotó puntos, tomó dos rebotes y dio dos asistencias, en un gesto de respeto al país de su familia o solo porque a veces demuestra que puede ser terrenal.

El respeto no se circunscribe solo a las mujeres, sino también a los hombres que juegan al básquet. Uno de sus apodos es White Mamba, la versión blanca de Black Mamba con el que se llamaba a Kobe Bryant que justamente fue quien bautizó a Diana de esa manera. Era tal la reverencia de Kobe para con ella que llegó a declarar que podría tranquilamente jugar en la NBA contra hombres. La relación trascendió lo deportivo y el día del funeral del jugador de los Lakers, equipo del que ella es hincha, fue la primera oradora de un acto que tuvo su pico con el discurso de Michael Jordan. “Kobe y Gigi están en el corazón de Los Ángeles y los ángeles nunca mueren. Te queremos mucho”, fue el cierre en español dedicado a Vanessa, la esposa de Kobe y madre de Gianna, una sus hijas que también murió tras la caída del helicóptero que los llevaba.

Taurasi habla en el funeral de Kobe Bryant.

Taurasi, que puede jugar de base o escolta, hace todos los años la doble temporada puesto que la WNBA dura solo cinco meses. Cuando termina la liga, ella viaja a Europa para hacer la segunda parte de su itinerario y jugar con el UMMC Ekaterimburgo de Rusia. También jugó en el Spartak y en el Dynamo de Moscú, y en el básquet turco defendió las camisetas del Galatasaray y el Fenerbahce.

Mientras busca un nuevo anillo en la mejor liga del mundo, Taurasi sigue edificando una carrera que no merma pese al paso de los años y que hace 25 años la tenía jugando al básquet en un club de barrio en Rosario, a la espera de que su talento haga el resto.