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Política

Polémica por las vacunas: Sonia Tarragona aseguró que “a Sigman lo vi tres veces en mi vida”

Por Jairo Straccia

Sonia Tarragona es la jefa de gabinete del Ministerio de Salud, pero es más que eso. Es quien, en el peor momento de la pandemia, está codo a codo con la titular de la cartera, Carla Vizzotti, pero también es una economista en un área donde la escasez de todo tipo de recursos, desde medicamentos hasta vacunas, es otro drama después de los contagios y las muertes por el coronavirus. 

En una entrevista exclusiva con Diario Con Vos, realizada horas antes del anuncio de la vuelta a un cierre estricto al menos por nueve días, Tarragona dijo que el sistema de salud ya no puede recibir más pacientes, explicó cómo es el cronograma de dosis que se esperan para las próximas semanas y también respondió sobre el vínculo del Estado con la industria farmacéutica argentina, de la que dijo sentirse “orgullosa”. Además, habló de su relación con el grupo Insud, que lidera el magnate Hugo Sigman, presente en el desarrollo de la vacuna de AstraZeneca, de la de Sinopharm y en tratamientos como el suero equino hiperinmune. “Creo que a Sigman lo vi tres veces en mi vida”, aseguró.

–Los casos son récord y los fallecidos también. Mientras se analizan medidas, ¿cómo definirías el momento en el que estamos?

Crítico y bisagra. Nunca llegamos a una situación como la actual. Ya no hay capacidad de seguir aceptando más pacientes. Ha cambiado el perfil de los que entran a terapia intensiva: ocupan más tiempo las terapias, están más tiempo y se consume más oxígeno.

–¿Empieza a ser posible el escenario de saturación del sistema?

–Indefectiblemente es así. Hay dos limitantes que no pueden ser incrementadas en el corto plazo. Una son los recursos humanos que atienden la terapia intensiva. El tiempo de formación no es un año. Se han formado muchos, pero es una limitante. No podés incrementar la formación de enfermeros y enfermeras de terapia o kinesiólogos de terapia y no alcanzás a formarlos para esos lugares. Hay un crecimiento en camas y respiradores, pero no tenés rotación ni descanso y se resiente la atención. Y el otro límite es el oxígeno. Tenemos una capacidad limitada de producción de oxígeno y no hay forma de producir más en el corto plazo. Tenemos una mesa de oxígeno y ahora está al 100%. Podes poner más camas pero si no tenés oxígeno no te sirve de nada. 

–¿Ese es el motivo de ir hacia un cierre más fuerte?

La única variable para trabajar es reducir la cantidad de casos. Reducir la cantidad de casos se puede hacer con acciones que involucran la reducción de circulación de las personas. La única manera de transmisión del virus es de persona a persona. Cuanto más circule la gente, más posibilidades hay de que se transmita, que es lo que está pasando.

Junto a la ministra Carla Vizzotti.

–Este escenario se da pese a que está la mayor parte de la población de riesgo vacunada.

–Eso sí se nota mucho. Tenemos especialmente a la población mayor de 70, que son los que están con más tiempo de vacunados, y la reducción de mortalidad es muy significativa. La población mayor que se enferma no se muere. Pero tenés un crecimiento tan grande de casos de la población más joven que aumenta mucho el número de jóvenes fallecidos. Son los que están circulando y no están vacunados. Además, se han relajado los controles y la población está cansada y tenés este resultado: un grupo de población joven que se enferma y están muchos días internada consumiendo oxígeno. Y cuando llegan a terapia intensiva es porque están muy críticos.

–¿De qué edades estamos hablando?

–Tuvimos un crecimiento muy grande de la población de niños de 14 a 20 después de la apertura de clases aunque porcentualmente ese grupo no es muy numeroso. Tenés a la población de adultos de entre 30 y 50 años que concentra la mayor cantidad de los casos, que son la población activa.

Vacunas para cuándo

–¿Cuándo se cree que esa población joven tendrá la ayuda de la vacuna?

Esa respuesta es difícil que la podamos dar. La disponibilidad de vacunas no depende de nosotros, depende de lo que pase a nivel mundial. Salvo tres países, todos están como nosotros. El cuándo es una variable que no podemos manejar. Estamos haciendo todo lo posible para que sea lo más pronto posible.

