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Política

Victoria Tolosa Paz: "Es mentira que si le ponés 8.000 pesos en el bolsillo a un joven no va a trabajar más"

Por Juan Tenembaum

Victoria Tolosa Paz es una mujer platense de clase media. Según cuenta su padre, entre los bisabuelos de la dirigente peronista se encuentra uno de los fundadores de Estudiantes de La Plata, y las referencias familiares se entremezclan constantemente con la historia de la capital provincial. Se hizo peronista de grande, convencida por su trabajo con Chiche Duhalde, de quien hoy dice que ya no es la que era. Recorrer las barriadas del conurbano la transformó, y desde ese momento no paró de crecer al interior de ese movimiento. Está casada con José "Pepe" Albistur, otro dirigente peronista muy amigo del presidente.

Hoy, ella es la presidenta del Consejo de Coordinación de Políticas Sociales, y se perfila para ser candidata a diputada por la Provincia de Buenos Aires.

–Arranquemos por tu papá. ¿Es verdad que es astrólogo?

–Juan Honorio Tolosa Paz, mi papá, es astrólogo, así es. Lleva adelante una profesión bastante extraña para una familia de clase media tradicional de La Plata, pero lo hace desde muy joven. Mi padre siempre fue bastante trotamundos: cuando yo tenía 7 se mudó un año y medio a Brasil, a Buzios. Cuando volvió yo tenía 8 años, y se separó de mi mamá. Empezó a estudiar en Casa 11 con Eugenio Carutti, y se dedicó a la astrología a partir de ahí. Se dedicó siempre a eso, es astrólogo. Después se mudó a Europa, se volvió a casar y tuvo dos hijos.

–¿Es cierto que ganó la lotería siete veces?

–Sí, es verdad. Por ahí no el premio gordo, pero sí premios importantes. Hubo muchos cambios económicos abruptos en la vida de mi padre, pasó de no tener mucho a tener un montón así, como un remolino.

–¿Creés en la astrología?

–Sí, la consulto y me encanta, leo un montón. No en la astrología del horóscopo, sino en una más basada en una cuestión psicológica, como escribía Carl Jung, de la sincronicidad. Me encanta leer las cartas astrales de los países, relacionando a los astros con la política y los políticos. Hay una carta que marca el camino de la Argentina, España, Estados Unidos o Rusia. Y me encanta leer la historia de los países en relación a sus cartas y tránsitos: si cuando Plutón tocó tal cosa se vino la crisis del ´29, o por qué a la Argentina le tocó el 2001, o por qué el país empatizó tanto con dirigentes como Perón y Evita, por qué se construyeron esos liderazgos, donde tenían el sol y la luna, me encanta leer sobre eso.

Me encanta leer las cartas astrales de los países, relacionando a los astros con la política y los políticos".

Siempre hablamos de nuestros signos en función del sol. Yo, por ejemplo, me defino como Cáncer porque nací el 24 de junio de 1973, y el sol estaba en Cáncer. Pero el sol es la figura masculina, y nunca asimilamos a la luna, que tiene el mismo peso que el sol en la carta.

–¿Y qué luna tenés?

Tengo luna en Aries, por eso soy muy irritable, y esa característica de las lunas la describe muy bien Carutti en Las Lunas.

–Wikipedia dice que tu familia es radical. ¿Cómo llegaste de ahí al peronismo?

–Mi familia no es radical. En mi familia no había peronistas, en toda mi línea de sucesión nadie había abrazado el peronismo. Recién en la camada de mi madre hubo una familia, los Aramburú, que militaron en la Juventud Peronista. Al final, ellos se tuvieron que ir al sur escapando de la dictadura. Ellos venían de una familia vinculada al radicalismo, la de mi abuela materna. Sus padres, mis tíos abuelos, eran los radicales. Ellos eran de la época previa al peronismo, era un radicalismo que abrazó la causa de Yrigoyen.

