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Columnistas

El ‘operativo glamour’, los errores de siempre y la amenaza de Massa

cristina kirchner en c5n

Ante la enésima confirmación de Cristina Fernández de que no será candidata a nada en estas elecciones, los seguidores que “comprendieron el texto” van pasando del modo militante para la liberación al de full admiradores de una personalidad, incluso hasta niveles de religión o club de fans.

Están los más extremos que dicen “ella o nadie” y no quieren escuchar de ninguno que vaya en su lugar en las próximas elecciones. Están los que no pierden la esperanza y niegan lo que oyen al punto de que todavía eligen creer.

Es como si tras el fracaso del “operativo clamor” para que la ex presidenta se presente como alternativa a su gobierno se hubiera pasado ahora al “operativo glamour”: el de la veneración o idolatría ante el encanto de su sola imagen.

Hay un núcleo duro de casi fanáticos de una diva. Se regodean por el rating que tuvo una entrevista de televisión, por las vibraciones que genera cuando entra a un lugar o hasta incluso se vuelven locos por el perfume que desprende a su paso o por su vestimenta o por los gestos o por todo junto. La observan y quedan embelesados. Les pasa a los que van a la plaza por ella, pero también a periodistas e incluso a empresarios.

Es un estado que aleja el razonamiento y mucho más aún la posibilidad de escuchar críticamente lo que dice sobre el pasado, el presente o lo que es peor aún, el futuro. Es un drama sobre todo para los que esperan que guíe una salida económica y la escuchan pifiar de manera rotunda en la materia, mientras un grupo importante la aplaude.

El jueves en la entrevista de C5N batió un récord en este sentido. Cristina enhebró en una misma oración el diagnóstico de un problema -la economía bimonetaria- con una defensa de una de las razones que lo generan -el hecho de tener tasas de interés por debajo de la inflación y la devaluación-.

Un cálculo habitual entre economistas es que si alguien compró US$1000 en 1940, lo puso a plazo fijo y lo fue renovando todos los meses hasta fines de 2017, antes del arranque de la crisis cambiaria, al final del camino pudo comprar sólo 70 centavos de dólar. Añares de tasas bajas y saltos cambiarios hicieron pomada al peso y explican mejor que nada la huida a cualquier otra moneda.

¿En serio no importa que las tasas de interés le ganen a la expectativa de devaluación o al movimiento de los precios? ¿Cómo se puede defender una política de tasas de interés por debajo del costo de vida y criticar la tendencia de familias y empresas de volcarse al dólar? ¿Cómo se puede hablar de patria grande latinoamericana y no ver que Brasil ha tenido al real siempre con intereses muy superiores a los precios?

El matete conceptual de la dos veces presidenta y actual vice no deja de sorprender a los economistas heterodoxos que la han bancado. Sucede lo mismo cuando la oyen hacer comparaciones sobre el impacto del déficit fiscal en la inflación sin reparar en qué capacidad de financiamiento se tiene. Ella puede comparar un país con déficit y sin inflación y concluir que en la Argentina entonces no importa el rojo fiscal, sin preguntarse si hay acceso al crédito o si se tiene que emitir para tapar el agujero. También se agarran de los pelos cuando confunde la idea del nivel de precios de un bien que puede tener pocos oferentes con el aumento generalizado y sostenido de todo en un proceso inflacionario.

Queda la duda, en definitiva, de cómo puede incurrir en esas equivocaciones. 

Algunos interpretan que pifia de buena leche porque está muy cooptada por el pensamiento de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) que, por resumir, pone el énfasis en los comportamientos empresarios y en los márgenes de rentabilidad por sobre los equilibrios generales de la macro, por decirlo de alguna manera.

Pero también está la posibilidad de que ese castillo teórico que abraza sea el que mejor calce con una estrategia política de ayer, hoy y siempre. Exacerbar el crecimiento y la mejora de ingresos en el corto plazo aún a costa de generar quilombos de mediano plazo matchea con ganar elecciones y sumar poder en lo  inmediato.

Hasta 2015, con tarifas de servicios públicos ultrabaratas que regalan el gas y la luz o con tasas negativas que estimulan el crédito, se alivian los bolsillos y se potencia el consumo mientras se van van acumulando una bola de subsidios infinanciable, se liquidan recursos naturales o se socava la moneda. 

Si entonces volvió la inflación de dos dígitos a la Argentina, antes que asumir culpas, la mejor salida es poner el foco en las corporaciones hdp, por más que sean las mismas que operan en todo el mundo que se había olvidado de la inflación hasta la pandemia. Si eso no basta, es la particularidad de nuestra economía o es el peronismo que contribuye a la puja distributiva.

Pero si producto de esa mala administración se termina en una derrota electoral, se puede esquivar la autocrítica con la siguiente receta: por un lado, recordar las variables de la foto del final (los salarios en dólares más altos de América Latina) sin analizar cuán sostenibles eran si seguías pisando el dólar y el costo de la energía; y por otro, explicar la caída en las urnas por la persecución judicial y las mentiras de los medios, es decir, el lawfare. 

