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Cultura & Espectáculos

Leonardo Favio por Flor Halfon: el corazón sobre todo

Leonardo Favio halfon

Con un personaje como Leonardo Favio, tan metido en el corazón popular y sobre el cual hay tanto material sonoro, fílmico y escrito, se corren varios riesgos como contar anécdotas recontraconocidas, armar una Wikipedia XL o un Favio for Dummies. Florencia Halfon se valió de las viejas y nobles herramientas del periodismo para evitar esos desatinos: consultó mucho archivo, hizo preguntas a interlocutores pertinentes y buscó una forma original de narrar. El resultado, Favio Vigente, es una gran libro para admiradores históricos y curiosos recientes de la obra del músico y cineasta.

En el prólogo del libro, la autora advierte que su mirada va a ser la de “una obrera formada en eso que los diarios llaman “Información general” o “Sociedad” y que cada vez menos medios de comunicación tienen . Halfon conduce en estos tiempos “Ahora dicen”, la primera mañana de Futurock FM junto a Nico Fiorentino y más tarde hace la columna informativa en “La Negra Pop”, el programa de Elizabeth Vernaci y Humberto Tortonese en Pop Radio. Hizo televisión y mucha radio pero, afortunadamente, en el libro que escribió para Editorial Futurock, se le notan los años de sección Sociedad y de prensa gráfica.

Si no hay amor que no haya nada, entonces

En ese mismo prólogo cuenta que apenas se predispuso a trabajar en la biografía, quedó “obnubilada”: en la voz de todos los entrevistados, dice, “aparecían los mismos rasgos que le adjudicaban al protagonista: dulzura, disposición, relatos de hechos reales que bordeaban lo fantástico”.

En esta entrevista que le hizo Carlos Romero, Florencia cuenta el feroz contrapunto que sintió cuando trabajaba en el libro. La adrenalina y las chicanas que son el combustible de las breaking news en la radio, se convertían, al sumergirse por la tarde en el mundo Favio, en amor, calidez y reconocimiento. En diálogo con Diario Con Vos, la periodista dice sentirse alcanzada por esa magia que emanaba de Favio al haber conseguido algunos testimonios que ensanchan los límites de lo conocido en la obra del artista. Por ejemplo Graciela Borges, “una mujer -dice Halfon- que se replanteó si seguir haciendo cine después de la muerte de Favio, y que en unos días me va a entrevistar a mí en su programa de radio. Eso no habría pasado nunca bajo ninguna circunstancia si no estuviéramos hablando de Favio”.

Pero no es esa la única demostración de esa querida presencia: “en gente que en otras circunstancias quizás elige no dar una entrevista para hablar de sí misma, o no me la daría a mí como, por ejemplo, Susana Giménez u Horacio Verbitsky, apareció un amor profundísimo en los dos, una admiración total”.

Aprender de memoria

De esa buena alineación de astros, el libro regala anécdotas maravillosas. Susana, por ejemplo, habla sobre “Soñar, soñar” uno de los filmes más lisérgicos del director y dice que es “fantástica”. La diva de los teléfonos mantenía, en los tiempos de aquella filmación, una relación amorosa con el boxeador Carlos Monzón, uno de los impensados protagonistas del film (el otro “raro” sería "el tano" Gianfranco Pagliaro, más conocido como cantante). “Fantástica –dice Susana– fantástica. Es rarísima. Solo la mente de Favio puede crear eso, esa cosa rara, ponerlo a Monzón con ruleros y que se deje y que se lo vea llorando… No sé, era como una cosa increíble. Solamente él lo pudo dominar así”.

Verbitsky, por su parte, describe una de esas escenas que cualquier persona con algo de curiosidad desearía haber presenciado aunque sea en situación de mosca: “Tuvimos unos años de mucha proximidad cuando él estaba preparando sus películas. Nos juntábamos en la terraza del edificio donde él vivía con María Vaner, en la esquina de Montevideo y Santa Fe… tomando mate, charlando”. La tentación de spoilear el libro es grande. De modo que esto es todo por ahora.

Narrar, narrar

Pero se sabe que, para que un texto funcione, no alcanza con encontrar material original. La redacción del libro evita lugares comunes en las biografías como el orden cronológico. La autora organiza el relato sobre cuatro ejes transversales: los amores, el cine, la música y la militancia. Con este abordaje sistemático, el texto mantiene un nivel constante de atención y evita el orden de los hechos de menor a mayor.

Otro recurso narrativo son las observaciones que Florencia llama Apuntes y que aparecen con ritmo colocado a los largo del libro. Por ejemplo, uno de los Apuntes dice: “Verbitsky elige responder sobre Favio vía audios de Whatsapp. Apenas termina uno, algo lo impulsa a empezar el siguiente, pegadito. Se le vienen anécdotas a la cabeza y las repasa en mensajes largos, dispuesto también a la repregunta”, Cuando entrevista al entorno familiar del artista, dice el Apunte: “De a ratos, pueden contar historias y sonreír con el recuerdo. Por momentos, les gana la emoción. Eligen con cuidado qué anécdotas compartir y cuáles prefieren, como tesoros, preservar para la intimidad. La prioridad es continuar cuidándolo”.

Con ese recurso, la autora mantiene el relato en una rigurosa tercera persona. ”Evité la primera persona -le cuenta a Diario Con Vos- porque no sé escribir en primera persona, un poco por limitación y otro poco por resistencia: sé que tiene mucha aprobación, es decir, genera algo muy entrañable entre quienes escuchan, pero a la vez me parece que se aleja cada vez más del periodismo. Y como hay ya un periodismo en primera persona muy bien hecho, pero difícil de hacer, prefiero no meterme”, dice.

Biografía de un sentimiento

La selección y curación de ese enorme anecdotario rescata el eje ardiente y pasional que recorre la obra. O, dicho de otra manera, rescata el valor de verdad que Favio le asignaba a la intuición. Hay, por ejemplo, una frase muy graciosa que le dice a Rodolfo Braceli cuando éste le pregunta por su fe en Dios:

–Quien lo quiera buscar por el lado de la razón la va a perder. Clavado. No hay trinchera para eso. Te tenés que entregar, si no, es una locura. Imaginate lo más chiquitito. Un átomo del culo de una lombriz. ¿Puede ese átomo querer entender dónde está habitando?

El arte de Favio reclama esa entrega. La maravilla de sus planos cinematográficos y el desborde de sus letras no admiten la disección analítica. La pasión, se sabe, no se lleva bien con la razón, y Favio era ante todo, un creador apasionado.

En ese sentido, la anécdota que le cuenta a la autora Omar Quiroga es ejemplificadora y, a la vez, una lección para quien quiera abrazar la estética faviana. Quiroga, cuenta el libro, había sido convocado como guionista junto a su entonces socio Pedro Saborido para ser parte del equipo que organizaría los datos históricos en “Sinfonía del Sentimiento”. Con sus jóvenes treinta años, Quiroga estaba preocupado por no tener cómo rastrear ciertos datos del peronismo que eran desconocidos. “Por ejemplo, no sabemos cuándo se empezó a usar la V como símbolo”, planteó. El cineasta le contestó algo que, luego supo Omar, era casi un leitmotiv en su forma de trabajar: “Bueno, chiquito, eso ponelo donde te diga el corazón”.

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