No tengo la cultura del peronismo. Ni mi papá ni mi mamá se formaron en el peronismo. En los ´70, cuando nací, mis viejos tenían amigos militantes, como los Sánchez Viamonte. Mi viejo jugaba en Los Tilos y tenía amigos que desaparecieron, pero eran amigos de la vida social, no de la militancia. En mi hogar la década del ´70 fue una película de terror, porque muchos amigos de mis padres empezaron a desaparecer. Por ejemplo, recuerdo de ir a lo de mi abuela y estaba Hereña (Sánchez Viamonte, madre de Santiago Sánchez Viamonte, detenido-desaparecido durante la última dictadura militar) llorando porque habían matado a Santiago.

–¿Cómo llegaste a la política?

–Casi de casualidad. Me compré un terreno con mi marido, y construimos ahí nuestra primera casa. Se dio que mi vecina Nelly era la presidenta del Consejo Provincial de la Familia y el Desarrollo Humano, donde hoy está el Cuervo Larroque. Estaba dirigido políticamente por Chiche Duhalde, pero la que conducía era Nelly. Nos hicimos amigas mate por medio y me ofreció un trabajo. Empecé a trabajar con ella a los 23 años, al lado de donde hoy tiene su despacho el Cuervo Larroque.

Eentré a un mundo que era nuevo para mí. Era parte de un equipo de apoyatura técnica a programas de capacitación y microemprendimientos, por lo que recorrí todo el conurbano bonaerense. Arrancábamos a las 7 de la mañana en una combi y volvíamos a las 3 de la tarde. Hacíamos censos del plan manzaneras, formaciones, encuentros. Fueron años de mucho trabajo que me quitaron un velo. Empecé a sentir el peronismo en primera persona, a través de esas mujeres que vivían en las villas más tremendas del conurbano. Villa Palito en La Matanza, La Cárcova en San Martín. En esa pobreza extreman había un reconocimiento enorme a lo que habían hecho Perón y Evita. Se me dio vuelta la cabeza, me di cuenta que algo estaba fallando en mi estructura, que había una parte de la película que mi familia no me contó.

Arranqué a partir de ahí como cualquier militante a formarme, a caminar y recorrer, y abracé el peronismo en la campaña del 97', Chiche Duhalde vs. Fernández Meijide. Me involucré mucho, y no me fui nunca más. Siempre acompañando a los gobiernos peronistas desde un lugar técnico político, hasta que perdimos las elecciones y me largué a armar.

–¿Qué relación tenés con Chiche Duhalde?

La Chiche que yo conocí no es la de hoy. Las personas se transforman a lo largo de su vida. Ella tenía una política social de mucha cercanía a los sectores vulnerables, y en su momento montó una estructura inédita, revolucionaria. Las manzaneras, copia de un programa cubano, tuvo un efecto impresionante. El empoderamiento de las mujeres, la baja de los niveles de moralidad infantil. Hubo un trabajo social de participación comunitaria muy impresionante. De esa Chiche no encuentro prácticamente nada en esta Chiche de hoy, muy crítica al gobierno de Alberto y Cristina, como lo fue con los de Néstor y Cristina. A mi me duele, pero es parte de las transformaciones que atraviesa la dirigencia política. Hay dirigentes que eligieron y acompañaron a Néstor y después se alejaron definitivamente.

De la Chiche Duhalde que conocí en mis inicios no encuentro prácticamente nada en esta".

Cuando empezó el gobierno de Alberto nos volvimos a encontrar en la Mesa del Hambre. Pero le duró muy poco esa situación de empatizar nuevamente con el peronismo, dejar las diferencias de lado y ponernos a trabajar en pos de sacar a nuestra sociedad de la pobreza. Una nunca coincide en todo con un gobierno, pero se apuesta a que el camino de la construcción colectiva nos va a llevar al sendero de la recuperación. Lamentablemente, Chiche no encontró en esa Mesa lo que buscaba, y se fue a los dos meses. Me pone triste, porque la instancia de diálogo se declama pero después no se puede construir, es bastante feo.