Sobre esos ejes, mientras se finge demencia respecto de esta gestión propia y se habla por TV como comentarista de la CNN, se puede defender el “capital simbólico” y prometer, sin mucha claridad, un futuro venturoso parecido al pasado que vive en los corazones y para los corazones. Ahí no importan las inconsistencias de un programa o las restricciones fiscales o financieras de un país del tercer mundo casi sin moneda. Para mantener los recuerdos a salvo lo mejor es no postularse y defender banderas.

La autoestima de Massa

Entre ese mejunje ideológico y el final en fade del gobierno de Alberto Fernández y la misma Cristina, pareciera que la discusión del Frente de Todos o como se vaya a llamar en las elecciones cambió de fase luego de la recontra mega archi confirmación de que la Jjjjjefa no va a jugar. Es cierto, con altas chances de un triunfo opositor, ya sea de Juntos por el Cambio o hasta de los libertarios, el armado oficialista pareciera un tema secundario. Pero en un escenario de tercios todo puede pasar. Y sobre todo, la definición de este espacio es la que más puede impactar en la transición porque -vale recordar- está gobernando.

En primer lugar, hay una carrera de dirigentes algo más jóvenes por calzarse el traje de “hijos de la generación diezmada”, tal la frase que soltó la vicepresidenta en la entrevista en la que increíblemente no le preguntaron a quién postularía o si considera que debe o no haber Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).

MENSAJE. Como si nada, Massa deslizó el viernes que su espacio decidirá en junio si seguirá en el Frente de Todos.

Mientras aparecieron pintadas de “Wado es Cristina” en algunas paredes de la Ciudad, el propio Ministro del Interior usó la referencia a que es parte de una “generación de la esperanza” que llega para un traspaso etario de las dirigencias. 

En términos de rumbo ideológico quizás sea el que mejor conserve la promesa de volver al recuerdo sin matices de 2003-2015 pero con una incógnita tamaño estadio sobre qué haría si fuera presidente. ¿Sería un intento de radicalización extraño para un hombre de campo y diálogo con las empresas, o una versión ya propia del intento estabilizador del ministro de Economía, Sergio Massa? Esa duda, aún con pocas chances de ganar, habilitan la pregunta: ¿cuál sería el precio del dólar hoy si el candidato de unidad fuera Wado?

Lo de Massa, en tanto, fue muy fuerte en las últimas 48 horas. Como si tras la aparición de Cristina en los medios y el jueves en la Plaza de Mayo lo hubieran obligado a apurar los tiempos. Primero, le tiró a “los que hablan de candidaturas pero se metieron debajo de la cama” cuando él agarró “la papa caliente”, el nuevo leit motiv del tigrense. ¿Le hablaba a Daniel Scioli, el precandidato del oficialismo que quiere PASO y que estuvo un ratito en el ministerio de Producción y se volvió a la embajada de Brasil cuando se pudrió todo a la salida de Martín Guzmán?

El viernes, en la mesa del Frente Renovador, a su vez, deslizó que el 10 de junio van a definir “si siguen en el Frente de Todos o no” mientras volvió a hablar de “peleas de enanos” al referirse a las internas. A propósito, ¿cuál sería el precio del dólar hoy si Massa se corriera de la gestión por algún disgusto? “Les explotaría la bomba si se va el que agarró la papa”, dicen en los mercados. A este ritmo vamos a la crisis “bomba de papa”.

Además, el ministro hasta subrayó que hay que hacer mea culpa sobre la pérdida de reservas, en medio de versiones de peleas con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce. La autoestima de Massa es a prueba de balas. Cualquiera podría plantearle que debería hacer él una autocrítica por la inflación, que pinta cercana al 9% en este mes de mayo.

En su fuero íntimo, Massa tampoco quiere oír hablar de fórmulas cruzadas con referentes de La Cámpora, como el famoso “Massa-Wado” que circuló. Nunca lo dirá: considera que el fiscal de San Isidro, Fernando Domínguez, simpatizante de la organización, es un hombre de De Pedro encargado de vincular su figura a la eventual protección de fiscales ligados al narcotráfico. Imaginate.

Pero la eventualidad de una PASO en el oficialismo podría ser más entretenida aún por lo que parecía una joda y quedó: la candidatura de Juan Grabois, que se presentó en Ferro el viernes con el lema “Argentina Humana”. 

Con la aura siempre presente del respaldo papal, Grabois tiene la novedad de hablarle al universo de la economía informal, tanto a los beneficiarios de programas sociales -estaban presentes referentes del Movimiento Evita- como a los vendedores ambulantes senegaleses, a los recicladores y cartoneros y hasta a los trapitos.

EL CANDIDATO DE LOS INFORMALES. La postulación de Juan Grabois busca representar al empleo informal mientras le apunta al ministro de Economía y su esposa.

El líder de la CTEP, que dice ser otro representante de los “hijos de la generación diezmada”, en tanto, promete ser el verdadero “camino transformador” heredero de Cristina. Por ahora, es la voz más crítica que se oye contra Massa y su esposa Malena Galmarini, la presidenta de Aysa. En su discurso la vinculó a ella con intereses de la multinacional Coca Cola y le reprochó la falta de obras clave en materia de inclusión social.