¿Qué pasa con los que recibieron la primera dosis y pasa el tiempo y no reciben la segunda? ¿Tienen medido si están perdiendo los anticuerpos?

–El ministerio de Salud no lo está midiendo. Pero hay varios trabajos que están en curso.

–Después de todo el esfuerzo para vacunar con una dosis, ¿hay chances de que una parte de la población empiece a perder los anticuerpos?

–El inmunólogo Jorge Geffner lo explica muy bien. A veces los anticuerpos no circulan en sangre pero hay una “memoria B” que activa la producción de anticuerpos cuando aparece el virus. Podés no encontrar los anticuerpos en sangre pero si apareciera el virus el  cuerpo reacciona con esa memoria que no se ve. Pero acordate que soy economista y lo explico en esos términos más sencillos. 

–Tuvieron que poner freno a los aumentos siderales en drogas para terapia intensiva, por ejemplo, pero con riesgo de que se dejen de entregar. ¿Cómo está hoy la situación?

–Habíamos fijado precios máximos en 2020. Tenemos un sistema que no es único. Cada provincia, cada institución, cada financiador, compra por separado y cada uno puede hacer la compra de cualquier cosa. Cuando tenés una situación de muchísima escasez y ponés un precio muy bajo, se produce el desabastecimiento, y no tenés forma de poder saber donde está “escondido” el faltante de medicamentos. Hoy más allá de la discusión de los precios, tenemos que encontrar un equilibrio entre que haya abastecimiento y un precio medianamente razonable. Fuimos a una solución que no fue el establecimiento de precios máximos sino un acuerdo de precios. Toda esta discusión no se puede tener si no se enmarca a nivel global: acá producimos medicamentos pero no el principio activo. Se traía de afuera. En Brasil, la Comunidad Europea y la India prohibieron la exportación. Conseguir el principio activo para fabricarlo acá se encarece y hubo que cambiar el origen y si uno no le da al productor un precio que justifique cambiar el origen no lo va hacer.

De AstraZeneca a Sputnik

–¿Cual es hoy el escenario confirmado de llegada de vacunas?

–AstraZeneca empezaría a regularizar la producción y antes de fin de mes llegarán 4 millones, más 860 mil del fondo Covax que llegan este fin de semana, más lo que siga llegando de Sputnik.

–¿Está confirmado que en junio ya empiezan a producir 1 millón de Sputnik acá en el laboratorio Richmond?

No está confirmado. Todavía no se terminaron los controles de calidad y si todo sale bien se podría terminar la producción en junio acá, pero si algo no sale bien, como es parte habitual de los procesos de producción, hay que repetir y eso puede demorarlo. Todo viene bastante bien, pero no podemos tener un compromiso de fechas.

Tarragona fue directora ejecutiva de Mundo Sano, de Silvia Gold, esposa de Hugo Sigman.

–La oposición suele remarcar que la Argentina no compró todo lo que podría del fondo de acceso global a las vacunas conocido como Covax. ¿Cuál es la respuesta?

–Hay un gran desconocimiento de cómo funciona el mecanismo y qué hubo que pagar, cuando ninguna vacuna tenía todavía aprobación. En octubre hubo que pagar lo que se quería traer,  y si hubiéramos firmado más, todavía no las tendríamos. De hecho, Covax todavía no logró abastecer todo lo que compramos. Si hubiéramos pagado más, no hubiéramos tenido más. Es un mecanismo muy complejo, que con el diario del lunes uno dice “eh, le erraron”, pero en ese momento no sabíamos ni qué vacunas iban a entrar en el Covax. La Argentina tomó la mejor decisión, porque si hubiéramos puesto toda la energía en el Covax hoy no tendríamos vacunas. Si mirás los países que están en Covax, no les han podido procurar las dosis que esperaban recibir. 

–¿El Gobierno no apostó demasiado al plan AstraZeneca, con fabricación en la Argentina de la materia prima y el envasado en México?

–No lo comparto. La Argentina apostó a todas las compañías que en ese momento nos prometían, porque nadie sabía si iban a tener aprobación… Pero hay un detalle que se pierde de vista, que es que la vacuna más barata es la de AstraZeneca, que vale 4 dólares la dosis. Cuando uno proyectó y había un compromiso de provisión de muchos millones, lo más razonable era el acuerdo de más cantidad y a un precio más barato, que era ese. Y en noviembre pasado no sabíamos lo que finalmente iba a pasar y pasó con todas las vacunas.