–Hace poco, la Mesa del Hambre amplió el acceso a la Tarjeta Alimentar, por lo que recibieron muchas críticas desde el sector de la UTEP, tanto de Emilio Pérsico, subsecretario de Agricultura Familiar, como de Juan Grabois desde afuera. ¿Entendés esas críticas?

–Las entiendo. Grabois es cercano al gobierno sin ser funcionario. Sus señalamientos los entiendo desde su lugar, pero a nosotros nos toca gobernar y tomar decisiones para solucionar algunos de los problemas de nuestra sociedad. Cuando el INDEC marca una pobreza infantil del 57% no podemos no reaccionar. Yo había visto, como presienta del Consejo de Coordinación de Políticas Sociales, que la Tarjeta Alimentar había amortiguado mucho el impacto durante la pandemia. En un principio era para chicos de 0 a 6 años porque a partir de los 6 los chicos tienen una comida caliente asegurada en la escuela. Con la pandemia eso dejó de pasar. Claramente hay que extender esa política hasta los 14 años. No podemos permitir que los chicos tengan semejante restricción nutricional. Los niveles de pobreza ameritaban extender la Tarjeta Alimentar.

En esta situación, Pérsico pone en juego una discusión de fondo. Él plantea que no está de acuerdo con que el gobierno transfiera. Yo ahí veo una contradicción, porque cuando el gobierno transfiere para el Potenciar Trabajo Emilio asimila que está bien, y cuando transfiere para Alimentar no. Además, dentro del universo de la Tarjeta, la gran mayoría de los beneficiarios son los niños y las mamás. Todos apostamos a que la Argentina crezca y se desarrolle a partir del trabajo. Pero también somos conscientes de que para que esas madres consigan trabajo falta mucho, incluso creciendo a las tasas que quiere Guzmán (por Martín Guzmán, ministro de Economía). Los primeros que consiguen trabajo son los hombres jóvenes, después los más grandes, y recién después las mujeres, más aún si tuvieron hijos.

–¿Te gustan más políticas como la Tarjeta Alimentar, que van directamente a las personas, u otras como el Plan Potenciar Trabajo, que tienen muchas veces como intermediaros a los municipios o las organizaciones sociales?

–Ahí tenemos un gran debate a dar. Lo que venimos discutiendo con el Movimiento Evita, con Daniel Arroyo, el Cuervo Larroque y los movimientos sociales es si el país no se tiene que dar un debate grande sobre el Plan Potenciar. Hay que pensar si ese plan, mirado como un puente para la formación y la entrada a una PYME, o una planta, o una empresa, no puede ser universal. Sin intermediarios. Somos conscientes de que 920.000 planes son un montón, pero tenemos a una cantidad de la población sin ingresos, y eso lo tenemos que atender.

Para que las madres que tienen la Tarjeta Alimentar consigan trabajo falta mucho, incluso creciendo a las tasas que quiere Guzmán".

La discusión está dada en esos términos. La pregunta es si la Argentina tiene que ir hacia un ingreso ciudadano que garantice el límite de la indigencia, con algún tipo de contraprestación de los beneficiarios, o si la Argentina sigue en este esquema tan conflictivo. Porque siempre termina con las estructuras de los Movimientos Sociales pidiendo cada vez más transferencias. Vimos, después del bono de 6.000 pesos, una marcha enorme en la 9 de Julio. Es como que no hay fin y, en todo caso, donde está ese fin. Yo creo que ese fin está en la construcción del trabajo legítimo. Soy de las que piensan que, y ahí le doy la derecha a Emilio, que la Argentina tiene una carencia importantísima de infraestructura. No hay calles, no hay luminaria, ni agua potable, ni tratamientos de fuentes cloacales, ni conectividad en los barrios.

Por eso, imagino ser parte de una generación que pueda entender que el camino es la inversión en obra pública, como viene haciendo Alberto Fernández. Hoy hay un 2,2% del PBI puesto ahí, y tiene que ser aún mayor en el 2022 el esfuerzo fiscal. Ahí la curva de los planes va a empezar a descender.

–Entonces, ¿considerás que los reclamos de esa marcha multitudinaria son incorrectos?

