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Política

La política exterior paralela de Javier Milei

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Como le pasó a la mayoría de los presidentes argentinos, sobre todo a Mauricio Macri y a Alberto Fernández, a Javier Milei le va mucho mejor afuera del país que adentro. Quizá eso explica por qué en seis meses de gobierno ya hizo siete viajes y que estuvo afuera casi 30 días. Ahora, por cuarta vez, está en Estados Unidos.

Es quizá el lugar donde más cómodo se siente para mostrar al mundo su proyecto político, que tiene dos ejes claros. Por un lado, un alineamiento ideológico estrecho con las posturas más extremas que habitan las democracias occidentales que cada vez tienen más éxito cuestionando todo lo que defienden los establishments económicos, culturales y políticos que gobernaron los principales países del mundo en los últimos 60 años. Por otro el otro, Milei quiere convencer a quien se le ponga enfrente que él podrá crear las condiciones de mercado ideales para que las grandes empresas, sobre todo las tecnológicas, inviertan en Argentina.  

Milei partió en dos la política exterior argentina. Así como para gestionar la relación política y negociar con la casta vernácula, a la que desprecia o no entiende, según dijo el flamante jefe de gabinete, está Guillermo Francos, para administrar los restos de las crisis diplomáticas que él va dejando en el camino y para gestionar los aburridos asuntos protocolares y burocráticos que deben resolver los países para convivir en un sistema internacional tan interconectado como conflictuado, está Diana Mondino.

Esta semana esto quedó bien claro. Mientras Milei se está reuniendo con los CEOs de las empresas tecnológicas más importantes del mundo, Mondino y su cancillería tuvieron que negociar con el Brasil de Lula para que les mande gas por barco. Además de los insultantes cruces verbales que ha tenido con el presidente brasileño, Milei ha mostrado un desinterés profundo por América latina. Recién mañana pisará el primer país de la región, El Salvador, donde asistirá a la asunción del segundo mandato de Nayib Bukele. Se entiende por qué: es su referente en materia de seguridad.

Ideología mata pragmatismo

La política exterior de Milei es también profundamente ideológica. Cualquier atisbo de pragmatismo se lo deja en Buenos Aires a Mondino. El presidente solo elige participar en lugares en donde se siente cómodo, en donde puede decir lo que piensa sin ningún tipo de filtro, sin importarle las consecuencias. Lo demostró en España en la tribuna de Vox y hace unos meses en Los Ángeles, en la reunión del conservador think-tank CPAC. Y no solo no le interesa el impacto negativo que puedan tener sus palabras en las relaciones internacionales de Argentina. También se saca fotos con Abascal o Donald Trump porque para él Joe Biden y Pedro Sánchez son más o menos lo mismo: la casta.  

La gira que está realizando en estos momentos por Estados Unidos está claramente marcada por sus reuniones con empresarios tecnológicos en busca de inversiones para el país. Lo único que roza lo estrictamente político es el encuentro que tuvo con Condoleezza Rice, quien ahora es directora de la Institución Hoover y fue secretaria de Estado de EE.UU. durante la presidencia de George W. Bush hace más de quince años.

Milei fue recibido por Sundar Pichai, CEO de Google, por Tim Cook, CEO de Apple, y por Sam Altman, CEO de Open AI. Está última tiene una particular importancia. Milei ya dijo que su objetivo es que Argentina se transforme en “un nuevo polo mundial para el desarrollo de Inteligencia Artificial”. “Aquí foto con Sam Altman luego de una maravillosa reunión sobre AI y las enormes posibilidades que brinda una Argentina libertaria...!!! Viva la libertad carajo”, celebró entonces el mandatario a través de X. En la lista de popes tecnológicos de a reunirse con Milei también está Mark Zuckerberg, CEO de META, empresa dueña de Facebook, Instagram, Snapchat y WhatsApp, entre otras.

En todos los lugares que pisa, Milei es presentado como un defensor de la libre empresa, música para los oídos de los dueños y de quienes manejan empresas multimillonarias (algunas de ellas más poderosas económicamente que muchos países), que buscan siempre mercados que les garanticen una expansión ilimitada sin trabas impositivas y con el Estado bien lejos. La simbiosis con Milei es total.

En casi seis meses de gobierno Milei dejó en claro por dónde pasa su política exterior. Por un lado, por un fuerte y permanente posicionamiento anti-casta mundial. Por otro, marcó con quiénes quiere generar negocios y vínculos y con quiénes no. 

El gran desafío de Milei será bajar todo esto a tierra, o mejor dicho crear en Argentina las condiciones necesarias para que quienes quieren invertir se convenzan de hacerlo. Pero eso es otra historia que se está desarrollando lejos de donde Milei está ahora. Sucede más precisamente en el Congreso de la Nación y en las oficinas de sus funcionarios, donde la política real trata de cerrar acuerdos posibles que cada vez parecen más lejos de lo soñado. El pragmatismo sigue marcando la realidad.

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