El gobierno no negoció nada con Sigman ni con el grupo Insud".

–Una lectura es que se impuso ese acuerdo porque el principio activo se haría en el laboratorio Mabxience del holding del empresario Hugo Sigman, de muy buena llegada al Ministerio de Salud. 

–Me parece una simplificación tremenda de la realidad. El gobierno no negoció nada con Sigman ni con el grupo Insud. El contrato lo hizo AstraZeneca con el grupo Insud. También ahí se pierde de vista la complejidad que implica un proceso de negociación de compra. Pareciera que un funcionario puede incidir en una compra de tamaña magnitud sin que se supiera lo que se está haciendo: pensar que alguien puede incidir de esa manera es muy simplista.

Pareciera que un funcionario puede incidir en una compra de tamaña magnitud sin que se supiera lo que se está haciendo: pensar que alguien puede incidir de esa manera es muy simplista”.

–Te señalan a vos por haber trabajado en Mundo Sano, una ONG ligada a Sigman. 

–En lo que a mí respecta, soy técnica, no soy política. Cuando fui a trabajar a Mundo Sano, que trabaja con el chagas, estaba metida en el chaco salteño. Tengo un hogar para chicos de la calle con mi familia, mi compromiso con la gente más carenciada ha sido histórico. Mundo Sano trabaja con enfermedades de la pobreza. Sigman no tiene nada que ver con Mundo Sano más allá de ser el esposo de la doctora Silvia Gold. Además, esta fundación existe desde hace treinta años y era del padre de la doctora Gold que trabajaba con chagas. Yo trabajé como directora ejecutiva y creo que a Hugo Sigman lo vi tres veces en mi vida. De ahí a pensar que yo pude tener alguna incidencia en la negociación... me resulta hasta gracioso.

A Hugo Sigman lo vi tres veces en mi vida. De ahí a pensar que yo pude tener alguna incidencia en la negociación... me resulta hasta gracioso". 

–Pero sí suena verosímil pensar que el ex ministro de Salud, Ginés González García, reconocido amigo de Sigman, pudo haber acercado como solución el acuerdo con AstraZeneca, como pasó en 2009 con la vacuna para la gripe, por ejemplo.

Te lo concedo, puede existir la mirada que te parezca, pero es subestimar a los que trabajamos en el gabinete. A todo el gabinete de Salud, más los ministros y al Presidente. ¿Vos creés que porque un ministro pueda sugerir alguna cosa se hace? No. Eso es no conocer cómo se trabaja hoy en una situación como ésta. 

¿Vos creés que porque un ministro pueda sugerir alguna cosa se hace? No. Eso es no conocer cómo se trabaja hoy en una situación como ésta". 

–¿Tuvo un rol concreto el Estado en el contrato de Richmond con Gamaleya para hacer la Sputnik en la Argentina?

–Nosotros como ministerio de Salud no, no tuvimos ninguna participación ni incidimos. Pero no tenemos muchos laboratorios con capacidad de hacer vacunas en la Argentina. tenemos dos o tres laboratorios habilitados para hacer vacunas. Además, esta cosa que circuló de expropiar a Sigman para envasar acá es absolutamente inviable: no es agarrar y poner un tapón. Las plantas para hacer vacunas tienen un nivel de bioseguridad, con procesos de control de calidad que son larguísimos. 

–¿Las empresas podrán traer vacunas para sus empleados?

–La posibilidad teórica existe, pero la posibilidad real no la veo. Nuestra norma habitual  de importación de medicamentos o vacunas tiene dos patas: cuando importa el Estado o el privado. Cuando importa el privado pueden  importar los titulares de los registros, no puede importar una droguería, por ejemplo. Los únicos que podrían importar son Astrazeneca y Pfizer

–¿Pero si Coca–Cola compra en Estados Unidos para todas sus filiales en el mundo puede mandar a sus empleados a Argentina?

–Las tendría que importar Pfizer y vendérsela a Coca Cola Argentina. Así funcionan nuestras normas para los productos en general. Pero tanto Pfizer y AstraZeneca comunicaron que solo le venden al gobierno y hasta tanto no cumplan sus contratos no le van a vender al sector privado. Que compren empresas lo veo como algo lejano.

