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Política

“Necesitamos imaginación y relatos que nos ordenen e inspiren”

La Ciencia Ficción está más relacionada con la Política de lo que se puede imaginar. Incluso, podría ser la clave para dejar atrás el “voto castigo”.

Los años electorales deben ser aquellos en los que más proliferan los relatos. Por más que los y las candidatas se desvivan por números y encuestas, quienes pueden hacerlos llegar a las sillas de poder estatal no están pensando en estadística. Desde su subjetividad filtran los datos y los transforman en información con la que toman decisiones. Construyen verdades a partir de relatos que se intercambian en el diálogo cotidiano: con la vecina, con un amigo, con familiares, con los medios de comunicación, con las redes sociales, con la ficción. ¿Qué relato estamos imaginando?

Para analizar la relación entre la política y la literatura, el Ministerio de Cultura organizó una charla con Juan Cruz Balian, escritor en el proyecto de divulgación científica “El gato y la caja”, y con el filósofo Eial Moldavsky. El intercambio se enmarcó en el Proyecto Ballena 2023: “Imaginación política para reivindicar la Democracia”.

En realidad, el evento del escritor y el filósofo en Casa Patria Grande tenía el nombre de “SCI-FI Y POLÍTICA”; a través de un recorrido histórico de este género literario Balian advirtió sobre la necesidad de imaginar más utopías para no votar distopías.

“No estamos teniendo esta charla en una época cualquiera. La estamos teniendo en un año electoral, en un momento de profunda crisis política y de representatividad, donde hay derechas que avanzan, donde identifico una falta de relato”, comenzó el escritor y agregó: “Estoy necesitando en este momento relato y siento que no hay”.

“La ficción es una antropología especulativa”

Desde el inicio con Mary Shelley, Herbert George Wells y Julio Verne hasta la actualidad con William Gibson, ninguna persona que haya usado la Literatura para “decir la verdad como si estuviera mintiendo” quedó afuera del recorrido histórico que realizó Juan Cruz Balian. Esto incluye, por supuesto, a  la Era Dorada (1920 - 1970) de Ray Bradbury, Isaac Asimov, Aldous Huxley, Arthur Charles Clarke y Stanislaw Lem y a The New Wave (1970 - 1990) con figuras como Úrsula Kroeber Le Guin, Philip Kindred Dick y las obras de Gibson hasta Neuromante (1984).

Este escritor, propone no leer la Literatura “en términos de verdad o mentira”, sino que, citando a Juan José Saer, afirma: “La ficción es una antropología especulativa”, ya que “toda ficción se ocupa del ser humano” y “le importa especular, hacer imaginación, pero imaginación tomándosela en serio. Imaginación sin faltarle el respeto a esa palabra”.

La única posibilidad que tenemos de hacer algo por otros es imaginarnos qué es lo que el otro puede llegar a necesitar.

Eial Moldavsky, filósofo.

Por eso se tiende un puente entre el relato de la política y la ficción. En particular, los pilares fundamentales de la Ciencia Ficción tampoco se distancian de aquellos que se necesitan para pensar un proyecto de país: la construcción de un mundo, la cuestión de un otro, la tecnología y la mirada hacia el futuro. 

Sin embargo, en la realidad no hay una autora que elija qué construir y qué decisiones tomarán las y los personajes. En el día a día, hay que ponerse de acuerdo en qué se proyectará.

"Para que la imaginación sea compartida tiene que estar mediatizada”, señaló Balian y explicó: “Necesitamos algún tipo de signos o de sistema de signos que nos permita compartir y encontrar un terreno común”.

“Es imposible la comunicación con otros”

Al principio de la charla, con Juan Cruz Baldian ya sentado y acomodado detrás de su notebook, llegó Eial Moldavsky y todo el público lo recibió con aplausos. Ese clima de euforia fue reemplazado con el más atento de los silencios durante la única intervención de Eial Moldavsky que se extendió por varios minutos y empezó con una afirmación contundente: “Siempre es imposible la comunicación con los otros, al final”. 

