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Columnistas

La nueva estabilidad que busca Milei en el país que dejó Pérez Companc

milei caputo

El puesto de Secretario de Política Económica en el Ministerio de Economía viene siendo una silla incómoda en la Argentina en los últimos años. Cuando el titular del Palacio de Hacienda no es un macroeconomista, el virtual “viceministro” viene a ser quien aporta una mirada global del rumbo de un plan, si lo hubiera, o el enfoque más integral de las medidas que se tomen frente a determinadas situaciones.

La renuncia a ese cargo de Joaquín Cottani fue presentada como todas las salidas de un gobierno que se quieren disimular como una decisión por “razones personales”. El economista que trabajó con Domingo Cavallo en los 90 había llegado como un apoyo crucial para acompañar a Luis Caputo, considerado un hombre del mercado financiero, con un gran expertise para alinear variables para conseguir resultados con el dólar, las tasas y los bonos pero visto con más desconfianza cuando se trata de pensar en un programa de estabilización

Algo parecido había ocurrido con la llegada de Sergio Massa a Economía al final del gobierno de Alberto Fernández. Al ser abogado y político profesional y candidato, se miró con detalle quién iría a ese puesto, que finalmente ocupó Gabriel Rubinstein, un consultor con trayectoria en la función pública que de todas maneras tenía un plan que no se aplicó: su propuesta era un shock, con devaluación y ajuste. Suena. 

Hoy, la principal crítica que está recibiendo el devenir del equipo económico viene de profesionales que tienen una mirada crítica respecto de la sostenibilidad de lo que se está mostrando como éxitos: el superávit fiscal, la desaceleración de la inflación, el manejo del dólar.

El grueso de los que tienen una formación como para ser ministros o viceministros cuestionan, básicamente, que no hay un programa económico de mediano plazo para bajar la inflación de manera consistente. No hay ni la vía israelí, ni un "Plan Real", ni si quiera un "Austral" reloaded. 

Entienden además que el tipo de cambio se está atrasando de manera ficticia, que en algún momento habrá una devaluación y que sin obra pública y parando los pagos de todo no es un modo realista de ordenar las cuentas públicas

Esa observación enfurece al presidente Javier Milei y recibe respuestas también del propio Caputo, que en las últimas horas cuando escuchó la enumeración de los que observan “patas cortas” a los resultados conseguidos contestó que hay también otros profesionales que tienen una opinión positiva, como el tucumano Ricardo Arriazu o, agregó, el chileno José Luis Daza.

cottani daza
Joaquín Cottani y José Luis Daza.

Justamente Daza ganó terreno como el posible reemplazante de Cottani, lo que puede ser toda una definición respecto de lo que hay que esperar. Se trata de un hombre que si bien trabajó con Caputo en los bancos JP Morgan y Deutsche Bank, donde construyeron una relación de amistad que dura hasta hoy, basta ver su twitter, @JoseLuisDazaNY para encontrar elogios a lo que ha llamado “el plan de Sturzenegger”. Hace un tiempo le dijo a Infobae: “El programa de Sturzenegger es excepcionalmente ambicioso y positivo. Si se implementa una parte importante del programa Argentina tiene por delante un futuro excepcionalmente positivo”.

El siempre inminente desembarco del ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, ha sido una de las comidillas más fuertes de las últimas semanas en los mercados financieros. 

La salida de Cottani y el ingreso de Daza, que fue socio de otro “Sturze boy” como Demian Reidel en el fondo de inversión QFR Capital Management, también alienta especulaciones sobre el final del cepo cambiario, como se escribió en este panorama la semana pasada.

En los últimos quince días ha habido acercamientos diferentes al tema entre el mismísimo jefe de Estado y su ministro respecto de cuán cerca se está de la salida de las restricciones al dólar. 

Para Milei, está bastante cerca: asegura que es cuestión de terminar de resolver con los bancos una deuda latente que tiene el Banco Central a través de los seguros de bonos llamados “PUTs”. Para Caputo hace falta que se den varias condiciones más, como fortalecer las reservas y terminar de sanear por completo las reservas del ente monetario. 

El oxígeno político que significó esta semana el avance de las leyes clave que impulsa el Poder Ejecutivo para atraer inversiones y mejorar las cuentas fiscales moldeó una de las mejores semanas para el oficialismo, con el dato de inflación menor al esperado de mayo y la suba de los bonos y acciones tras la renegociación del préstamo que le habían dado los chinos a la Argentina, llamado “swap”.

