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Columnistas

La agenda horrible que trae Milei como estrella de la ultraderecha

Milei España empresarios

La tapa del diario La Prensa del viernes último pasó inadvertida, quizás porque el periódico que supo ser líder hasta la década del 50 ya no tiene la influencia de entonces. 

Pero debería haber sido noticia ya que fue el único medio nacional que hizo un título principal respaldando a Vox, el partido de ultraderecha a cuya convención está asistiendo el presidente Javier Milei este fin de semana. 

“Vox populi” fue el texto sobre una imagen del líder del espacio, Santiago Abascal, sobre un fondo de banderas españolas. En latín significa “la voz del pueblo”.

La bajada debajo de la imagen no deja dudas del posicionamiento del medio que ni se molestaba en bancar la decisión de Milei de viajar otra vez al exterior por un motivo personal-partidario, sino que directamente era una exaltación del ideario de Vox.

El texto señala que en “la primera visita oficial”, Milei “no tiene previsto reunirse con autoridades del gobierno populista” y más adelante resalta que participará del encuentro “Europa Viva 24” “ante mandatarios de la nueva derecha europea que ha sido aupada por los pueblos hartos para desafiar al pensamiento único que se cobija bajo el manto del llamado progresismo que tanto daño ha hecho a Occidente”.

La Prensa pertenece al longevo empresario gastronómico español Florencio Aldrey Iglesias, histórico aliado en su tierra natal de Manuel Fraga Iribarne, ministro en la dictadura de Francisco Franco y fundador del Partido Popular, 

En la Argentina, Aldrey Iglesias siempre fue el padrino político de Daniel Scioli, tanto cuando fue menemista como fue kirchnerista, ni que hablar ahora que el ex motonauta es mileista hasta la exageración de pedir esta semana el Premio Nobel de Economía para el jefe de Estado.

Pero más allá de la curiosidad de que de golpe se descubra un medio abiertamente pro Vox en la Argentina, lo más importante es que el Presidente recorre el mundo como una estrella de la corriente política que crece reivindicando políticas más duras contra la inmigración, el rechazo de los derechos de las minorías sexuales, la negación de la inequidad de género y en algunos casos hasta coquetea con el descrédito a la democracia.

El anfitrión Abascal, que saludó a Milei en redes y le agradeció su lucha contra el socialismo, es un abanderado del derecho a “discriminar” a los migrantes que llegan a Europa. Víctor Orbán, el líder húngaro que participará a distancia, promovió leyes para prohibir menciones a la comunidad LGBT en las escuelas y también que permiten denunciar parejas del mismo sexo que tengan hijos a cargo.

Milei además ya ha ido a ver a Donald Trump, que podría volver a la presidencia de Estados Unidos. El ex presidente republicano está haciendo campaña para eliminar cualquier tipo de educación sexual en las escuelas. A su vez, el libertario tiene afinidad con Jair Bolsonaro, que ha demostrado estar en la misma línea o peor. En cada encuentro con el magnate Elon Musk siempre sobrevuela el “antiprogresismo”.

Su biógrafo y amigo íntimo, a su vez, Nicolás Márquez, es capaz de decir las cosas más aberrantes que pueden oírse sobre la homosexualidad, sin que el Presidente se moleste en diferenciarse. 

Se configura toda una escala de valores que se exalta cada vez que Milei hace las giras como está que lo tendrá hoy domingo como orador en Madrid. Es el momento donde aparecen cuestiones por fuera de las recetas económicas para enfrentar la inflación, y que te dan escalofríos.

El atraso

En el viaje a España participa además de Karina Milei, el secretario de Culto de la actual administración, un señor que se llama Francisco Sánchez, y que tal vez por el entorno de la cumbre de Vox se sintió suelto como para plantear su horizonte de ideas más conservador.

“En 1987, en plena crisis económica, el pésimo gobierno radical alfonsinista promovió el debate por el divorcio vincular, y se aprobó. En el peor momento para plantear un tema como ese en una Argentina en crisis económica”, subrayó.

También se quejó de la aprobación del matrimonio igualitario en 2010. “Muchos creíamos que no era el momento en Argentina en plena crisis como vivimos casi siempre, pero lo promovieron y lo aprobaron”, afirmó.

E hizo lo mismo respecto de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, sancionada en 2020 “en plena crisis gravísima, no solo económica sino también por el COVID”. 

Además, el funcionario denunció que “se aprobaron leyes para que la ideología de género sea obligatoria en las escuelas, para pervertir a nuestros hijos, para hacer daño a nuestra sociedad”.

La Libertad Avanza llegó al poder de la mano de una mezcla de gente que incluye a los que apoyan literalmente hasta las ideas más extremas de Milei, los que sólo lo votaron como señal de enojo contra todo el sistema sin importar otra cosa y los que querían simplemente algo distinto de los fracasos económicos de la última década. 

Ese apoyo, ¿puede convertirse en una masa de respaldo para los delirios más retrógrados que asoman con nitidez cuando Milei sale de gira como celebridad de la ultraderecha internacional que acá sólo celebra abiertamente La Prensa de Aldrey Iglesias?

La sociedad argentina, tan partida para tantos temas, ¿no estaba de acuerdo ya en que divorciarse es lo más lógico -por ejemplo- o que cada uno puede tener la orientación sexual que sea sin sentir que está en peligro?

Que el progresismo (sea lo que implique en la Argentina) haya cometido errores, se haya pasado de rosca con la cultura de la cancelación o incluso haya quedado pegado al regreso de la inflación que negó o no supo resolver, ¿implica que los argentinos van a sacrificar avances en derechos que hacen a la convivencia humana con tal de que un tipo les garantice estabilidad duradera, si es que la consiguiera?

Los aliados circunstanciales que defienden todo porque “bancan el rumbo”, ¿igual acompañarán como zombies o marcarán que les importaba todo lo demás?

Todo el debate estrictamente económico sobre el gobierno de Milei gira hoy en torno a la palabra “atraso”, pero ligada a si el precio del dólar no está ficticiamente rezagado incubando una crisis más temprano que tarde. 

Dado que el costo de vida por ahora baja, el Presidente burla e insulta a los economistas que le dicen “ojo” con esa variable que puede ser pan para hoy y hambre para mañana, como otras veces en la historia reciente.

Sin embargo, puesto en perspectiva, el del tipo de cambio puede ser el “atraso” menos preocupante al que nos asoma esta administración.