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Cultura & Espectáculos

Augusto Tartúfoli: "Votamos candidatos que sean buenos panelistas en televisión"

Por Andrea Ruggieri

No mira series. Lee a Jacques Derrida y opina de política en Twitter. Augusto Tartúfoli, “Tartu”, empezó haciendo periodismo de rock a mediados de los '80 y asegura que “la gente” lo llevó adonde está hoy.

Tampoco ve La Voz. De la TV actual solo le gustan Darío Barassi y Jey Mammon. No cree que Caja Negra esté haciendo algo nuevo, aunque valora que el ciclo de entrevistas busque otras voces. Cree que antes “había más riesgo creativo en las publicaciones” y asegura que la mejor producción de la tele es la de Telefé Noticias. Y no duda en afirmar que “el periodismo es un oficio ingrato”.

¿Qué cambió del momento en el que arrancaste en el periodismo de espectáculos a este?

–Para los de antes, tipo Jorge Lafauci -un divino–, ser periodista era ser amigo de la estrella: periodismo de acceso. Los tiempos eran otros: le contaban algo en un té y lo publicaban a la semana. Hoy por hoy cualquiera levanta la mano y dice que vio a Lali tratando mal a la empleada en un café y ella a los 15 minutos sale a desmentirlo y la gente le va a creer  porque son sus fans. Por eso lo que está en juego ahora es la credibilidad y el periodista no puede rifarla

Hoy cualquiera levanta la mano, dice que vio a Lali tratando mal a la empleada en un café y ella sale a desmentirlo a los 15 minutos. Y la gente le va a creer”. 

–¿Tuviste algún juicio?

–Sí, pero fue muy de rebote. Yo era uno de los editores de Pronto, hicimos una nota con una persona que contó que el presidente del Club Español le había mandado a quemar la casa. Entonces, bajo la figura de injuria propagandis, la persona que se sintió aludida nos hizo juicio a los que la publicamos. Después lo ganamos. No pasó nada. Pero por chimentos no tuve ni uno. Uno puede contar cosas, pero tiene que saber cómo hacerlo. Lucho Avilés decía: “la gente ama a sus ídolos”. Por eso, si a vos un personaje no te copa y lo matás, la gente te lo va a hacer saber, porque ellos no quieren escuchar eso. 

–¿Hay límites para hablar de los famosos? 

Se puede hablar de todo. Hay cosas que no decís porque hay personajes con los que tenés más empatía. Además nosotros, los que nos ocupamos de los chimentos, tenemos un “clearing” donde nos pasamos información unos a otros porque sabemos que hay otro que la va a decir mejor. Yo lo hago permanentemente: todos los días paso chimentos. Es como decía Baudelaire: “La verdad es una piedra caliente en la mano y como no se aguanta hay que pasársela a otro”. Todo se sabe, por eso: si Fabiola hacía una clandestina en Olivos, se iba a saber.

Fabiola Yáñez, la Primera Dama y su cumpleaños en cuarentena

–¿Fabiola es un lastre o un plus para Alberto? 

–Hoy por hoy le está jugando en contra, pero solo por esta situación de la foto. Fabiola está pagando el precio de su propia cholulez y de ese lugar de celebrity. En este momento Argentina tiene quilombos más grandes, pero es tristísima esa foto de cumpleaños rodeada de asistentes y peluqueros.

“Fabiola le está jugando en contra a Alberto: ella está pagando el precio de su propia cholulez”.

–¿Qué pasa con los amigos de los famosos?

–No los tienen. No es que yo sea muy fan de la amistad. Pero esta gente nunca tuvo amigos. Ahí no hay lealtades. Igual, no me queda claro quién filtró esa foto tan mal sacada.. tal vez fue alguien del personal de servicio que estaría muy incómodo con la situación.

–¿Qué tienen en común el espectáculo y la política?

–La política se monta en la lógica del espectáculo. Hoy por hoy estamos eligiendo panelistas para televisión en las elecciones. Está Martín Tetaz, que sabe desenvolverse en los medios porque estuvo 10 años con Lanata, Leandro Santoro que habla bien, Gisela Marziotta que es una experiodista…

Wanda Nara, Pampita y la familia de Diego Maradona

"La exhibición de los bienes de consumo me parece lo más deserotizante del mundo".

–¿Qué mérito tiene Wanda Nara?