La trama de la novela Solaris (1961) de Stanisław Lem puso sobre la mesa el vínculo entre la imaginación y la comunicación: “Comunicarse con el otro es creer”, resumió Moldavsky. La historia que creó Lem consiste en un grupo de personas que, al llegar al planeta Solaris, intentan comunicarse con lo único que lo habita, un gran océano, sin mucho éxito pero con terribles consecuencias para los investigadores.

Aún así, el filósofo planteó la belleza de “la negación de la comunicación”: “¿Qué es comunicarse con el otro sino un acto de fe en donde concedemos que estamos teniendo experiencias similares porque el otro en algún lugar debería ser similar a mí? Pero verdaderamente acceder al interior del otro es imposible”.

“Nunca sabemos qué le pasa al otro, por eso la imaginación también es la única herramienta posible para tener algún principio similar a la empatía”, consideró el comediante y agregó: “La única posibilidad que tenemos de hacer algo por otros es imaginarnos qué es lo que el otro puede llegar a necesitar”.

“Tenemos poca construcción utópica”

En las historias de Ciencia Ficción predominantes en la actualidad una persona se debe enfrentar por su cuenta a un poder organizado en una ciudad enorme que parece superarla. Son muy frecuentes aquellas distopías en las que las personas con más dinero viven entre las nubes o en plataformas muy elevadas y las personas pobres habitan la superficie rodeadas de los desperdicios de “las de arriba”. Este tipo de novelas se agrupa en el género Cyberpunk que Balian definió como “una pesadilla neoliberal”.

“Esto permeó tanto en la sociedad que a partir de ahí empezamos a generar nuestras distopías y empezamos a inundar a nuestros relatos y nuestros consumos culturales con distopías”, destacó el autor de Ministerio de Invierno y añadió: “Terminan siendo siempre relatos distópicos que emulan esta sensación de desesperanza de estar cada uno por su cuenta y de la política rendida, como algo que se perdió como dimensión”.

Ejemplo del Solar Punk en la ilustración urbana. Imagen: Luc Schuiten – Arquitecto.

El autor diferenció dos distopías clásicas, Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley y 1984 (1949) de George Orwell, según qué tanto lugar dejan para la existencia de una utopía. En el primer caso, hay una utopía “pensada desde la óptica del gobierno” y en el segundo caso ese lugar es nulo.

“El punto de vista es fundamental, la utopía es algo que tenemos que construir porque es parte del discurso político, es decir, del discurso de lo común. No va a ser lo mismo utopía para vos o para mí, como probablemente no va a ser lo mismo la distopía”, concluyó Balian.

Qué es el Solar Punk

Lo que tienen en común Disney y el Studio Ghibli son las primeras representaciones del género que podría salvar el relato político. El país de Black Panther (2018), el planeta de Un Mundo Extraño (2022) y el mundo que el estudio japonés de animación creó en La Princesa Mononoke (1997) muestran un primer acercamiento de lo mainstream al Solar Punk.

Se trata de un tipo de ficción que se caracteriza por la construcción de un mundo en el que las personas conviven en armonía con el entorno que las rodea. De esta forma, los seres humanos de estas historias pueden vivir bien gracias a esa óptima integración.

“En el siglo XX nos empapamos tanto de distopías que empezamos a naturalizarlas, el riesgo es que estos mundos completamente indeseables se empezaron a volver ubicuos y, por lo tanto, mundanos”, advirtió Balian. E insistió: “Tenemos poca construcción utópica”.

“Lo que tenemos que hacer, más allá de lo urgente, desde la ficción, la literatura, que no es ni mentira ni verdad, es construir estos relatos que nos pueden direccionar y movilizar”, exigió el autor de La Pausa y concluyó: “Hacer política sin imaginación es ‘matar el tiempo a lo bobo’, diría el Indio Solari. Necesitamos imaginación y relatos que nos ordenen para poder movernos más allá de la resolución de conflictos inmediatos y sobre todo para volver a inspirarnos”.