Sin embargo, la noticia del viernes a la noche de la salida de Cottani, otra figura que se va cuando Milei está en modo líder global, puede augurar algún temblor en poco tiempo. Si lo reemplaza Daza finalmente, el cambio más notorio será la salida de un macroeconomista por un financista de Wall Street como segundo de otro trader que tiene a su ex socio en ese mundo, Santiago Bausili, al frente del Banco Central.

Difícil ver en ese equipo una idea de plan de largo plazo. Más bien, se consolida el team de los resultadistas del corto, estrategas de terminales financieras que hacen apuestas tratando de que rindan ya y en todo caso postergan desafíos para más adelante. 

La tesis de máxima es lograr en el camino un cambio de reglas y modelo que llegado el caso permita consolidar al menos por un par de años un ingreso de dólares que derive en una estabilización que puede ser costosa en términos de desarrollo sostenido y con indicadores sociales que arranquen varios escalones más abajo, pero estabilización al fin. El espejo retrovisor del país que pasó de inflación de un dígito al comienzo de Néstor Kirchner a 200% al final de Fernández puede ser un contexto que le juegue a favor.

Es un poco lo que se huele al ver lo que salió aprobado del Senado conocido como Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI), un programa de beneficios impositivos, productivos y cambiarios que pueden gatillar proyectos mineros, petroleros y agrícolas en los próximos dos años que ayuden a contener el dólar y bajar la inflación, e incluso mover la economía en algunas regiones puntuales. 

Sin embargo, dadas las condiciones que se propician en el programa, como que las exportaciones que se generen no tienen que entregar divisas para las reservas del Central, o que se pueden traer todos los insumos del exterior, tal vez en cinco años tengamos muchos problemas parecidos a los actuales pero con recursos naturales desaprovechados por no pensar una herramienta de promoción de inversiones seria y craneada por hacedores de política de distintos partidos en vez de estudios de abogados de grandes empresas.

En este contexto, la muerte de Gregorio “Goyo” Pérez Companc este viernes a los 89 años llama a la reflexión sobre si los que han hecho las mayores fortunas en el país contribuyeron al desarrollo o se aprovecharon de determinadas condiciones en momentos de la historia de un país barrilete para acumular capital más allá de la suerte del resto

Gregorio Pérez Companc. El dueño de Molinos Río de la Plata murió el viernes pasado a los 89 años.

Con 3900 millones de dólares y en el puesto 809 de los más ricos del mundo, Pérez Companc era la quinta fortuna del país. Primero contratista de YPF con una firma de servicios petroleros y de construcción, luego creció en el sistema financiero con el Banco Río que le vendió a Santander y más tarde con el desarrollo de Pecom Energía, hasta que se lo traspasó a Petrobras. Molinos Río de la Plata, gigante del agro y el consumo masivo, hoy es la nave insignia de una familia muy presente en la comunidad con cercanía al Opus Dei, como financista de centros educativos y médicos.

En determinados momentos de la historia los más ricos de un país quedan asociados a un invento o un descubrimiento que se transformó en una patente que refleja un cambio para la sociedad que al mismo tiempo es una llave para acumular fortunas. 

En otros, la lista de los más afortunados refleja las habilidades de las familias para acercarse al poder, conseguir contratos, ventajas relativas que durante un tiempo, a veces décadas, les permiten capitalizarse, comprar tierras, lograr concesiones de recursos naturales, que luego se arriesgan a explotar. 

Hoy uno puede ver en la lista de los más ricos de la Argentina al creador de Mercado Libre y Mercado Pago, Marcos Galperin, que desarrolló su empresa con la ley del software y la habilidad para poner en marcha plataforma de comercio y pagos que eligió la mayoría de la gente al menos en la Argentina; a Alejandro Bulgheroni, factótum de una familia que accedió a campos petroleros hasta ser la mayor compañía hidrocarburífera privada del país; a Paolo Rocca, líder de Techint, una compañía del acero, la construcción y el petróleo que también combinó los contratos estatales con la ingeniería de vanguardia para producir insumos cruciales en mercados con posiciones que le permitieron fijar precios.


¿Cómo quedará esa lista al final de los cuatro u ocho años de un plan duradero de La Libertad Avanza? ¿Qué dirá del modelo de país que se está construyendo ahora, con un punto de partida donde pareciera haber más ventajas para los que ya acumularon riqueza -como el blanqueo de capitales más barato de la historia o el propio RIGI- respecto de los que están quedando rezagados en pleno ajuste, sin chances de dejar de pagar el IVA en el supermercado o el impuesto al cheque en cada operación al frente de una pyme?

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