–Encarnar un aspiracional. Todo el mundo te va a decir: “qué bien la hizo”. A mí no me parece un personaje atractivo. No le veo ningún valor. ¿Armar una familia? La señora de al lado también lo hizo. ¿Cuál es su rock? La exhibición de los bienes de consumo me parece lo más deserotizante del mundo. Hay que ver qué pasa cuando el flujo de caja se termine.

–¿Pampita maneja su vínculo con los medios o la supera?

–Siempre tuvo mucha ambición, ganas de llegar. Empezó a laburar con Pancho Dotto, conocía a todos los fotógrafos de Punta del Este. Siempre estuvo expuesta. Los medios son parte de su vida. No tiene manera de despegarse. En los últimos 10 años, a todos los famosos les pasó lo mismo. Hoy ya no necesitan a los medios para promocionar lo que quieran. Se suben a Instagram, pero el medio ya tampoco necesita mandar a alguien para saber qué está pasando, porque el famoso no va a poder reprimir de ninguna manera retratarse y postearlo. El famoso no se guarda nada. La constatación de que algo sucedió tiene que estar publicada. Podemos parafrasear a Humberto Eco y decir que hoy si no está en Instagram no existe. Pampita todo lo monetiza y es todo ganancia. El reality del nacimiento de Ana: se paga.

Pampita todo lo monetiza.

En los últimos 10 años, a todos los famosos les pasó lo mismo. Hoy ya no necesitan a los medios para promocionar lo que quieran”. 

–¿Te gustaría que tu hija fuese famosa?

–No, porque conozco todas las miserias de este ámbito y porque ella ya tiene las ventajas. Si quiere ver a Pharrel Williams en el Lollapalooza, lo puede hacer.

Tartu y su hija Faustina

–¿Cuáles son esas miserias?

–Es un ambiente muy traicionero, es muy genuflexo. La escala de poderes está muy marcada. Famoso clase C le chupa las medias a famoso Clase B. El famoso clase A le chupa las medias al periodista clase B que, a su vez, le chupa las medias al periodista clase A. Hay gente que me escribe y me dice que sabe cantar muy bien, si puede entrar a La Voz, o que se sabe todas las respuestas para ir a Pasapalabra. ¿Cómo les explico que no se entra así? La televisión no es un sistema transparente. No hay gente con sobrepeso o totalmente calva. No se recompensa el talento. Este es un país muy raro en el que los actores, en vez de ir al conservatorio, van al gimnasio. 

“Este es un país muy raro en el que los actores, en vez de ir al conservatorio, van al gimnasio”. 

–¿Te dio pena la muerte de Maradona?

–Sí, claro. No fue un final anunciado. Él tuvo varios entornos y en cada uno generó fascinación. Lo único que le decían era “sí, Diego”. 

–¿Cuál fue el rol de sus hijas en el último tiempo ?

–Reclinaron el asiento y dijeron “que lo maneje otro”. Porque era un quilombo. Cuando se produce la última externación de la Clínica Olivos ¿nadie se lo lleva a vivir a la casa? Es fuerte. Derivaron todo.

"Morla quedó como el villano, lo entiendo".

–Entonces, ¿el reclamo de decir que lo mataron es válido?

–No. Es una estupidez. Diego muere por una mala praxis en cuotas. A mí me empezaron a hacer ruido las giladas que decía Leopoldo Luque, y a la familia le pasó lo mismo. Pero lo dejaron ahí rodeado de ese entorno que vivía de las migajas de Diego. Diego mantenía una fundación. Pagaba 70 sueldos. Morla quedó como el villano, lo entiendo. Él cometió el error de no abrirse antes y está pagando por eso. Pero Matías Morla le hizo ganar mucha guita. Le hizo cerrar contratos estrambóticos. Aunque ¿qué tenía que hacer Diego en Dubai? Una vida espantosa durante 7 años: caminaba en la cinta escuchando los Palmeras, jugaba al fútbol con Rocío Oliva, no podía salir de la casa porque hacían 50 grados. Después lo llevaron a Bielorusia y le regalaron un tanque. ¿Para qué quería un tanque? Son cosas que hay que preguntarse. No había nadie que le diga que todo era un delirio.

–¿Hubieses publicado la foto de Maradona muerto?

–No. Eso es un horror. Pero hay diferencia de clases: la foto de Gustavo Cerati agonizando en la clínica ALCLA no la publicó nadie. La de Walter Olmos, el cantante de cuarteto, esa sí se publicó. Hay gente a la que se la respeta y hay gente que no. Este es un ámbito traicionero.