–No. Nadie sale a al calle a marchar si no tiene garantizado lo básico e indispensable. ¿Cómo voy a desconocer ese reclamo? Lo que nosotros planteamos es, a medida que la Argentina vuelve a crecer, solucionar los problemas y garantizarle al menos lo mínimo a esos sectores. Además, tenemos que discutir un ingreso ciudadano. Es mentira que si le ponés 8.000 pesos en el bolsillo a un joven él no va a trabajar más. Obviamente ese joven quiere trabajar, comprarse su casa, su auto, progresar, nadie se conforma con eso.

Tenemos que discutir un ingreso ciudadano. Es mentira que si le ponés 8.000 pesos en el bolsillo a un joven no va a trabajar más.

La Alimentar, junto a la AUH, cubre el 70% de una canasta básica alimentaria. Esto era lo que cubría la AUH en diciembre del 2015, cuando nos fuimos. El poder de destrucción de Macri fue muy fuerte. Cuando Cristina se fue en diciembre del 2015, una AUH equivalía al 70% de la canasta básica alimentaria. Cuando se fue Macri, era el 48%. El objetivo es cuidar que esa mamá reciba hasta el 70, 75% de la canasta básica alimentaria.

–En el 2019 fuiste a una interna contra Florencia Saintout, de La Cámpora, para definir quién era candidata a intendenta de La Plata. ¿Qué diferencias políticas tenés con esa organización?

–Fui a una interna con 5 listas. Con Saintout perdí por 0,3%. Mi diferencia con Florencia es que yo nunca fui parte de La Cámpora. Mi primera aparición política en La Plata fue en el 2011. Acompañé la candidatura de Guido Carlotto en la interna contra Pablo Bruera. Néstor se había enojado con Bruera, porque él había jugado a dos puntas en el 2009, cuando Néstor tuvo su candidatura testimonial. Entonces permitió la apertura de ese espacio, que era la línea más kirchnerista.

Yo siempre milité en el peronismo pero nunca participé de La Cámpora ni me invitaron. Ellos se concentraron en el armado en universidades, y yo ya me había recibido. Empecé a militar lo provincial, de la mano de Julián Domínguez. En el 2013, acompañé desde la estructura de Julián. Armamos el Movimiento San Martín, trabajé en la ANSES, me formé más en la parte del PROCREAR, formé parte de la campaña de Scioli en temas de villas y asentamientos.

No me dediqué a la construcción local porque no se abría una ventana de participación que me atrayera. El armado de La Cámpora me parecía cerrado, sectario, no me sentía parte. En el 2015 ya jugué fuerte en la estructura de Julián Domínguez en la interna contra Aníbal. Ahí armamos una Unidad Básica en La Plata, y creamos Camino a la Victoria, nuestra estructura en la ciudad. No imaginé que íbamos a perder la interna, que íbamos a perder todo. Perdió Julián, después Aníbal. Dejamos todo en la campaña, y el 22 de noviembre nos dimos cuenta de que el peronismo había perdido nación, provincia y municipio.

Ahí dijimos ´bueno, ahora sí´. Armamos, no atrás de nadie, sino nosotros mismos. Creía que La Cámpora no iba a poder ser nunca electoralmente competitiva en La Plata. Por la trayectoria de Florencia, por cómo ellos se habían parado en un lugar muy duro, me parecía que no iban a tener buenos resultados. Bueno, Florencia perdió contra Bruera, y sabemos que si no era ella, Bruera perdía seguro. Entonces, cuando se cayó todo, empezamos a construir desde las cenizas. Con una generación que no fue parte del gobierno de Bruera y que no era de La Cámpora. Con una forma de construcción más amplia, con diálogo con todos los sectores de la ciudad, desde los movimientos sociales a los empresarios.

–¿Sos católica?

