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Columnistas

No hay chow fan gratis y se cae la tesis del “crecimiento barrani”

sergio massa

A veces un informe de una consultora que mide lo que va pasando la actividad económica es un mail que no abrís en la bandeja de entrada. En otros momentos, cuando clickeás, un dato ahí escondido puede significar el comienzo del final de una ilusión.

Cuando la consultora de Orlando Ferreres publicó el Índice General de Actividad (IGA) de abril con una caída del 3,8% contra un año atrás y también con una retracción del 1,8% respecto de marzo, lo primero que se vino a la cabeza es: “A la mierda con la tesis del crecimiento barrani”.

“Barrani” o “barranización” son las expresiones con las que se ha popularizado referirse a la economía informal y a la tesis de que el mundo opaco de ingresos o exportaciones sin declarar podría estar sosteniendo un movimiento de la actividad mayor a lo que debería ocurrir con una inflación de 9% mensual y tasas de interés en el 150% anual

La idea, muy difundida por el abogado financiero y celebrity de Twitter, Carlos Maslaton, fue abrazada hasta por el presidente Alberto Fernández y desató incluso debates académicos que se reflejaron en su momento en esta columna.

Pero la contundencia de una caída de casi 4% en una de las mediciones más serias que anticipan el PBI entre las consultoras privadas empieza a dar por terminado el asunto.

“Luego de un primer trimestre que sorprendió por mostrar un nivel de actividad mayor al anticipado, la estimación de abril da muestra de lo que podemos esperar para el segundo cuarto del año”, escribieron en el reporte. En esa medición no sólo se hundió el agro casi 40% por la sequía. También empiezan a mostrar números rojos la industria (-0,4%) y el comercio (-0.8%). 

“Stop and go trimestral”. En abril la economía cayó casi 4% ya no solo por impacto de la sequía.

“Es un stop and go trimestral”, lo definió el economista Emmanuel Alvarez Agis. Lo que siempre a lo largo de la historia fueron ciclos de años de crecimiento seguidos de un freno por falta de dólares ahora se repetiría cada tres meses, también marcado por si se largan o no dólares para importadores o si se dispara o no la brecha cambiaria, entre otros factores.

Durante una exposición ante el fondo MegaQM, además, el ex viceministro de economía desechó la idea del mundo barrani de la felicidad que no se entiende y explicó el fenómeno de la crisis con los restaurantes llenos como un reflejo de lo desigual del mercado de trabajo. 

Si hay 4 millones de personas con paritarias que le empatan o ganan a la inflación y hacen cola en una parrilla top, también hay unos 8 millones de empleados informales que están perdiendo fuerte.

Entre enero y junio la inflación del decil más pobre de la población fue 33% mientras que en el segmento más rico fue 30%. “Tres puntos puede parecer una diferencia menor, pero cuando uno tiene capacidad de ahorro y otro no, se vuelve muy importante”, explicó. 

Pero de todo lo que escucharon los financistas, lo más preocupante fue el Índice de Fragilidad Financiera que hace la consultora PxQ, un indicador que pondera 40 variables e intenta anticipar qué tan cerca estamos de una devaluación. 0 es que no hay chances y 1 es que estás a punto de dártela en la pera. Está en 0,71, el máximo histórico. Cada vez que tocó un pico, muestra el gráfico, devino un salto en los dólares paralelos.

Ocho veces “swap”

En esa cornisa, la conducción económica pateó y pateó por China tratando de conseguir oxígeno financiero, en lo que es la única política de Estado que atraviesa los últimos ocho años: manguear para postergar una crisis peor. Puede ser tanto en Beijing o en Shanghai, como obviamente seguirá en una semana en Washington para lograr algún guiño de los Estados Unidos a través del Fondo Monetario Internacional.

De todo lo que se ha ido publicando hasta ahora respecto de qué se trae el equipo desde Oriente lo único concreto es la enésima renovación y ampliación del “swap de monedas”, un préstamo garantizado que China le viene dando a la Argentina desde 2009. 

En aquél momento, en pleno impacto de la crisis de Lehman Brothers, el Banco Central y el Banco Popular Chino firmaron el primer acuerdo por unos US$10.200 millones, a tres años y renovable por otros tres. Las reservas eran de US$46 mil millones, un 15% del PBI. Después, hubo renovaciones y ampliaciones en 2014, 2015, 2017, 2018, 2020 y 2022. Lo que se dice una ayuda transitoria hasta estabilizar la cosa, je.

