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Columnistas

De Néstor a Flacso, no queda claro qué plan propone Cristina

sergio massa wado de pedro tren mercedes

A esta altura hay que decir que nunca llegó a quedar claro cuál fue el rumbo económico del gobierno de Alberto Fernández. La pelea eterna entre el intento de ordenamiento macroeconómico estabilizador que insinuó todo el tiempo el Presidente y las reivindicaciones más distribucionistas de corto plazo que enarbolaron desde el entorno de la vicepresidenta dejaron todo en un “ni” sin destino.

Ese híbrido derivó en ineficacia y desconfianza al punto que la inflación es la mayor desde comienzos de los 90 y la falta de dólares amenaza con hacer volar todo por los aires, en un contexto, es cierto, de múltiples factores externos que jugaron muy en contra y en todo caso evidenciaron todavía más los costos de la falta de una orientación clara

Las apariciones de Cristina Fernández en el 20 aniversario de la asunción de Néstor Kirchner suman todavía más dudas sobre qué modelo de país propone una figura que aunque no se sabe qué porcentaje de apoyo en la población aún conserva, mantiene el rol divisor de “con ella” o “contra ella” que ordena todo el escenario político.

Néstor Kirchner durante su discurso de asunción el 25 de mayo de 2003

Si en modo de homenaje se repasa el discurso inaugural de Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, uno podría encontrar definiciones en materia económica que tienen que ver con un “crecimiento con estabilidad”, con el “equilibrio fiscal”, con el rechazo de la “emisión sin control” por sus efectos inflacionarios y con una defensa del “superávit primario” y del “control y la eficiencia en el gasto público” como pilares centrales de la macroeconomía, en un contexto donde se postula que hay que cobrar más impuestos “sin afectar la inversión ni la creación de empleo”.

En los pasajes centrales sobre este tema, Néstor dijo textualmente:

  • “Se necesita que el estado se reconcilie con la sociedad; no puede ser una carga que termine agobiando a todas las actividades”;

  • “El objetivo básico de la política económica será el de asegurar un crecimiento estable que permite una expansión de la actividad y del empleo constante sin las muy fuertes y bruscas oscilaciones de los últimos años”; 

  • “El resultado debe ser la duplicación de la riqueza cada 15 años y una distribución tal que asegure una mejor distribución del ingreso y muy especialmente que fortalezca nuestra clase media y que saque de la pobreza extrema a todos los compatriotas”;
  • La sabia regla de no gastar más de lo que se entra debe observarse; el equilibrio fiscal debe cuidarse; eso implica más y mejor recaudación y eficiencia y cuidado en el gasto; el equilibrio de las cuentas públicas tanto de la Nación como las provincias es fundamental”;

  • “El país no puede continuar cubriendo déficit por la vía del endeudamiento permanente ni puede recurrir a la emisión de moneda sin control haciendo correr riesgos inflacionarios que siempre terminan afectando a los sectores de menos ingresos”; 

  • “Ese equilibrio fiscal tan importante deberá asentarse sobre dos pilares: gastos controlados y eficientes e impuestos que premien la inversión y la creación de empleo y que recaigan allí donde hay una real capacidad contributiva”; 

  • “Debemos asegurar la existencia de un país normal sin sobresaltos con el sector público y privado, cada uno en sus respectivos roles”; 

Era un discurso, nada más, y en el mundo de la política siempre mandan más los hechos que los dichos. Nadie sabe tampoco cómo hubiera evolucionado su praxis económica y también es cierto que ya cuando terminaba su primer mandato, Kirchner parecía elegir más crecimiento acelerado a costa de más inflación, y más poder adquisitivo del salario aún si había que gastar más en subsidios para sostener tarifas de la energía baratas. Pero llama la atención que en las ideas de aquél presidente sobre el que se erigen recuerdos mitológicos no aparecen muchos de los lineamientos que hoy dominan la mirada económica de su viuda.

Como queda claro por sus citas recurrentes en las llamadas “clases magistrales” y por lo que revelan quienes hablan de economía con ella, Cristina está muy tomada por el pensamiento económico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)

En el reciente trabajo “Sistema político; coyuntura económica y líneas de política económica en la argentina actual”, los economistas Eduardo Basualdo y Pablo Manzanelli explican el fenómeno de la economía bimonetaria que suele mencionar la vicepresidenta en línea con la explicación que ella ofrece en sus discursos, respecto del ciclo de “valorización financiera iniciado en la dictadura”. 

