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Columnistas

El peligro de ir de un experimento al otro

Desestimaron la denuncia de Alberto Fernández contra Javier Milei

Los petroleros no salen de su asombro. El hombre que trabaja los temas energéticos designado por Javier Milei para el inminente gobierno de la Libertad Avanza se llama Eduardo Rodríguez Chirillo y luego de varias reuniones durante todas estas semanas, ha dejado una posición muy simbólica sobre los tiempos que vienen: piensa revisar la licitación de la llamada reversión del Gasoducto Norte, una obra que ya está lanzada y que cuenta con el 75% del financiamiento asegurado.

Se trata de un proyecto crucial por varios motivos. Por un lado, el agotamiento de las reservas de gas de Bolivia, que nos proveyó del fluido para todo el norte del país durante las últimas décadas, obliga a invertir para que esos mismos caños ahora puedan ser usados en sentido inverso y lleven el gas que producimos en abundancia en los yacimientos de Vaca Muerta. De lo contrario, paulatinamente vamos a tener un quilombo con el abastecimiento en las provincias del Norte.

Gasoducto Néstor Kirchner.

Pero además, el hecho de “dar vuelta” ese ducto permitiría en un tiempo no muy lejano que el país esté en condiciones de negociar con Bolivia poder pasar con el gas rumbo a Brasil, un tentador mercado de exportación que genere divisas siempre necesarias. 

En definitiva, se trata de una obra que no sólo permitiría llevar gas más barato a hogares e industrias de Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, sino que también podría abrir paso a la expansión del comercio exterior.

Lo loco es que se trata de un proyecto que ya tiene un 75% de la inversión financiada por la Corporación Andina de Fomento y sobre lo que el Gobierno debería agregar unos US$ 250 millones para completarlo, un monto menor en comparación con los beneficios en materia de provisión energética y generación de dólares a corto, mediano y largo plazo.

Rodríguez Chirillo explica que de todas maneras se pondrá a revisión, porque además en todo caso se podrían importar algunos barcos más de combustibles para los momentos en que Bolivia corte el suministro, restándole importancia al tema y en línea con el foco de toda la administración entrante: el Estado se debe correr de financiar cualquier tipo de obra, porque no hay plata y porque por más estratégica que fuera hay que buscar que sea llevada a cabo por el sector privado.

El súmmum de esta mirada fue la declaración de Guillermo Ferraro, el próximo ministro de Infraestructura que llegó a decir que no tiene lógica financiar desde el Estado un gasoducto como el Néstor Kirchner porque “nadie que paga impuestos lo usa”

Seguramente se debe haber expresado mal el experimentado extécnico de la firma de auditoría KPMG, porque está claro que basta prender una hornalla o una estufa para usar un gasoducto. No hace falta ir a sentarse arriba.

Lo cierto es que en su primera semana como presidente electo Milei hizo del corte de la obra pública financiada por el Estado nacional su mensaje más contundente respecto de lo que viene. Como “no hay plata”, “hay riesgo de hiperinflación” y “no se puede emitir ni un peso más”, se cortará todo. Incluso los trabajos “ya licitados” llegó a decir, abriendo un interrogante sobre las consecuencias legales de los contratos firmados en favor de compañías que puedan aducir ahora un incumplimiento o interrupción unilateral.

El presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, tal vez el empresario más en la mira del nuevo presidente, dijo que ya se están enviando telegramas de despido en las compañías que avizoran un corte de pago y un freno de obras desde el 10 de diciembre. Concret Nor, por ejemplo, una empresa con múltiples obras en el Gran Buenos Aires, ya puso en marcha la salida de 200 empleados, desde administrativos hasta jornaleros. 

En total, hay unos 440 mil empleos en la construcción, de los cuales la mitad se estima están en unos 3500 trabajos pagados por la administración central en todo el país. Se trata de un rubro que cuando se expande contrata mucho personal, pero que en la retracción también despide rápido. 

¿Será el manejo de la energía y la obra pública el claro ejemplo del giro de un extremo al otro en el manejo del Estado que vamos a ver con Milei en la Casa Rosada?

¿Será el manejo de la infraestructura energética y la obra pública en general el ejemplo más claro del giro de un extremo al otro en el manejo del Estado que vamos a ver con la llegada de Milei a la Casa Rosada? 

Si con el kirchnerismo en todas sus versiones se despilfarró plata en subsidios hasta donde no se necesitaba, ¿ahora vamos a ir al punto tal en el que no se va a poner ni un mango en un proyecto aún cuando a cambio después podrías tener gas más barato para producir y generar divisas? ¿En serio vamos a ser tan boludos capítulo mil? 