–Soy creyente pero no practicante. No voy a misa los domingos, pero creo en dios y me considero cristiana. En los momentos más duros de mi vida me he aferrado a la oración, al rezo. No porque venga de una familia religiosa: mi madre fue bastante agnóstica. Como a toda mujer que fue a una escuela de monjas le quedó un poco la resistencia a la iglesia, y mi padre astrólogo lo mismo. Pero yo me considero, en función de los dramas que me han pasado, como toda persona que ha sentido dolor, muertes, enfermedades, me he encontrado siendo más católica en el dolor. –¿Qué te pareció la frase del Papa Francisco: "la propiedad privada es un derecho secundario?

–El Papa reafirma ese peronismo del ´49, cuando se discutía la función social de la tierra. En ese momento estaba en debate el rol del estado en el acceso a la tierra, no solo en la producción de alimentos sino el acceso al suelo. Hoy a la mañana estuve en Arturo Seguí, un barrio muy pobre donde trabajé mucho tiempo para que las mamás del barrio tengan un pedacito de tierra de 10x30. Hace diez años fue este trabajo mío como militante, pero vuelvo siempre al barrio. Ellas me contaban lo que fue para ellas salir de la quinta, salir de la explotación, de lo que es ser chica y trabajar en una quinta bajo un patrón de estancia que sólo te permite tener una letrina y un rancho de chapa. En esa situación, el futuro es inimaginable. Vos decís ´voy a vivir toda mi vida acá, en esta casa de chapa, con esta letrina, cultivando, y no voy a salir nunca´. Pero cuando tenés acceso a al tierra, eso cambia.

El Papa reafirma ese peronismo del ´49 cuando se discutía la función social de la tierra".

Hoy una mujer que yo quiero mucho, Guillermina, me dijo: "Si yo no hubiese entrado a este loteo hace 10 años, y no hubiese visto la posibilidad de hacerme mi casa, yo no sería quien soy. A partir de tener lo propio, mi estructura, mi hogar, mi familia, me pude reconstruir en esto que soy hoy: una mujer emprendedora, que pudo terminar la escuela, me capacité y tengo un trabajo formal. Me visto diferente, hablo diferente, soy diferente, a lo que era cuando tenia un rancho de chapa". El Papa se refiere a eso: cuánto puede y debe hacer el estado en la regulación del acceso a la tierra.

Nosotros, tristemente, perdimos esa lucha en el ´49, cuando nuestra Constitución marcaba la función social de la tierra, y el Papa reivindica esa parte de nuestra Constitución que nunca pudimos volver a escribir.

¿Cuántos años tiene que ahorrar un trabajador para comprarse un terreno, si el estado no genera ese suelo urbano? Es imposible. No le alcanza su vida activa. No podés dejar librada al mercado la ocupación del suelo. Tiene que estar el sector privado, claramente, pero con un estado que regule. Siempre dicen que el peronismo es anti empresa: de ninguna manera. El peronismo, como dice la marcha, combate al capital, pero al capital financiero. No al capital humano, ni al capital que invierte, ni al que desarrolla y genera trabajo.

–¿Cómo te posicionás con respecto a la abstención de la Argentina en esa condena de la OEA a las detenciones de opositores en Nicaragua?

--Lo importante es cómo se posiciona el gobierno. El presidente ha sido bastante claro en lo que votó con México. La Argentina está tratando de no intervenir en  esas situaciones. Hay una búsqueda constante de construir la idea de que queremos ser Venezuela o Nicaragua. No, nosotros queremos ser Argentina, en el marco del respeto a los gobiernos soberanos.

Yo, la verdad, tengo la cabeza en otra cosa. Por supuesto que, como militante política, tengo mis pensamientos, pero me parece que a veces gastamos mucho tiempo en analizar situaciones que no le importan tanto a la ciudadanía. A  nadie más que a un grupo político le importa Nicaragua. La preocupación de los ciudadanos tiene que ver con los precios, el trabajo, las tarifas, la conectividad, la telefonía móvil, las clases. Esos son los temas que encuentro todo el tiempo en la agenda de la vida común, de la gran mayoría de los argentinos. Esa es la agenda que se lleva casi el 80% de la preocupación mía y de nuestro gabinete.

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