Pero lo que es más interesante es que esbozan algo así como un plan económico para este momento de la Argentina

En síntesis, se propone:

  • Un “shock distributivo” que incluye “un incremento de emergencia mediante una suma fija para los asalariados del sector privado”;

  • “Un incremento salarial para los trabajadores del sector público y de los haberes jubilatorios, financiado con la recuperación de algunos puntos de los aportes patronales que se perdieron durante la década de 1990”;

  • “Modificación de las escalas del Impuesto a las Ganancias con una mayor imposición sobre las grandes empresas”;
  • Línea nacional de crédito subsidiada y masiva en función del nivel de ingresos, otorgada por parte de los bancos estatales para la adquisición de viviendas con el propósito de garantizar la vivienda, impulsar la demanda agregada y disminuir el nivel de los alquileres”;

  • “Acuerdo de precios relativos” y luego “un riguroso congelamiento de precios por seis meses en el que se despliegue todo el poder de policía con el que cuenta el Estado (incluida la aplicación de la Ley de Abastecimiento)”;

  • “Una reforma monetaria que imponga, entre otras cosas, un cambio de la denominación monetaria”;
  • “Avanzar en la regulación de los grupos económicos y conglomerados extranjeros que constituyen la fracción dominante en el marco de la valorización financiera”, lo que incluiría incorporar “la figura jurídica de grupo económico en la Ley General de Sociedades” y establecer una serie de obligaciones para limitar el rol de las sociedades off shore”;

  • “Redefinir el acuerdo entablado con el FMI”, con una revisión del plazo de devolución, la eliminación de los sobrecargos en la tasa de interés y con metas más holgadas en materia de acumulación de reservas; se trata de “un objetivo de mínima”, según el documento, que también propone la reestructuración de parte de la deuda pública en manos del sector privado;

  • “Una política de divisas cero para las empresas endeudadas bajo la administración anterior y que formaron parte de las personas humanas o jurídicas que impulsaron la fuga de capitales al exterior entre 2015 y 2019”;

  • La participación del Estado en la orientación de las políticas industriales, en aras de crear “campeones nacionales”; el impulso local en la cadena de producción de los recursos naturales como el gas y el petróleo de Vaca Muerta y el litio del norte del país; así como también con la creación de empresas testigo en sectores exportadores clave, como el agropecuario, en donde se señala a YPF Agro como un buen punto de partida.

¿Se podrá decir que éste es el programa que tiene en mente la jefa del Frente de Todos? Nunca lo ha enumerado así, pero uno podría encontrar referencias más o menos directas a esa orientación económica en los discursos de todos estos años. Tal vez como una devolución de gentilezas ante tantas citas, el trabajo de Basualdo y Manzanelli incorpora un anexo con lo que llaman “Principales hitos que caracterizan el conflicto interno” del Gobierno, y que es una línea de tiempo de las críticas que hizo la vicepresidenta sobre su propia administración.

Cristina Kirchner el 25 de mayo hablando la militancia peronista en la Plaza de Mayo.

En cualquier caso, la discusión de fondo que aún perdura entre aquellos enunciados de Néstor Kirchner y esta cosmovisión de Cristina hoy en día es importante también para entender cuál es la mirada que se puede imponer en una fórmula presidencial de cara a las elecciones. 

Eduardo “Wado” de Pedro, known as “hijo de la generación diezmada”, ¿es un canalizador de estas ideas? ¿O en realidad es el productor agropecuario casi conservador que se presenta en privado cuando charla con figuras del poder económico y de los medios, casi como si fuera una especie de “hijo de la generación sembrada”?

¿Cómo se come el apoyo ahora mismo de la vicepresidenta que habla de Basualdo y Manzanelli y sostiene un ajuste real del gasto con tasas de interés recontra altas mientras se le pide más plata al FMI de la mano del ministro de Economía, Sergio Massa

¿Es todo parte de una estrategia de emergencia o se trata de un capítulo más de la contradicción general donde se mezclan la urgencia, el susto y los límites reales con las explicaciones que mejor conservan el capital simbólico de un pasado sin autocrítica como fueron los mandatos hasta 2015?

Quizás sea irrelevante en el corto plazo si lo importante en la elección termina siendo la contraposición de cualquier cosa frente a un giro radicalizado como propone Juntos por el Cambio o ante los delirios dolarizadores de La Libertad Avanza, pero si esta versión del peronismo se pensara como una eventual opción de gobierno otra vez desde el 10 de diciembre, ¿qué es lo que se estaría proponiendo desde el cristinismo? ¿Volver a Néstor o probar con Flacso?

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