Si durante mucho tiempo pagamos obras innecesarias para que los amigos del poder asfaltaran su futuro, ¿ahora vamos a ir a la otra punta, a que si “no es rentable” no se pueda hacer el acceso a un pueblo? ¿Eso era la escuela austriaca?

Experimentos de poder

La dureza en el mensaje sobre el recorte total del gasto público convivió esta semana con la fragilidad que se percibió en torno al flamante mandatario en el armado del gabinete. 

Es el anticipo de que también podemos estar pasando de un experimento de poder que estos cuatro años fue un gobierno de un presidente digitado por la vice y todo lo que generó en materia de internas y gestión, a otro fenómeno con algún parecido.

La pregunta sobre el gobierno de Milei que toma forma por estas horas en las alturas del hotel Sheraton Libertador ya no es si estamos a las puertas de “un salto al vacío”, como se creía si el libertario iba a fondo con las ideas económicas más extremas sostenidas en su corta vida política, como la dolarización de la economía, hoy en un limbo.

Mauricio Macri, el nuevo aliado de Javier Milei.

La incógnita, a medida que crecen las versiones de un posible gabinete con figuras clave que estuvieron en la administración 2015-2019, es si estamos ante el comienzo de otro engendro político, con Mauricio Macri influyendo de forma decisiva detrás del flamante presidente electo.

Luis Caputo, que fue clave en la toma de deuda 2015 y 2019, podría ser el ministro de Economía si acepta el ofrecimiento. Demian Reidel, segundo de Federico Sturzenegger en el Banco Central en aquellos años de macrismo originario, fue sondeado para llegar al ente monetario en lugar de Emilio Ocampo, el único que había sido designado en la campaña e ideólogo clave del plan para reemplazar el peso por el dólar, que ahora parece más lejano. 

El propio Sturzenegger pulula como posible encargado de la “modernización del Estado”, con un programa de recortes de transferencias al sector privado. 

Una forma de verlo es que Milei está decidiendo “a lo Menem”, como le gusta decir al futuro jefe de Estado, en una muestra de pragmatismo peronista que le dé gobernabilidad. 

Pero otra alternativa es que tal vez no tenía ni los equipos ni tampoco el plan del todo cerrado en su círculo íntimo y que está terminando de muñequearlo una vez encaramado en el poder, en negociaciones con los aliados clave que le dieron los votos para el balotaje.

Cualquiera podría ver también que se puede estar comprando debilidad a futuro, porque en definitiva los ministros más importantes tendrán otra terminal del poder que no será él, ni qué hablar si finalmente es Patricia Bullrich quien quede al mando de Seguridad. ¿Cómo no pensar que Caputo o Sturzenegger o Bullrich no terminarían llamando a Macri ante un desacuerdo o una situación crítica?

Los archivos en las redes sociales describen el momento. Algunos postean cuando Milei afirmaba que era imposible cambiar “con los mismos de siempre”, y le enrostran que la casta ya no tiene miedo, ahora tiene empleo. Otros hacen circular el fragmento del ex presidente cuando criticaba a La Libertad Avanza y la consideraba una fuerza sin experiencia y -dijo- “fácilmente infiltrable”, en una declaración que vista desde hoy cobra otro significado.

Es cierto que los mercados financieros tomaron todo esto como señales “positivas”. Hubo subas de hasta el 80% en algunas acciones de empresas argentinas y como siempre las interpretaciones son para todos los gustos. Para algunos se terminó el populismo. Para otros fue una jugada “magistral” de Macri que llegó al poder para su “segundo tiempo” y que ahora con Milei de fronting hará, como dijo, “lo mismo pero más rápido”. Están también los que creen que la sociedad provee el músculo para que “las reformas ahora sí se hagan”. Y los que arriesgan que Caputo será “un ministro de Finanazas de transición”, mientras la macro la maneje el primer presidente economista.

Nada nunca es tan fácil cómo se ve en las terminales financieras

Pero, está claro, nada nunca es tan fácil cómo se ve en las terminales financieras. Con un ajuste fiscal como el que se anticipa y la necesidad de actualizar precios atrasados para lanzar un programa de estabilización en el medio de una disparada de la inflación que ya está tomando niveles más altos de los que traía, y eso es mucho decir, cualquier pronóstico de éxito es aventurado. 

“Se vienen seis meses duros”, aseguró el propio Milei en medio de un raid de entrevistas donde habló más calmo y no dijo un insulto. Fue una máquina de tender puentes, en otro contraste con un Macri que llegó a llamar “orcos” a la oposición que salga a la calle.

El presidente electo, mientras tanto, camina descalzo por su habitación de hotel donde vive desde el 22 de octubre, No para un segundo. Entre nota y nota, su rabino personal le recuerda cada tanto si no quiere parar un segundo y tomarse tiempo para si mismo. Le recomienda rezar, “por su bien”.

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