Pfizer es un sueño eterno

–¿Cometieron errores en la negociación con Pfizer? En la oposición señalan que la Argentina perdió 15 millones de vacunas luego de hacer el ensayo clínico más grande para ese laboratorio.

–No es cierto que perdimos 15 millones de vacunas. Me parece raro que alguien pueda pensar que no quisimos traer vacunas, cuando se está muriendo un montón de gente. Todo lo que se hizo fue pensando en la mejor decisión. Empezamos a recibir los contactos en julio pasado. después de la foto de las autoridades con Alberto Fernandez. Nos presentan formalmente la vacuna y tan en paralelo fue que tanto Pfizer como AstraZeneca se presentaron juntas en la Comisión de Inmunizaciones, que la evalúa técnicamente. Nunca llegamos a establecer un cronograma con cantidades cerradas con Pfizer. Siempre estaba en el plano de lo posible pero siempre hablando de 2021, nunca de que íbamos a tener 15 millones de vacunas en diciembre de 2020. Ademas, ellos condicionaron su producción a tener la aprobación de la FDA, que les llegó el 30 de noviembre y que es lo que le cayó mal en su momento a Donald Trump. Después de noviembre recién empezaron la producción. 

–Pero no tener vacunas de Pfizer habiendo puesto 6 mil argentinos para ensayos hace ruido.

–Son cosas que están por separado. Hemos hecho ensayos clínicos de vacunas que no tenemos en la Argentina. Tuvimos la visita de una comitiva de Israel que vino a explorar la posibilidad de terminar unos ensayos fase 3 acá de una vacuna de ellos y no estamos hablando de producción, simplemente vienen a hacer ensayos clínicos, y la Argentina recibió ensayos de 8 vacunas el año pasado. 

–¿Pero nunca pensaron que con el ensayo iba a haber prioridad?

–Nosotros probablemente lo pensamos pero nunca estuvo en discusión dentro de un contrato. En el ensayo clínico el Estado no participa de ninguna manera. Es un acuerdo privado de la compañía.

–¿No pudo haber pasado que dentro del Frente de Todos una parte prefiriera avanzar más rápido con Gamaleya?

–Ninguna negociación frenó a otra, siempre se tuvieron sobre la mesa todas las posibilidades. Y ensayamos muchísimas posibilidades. 

–¿Con Pfizer sigue abierta la negociación?

–No le hemos cerrado la puerta a nadie. Pfizer es una historia abierta todavía, como todas las demás. Estamos en una situación que no terminamos de resolver: las condiciones que Pfizer exige, que la Argentina no pudo conceder o no quiso conceder. Nuestro Congreso sancionó la ley de vacunas como la sancionó y terminó siendo un impedimento para Pfizer y estamos viendo cómo destrabar eso. 

Suero equino, ¿si o no?

–Hay una comisión del Estado, la Conetec, que funciona con representación de todos los actores de la salud, incluido el Ministerio, que desaconseja el uso del suero  equino hiperinmune, un tratamiento para la Covid al que el Gobierno, la ciencia y especialmente el laboratorio Elea, de Sigman, le dan mucho impulso. De hecho la Anmat lo autorizó y se usa. ¿Por qué ocurre?

–Son dos cosas bien distintas. La Anmat mira el riesgo/beneficio de todas las drogas. No se meten en precios, y cuando evalúa lo hacen en el marco de ensayos clínicos. La Conetec evalúa la efectividad, que es bien diferente a la eficacia que mira la Anmat. La Conetec lo saca del contexto experimental y lo pone en uso en personas de la vida normal. Lo que hay que hacer es juntar evidencia. La Conetec dijo que todavía no hay evidencia para que haya una recomendación de uso, pero eso no significa que haga mal ni que sea malo. 

–Pero la Conetec está diciendo “no hay evidencia” y además “es caro”.

–Lo puede decir, pero es una decisión de política. Comprar o no comprar a ese precio es más una decisión política. ¿Y si yo digo que no a ese precio y salvamos muchas vidas? Muchas vidas hoy se están salvando usando el suero equino.

–El suero equino hasta ahora solo se usa en la Argentina. 