Aunque el Gobierno usa el leitmotiv de que se trata de fondos para financiar el intercambio comercial con el gigante asiático, una novedad de este 2023 que está potenciando el crecimiento del banco chino ICBC en el mercado, el corazón de un acuerdo como éste es más directo. 

Los chinos depositan yuanes en un banco del exterior, que para ser transformados a dólares y usados requieren que la Argentina ponga una garantía -puede ser oro- hasta la finalización del programa, que además tiene una tasa de interés cercana al 7% anual. ¿Alguien llevará la cuenta del total de lo que se le va pagando a China desde 2009? Ahí es donde los expertos usan la palabra “opaco”.

Quienes han hablado con representantes del BPC en múltiples negociaciones como estas señalan que hoy la inquietud china es qué uso se le está dando a esos fondos. “¿Si hay un swap vigente por US$18 mil millones y se usaron US$5 mil millones hasta ahora, por qué hay que pedir permiso para usar US$3 mil millones más?”, se preguntaron técnicos conocedores del acuerdo.

Pero además, claro está, hay toda una lista de demandas y pedidos de parte del gobierno de Xi Jinping ante las necesidades de un país siempre urgido. Algunas fueron reconocidas por los miembros de la delegación, como el reclamo de que se frenen las medidas antidumping que se imponen a productos de ese país que le compiten a la industria local. 

Hay una estrategia agresiva de Beijing en materia de liberalización del comercio, quién iba a decir, lo que en otros tiempos era la agenda dominante de Washington. Acaban de firmar un tratado de libre comercio con Ecuador, el cuarto después de Chile, Perú y Costa Rica.

Pero hay otras exigencias más de fondo, como en todo diálogo con una potencia, y tienen que ver con el alineamiento geopolítico en sectores como la infraestructura y la tecnología, por intereses que nos exceden largamente. 

Ahí es donde aparecen en la agenda las discusiones sobre el manejo de las vías navegables (la Hidrovía por donde salen las exportaciones para ellos) o sobre las redes de telecomunicaciones 5G (ahí donde ellos buscan avanzar con  Huawei con un ojo puesto también en cuestiones de seguridad).

Somos hormigas en un tablero donde según dice el magnate y escritor estadounidense Ray Dalio se libran cinco batallas entre Estados Unidos y China. Hay guerra comercial, tecnológica, de inversiones, de influencia geopolítica y eventualmente, puede haber un conflicto militar que podría circunscribirse a la disputa por Taiwán, según explica el autor de “Principios para un nuevo orden mundial” en una entrevista que le hizo Lex Fridman para su famoso podcast.

Todo este marco hace que llamen mucho la atención los dichos del diputado Máximo Kirchner, que integró la comitiva en su carácter también de referente de La Cámpora e hijo de Néstor y Cristina Kirchner. En su paso por la universidad de Fudan, resaltó: “Destaco el carácter colaborativo de la relación donde las ayudas se realizan sin ejercer ningún tipo de presión”.

¿En serio cree Máximo que los chinos te prestan de onda? Si Estados Unidos te da plata por un lado y te habla de geopolítica al mismo tiempo, sorpresa: China también. No hay chow fan gratis. 

Un relevamiento de la agencia de noticias Associated Press que firmó Bernard Condon el 18 de mayo pasado se tituló  “Los préstamos de China empujan a los países más pobres del mundo al borde del colapso”. 

China acreedor. Pakistán sufrió inundaciones graves en 2022. China no cedió a la hora de cobrarle sus deudas.

Hace un raconto de los créditos que China le otorgó a una docena de países en la última década, cuando se fue transformando en un nuevo “prestamista de última instancia” que le compite a las instituciones financieras internacionales como el FMI o el Banco Mundial.

Sobre cómo se trataron los créditos de Pakistán, Kenia, Zambia, Laos y Mongolia, entre otros países, el análisis de AP señala: “El pago de la deuda consume una cantidad cada vez mayor de los ingresos fiscales necesarios para mantener abiertas las escuelas, proporcionar electricidad y pagar para comida y combustible”.

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