–Es correcto. Desconozco si se está usando en otro país. Algo personal: si me toca entrar a una terapia intensiva, pónganme suero equino.

–Pero no se usa en terapias intensivas, entiendo.

–Se usa, pero se tiene que administrar antes de usar el respirador. Hubo mucha confusión con lo que dijo la Sociedad de Terapia Intensiva. Se usa en pacientes con  condiciones severas. La discusión es cuánto antes. 

Sigman y el farmapower

Hugo Sigman, en charla íntima con Alberto Fernández, Axel Kicillof y Ariel Sujarchuk, intendente de Escobar.

–No hay que ser Juan Conspiración para hilvanar que está Sigman con AstraZeneca, con la posibilidad de fabricar la vacuna de los chinos de Sinopharm, con la venta de ivermectina pese a que está prohibida y también con el suero equino, que está discutido.

–Por supuesto que sí, pero Sigman tiene un montón de empresas de la Argentina, y ha invertido en muchas empresas en la Argentina y la verdad es que no tenemos  muchas alternativas. Él ha invertido en estas cosas y está presente, es difícil pensar la industria farmacéutica sin la intervención de Sigman en algún lugar. 

Somos uno de los pocos países en la región que puede fabricar cualquier cosa en medicamentos".

–Cuando ves a la industria farmacéutica argentina con los Sigman, los Bagó, los Roemmers y demás, ¿ves una industria nacional que no tienen otros países o ves un grupo de lobby que te condiciona la política? 

–Hay parte de las dos cosas, pero voy más por las primera de tus afirmaciones. La Argentina está orgullosa de la capacidad y polaridad de la industria nacional, tenemos una participación que supera la multinacional y somos un puñado de países en el mundo con esas características. Para nosotros es una fortaleza tremenda. Somos uno de los pocos países que en la región puede fabricar cualquier cosa. Es una industria innovadora y de calidad. Yo como argentina me siento orgullosa de la industria farmacéutica que tenemos, y también es cierto que tiene sus objetivos de negocio e impacta en la decisión de política sanitaria. Porque los medicamentos son los únicos bienes que nunca han bajado de precio y siempre están por arriba y nos complicó.

–Pareciera que hay un “dejar hacer” desde que terminó el congelamiento de precios de mitad del año pasado: se ve un aumento brutal en algunos casos. Pfizer aumentó sus productos hasta 40% en el año...

–Hacemos seguimientos de muchas canastas y tenemos que hasta junio del año pasado empató y en el último trimestre superó la inflación. No tenemos control de precios de medicamentos ni regulación. Este primer trimestre estamos bastante empatados con la inflación.

–Suele debatirse “a lo Twitter” si en la pandemia las vacunas son “un éxito del capitalismo” por las patentes y la investigación y desarrollo de los laboratorios, o si en realidad “el Estado te salva” por las políticas públicas en este contexto. 

–Tengo una posición muy clara al respecto. Las patentes favorecen la investigación y el desarrollo, sin ninguna discusión. El problema es cuando los intereses  comerciales quedan por encima de la salud pública. Cuando el interés es sanitario, quien lo puede resolver son los estados; cuando el interés es comercial, las compañías. En una situación de pandemia, quien lo resuelve es el Estado, no el sector privado, que tiene una mirada de rentabilidad, y los estados tienen una mirada equitativa y justa, porque están mirando a las personas y la salud pública. Hay momentos y momentos. Los derechos de propiedad intelectual nunca han resuelto los problemas de salud pública y le ponen un corset a los gobiernos y los dejan sujetos a un puñados de laboratorios.

–¿Ayudaría la liberación de las patentes?

–Es lo que está pasando y por eso se discute en la OMC la liberación de las patentes. Permitiría a muchos gobiernos avanzar en la producción y a muchos grupos de investigación avanzar en sus propios desarrollos, porque las patentes no son una por vacuna. La de Moderna tiene 270 patentes en su composición. Cuando uno está trabajando en investigación puede estar violando patentes aún sin saberlo. En momentos tan críticos, son los Estados los que tienen la mirada de la justicia y la equidad. La salud pública tiene que estar siempre  por encima de los intereses comerciales, pero uno no puede destruir la mirada de la industria privada porque son los que invierten en investigación y desarrollo porque los estados nos hemos quedado muy atrás en eso.